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2 de mayo de 2023

EL TAO DEL PSICOANALISTA, por Rodolfo Sánchez, Mery Mondragón

 


Soplo del vacío central

Rodolfo Sánchez

Lacan en Lituraterre, realizado a la vuelta de un viaje a Japón, intentaba abordar la problemática entre los lazos del sentido y lo real, pensar la escritura como anterior al habla, el discurso sin palabras deseado por Lacan, lo cual implica pensar la posición del analista de otra manera. Con anterioridad ya había estudiado chino, y recurre al poeta y semiólogo chino radicado en Francia François Cheng para trabajar juntos textos de la escritura china y japonesa que muestran un uso del lenguaje que va más allá de los efectos de sentido. Uno de los textos que trabajan es “El libro de la vía y de su virtud” atribuido a Laozi, padre fundador del taoísmo, del siglo VI a.C. referido a la Creación y la marcha del Universo, en chino Tao, que quiere decir la Vía, que también es "hablar". En francés vía y voz (la Voie, la Voix) El Tao es pues un camino de vida y al mismo tiempo la palabra, el texto es el siguiente:

El Tao de origen engendra el Uno 

El Uno engendra el Dos 

El Dos engendra el Tres 

El Tres engendra los Diez Mil seres 

Los Diez Mil seres endosan el Yin Y abrazan el Yang 

Por el soplo del Vacío-central Realizan el intercambio-entendimiento1  

Este soplo actuando en el Vacío central, es lo que le interesa a Lacan pues hace posible que se realice el intercambio, la comunicación entre el Yin y el Yang, sin este se plantarían cada uno por su lado, opuestos, en una oposición estéril. Mientras que, con la intervención del Vacío central, los dos partenaires entran en un campo abierto, distanciado e interactivo, y por esta interacción, acceden a la transformación mutua. Lacan se interesa en cómo articular este vacío central, el uso correcto de esta versión china del litoral, no como algo sólido que separa, sino como una nebulosa que permite entre ambos la coexistencia. Parece ser que en esta búsqueda le viene a la mente de Lacan una característica de la poesía china, que está invadida de metáfora y que esta y la metonimia no se oponen en el pensamiento chino. 

Comenta al respecto Cheng “En resumen –señalaba Lacan- cuanta más metáfora hay, más rica es la metonimia. En otras palabras, metáfora y metonimia salen una de la otra, se engendran mutuamente”2 . Esta evocación de Lacan nos permite entender cómo el soplo del vacío central no separa metáfora y metonimia como cuando las definimos con el objetivo de distinguir una cosa de otra, como comúnmente hacemos en el lenguaje para distinguir ciertos conceptos, si no que el cuidarnos de definir permite ahondar en ese vacío central, ese no saber motiva el saber. 

Para entenderlo Cheng le preguntaba a Lacan “¿cómo definía la metonimia y la metáfora? Él me dijo que se cuidaba bien de hacerlo. Que a partir de la idea de continuidad y de similitud, se puede siempre ahondar, pero lo importante es observar el lazo entre las dos figuras en su funcionamiento”. Después de ese comentario Lacan abre un libro para buscar un poema que ejemplifique lo que acababa de decir, el poema se llamaba "El Lago Qi", y tenía por tema una escena de despedida: Una mujer acompaña a su marido hasta el borde del lago tocando la flauta. Mientras ella permanece en la orilla, el hombre se aleja en barca en un largo viaje. Eso es lo que indican los dos primeros versos. El tercer verso dice que, en un momento dado, en el corazón del lago, ya lejos, el hombre se da vuelta. Y este último verso termina de manera un poco abrupta, como una detención en una imagen, con esto: "Montaña verde rodea nube blanca" 

En este verso aparecen dos metáforas, montaña verde y nube blanca, en una relación de metonimia.

¿Cuáles son estas metáforas? ¿en qué consiste esta relación de metonimia? En un primer momento buscamos definir qué es una y otra, trazar un límite entre estas, pero recordemos el soplo del vacío medio como una versión china de litoral, constante, que debemos intentar sostener cuidándonos de no definir, sino que a partir de la continuidad y similitud entre ambas poder ahondar, observar cómo se entrelazan en su funcionamiento, este soplo constante nos permitirá mantener un no saber que motive la búsqueda del saber, vía o camino del analista.

1 Jacques Aubert, François Cheng, Jean-Claude Milner, François Regnault y Gérard Wajcman; Lacan, el escrito, la imagen; México D.F.: Siglo Veintiuno Editores; 2001; p. 168. 

2 Ibid.


Soplo del vacío-medio y trazo unario en el lugar del analista,

Mery Mondragón 

Como mencionado, del texto se extraen nuevas miras sobre la labor analítica en consulta, pues las elaboraciones presentes en El camino del psicoanalista se inscriben en el intento de conjugar las funciones de aquel que admite sentidos nuevos (función más uno) y aquel que escande (función del psicoanalista como editor que puntúa el lugar del goce). De este intento de conjugación, deviene la pregunta: ¿Cómo hacer con la coexistencia del sentido y lo que está fuera de él? y, más precisamente, con la coexistencia del efecto de significación y el lugar del goce. Ambas preguntas se sitúan en la labor analítica y sería “formidable” que operando sobre lo primero, se impacte en lo segundo; esto es, lo real desde lo simbólico. Para lograr “tocar el goce y su litoral a partir del significante”3 , Lacan reflexiona junto a Cheng en torno a algunos textos clásicos chinos (como el tratado en la sección anterior) y encuentra formulaciones dan visos de lo que, desde el lugar del analista, puede favorecer la realización de esa resonancia en lo real; mencionaremos tres: el tao, el soplo del vacío medio y el trazo unario del pincel.

