Claudio nos recomienda este divertido video, a modo de introduccción. No se lo pierdan.
4 de septiembre de 2014
Eva-Lilith Nº 20
Boletín de las VIII
Jornadas de la NEL
Eva-Lilith
Nº 20
Eva-Lilith
Nº 20

Comentario a una cita de Lacan
Clara Holguín
“El goce que se siente y del que nada se sabe ¿no
es acaso lo que nos encamina hacia la ex – sistencia? ¿Y por qué no interpretar
una faz del Otro, la faz de Dios, como lo que tiene de soporte al goce
femenino”.
Lacan, J., Seminario 20. Aun, Buenos Aires, Paidós, 1981, p., 93
La cita extraída del Seminario Aun, establece de entrada una relación entre el
goce femenino y Dios. Destacamos tres aspectos en el enunciado:
-El goce que se siente y del que nada se sabe.
-el goce como aquello que encamina hacia la ex – sistencia
-La interpretación de una faz del Otro, una faz de Dios, como lo que
tiene de soporte al goce femenino.
El goce femenino no es del orden del saber. Se siente. “Hay un goce de ella, de
esa ella que no existe y nada significa. Hay un goce suyo del cual quizá nada
sabe ella misma, a no ser que lo siente: eso si lo sabe”[1]. Compete al campo de la experiencia. Así
como es imposible de articular por vía significante, no hay forma de apropiarse
de él, ni a nivel del fantasma ni del yo.
Sin embargo, su experiencia, como los testimonian los místicos, suscita
la creencia de otra cosa, un Dios especial. Un Dios que no se sostiene en la
vía paterna, sino en la ex –sistencia de un goce Otro, en tanto que ex – siste
a lo simbólico, es decir, está fuera de la palabra y no tiene por causa el
objeto a. Goce que no es localizado y por tanto, podemos decir, que es hetero.
“El Otro no es simplemente ese lugar donde la verdad balbucea. Merece
representar aquello con lo que la mujer está intrínsecamente relacionada……Por
ser en la relación sexual radicalmente Otra, en cuanto a lo que puede decirse
del inconsciente, la mujer es lo que tiene relación con ese Otro”[2]
El Lacan de los años 70' permite aproximar una respuesta a lo que es este goce,
una respuesta que no es una sola, en la medida en que se trata cada vez de “una”
mujer. Una por una, es lo que se pone en juego en la experiencia como tal, … la
mujer no existe, existe una mujer. Experiencia entonces que va más allá de lo
universal que enmarca la lógica del deseo, para apuntar a la experiencia de
goce y de satisfacción de la que da cuenta el cuerpo. Solo se goza si hay
cuerpo.
Es la experiencia que hace a una mujer Otra completamente de sí misma.
Y como no es solo asunto de mujeres, de este goce suplementario
testimonia M. A. Vieira: “Vivir la experiencia de la porción de vida que no
cabe en ningún cuerpo”[3].
Comentario a una cita de Lacan
Clara Holguín
Lacan, J., Seminario 20. Aun, Buenos Aires, Paidós, 1981, p., 93
La cita extraída del Seminario Aun, establece de entrada una relación entre el goce femenino y Dios. Destacamos tres aspectos en el enunciado:
-El goce que se siente y del que nada se sabe.
-el goce como aquello que encamina hacia la ex – sistencia
-La interpretación de una faz del Otro, una faz de Dios, como lo que tiene de soporte al goce femenino.
El goce femenino no es del orden del saber. Se siente. “Hay un goce de ella, de esa ella que no existe y nada significa. Hay un goce suyo del cual quizá nada sabe ella misma, a no ser que lo siente: eso si lo sabe”[1]. Compete al campo de la experiencia. Así como es imposible de articular por vía significante, no hay forma de apropiarse de él, ni a nivel del fantasma ni del yo.
