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26 de octubre de 2013

Boletín-10 a-ritmo propio


Nota editorial: Un tratamiento que no es como los demás


Por: Ana Viganó

Los trabajos recogidos en este número 10 del Boletín a-ritmo propio me recordaron, cada uno a su manera, que la diversidad no se lleva mal con el rigor, entendiendo este último, claro está, desde la perspectiva lógica y la ética en que ésta se sostiene. Por eso se me ocurrió parafrasear a Lacan en su “paso atrás que hace las veces de paso de entrada en el problema” al abordar el pleonasmo: Variantes de la cura-tipo. La evocación es justa ya que en algunos casos los colegas nos escriben explícitamente sobre la analogía que puede encontrarse entre el análisis y el cartel en tanto dispositivos de formación analítica. Pero más aún porque si un cartel es un dispositivo funcional a la Escuela es porque no es un grupo –ni siquiera de estudio- pero hace lazo en la comunidad analítica hacia adentro y hacia afuera, en tanto propone un tratamiento peculiar a su pregunta –la que hace Escuela-: ¿Qué es un analista? Tratamiento que, preservando la noción de vacío central que conviene, no nos priva –antes bien, propicia- las vueltas dichas que permitan la apropiación de un decir posible, “menos tonto”.

José Fernando Velásquez inicia la serie con su trabajo El Más Uno y lo real en la experiencia del cartel, donde con sumo cuidado –como deshebrando una textura- va dando cuenta de las relaciones que el dispositivo del cartel implican con los registros. Así, será para Velásquez una forma de tratamiento que dará cuenta de su eficacia para vérselas con lo simbólico en su relación con el saber; con lo imaginario en la telaraña fantasmática, que toda escena grupal suscita –tanto en la relación con los otros como con aquello del Otro que se agita para cada uno en tales escenas-; y finalmente con lo real, tratamiento sin el cual el cartel perdería su orientación y condición. Es allí donde desprende sus conclusiones acerca de la función que pretende explorar, afirmando que “Es tarea del Más Uno hacer el nudo donde se inscriba, se asiente y se trate lo real.” 

Luz Elena Gaviria nos aporta sus reflexiones a partir de la analogía ya mencionada, central en su recorrido y germen del título: Los dispositivos de la Escuela. El Cartel y el analítico. Una vez más, encontramos un cartelizante que ante todo quiere testimoniar de una experiencia, la de haber conseguido efectos-de-formación en la misma, incluso antes de preguntarse y/o poder teorizar acerca de ellos. Es un texto que dialoga bien con el anterior y –hay que decirlo- fueron puestos a dialogar en un espacio de Noches de Carteles en la NEL-Medellín, lo cual nos habla además de la relación que esta sede guarda con el dispositivo, con la puesta a cielo abierto de aquello que se produce en su seno y con la conversación.

Finalmente presentamos el trabajo Risa, comedia, ensayo mínimo e incompleto, escrito por Delia Pin Lavayen que es un producto final de un recorrido de cartel. Se une a esta serie porque nos muestra de un lado aquello que tanto Velásquez como Gaviria acentúan en la línea de que el cartel se orienta a un producto, uno por uno, con todo lo que ello implica. Por otro, porque propone a la risa o la comedia incluso, como formas de tratamiento posibles de lo irrepresentable, a veces; de lo incomunicable, otras; de aquello indecible pero que de todos modos es pasible de ser trasmitido. En todo caso, de aquello tan humano –casi tanto como el crimen diría ahora, parafraseando a Miller- que en nuestra humana condición a veces dudamos que dios mismo pudiera poseer. Y ahora me percato -no sin sonreír- que el escrito freudiano El humor se encuentra ordenado por Strachey entre El fetichismo y Una vivencia religiosa! He aquí algo de lo que Freud llamó lo “grandioso y lo patético” de un tratamiento posible del Superyó, del goce y su imperativo.

Buena lectura!

Índice:





Boletín elaborado por la Comisión de carteles de la Nueva Escuela Lacaniana

12 de octubre de 2013

Boletín a-ritmo propio 09

¡Como un baile! - Nota editorial

Por Ana Viganó

"...haciendo del baile el efecto que representa para cada uno encontrarse con lo que un cartel produce entre el encuentro con algunos otros y los propios giros singulares, en el esfuerzo de ceñir algún saber que pueda ser trasmitido. Saber, entonces, que hace bailar. A veces como danza alegre, sutil, incluso gozosa; otras, como atorbellinados enredos y desenredos; y unas más que se parecen al baile de una goleada en contra… que pesa –en el cuerpo- atravesar pero que se intenta llevar lo más dignamente posible hasta el final. Son las variaciones de un dispositivo habitado, vivo..."
Nota editorial completa


Un giro “copernicano”

Por Patricia Tagle Barton

“El cartel y el pase son en la Escuela, los lugares de máxima heterogeneidad y también los puntos donde el cálculo colectivo apuesta contra lo ineliminable de la psicología de las masas -que no puede evitarse en cualquier institución, por más advertida que esté- y a favor de una lógica colectiva que haga avanzar el psicoanálisis. (…) Prisioneros como somos la salida se encuentra no sin los otros.”
Mauricio Tarrab. En: "En el cartel se puede obtener un camello"

En este pequeño escrito que les ofrezco, se trata para mí de dar cuenta de un efecto producido a partir de una invitación a trabajar en un grupo de investigación para una mesa de nuestro próximo ENAPOL – “Cuerpo de mujer”-; y principalmente de los derroteros a los que me condujeron las preguntas y aportes de mis colegas participantes.

Instante de ver:

Algo fugaz, como todo instante. “Ver” es ante todo un efecto epistémico. Un efecto que ahora puedo nombrar, a partir de un comentario que hizo Ana Viganó (coordinadora de esta empresa) como “desembarazarme”. Desembarazarme de una pregunta pathológica.