El tao chino interesa a Lacan en la medida en que comprende, ya desde su definición y dos sentidos, la coexistencia por la que se pregunta. Abarcando “lo que tiene un nombre y lo que no tiene nombre”4 , el verbo tao: hacer-enunciar, que Lacan esquematiza sin nombre-el nombre, podría leerse también como lugar de goce-efecto de sentido. En el tao (vía-voz de origen), dividido en dos, llega a intercalarse el vacío medio como tercer componente, entidad dinámica que permite la interacción entre los dos que, de otro modo, se mantendrían en una “oposición estéril”5 . Cheng retoma a Loazi (Le livre de la Voie et de sa vertu) y marca la función de este soplo del vacío medio (soufflé du Vide-médian), como aquello que intercambia-armoniza (echange-entente); ¿qué?: yin-yang, sin nombre-el nombre y; precisando en el psicoanálisis lacaniano, intercambia-armoniza lugar de goce efecto de sentido. La definición de Cheng de este vacío medio remarca la afluencia, no oposición, entre el sujeto, los otros sujetos y el afuera; la transcribimos: “el vacío medio es ese soplo que viene de sí del sujeto cuando está a la vista de otros sujetos y que lo empuja fuera de sí para que el vivir y el hablar le sean indefinidamente posibles”6 .

Dado este intercambio-armonización de lugar de goce-efecto de sentido, el soplo del vacío medio podría intervenir en lo que en el significante a plu (llovió y gustó; deslizó en la cadena y gozó), poniéndolo “en duda en la lectura del inconsciente que opera en el discurso analítico”7 ; es decir, haciendo tambalear eso que en el significante a plu y coaguló. De manera análoga, Shitao propone el trazo unario del pincel, “equivalente del soplo en el orden pictórico”8 , que interviene mediante un trazo “que no indica, no significa”, permitiendo así “desbrozar el caos original”9 sin adicionar sentidos. Constatando que no se trata, desde el lugar del analista, del ordenamiento en la cadena significante, sino del trazo del pincel, escansión, puntuación: resonar en ese efecto de goce del cual el ordenamiento evita hablar.

Y esa resonancia, ya sea que la pensemos desde el soplo o la pincelada, denota un impacto más allá del sentido y, así, el acceso a lo verdadero (más allá del significante mentiroso). Retomando a Loazi (Le Livre de la Voie et sa vertu): “Siempre Sin-tener Deseo/ para captar el germen”; si, como Lacan propone, “el deseo viene del Otro, y el goce está del lado de la Cosa”10, el germen (como portador de transformación y no solo repetición) no será captado ni transformado a través de la articulación significante, sino por algo de otro orden. En su lugar, aquí podríamos articular la Letra, sin sentido, soporte de goce… Jeroglífico, soplo sin sentido, ¿la lalengua?...

Entonces, volviendo a la orientación inicial: en el lugar del analista correspondería sostener la función de soplo del vacío-medio, litoral entre saber y goce, que permita al sujeto acercarse a la Letra que lo orienta; presagiar el destino por el resquebrajamiento que se dibuja, como en la práctica adivinatoria china. Y sobre la búsqueda de Lacan del “uso correcto” de este vacío-medio; para terminar, podemos referirnos a Shitao (según Cheng) para quien adquirir el arte del Trazo requería un particular estado de Receptividad que “es primera y el Conocimiento segundo”. Así, la docilidad permite transitar el litoral, mientras se sabe que “El Camino que puede enunciarse /No es el Camino para siempre / El nombre que puede nombrarse / No es el nombre para siempre” (Le Livre de la Voie et sa vertu), haciendo patente que lo que no cambia es el vacío, “de donde surge constantemente el soplo”11 . 


3 Jaques-Alain Miller, La experiencia de lo real en la cura psicoanalítica; Buenos Aires: Paidós; 2011; p. 194. 

4 Ibid. 

5 Jacques Aubert et.al.; Lacan, el escrito, la imagen; México D.F.: Siglo Veintiuno Editores; 2001; p. 168. 

6 Ídem. p. 154. 

7 Jaques-Alain Miller, La experiencia de lo real en la cura psicoanalítica; Buenos Aires: Paidós; 2011; p. 200. 

8 Jacques Aubert et.al.; Lacan, el escrito, la imagen; México D.F.: Siglo Veintiuno Editores; p. 159. 

9 Idem. p. 193.

10 Jaques Lacan; Del Trieb de Freud y del deseo del psicoanalista; Buenos Aires: Siglo Veintiuno Editores; 1958; Escritos 2; p.832. 

11 Jacques Aubert et.al.; Lacan, el escrito, la imagen; México D.F.: Siglo Veintiuno Editores; 2001; p. 153.





Bibliografía 

Aubert, J., Cheng, F., Milner, J., Regnault, F. y Wajcman G. (2001). Lacan, el escrito, la imagen. México D.F.: Siglo Veintiuno Editores 

Lacan, J. (1958). Del Trieb de Freud y del deseo del psicoanalista. Buenos Aires: Siglo Veintiuno Editores. 

Miller, J. A. (2011). La experiencia de lo real en la cura psicoanalítica. Buenos Aires: Paidós.



28 de abril de 2023

EL TAO DEL PSICOANALISTA, por Soledad Alvarado, Albor Debernardi y Jimena Rivas

 


Con la lectura del texto de Eric Laurent, iniciamos un trabajo orientado por los desarrollos de Lacan en Lituraterre de 1971, desde donde nos planteamos la pregunta: ¿Qué es el Tao del psicoanalista en una clínica que apunta a una vía por lo real? Como resultado surgió la construcción del texto a presentar.

Siguiendo las pistas para trazar el camino del analista, el texto de Eric Laurent comienza su abordaje considerando que “el psicoanalista tiene que profundizar en el lugar del más uno” (p.181), precisando que se trata de un lugar que es éxtimo al sistema de la lengua. Con relación al lugar éxtimo, Laurent señala: “Está fuera del sistema de la lengua y sin embargo adentro, un lugar que admite y que autoriza los sentidos nuevos que se producen, como cada vez que el efecto del chiste inscribe en la lengua un uso inédito o una manera de hablar nueva” (p.181).

Laurent se pregunta por cómo se conjugan en la función del psicoanalista, aquel que admite los sentidos nuevos y aquel cuya práctica se articula con la escansión. Sin embargo, señala que plantear una pregunta desde la conjugación no abarcaría todo lo que puede ser dicho de este lugar éxtimo al sistema de la lengua, disponiéndose así a una tarea de esclarecimiento.

De este modo, Laurent se orienta por la noción de la letra, mediante la revisión del texto de Lituraterre. Señala que, si bien el texto se centra en dos aspectos de la función de la letra – como la que produce un agujero y como objeto a – enlazando ello a una reflexión sobre la historia de la escritura, tomando los dos abordajes en las tradiciones occidental y oriental; Laurent pondrá más bien su atención en plantear que estos dos abordajes no se oponen entre sí y dirá que ambos ofrecen una “tesis sobre la letra que subraya el mismo punto” (p.182).