Sin embargo, su experiencia, como los testimonian los místicos, suscita la creencia de otra cosa, un Dios especial. Un Dios que no se sostiene en la vía paterna, sino en la ex –sistencia de un goce Otro, en tanto que ex – siste a lo simbólico, es decir, está fuera de la palabra y no tiene por causa el objeto a. Goce que no es localizado y por tanto, podemos decir, que es hetero. “El Otro no es simplemente ese lugar donde la verdad balbucea. Merece representar aquello con lo que la mujer está intrínsecamente relacionada……Por ser en la relación sexual radicalmente Otra, en cuanto a lo que puede decirse del inconsciente, la mujer es lo que tiene relación con ese Otro”[2]
El Lacan de los años 70' permite aproximar una respuesta a lo que es este goce, una respuesta que no es una sola, en la medida en que se trata cada vez de “una” mujer. Una por una, es lo que se pone en juego en la experiencia como tal, … la mujer no existe, existe una mujer. Experiencia entonces que va más allá de lo universal que enmarca la lógica del deseo, para apuntar a la experiencia de goce y de satisfacción de la que da cuenta el cuerpo. Solo se goza si hay cuerpo.
Es la experiencia que hace a una mujer Otra completamente de sí misma.
Y como no es solo asunto de mujeres, de este goce suplementario testimonia M. A. Vieira: “Vivir la experiencia de la porción de vida que no cabe en ningún cuerpo”[3].
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Comisión Editorial Boletín Eva-Lilith
Raquel Cors Ulloa
María Hortensia Cárdenas
José Fernando Velásquez
Raquel Cors Ulloa
María Hortensia Cárdenas
José Fernando Velásquez

Eva-Lilith Nº 19
Boletín de las VIII Jornadas de la NEL
Eva-Lilith
Nº 19
Eva-Lilith
Nº 19

Respuestas
a Eva-Lilith Por: Flory Kruger
Eva-Lilith: En este momento de nuestra elaboración
sobre la clínica psicoanalítica donde nombramos lo femenino como el pivote de
la experiencia, ¿Cómo ubicar aquello que se afirmaba en Freud y en Lacan, sobre
la primacía del falo?
Flory Kruger: Cuando Freud inventa el psicoanálisis, sostiene su teoría sobre dos ejes: sexualidad y muerte. Época victoriana caracterizada por la represión y la prohibición del sexo. El Edipo le sirvió como sostén de sus desarrollos y el falo como ordenador del destino sexual de los seres humanos, lo cual le valió a la mujer un lugar secundario respecto de esa primacía, en la medida en que sólo podía tenerlo recurriendo a una equivalencia simbólica: el hijo como representante del falo del cual estaba privada. La pregunta sobre la mujer fue su límite, Lacan avanzó mas allá de Freud, ya que aún conservando al falo como organizador, dio una respuesta desde los modos de gozar de cada uno, proponiendo un goce en más, del lado femenino, que es lo que nos permite superar la primacía fálica. Sus características de ilimitado, innombrable, intrasmisible, nos evocan los modos de goce que en nuestra clínica hoy, escuchamos a diario.
Eva-Lilith: El psicoanálisis, como dice en algún lugar Miller, ha inventado tal vez otro goce, el goce puro de la palabra, y recomienda que el analista esté alejado del goce que podría resultar para él mismo de esa posición. ¿Cómo se hace el giro desde ese otro goce puro de la palabra al goce donde el significante no comunica, sino que solo nombra?
Flory Kruger: Sería bueno tener la referencia de Miller a la cual te referís, pero supongo que se trata de ese goce puro de la palabra que nos queda del lado del sentido, precisamente, ese goce que, en la primera época de Lacan cuando define al inconsciente estructurado como un lenguaje, se alimenta con la producción de nuevas significaciones, época donde la interpretación busca revelar una verdad reprimida como modo de levantamiento del síntoma. Lo que luego comprueba Lacan es que lejos de disolverlo, el sentido engorda el síntoma. Es por eso que al final de su enseñanza jerarquiza este otro goce, goce que nombra y no comunica, goce que se encuentra al final de un análisis, goce que se obtiene a partir de una interpretación diferente, que en lugar de apuntar a la creación de nuevos sentidos, se orienta hacia la reducción de todos los sentidos, los modos de intervención que se proponen para lograrlo son el corte, la interpretación por el equívoco o bien, la famosa indicación de perturbar la defensa.