Así, Laurent toma a Lacan en “La instancia de la letra…” resaltando su desarrollo sobre el lenguaje como preexistente a la llegada del ser, específicamente en los diferentes modos según los cuales el ser adviene al lenguaje, conduciéndose por las figuras de la metáfora y la metonimia. “El inconsciente es el discurso del Otro” nos dice Lacan y en esta cadena discursiva, llevada por la metáfora y la metonimia, Laurent se interesa especialmente por el lugar de la barra que viene a organizar la repartición entre ambas. Nos plantea que Lacan releerá y reinterpretará el lugar de la barra que instalaba como razón del inconsciente. Razón del inconsciente como repetición, en la metonimia o como atravesamiento de la barra, en la metáfora.

A partir de este planteamiento, siguiendo el efecto de la letra, Lacan retoma el algoritmo, significante sobre significado (S/s) con la barra que separa los dos pisos y avanza sobre la cuestión de juntar metáfora y metonimia. Pone su atención en el efecto de la letra en la literatura, centrándose en aquello que la letra en la literatura nos produce, tomando como ejemplos los efectos de leer a Rabelais o a Kant. Entonces, la letra no puede ser reducida a su consideración como instrumento, ni a una huella, ni una impresión. Siendo así, apoyándose en el ejemplo de Pericles, considera que a partir de la letra surgen dos elementos, un ordenamiento: Al reunirse mitos hablados, cantos o procesiones dramáticas que pueden ser escritas y surge también un efecto de goce: Pericles en la tarea de establecer la mejor versión posible de los textos de Homero. ¿Qué significó esto para él? ¿Qué efectos produjo en él tal tarea?

Cuando Laurent habla acerca de la inscripción del goce en la letra, podría ser válido señalar que, ello, en relación con el camino del psicoanalista, consiste en la labor de puntuación dentro del análisis. Esta cuestión se logra apreciar en el sentido de la importancia en el análisis de saber escuchar al analizante y lograr puntuar y capturar señales del goce en el discurso.

Laurent señala en la siguiente viñeta que recortaremos, la voz del goce no se hará presente en todos los casos de una manera clara y explícita, y como en la letra, queda prendida en el litoral del discurso del parletre.

“Lacan, por el contrario, muestra que no hay que distribuir la cuestión del sentido y de lo fuera del sentido a partir de esta perspectiva, sino a partir de la oposición entre el efecto de significación y el lugar del goce. Y lo que hace la escritura es indicar este lugar del goce, inscribir lo que hizo Pericles al recoger los himnos, lo que hace Edgar A. Poe nombrando el goce de su época, el lugar del dandi que reflexiona y es testigo del gusto o del desprecio de su tiempo. Tenemos cada vez inscripción y huella de algo que es primario y que sobrepasa todas las significaciones en juego. Y lo que se inscribe en cada oportunidad es este acogimiento del goce en la letra, en la escritura”. (p.188)

Más adelante, Laurent retomará la noción del aspecto más uno, en donde se logra capturar cómo este viene a representar la situación en la que queda el sujeto de la alienación y posterior separación, que, habiendo sido bañado por el Otro, queda de un lado como sujeto barrado (S); por el otro extremo los efectos de saber representados por S2, y localizado en el medio, el objeto a, como resto de los efectos de saber y a decir el goce del sujeto. Esto lo señala en el siguiente gráfico de alienación-separación:


Donde, además, agrega una concepción importante, y es que “entre el efecto de sentido, señalado por S2, y el lugar del goce ya no hay una frontera sino una línea que por todas partes es heterogénea (...) la frontera, el litoral pasa al interior de la realidad psíquica. No es una frontera entre el interior y el exterior, está en el sujeto (...) Lo relevante, entonces, es que la división entre el saber inconsciente y el goce se produce del lado del sujeto” (p.192)

En este sentido, lo señalado acerca de esta frontera o litoral es una concepción muy importante, ya que posteriormente podrá permitir que Lacan localice la diferenciación entre “lo que tiene nombre y lo que no tiene nombre”, cómo ambos se articulan, y, sin embargo, poder nombrar algo de lo que no tiene nombre. Esta concepción será de mucha importancia para un acercamiento a lo real del goce y su relación con el deseo; y las barreras que enfrentará el sujeto para encontrar un saber hacer con este resto.

La reflexión que hace Lacan y que Laurent retoma en este apartado, gira en torno a las condiciones de un discurso que no es el del semblante, la condición en que un discurso toca el goce y su litoral a partir del significante. Para responder a estos cuestionamientos es que Lacan recurre al concepto chino del Tao a partir de sus conversaciones con su amigo Cheng.

El esquema que Lacan hace para explicar la noción del Tao nos muestra por un lado, un registro, donde se encuentra el hacer, seguido con algo que no tiene nombre, no habiendo deseo, y por otro lado otro registro donde se encuentra el hablar, eso que tiene un nombre, habiendo deseo. Dos registros, que no se pueden mantener juntos y que tampoco se puede pasar de uno a otro.

Cheng propone una solución, nos dice que es por el vacío medio, es un tercero en el binarismo chino del yin y el yang, aquello que está entre el centro y ausencia, el litoral, que implica una fractura del semblante que da lugar a un movimiento, a una transformación en movimiento continuo; y que produce un efecto, que sólo el discurso analítico es capaz de hacerlo.

Recurrimos al libro chino de las mutaciones “I Ching”, en el cual se hace referencia a que la indagación sólo es realizable en el ámbito del sí mismo, de la propia interioridad, de la cual procede toda respuesta válida y también toda apertura hacia nuevas indagaciones válidas. Lograr la armonía del individuo con el cambiante fluir de las corrientes universales, en adaptarse a los cambios, las mutaciones del acontecer. Y nos hace pensar en la circulación universal de la cual habla Lacan que privilegia la noción de sujeto/sujeto, y que en relación de este se sitúa en el interior mismo ese vacío medio, que separa dos cuestiones que no se pueden mantener juntas. Es por esta vía donde se articula la noción del Tao del psicoanalista, vía en que fija un modo del litoral que separa goce y la articulación significante.

Nos surge la pregunta: ¿Cómo opera este vacío medio? Laurent recurre al ejemplo que da François Cheng, sobre una interpretación que Lacan se permitió hacer por ser su amigo “... usted conoció muchas rupturas en su vida: con su pasado, con su cultura. Sabrá transformar estas rupturas en vacío medio actuante y reunir su presente con su pasado, Occidente con Oriente - sé que ya lo está- en su tiempo” (p.201).

Ese vacío medio actuante, es una posibilidad de mantener junto lo que no se mantiene junto, lo real y el sentido, el hacer y el hablar. Son registros que se enunciaron de manera distinta, pero se mantienen juntos por el tao del psicoanalista, por la posición del psicoanalista que es lograr sostenerse en su lugar, en tanto que, en ese lugar, actuar a título del vacío actuante, un lugar vacío pero actuante, actuar al modo del no actuar. Posibilitado por el discurso analítico, se produce un efecto, una transformación, un vacío medio actuante, allí donde hubo ruptura, allí donde la letra inscribió el litoral.

Consideramos que, sostener el lugar en la transferencia a título de vacío actuante, representa en el análisis la posibilidad de que el parletre localice algo del propio goce, que pueda así lograr la invención de un saber hacer con aquello que se había tornado insoportable.

Soledad Alvarado (Participante del CID-Lima)


Jimena Rivas (Participante del CID-Lima)

Albor Debernardi (Participante del CID-Lima)


Referencias bibliográficas:

  • Miller, J.A (2011). La experiencia de lo real en la cura psicoanalítica. 1' ed. 4' reimp. - Buenos Aires: Paidós.
  • Wilhelm, Richard (1960). I Ching. El libro de las mutaciones. Traducción de D. J. Vogelmann. Barcelona: Edhasa. Ed. 2002.


8 de febrero de 2022

LA LIBIDO Y EL SÍNTOMA por Andrea Soto

 “El síntoma es rico en sentido y se entrama con el vivenciar del enfermo”

– Freud, 2001


A partir de esta frase se podría entender que el síntoma tiene una razón de ser, una explicación, la cual se encuentra vinculada con las experiencias de vida (reales o imaginarias) de la niñez del sujeto que lo presenta. “Los síntomas neuróticos tienen entonces su sentido, como las operaciones fallidas y los sueños, y, al igual que estos, su nexo con la vida de las personas que los exhiben” (Freud, 2001).

El síntoma tiene dos sentidos, uno que lo hace y otro de goce. Es decir, como se ha dicho en el párrafo anterior, es capaz de ser explicado, interpretado, descifrado. Asimismo, no es algo que aparece y desaparece, es permanente y se repite pues encuentra en eso el goce, la satisfacción de un deseo libidinoso inconsciente. A esta búsqueda constante de satisfacción se le conoce como pulsión.

Entonces, para comprenderlo mejor desarrollemos un ejemplo, el sujeto X inicia una nueva relación con el sujeto Y, pero pasados algunos meses sucede algo que empieza a generar angustia en el sujeto X quien desarrolla una respuesta física a la situación (alergia cutánea). En este escenario, la expresión física del malestar del sujeto X sería el síntoma. Sin embargo, el síntoma no viene solo dado que el suceso ocurrido ha conectado con la marca inicial del sujeto X, activando en su inconsciente la experiencia libidinal fijada experimentada en su niñez. Esto ocasiona pulsaciones que buscan satisfacerse para controlar al síntoma, por ejemplo, el sujeto X inicia una demanda de atención, un requerimiento excesivo de muestras de afecto, mensajes, llamadas, entre otros, los cuales demanda una y otra vez.

Es aquí donde entra en relación activa la libido fijada en las vivencias infantiles (no siempre verdaderas). “Juzgamos posible, respecto de cada aspiración sexual separada, que partes de ella queden retrasadas en estadios anteriores del desarrollo, por más que otras puedan haber alcanzado la meta última. Advierten ustedes que nos representamos a cada una de estas aspiraciones como una corriente continuada desde el comienzo de la vida, que descomponemos, en cierta medida artificialmente, en oleadas separadas y sucesivas (…) Pero permítame añadir todavía que una demora así de una aspiración parcial en una etapa anterior debe llamarse fijación (a saber, de la pulsión)” (Freud, 2001). Estas son creadoras de los síntomas y nos sirven para el análisis de los mismos.

Inicialmente, para Freud, la libido era una expresión de la pulsión sexual, la energía que funcionaba como fundamento de las transformaciones de estas pulsiones, pero la transformación de la libido del objeto en narcisismo trajo consigo una inevitable desexualización. Por este motivo, entendemos la libido como aquella energía que se gasta en el síntoma y alimenta las pulsiones repercutiendo en nuestra conducta. El estimulo pulsional (necesidad) no proviene del exterior, sino del interior del propio organismo y solo se cancela con su satisfacción.

La fijación libidinal ha podido surgir por la constitución sexual, que está relacionado al vivenciar previo, histórico del sujeto (lo que estuvo antes de él) y el vivenciar familiar, que se refiere a las experiencias que tuvo durante su desarrollo. “Si a pesar de que la libido está dispuesta a aceptar otro objeto en lugar del denegado (frustrado) la realidad permanece inexorable, aquella se verá finalmente precisada a emprender el camino de la regresión y aspirar a satisfacerse dentro de una de las organizaciones ya superadas o por medio de uno de los objetos que resignó antes. En el camino de la regresión, la libido es cautivada por la fijación que ella ha dejado tras sí en esos lugares de su desarrollo” (Freud, 2001).

Andrea Soto (participante del CID)


Bibliografía

  • BECERRA – FUQUEN, F., “Principios del síntoma:  del desciframiento al goce” en Revista Affectio Societatis 12(22), 105 -112. Medellín, Colombia: Departamento de Psicoanálisis, Universidad de Antioquia, 2015. Recuperado de http://aprendeenlinea.udea.edu.co/revistas/index.php/affectiosocietatis
  • FREUD, S., “El sentido de los síntomas” (Conferencia 17), “Algunas perspectivas sobre el desarrollo y la regresión. Etiología.” (Conferencia 22) y “Los caminos de la formación del síntoma” (Conferencia 23) en Obras completas Vol. XVI, Amorrortu, Buenos Aires, 2001.
  • FREUD, S., “Pulsiones y destinos de la pulsión” en Obras completas Vol. XIV, Amorrortu, Buenos Aires, 2001.
  • ILEYASSOF, R., “El psicoanálisis y la singularidad del modo de goce” en Virtualia #34, 2018.
  • MILLLER, J. – A., “Seminario sobre las vías de la formación de los síntomas” en Introducción a la clínica lacaniana, ELP – RBA, Barcelona, 2006.