Eva-Lilith: ¿Podría hablarse de una “clínica de lo femenino” a partir de la puntualización del no tener, (no tener derecho, el ser excluido), de la mascarada, del hijo como sustituto; pero ello está en la lógica del falo. ¿Una “Clínica de lo femenino” del lado de lo real es la clínica del dolor psíquico que se enraíza en el cuerpo, de una cierta relación con el infinito, con el exceso y con el estrago, con realizarse en el no tener?
Flory Kruger: Cuando hablamos de una clínica de lo femenino desde Freud, nos encontramos con la mujer en falta, cuando hablamos del tema desde Lacan, nos encontramos a la mujer con un plus, son miradas que se sostienen de lugares diferentes, la freudiana, desde la lógica fálica del tener o no tener, la lacaniana, si bien conserva al falo, no lo hace desde el tener o no tener, sino que lo refiere a una posición respecto del goce, además plantea un goce que puede ir mas allá del falo. De todos modos, hoy tenemos que incluir en nuestras reflexiones una pregunta acerca de si esta división entre masculino - femenino, está vigente en el siglo XXI. El tema de la sexualidad y la definición del género, es una cuestión que está presente en nuestros diálogos cotidianos, en diarios y revistas, en internet y también en nuestros consultorios. Hace unos días, salió en uno de los diarios más leídos de Buenos Aires un artículo que comentaba una oferta por internet, de Facebook ofreciendo 50 opciones de género diferentes para que cada uno pueda identificarse al que mejor le convenga. Es el caso de dos pacientes que vienen a verme, ambos dicen no poder definir su género a pesar del sexo biológico, ni siquiera representa una preocupación para ellos, sostienen que pueden relacionarse con ambos sexos sin necesidad de definirse por ninguno de ellos. Es un tema que trataremos en nuestras próximas Jornadas Anuales, “Bordes de lo femenino. Sexualidades, maternidad, mujeres de hoy”. Allí tendremos ocasión de interrogarnos acerca de la clínica de lo femenino, cuando lo que está en la mira es el modo de gozar de cada uno, y eso excede el género en juego.
Comisión Editorial Boletín Eva-Lilith
Raquel Cors Ulloa
María Hortensia Cárdenas
José Fernando Velásquez
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2 de septiembre de 2014
Trauma en los cuerpos - Eric Laurent
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Eva-Lilith Nº 18
Comentario a una cita de Lacan
Susana Dicker
“…el masoquismo femenino es un fantasma masculino…
En este fantasma, y en relación a la estructura masoquista imaginada en la
mujer, es por procuración como el hombre hace que su goce se sostenga mediante
algo que es su propia angustia. Es lo que recubre el objeto. En el hombre, el
objeto es la condición del deseo. El goce depende de esta cuestión. Ahora bien,
el deseo, por su parte, no hace más que cubrir la angustia.
Para la mujer, el deseo del Otro es el medio para
que su goce tenga un objeto, si puedo expresarme, así, conveniente. Su angustia
no es sino ante el deseo del Otro, del que ella no sabe bien, a fin de cuentas,
qué es lo que cubre (…) en el reino del hombre siempre está presente algo de
impostura. En el de la mujer, si hay algo que corresponda a esto, es la
mascarada”.
Lacan, J, El Seminario, Libro 10,
La angustia, Paidós, Buenos Aires, 2006, pp 207-208
Esta referencia del seminario: “La Angustia”, en la
que Lacan pone en juego angustia, deseo y goce a partir de la
originalidad de su afirmación: “el masoquismo femenino es un fantasma masculino”, nos permite hacer el
pasaje desde un Freud
que en “El problema económico del masoquismo” ubica el dolor en el centro del
ser de la mujer, a un Lacan que, interrogado por el goce femenino, irá más allá
de la lógica freudiana.
Uno de los nombres para ese pasaje es el “goce
de la privación”, que desarrollará con posterioridad a este seminario. Con
él descentrará ese goce femenino del registro del masoquismo para subrayar una
posición en la mujer cuando se identifica al objeto de la fantasía perversa
masculina. En ese goce de la privación- que tan bien es confundido
con una posición masoquista- tenemos la conjunción entre amar la falta y gozar
de ella. Aquí encontramos ese goce particular en una mujer cuando se despoja
del tener para fabricarse un ser: dar todo por un hombre para ser toda
para él. Allí donde valora más en hacerse un ser, que en tener. Un goce de
la privación… para ser.