2 de julio de 2015

Boletín 12 Letras en línea - I Conversación clínica de la NEL

           I Conversación Clínica de la NEL

 El analista y su práctica
 

São Paulo - 3 de septiembre de 2015

Tute

Letras en línea

Boletín Nº 12

Termina junio y faltan solo dos meses para la primera Conversación Clínica de la NEL, el 3 de septiembre en São Paulo, con la participación de Miquel Bassols. Para los que todavía no se han inscrito, no dejen de hacerlo con un clic en el enlace de abajo. Solo así podrán recibir los casos clínicos con anticipación y en la Conversación podremos intercambiar ideas, interrogar lo que queda oscuro, proponer abordajes nuevos, comparar, arribar a nuevas conclusiones. Pero todo esto solo será posible si hay practicantes bien orientados.

En este boletín tenemos dos comentarios notables por su calidad y precisión.
Existe una política del psicoanálisis ‒dice Miller‒ que se orienta por la diferencia absoluta y por eso afirma que la formación del psicoanalista, son las formaciones del inconsciente, y en primer lugar el suyo. [1] Esta política condensa muy bien las dos citas y los comentarios que presentamos aquí.

El texto del analizante tiene su propia lógica articulada al fantasma, a su significación y goce. El analista se cuida de no hacer una observación de comportamiento, aunque a veces tenga la tentación de hacerlo, intentando comprender el sentido. Se comprende mediante el fantasma, explica María Cristina Giraldo y precisa que las coordenadas fantasmáticas que rigen la vida subjetiva son las coordenadas del programa de goce. Lo más importante para el practicante es poder descubrir, en su propio análisis, la regla que rige su modo de goce que le permita, en su práctica, saber no agregar sentido al sinsentido de lo real del analizante.

La autonomía del discurso analítico es el mayor principio de la política del psicoanálisis. Solo así puede mantener su diferencia absoluta con otros discursos. En cuatro puntos justos y rigurosos Gustavo Zapata comenta este principio. Ubica los límites de la experiencia analítica que permiten medir sus obstáculos, alcances y resultados. Esta es una experiencia radicalmente singular que no se aviene ni se conforma con otros discursos, poderes o ideologías. El deseo del analista apunta lo real y a liberar al Otro del sentido.

María Hortensia Cárdenas
________________

[1] Miller, J.-A., “Perspectivas de política lacaniana”, 
Freudiana 55, ELP, Barcelona, 2009. 


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Comentario de María Cristina Giraldo a la cita:

“El analista, por supuesto, no hace esto [una observación del comportamiento], aunque a veces tiene la tentación. El mismo Freud, cuando tenía en tratamiento al famoso “Hombre de los lobos”, tiene tantos hechos y datos, que casi se ve que está a punto de convertirse en observador. Es solamente después, y precisamente por medio de este caso, que Freud ubica la presencia del fantasma: que nunca la observación del comportamiento dará el sentido del fantasma, que ninguna recopilación es tan exacta que sea equivalente al fantasma, y que mientras más y más un sujeto —como ocurre en el caso del Hombre de los lobos—, se acerca a los datos, hasta hacer desear más y más datos, la misma intensidad de la vivencia que él pone en algunos hechos señala, más bien, el carácter fantasmático de esos supuestos recuerdos. A partir de esto, Freud pone en función el tema del recuerdo encubridor, que significa, precisamente, que la intensidad misma del recuerdo, en lugar de señalar la exactitud del hecho, señala que lo más importante no está ahí. Bien, el analista no es un observador del comportamiento”. [1]

La perspectiva del desarrollo conduce a un saber referencial que pretende una verdad a ser verificada por la referencia, con base en correlatos de la realidad: los datos de la historia y de la observación del comportamiento. La afirmación de Lacan “La verdad posee estructura de ficción” nos ubica en otra orientación que es la lógica del texto del analizante, en el cual el axioma del fantasma constituye una articulación esencial. Si “la significación es el fantasma”, [2] es por su conexión entre significación y goce, que constituye el amor pasional de cada uno con la verdad y el sentido. Cuando creemos comprender, lo hacemos mediante el fantasma. Este es el que fija el sentido; de ahí que Lacan nos advierta: en la experiencia analítica “cuídense de comprender”, de escuchar al analizante a través del lente del propio fantasma.

El giro freudiano se operó al advertir en la intensidad del recuerdo encubridor no un dato, sino el carácter fantasmático del mismo. Un axioma es una proposición lógica. Freud lo definía como una frase que se queda congelada para el sujeto en un punto de fijación de la libido. El axioma opera como regla fantasmática que condiciona todas las significaciones. Las coordenadas de la vida subjetiva están regladas en cada uno por su fantasma fundamental; son las coordenadas de su programa de goce. Miller propone que en el axioma se da la conjunción del Uno y del goce, por tanto, es el lugar de lo real, es lo que en los síntomas vuelve siempre al mismo lugar, lo que permanece constante como consistencia lógica, que es la relación del sujeto con el objeto a.

El atravesamiento del fantasma toca aquello mediante lo cual comprendemos. Mientras el practicante no haya descubierto cuál es la regla que rige el goce en juego en su relación con su objeto a, estará lidiando con no agregar un sentido, desde la regla no conocida de su decir, al sinsentido de lo real del analizante. En la experiencia analítica, el analizante no deviene analista sin pasar por esa consecuencia lógica del fin de análisis, que es atravesar su fantasma fundamental.


[1] Miller, J.-A., “Estructura desarrollo e historia”, Seminarios en Caracas y Bogotá, Paidós, Buenos Aires, 2015, p. 310.
[2] Miller, J.-A., Donc, Paidós, Buenos Aires, 2011, p. 92.
Otras referencias en Miller: El ser y el Uno, La psicosis en el texto de Lacan, Iluminaciones profanas.


Comentario de Gustavo Zapata a la cita:

“Existe una política del psicoanálisis: concierne a los fines últimos y los resultados de la operación analítica. Su mayor principio, y posiblemente el único, es la autonomía del discurso analítico, que mantiene su diferencia absoluta con los otros discursos. Es bueno todo lo que preserva y alimenta esta autonomía; es malo todo lo que la mella, la corroe, la arruina”. [1]

1.- Operar según este principio implica fundar en razón los conceptos fundamentales del psicoanálisis, es decir, valorar su pertinencia, medir sus alcances, precisar sus escollos y acotar sus resultados siempre circunscritos a los límites de la experiencia, sin tener que echar mano de una supuesta causa última, que reduciría la operación analítica a las coordenadas de una ciencia pretendida superior.
2.- Es menester entonces que para el analista se haya cernido esa diferencia absoluta entre el I y el a, que haya “circunscrito la causa de su horror, el suyo propio, el de él, separado del de todos, horror de saber” [2], para que sepa ocupar en el dispositivo ese lugar que al final es de desecho.
3.- A partir de eso, el analista entiende que la experiencia analítica es radicalmente singular, por lo tanto no es masificable ni clasificable, no se deja atrapar en otra contabilidad como no sea la del uno por uno, ni acotar por los poderes del estado, por las iniciativas de bienestar o seguridad social de los gobiernos, por ideologías políticas de cualquier signo o color, o por interpretaciones históricas, sociológicas o antropológicas de la realidad.
 4.- Así, el analista verá, como comenta J.-A. Miller [3], que el psicoanálisis es incompatible con el orden totalitario, y no existe si no es posible hablar con libertad y ejercer la ironía. Efectivamente, un analista debe querer las condiciones materiales para su práctica, y si entiende bien que el deseo del analista es “un deseo de alcanzar lo real, de reducir al Otro a su real y liberarlo del sentido” [4], sabrá entonces que el psicoanálisis es subversivo, no revolucionario.
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[1] Miller, J.-A., “Perspectivas de política lacaniana”, Freudiana 55, ELP, Barcelona, 2009.
[2] Lacan, J.,”Nota Italiana”, Uno por Uno, N° 17, abril 1991, pp. 16-18.
[4] Miller, J.-A.,” Un real para el siglo XXI”, Scilicet. Un real para el siglo XXI, Grama, Buenos Aires, 2013,  pp. 17-27.


Referencias bibliográficas sobre la práctica analítica

Lacan, J., Función y campo de la palabra y del lenguaje en psicoanálisis (1953)

·         “Es la tentación que se presenta al analista de abandonar el fundamento de la palabra, y esto precisamente en terrenos donde su uso, por confinar con lo inefable, requeriría más que nunca su examen: a saber la pedagogía materna, la ayuda samaritana y la maestría dialéctica. El peligro se hace grande si le abandona además su lenguaje en beneficio de lenguajes ya instituidos y respecto de los cuales conoce mal las compensaciones que ofrecen a la ignorancia.” (p. 65)

·         “No hay duda de que estos efectos –donde el psicoanalista coincide con el tipo de héroe moderno que ilustra hazañas irrisorias en una situación de extravío- podrían ser corregidos por una justa vuelta al estudio en que el psicoanalista debería ser maestro, el de las funciones de la palabra.” (p. 65)

·         “El único objeto que está al alcance del analista, es la relación imaginaria que le liga al sujeto en cuanto a yo, y, a falta de poderlo eliminar, puede utilizarlo para regular el caudal de sus orejas, según el uso que la fisiología, de acuerdo con el Evangelio, muestra que es normal hacer de ellas: orejas para no oír, dicho de otra manera para hacer la ubicación de lo que debo oír.” (74-75)

·         “Afirmamos por nuestra parte que la técnica no puede ser comprendida, ni por consiguiente correctamente aplicada, si se desconocen los conceptos que la fundan. Nuestra tarea será demostrar que esos conceptos no toman su pleno sentido sino orientándose en un campo de lenguaje, sino ordenándose a la función de la palabra” (p. 68)

·         “… el arte del analista debe ser el de suspender las certidumbres del sujeto, hasta que se consuman los últimos espejismos. Y es en el discurso donde debe escandirse su resolución.” (72-73)

Responsables del Boletín Letras en línea
María Hortensia Cárdenas
Ana Viganó 



24 de junio de 2015

Boletín 11 Letras en línea - I Conversación clínica de la NEL

           I Conversación Clínica de la NEL

 El analista y su práctica

São Paulo - 3 de septiembre de 2015

Tute

Letras en línea
Boletín Nº 11


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La ficha de inscripción es necesaria para poder recibir los materiales clínicos que serán trabajados durante la conversación.




Con la riqueza de los comentarios sobre la conversación que hemos compartido en las pasadas 10 ediciones, damos comienzo a la segunda parte de este boletín dedicada ahora a compartir breves elaboraciones sobre distintos aspectos fundamentales de la práctica analítica. Destinaremos unas semanas a explorar vertientes diversas a partir de algunas citas escogidas sobre la clínica y los comentarios que las mismas suscitan en los colegas que aceptaron participar de este esfuerzo, a fin de que sirvan ‒en su articulación y tensión‒ en la construcción del dispositivo de Conversación Clínica de la NEL.

Abren la serie los trabajos de María Eugenia Cardona y Mayra de Hanze. En el primero, Cardona parte de la consideración de Miller acerca de las 3 variantes del sujeto supuesto saber, en relación a los registros sin olvidar su anudamiento. Trabaja la relación que la suposición implica respecto del Otro y la orientación hacia una suposición que
‒inexistencia del Otro mediante‒ se sostenga del Uno.

Hanze por su parte, comenta la cita de un Lacan temprano, del Seminario I, y sitúa a partir de allí un recorrido cuyo eje es la transferencia, su eficacia, su relación con el acto analítico, con el objeto y con la palabra
‒designada en ese seminario como plena‒, para finalmente arribar a la noción: el acto de la palabra.

Gracias al aporte de María Hortensia Cárdenas quien nos ha compartido su archivo de humor gráfico sobre psicoanálisis, cambiamos el tono de las imágenes que ilustran y acompañan la lectura de este tramo del boletín.