En “la comedia de los sexos” que vela la
“no-relación sexual”, una mujer puede consentir en ocupar el lugar de objeto
causa de deseo para un hombre, como un destino posible para la
feminidad, aunque ese lugar al que es convocada sea el de partenaire
“masoquista”.
Posición que nos acerca otro nombre para lo que en
un momento fue “masoquismo femenino” y es el de “estrago”, allí donde
algunas mujeres consienten al fantasma de un hombre y - si se trata de
asegurarse el goce del Otro- ponen el cuerpo en una conjunción de dolor y
humillación, en una relación especial con un goce donde se pierde toda medida
fálica.
Es lo que E. Laurent[1] define
como “falsa solución del masoquismo femenino” cuando quiere asegurarse un lugar
en el fantasma del hombre. Y dice falsa porque la salida femenina tendría que
ir por el lado de “la mascarada”, presentarse en su valor fálico pero sin
adherirse a esa identificación imaginaria; es decir, no creer en el semblante
mismo que ofrece. Se trata de “saber operar con nada”, simbólicamente, para
hacerse Otro para un hombre y, así, acceder a lo que Lacan define como “hacerse
Otra para sí misma”.
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Comisión Editorial Boletín Eva-Lilith
Raquel Cors Ulloa
María Hortensia Cárdenas
José Fernando Velásquez
Raquel Cors Ulloa
María Hortensia Cárdenas
José Fernando Velásquez
Eva-Lilith Nº 17
Boletín de las VIII Jornadas de la NEL
Eva-Lilith
Nº 17
Nº 17
Comentario a una cita de Lacan
Ángela
Fischer
“Ese goce que se siente y del que nada se sabe ¿no es acaso lo que nos encamina hacia la ex-sistencia? ¿Y por qué no interpretar una faz del Otro, la faz de Dios, como lo que tiene de soporte al goce femenino?”.
Lacan, J., Seminario 20, Aun, Buenos Aires, Paidós, 1981. pp. 92-93.
Lacan en el Seminario 20 Aun, desarrolla
-la no relación sexual- a partir de sus elaboraciones
sobre la sexualidad femenina, sobre el goce femenino, que le permite afirmar -no hay relación sexual- , porque uno de los términos, -la
mujer- no hay cómo nombrar a la mujer sin que se la
mal-diga, es decir que solo se la puede nombrar desde el
lado masculino, del lado fálico, por lo tanto se la mal-dice .
Lacan, al situar como ejemplo del goce
no todo, no todo articulado a lo fálico a la experiencia de goce de los
místicos, dirá la mayoría mujeres pero no todas, como es el caso de San Juan de
la Cruz, Lacan está tratando de encontrar una lógica, para poder dar cuenta de
este goce que se siente y del que nada se sabe, que no se sepa no significa que
no se presente, como se aprecia en la experiencia de estos místicos. Lo que
podemos resaltar en relación al tema de nuestras Jornadas, es que la
experiencia mística evidencia un Otro como radicalmente Otro en el goce
femenino. Y como muy bien señala M. Barros al respecto del goce místico, dice
”Una instancia que es extima al universo de los dichos, porque su esencia
reside en ser una pura enunciación y no en el valor de su enunciado. Es a eso a
lo que Lacan se refiere varias veces en aun cada vez que habla de la ex
-sistencia. El goce de una mujer se soporta en la fuente de la que
brota la palabra en acto.”
La mujer tiene distintos modos de
abordar el falo “…el ser no toda en la función fálica no quiere decir que no lo
este del todo. No es verdad que no este del todo. Esta de lleno allí. Pero hay
algo más” Lacan S. 20
Hay para una mujer algo más, algo más
allá de ese lugar de objeto a por el que es tomada según
el fantasma de su pareja, algo que aloja su ser femenino y lo cual el hombre
debe consentir, aceptar que sea Otra radicalmente extranjera para él. Es esta
dimensión que se aprecia en la experiencia mística, “esa palabra que viene del
Otro que nos hace gozar porque incide en nuestro cuerpo “ M. Barros.
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Comisión Editorial Boletín Eva-Lilith
Raquel Cors Ulloa
María Hortensia Cárdenas
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27 de agosto de 2014
Eva-Lilith Nº 16
Boletín de las VIII Jornadas de la NEL
Eva-Lilith
Nº 16
Eva-Lilith
Nº 16
La
fraternidad del cuerpo y el goce femenino
Martha Carolina Forero
Eric Laurent[1] en
su texto “Racismo 2.0” nos invita a analizar las nuevas formas de segregación
que aparecen en cada uno de nuestros contextos y que corresponden a la
advertencia de Lacan[2] en
el Seminario ...o peor, en relación al establecimiento de
“comunidades de hermanos”, que ante la ausencia del Padre y el desfallecimiento
de su ley se guiarían por lo real del cuerpo. Todo esto con serias
consecuencias en las formas de goce; un goce extraviado, sin brújula que
abre la puerta, de acuerdo a Laurent, a la construcción de “fantasmas
inéditos”, en lo que Lacan describe como una segregación basada en la idolatría
al cuerpo, como un nuevo referente, como una nueva religión.
Y de esta
idolatría al cuerpo, vemos casos que nos proponen repensar sobre lo que falla
en el orden simbólico en el mundo contemporáneo. Un ejemplo que tenemos a la
distancia de un click es la modelo ucraniana Valeria Lukyanova, conocida como
la "Barbie humana", quien literalmente ha re-creado en su cuerpo a la
famosa muñeca, pero no bastándole su imagen en el espejo o más bien en las
pantallas, va más allá: ahora transforma a otros… inicia a dar consejos de
estética, no solo de nutrición y belleza, sino en torno a lo que considera el “matrimonio
ideal: no inter-racial, para garantizar la belleza de las razas puras y
con ello evitar el necesitar demasiadas cirugías”. Una versión particular
de la propuesta nazi, pero no menos aterradora.
Para Lacan lo
que origina la segregación del otro, es el rechazo de formas de goce distintas.
Se segrega al que goza diferente. Esto contrasta con el aumento de la oferta y
la demanda en torno a construir cuerpos perfectos, hoy se puede comprar
desde la nariz de moda, la cintura de moda, hasta cambiar el color de cualquier
parte del cuerpo ¿Pero para qué quiere el sujeto contemporáneo un nuevo cuerpo?
El tiempo de
hoy es el de la lógica del capitalismo, donde el Otro no existe y es la ciencia
la que impone al sujeto nuevas formas de gozar, de gozar sin límites y de
acuerdo a sus leyes, no de la religión, sino del mercado. Juan Fernando Pérez[3] en
“Acting out, Síntoma y angustia” nos acerca a los síntomas que
surgen en “este supermercado interminable que es la ciudad de hoy y en las
cuales se reducen las posibilidades para el vínculo afectivo...”
¿Qué está
haciendo el sujeto contemporáneo ante tal dificultad para establecer vínculos?
¿Qué vende el mercado de la ciencia para velar la no relación sexual?
Los cuerpos de
hoy, literalmente cortados por la misma tijera, pudieran representar este
empuje a gozar de esta feminización de la estética de los cuerpos, pero a la
vez denuncian el establecimiento de fundamentalismos en torno al tipo de cuerpo
que La mujer debe tener. Efectivamente podemos observar cómo en la clínica se
ve cada vez más un sin límite en relación a esta búsqueda, donde ante la
ausencia de un significante que ponga el freno a la metonimia, el sujeto se
pierde por una ruta que consume tanto al cuerpo como al sujeto mismo.
La tarea del
analista está en permitir a cada sujeto, que en su extravío pueda ubicar desde
dónde hace la demanda de transformar su cuerpo, que participe, como nos dice
Bassols[4],
frente a este aparente exceso de “feminidad” y pueda encontrarse con su
división, para que se interrogue ese semblante que vela lo que de
femenino no hay cómo atrapar.
[1] Laurent, E. (2014) Racismo
2.0, en Telam. Bs.As.
[1] Lacan, J. (1971-1972)
…o peor. Paidós. Bs.As pag. 230-231
[1] Pérez, J-F. (2007).
Acting out, Síntoma y angustia. En Vitualia #16
[1] Bassols, M;
Cors, R (2014) Respuestas a Eva-Lilith. Boletín de las VIII Jornadas de la Nel,
N°1
***
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