Y cambiamos también el contexto de las referencias bibliográficas que adjuntamos, pues se tratará de acercarlos a una selección de citas respecto de la práctica clínica que mucho agradecemos una vez más a Piedad O. de Spurrier, quien ha llevado adelante un extenso relevamiento sobre el tema.

Al final de este boletín encontrarán nuevamente la ficha de inscripción. Es de gran utilidad para la organización saber quiénes podrán concurrir, por lo que insistimos en pedirles que por favor la envíen a Clara María Holguín: clara.maria.holguin@gmail.com 

La ficha de inscripción es condición necesaria para poder recibir con anticipación el material clínico que será discutido y trabajado durante la Conversación.

¡Disfruten la lectura!

Ana Viganó 


Nuestro sujeto supuesto saber

Comentario de María Eugenia Cardona a la cita:

“El analista mismo es un sujeto supuesto al saber –es el segundo sujeto supuesto saber. Si no lo fuera, no nos confiaríamos a él. Es supuesto a saber, al menos, lo que quiere verdaderamente decir la confidencia del analizante, o sea, es supuesto a saber interpretar, digamos, hablando en latín, a responder al casus de las formaciones del inconsciente por el saltus, el salto de la interpretación. Este salto de la interpretación es por otra parte central en el ejercicio, llamado, de control: ¿Cuándo hay que saltar sobre la palabra del analizante para hacerlo en el momento oportuno y tener los efectos que esperamos de ello? Este salto de la interpretación engendra una significación que lo podríamos articular así: Tú, analizante, que eres supuesto al saber, no sabes lo que dices” [1]   

En esta intervención de Miller en las Jornadas de estudios de la ECF 2006: “Nuestro sujeto supuesto saber”,  Miller ubica tres sujetos supuesto saber, donde el primero sería el analizante con la esperanza de dirigirse a alguien que dirá lo que le pasa, por lo cual busca un analista. El segundo SsS sería  el analista mismo como un  supuesto a interpretar y el tercer SsS sería el  inconsciente como potencia de cifrado…Finalmente y admitiendo que son tres SsS que se articulan en la sesión analítica: el primero imaginario, el segundo simbólico y el tercero real. Pero realmente son solo uno.

El analista como segundo SsS será quien  le dé la palabra al analizante, sosteniendo el lugar de “olvido de todo lo sabido”, condición de ignorancia necesaria, que hará de cada encuentro algo nuevo y a su vez posibilitará la  instalación de SsS  en  la sesión analítica. Como lo dice Miller: “la pasión de la ignorancia significa invención de saber, es su otro nombre”. (2) “El sentido de la ignorancia en psicoanálisis, su virtud, eso por lo que resulta adecuado aquello de lo que se trata, es que es la ignorancia de algo que no hay. Por eso Lacan pudo hablar de invención de saber y no de descubrimiento”.(3)   Las  entrevistas iniciales  responden a la frase precisa de Lacan “en el comienzo está la transferencia”. Donde el  síntoma con sus dos caras, “una que habla y es mensaje”, la otra que “no habla y es goce” que incide en el cuerpo, llevará a alguien  a partir del malestar –goce
‒  a un análisis. La maniobra del analista al inicio es crear las condiciones para que el parlêtre  descubra su inconsciente y a partir de ahí se instaure la suposición de saber. La transferencia estará armada a partir de la creencia de que esa queja-por la que sufre será develada. Creencia que Lacan en el Seminario 7 diferencia de  la verdad cuando dice: “si suponemos que creen verdaderamente, no son creencias sino verdades”.(4) Solo el acto analítico que está desde el inicio, podrá ubicar la causa que será impulso al trabajo de transferencia.

Para que el síntoma pueda ser interpretado es necesario creer en él, en su dimensión de mensaje. Síntoma que no es sin la envoltura del Otro de la cultura.  

Del psicoanalista se espera la resolución del enigma inconsciente del síntoma. Posición o lugar paradójico para el analista pues ocupa un lugar “que no cree” pero se sirve de ese semblante para dar voz al goce, y llegar a precisar “reduciendo” todo el trabajo de la defensa neurótica que como lo dice Lacan: (5)   es pura pérdida, mera conjura que da lástima”. O sea todo lo que se hace con el sentido, no - sirve y agrega: “el sujeto se agota produciéndose como efecto de significante, permaneciendo tan distinto de él….”. (6)  El inconsciente Lacaniano está entre los significantes, tiene una estructura pulsátil aparece para desaparecer y volver a reaparecer…necesita al menos dos significantes (S1-S2)  para capturarlo. El inconsciente lacaniano  es lo que brilla y late con  destellos momentáneos entre los intersticios  de la  cadena  significante. Por eso en cada analizante, el analista no solo escuchará los significantes que ordenaron su 
hystoria sino que tendrá que tener en cuenta otro registro más allá de los significantes, que tiene que ver con esos destellos y latidos  momentáneos que están en el agujero entre los significantes. Hay un cambio de paradigma donde el lenguaje no comunica sino que es “en el cada significante vale uno” (7) es letra que no remite a nada. En esta nueva perspectiva la intervención del analista no es: sin-sentido, sino que se trata de la intervención: no-sentido, donde lo que se juega es acontecimiento de goce como resonancia en el cuerpo. Como lo dice Xavier Esqué:….”es decir que se apoya no en el Otro sino en el Uno. Se trata de tomar apoyo en lalengua con el fin de extraer el Uno”.(8)

En 
Los usos del lapso, J.-A. Miller dice: “…el analista con su presencia, encarna algo del goce, la parte no simbolizada del goce. (…) y de la que se puede decir que el testimonio es la presencia del analista en carne y hueso. (…) El analista está a título de su encarnación y no del saber que tendría, del saber inconsciente del sujeto”. [9] Cuerpo del analista, lugar encarnado, que hace posible cernir la “marca singular” de lo innombrable donde el resto –vivifica y posibilita el encuentro con un nuevo modo de saber hacer allí. Inexistencia del Otro que pone al Uno del lado de la invención.

La interpretación será el acto que se espera del analista, que se articula a la pulsación temporal inconsciente y reorienta al 
fading constituyente del sujeto.
  
Referencias
(1)  Miller, J.-A.,” Nuestro sujeto supuesto saber”, http://ampblog2006.blogspot.com/2007/09/journes-dtudes-2007.html
(2)  Miller, J.-A., “Los signos del goce”. ”, Paidós, Bs. As., 2011, p. 222
(3)  Ibíd. p. 229
(4)   Lacan, J., El Seminario, Libro 7, La ética del psicoanálisis, Paidós, Buenos Aires, 1992, p. 208.
(5)  Lacan J., El seminario, Libro 19, ...o peor, Paidós, Buenos Aires, 2012, p.170.
(6)  Ibíd., pág.171.
(7)  Miller, J.-A., Los signos del goce, Paidós, Buenos Aires, 2011, pp. 343-344.
(8)  Miller, J.-A., Esqué, X. y otros., ¿Cómo se forman los analistas?, Grama, Buenos Aires, 2012, p. 44.
(9)  Miller, J.-A., Los usos del lapso, Paidós, Buenos Aires, 2004, p. 22.


Comentario de Mayra de Hanze a la cita:

“Debe existir pues algo diferente del adoctrinamiento que explique la eficacia de las intervenciones del analista. Es lo que la experiencia demostró como eficaz en la acción de la transferencia.” [1]

Corre el año 1953 y Lacan realiza su enseñanza “Los escritos técnicos de Freud”, apertura el Seminario recordándonos que el pensamiento de Freud está abierto a la revisión. Reducirlo a palabras gastadas sería un error […]

Utiliza para ubicar la práctica del psicoanálisis, la metáfora del  arte del buen cocinero, “Que sabe cómo trinchar el animal, cómo separar la articulación con la menor resistencia”. Sabiendo que existe, para cada estructura, un modo de conceptualización que le es propio.

La cita que se me ha pedido comentar, la encontramos en el capítulo IX, “Sobre el narcisismo”. Aquí Lacan insiste en la noción de lo simbólico, diciendo que siempre conviene partir de ella para comprender lo que hacemos cuando intervenimos en el análisis.

Enfatiza esa faz de la resistencia que se sitúa en el nivel mismo de la emisión de la palabra. La palabra puede expresar el ser del sujeto, pero hasta cierto punto, nunca lo logra.

Surge al respecto la primera interrogación ¿Cómo se sitúan respecto a la palabra, todos esos afectos, todas esas referencias imaginarias habitualmente evocadas cuando quiere definirse la acción de la transferencia en la experiencia analítica?

Nos dirá que no podemos pensar la experiencia analítica como un juego, una trampa, una artimaña ilusoria, una sugestión. Esta experiencia convoca la palabra plena, la que apunta, la que forma la verdad tal y como ella se establece en el reconocimiento del uno por el otro. La palabra plena es la palabra que hace acto.

Se plantea al respecto la primera contradicción sobre el método psicoanalítico, que apunta a la obtención de la palabra plena mientras da como consigna al sujeto decir una palabra lo más despojada posible de toda suposición de responsabilidad, incluso lo libera de toda exigencia de autenticidad, le conmina a decir todo aquello que pase por la mente, facilitando al sujeto el retorno a la vía de lo que, en la palabra, está por debajo del nivel del reconocimiento y que concierne al tercero, el objeto. Por supuesto, el objeto, no deja de estar en referencia a la palabra […].

Pareciera que este acto de la palabra sólo puede progresar siguiendo la vía de una convicción intelectual proveniente de la intervención educadora, es decir superior, del analista. El análisis progresaría así por adoctrinamiento.

Cuando se afirma que la primera etapa del análisis habría sido intelectualista se hace referencia a este adoctrinamiento. Sin embargo, nunca fue así…las fuerzas auténticamente en juego estaban presentes desde el origen. Si no hubiesen estado allí, el análisis jamás habría tenido la posibilidad de aprobar su examen, e imponerse como método evidente de intervención psicoterapéutica.

[…] La transferencia eficaz de la que habla, es en su esencia, el acto de la palabra.

Es indudable que este recorrido que plantea Lacan, me evoca aquel otro que realizara Miller en el 80, al anunciar que en el psicoanálisis realizamos una clínica bajo transferencia, para decir en el 2008 que la transferencia tiene un afecto disolvente sobre la clínica.

Referencias
[1] Jacques Lacan, 
El Seminario, Libro 1, Los escritos técnicos de Freud, Paidós, Buenos Aires, 1981, p. 170.


Referencias bibliográficas sobre la práctica clínica

Lacan, J. (1971). Escritos 1. México D. F., Siglo XXI Editores.
El tiempo lógico y el aserto de certidumbre anticipada. Un nuevo sofisma (1945) 

·         “Se aíslan en el sofisma tres momentos de la evidencia, cuyos valores lógicos se revelarán diferentes y de orden creciente”. (p. 27)
·         Estos momentos son el instante de la mirada, el tiempo para comprender y el momento de concluir. “El tiempo para comprender puede reducirse al instante de la mirada, pero esa mirada en su instante puede incluir todo el tiempo necesario para comprender. Así, la objetividad de este tiempo se tambalea en su límite”. (p. 29)
·         “Cada uno de los sujetos, si ha vuelto a aprehender la certidumbre subjetiva del momento de concluir, puede nuevamente ponerla en duda. Pero está ahora sostenida por la objetivación, ya hecha, del tiempo de comprender, y su puesta en duda durará tan solo el instante de la mirada, porque el solo hecho de que la vacilación aparecida en los otros sea la segunda basta para suprimir la suya apenas percibida, puesto que le indica inmediatamente que con seguridad no es un negro”. (p. 33)

Intervención sobre la transferencia (1951)

·         “En una palabra, el psicoanálisis es una experiencia dialéctica, y esta noción debe prevalecer cuando se plantea la cuestión de la naturaleza de la transferencia”. (p. 38)
·         “Dicho de otra manera, la transferencia no es nada real en el sujeto, sino la aparición, en un momento de estancamiento de la dialéctica analítica, de los modos permanentes según los cuales constituye sus objetos. ¿Qué es entonces interpretar la transferencia? No otra cosa”. (p. 47) 


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El pago se puede realizar en la Sede con el tesorero correspondiente o el 2 de septiembre en São Paulo.

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