Sucedió que dejándome llevar por el derrotero de nuestras conversaciones mi investigación siguió otro curso, uno distinto al que pensé abocarme originalmente. Entonces, lo nombré así: “un giro copernicano”.

Tiempo de comprender:

1) Esta expresión, que usé en su momento para dar cuenta de un viraje en cuanto a mi sujeto de investigación, viene de Kant.
Provengo de las “canteras” de la filosofía, esta fue mi formación académica, a quien debo –entre otras cosas- la disciplina del pensar. Es indudable que esa procedencia, mi antecedente, es también una marca, un rasgo propio.

En su momento mi encuentro con Lacan fue precisamente en las aulas, y bajo el signo de la filosofía. Me mordió. Y aquel encuentro supuestamente “interdisciplinario” acabó por producir en mí una nueva marca, que no borró la otra.

“Llegó con tres heridas”*…, dijo el poeta.

Tres mordeduras, las mías: la de la filosofía, la del psicoanálisis, ¿la de un cartel?

2) No hay cartel, ni investigación posible en psicoanálisis, ni análisis posible, sin mordedura, y es así como puedo re-leerme en esta marca, que estaba desde ya en mi enunciación, aquella del “giro copernicano”.

“Hipothesis, non fingo”, es el asidero y la clave que Kant encuentra en la revolución copernicana: “De modo que incluso la física sólo debe tan provechosa revolución de su método a una idea, la de buscar (no fingir) en la naturaleza lo que la misma razón pone en ella, lo que debe aprender de ella, de lo cual no sabría nada por sí sola.” (Kant: Prólogo a la segunda edición de la Crítica de la Razón Pura)

“Y bien, como no se trata en nuestro campo de la “naturaleza”, sino de la experiencia analítica, ¿qué mejor forma de aproximación al asunto que me interesa, que interrogar algunos testimonios, desde lo que yo misma pongo en ellos, desde mi pregunta, para aprehender algo de lo cual no sabría nada por mí misma?” – expresé a mis co-cartelizantes.
  
3) "Wo Es war soll Ich werden”

Famosa y enigmática frase freudiana, con la cual –al decir de Lacan- Freud se compara a los pensadores pre-socráticos: un pensar que dice y se hace oír por fuera de las ataduras del concepto.

¿Cómo advenir?

¿En el entrecruzamiento de la necesidad y la contingencia?

No hay cartel, ni cartelizante sin encuentro, sin contingencia, ni sin mordedura.

Intento dar cuenta, también, de cómo –y para mí- lo que comenzó como una invitación a “investigar” devino cartel. Allí donde operó para mí otra lógica, la de la elaboración provocada. No sin mis marcas.

Momento de concluir

En lo que atañe a la investigación, y a mi sujeto, este momento no ha llegado aún. Los “plazos” ciertamente introducen la variable de la prisa. Pronto, pronto…

***
Llegó con tres heridas:
la del amor,
la de la muerte,
la de la vida.
Con tres heridas viene:
la de la vida,
la del amor,
la de la muerte.
Con tres heridas yo:
la de la vida,
la de la muerte,
la del amor.
Miguel Hernández

12 de agosto de 2013

a-ritmo propio 01


Boletín - 1



El 1 de julio del presente año se realizó en el local de la sede de la NEL Guayaquil la presentación del cartel de “Temas varios”, luego de un año y tres meses de trabajo. Los productos fueron los siguientes: Rosario Araujo, Picasso y sus mujeres; Marcia Cevallos, Qué se escribe poema; Jéssica Jara (Más Uno), Entre el hombre y la mujer el muro; y Juan de Althaus, La transferencia freudiana.

Mayra de Hanze, directora de la sede Guayaquil, moderó la mesa. Participaron varios cartelizantes de la escuela, tanto de Guayaquil como de Machala. Los productos finales serán publicados posteriormente en este boletín, y también en la Web de la NEL, y una copia reposará en la biblioteca de la sede.

Transcribimos a continuación algunos comentarios interesantes de los que participaron en la reunión:

Comentario a la presentación del cartel
Mayra de Hanze


El día viernes 1 de julio en el espacio de carteles, la Escuela dio cuenta de la existencia en la Sede de la heterogeneidad del dispositivo, cuatro cartelizantes alrededor de temas diversos nos hacen saber de su producción. Es interesante por un lado destacar la condición misma del cartel, el cartel inscrito en una lógica colectiva que hace avanzar al psicoanálisis, en la medida que se sostiene en un agujero respecto al saber.

Me resuenan expresiones de estos cartelizantes:

"El sostener una producción que no se inscriba en la homogeneidad fue la función del más uno".
"Es la primera ocasión que integro un cartel en el que cada participante trabaja sobre un tema propio y diferente a los otros".
"La importancia de reunirse con un tema libre interesados por el psicoanálisis hizo que el encuentro periódico estuviese marcado por la sorpresa".

Por otro lado está el efecto que me produjo el oír cada uno de los trabajos, seguir  y adentrarse en las circunvoluciones expuestas bordeando el vacío, aquello también es del orden de lo singular, de tal manera que en lo que se expone y lo que se escucha de seguro el mal entendido surge, de ahí que el tratar de encontrar una lógica es ya una defensa, una defensa ante la pieza suelta e inconexa.

Qué se escribe poema
Marcia Cevallos


El poema como artefacto. Ese fue el punto de partida del trabajo elaborado en el marco del cartel de la NEL, Temas varios en psicoanálisis. Hemos leído el poema en su contingencia. En su condición de armazón de las más variadas piezas. En su calidad de texto, pero también de textura. Como organismo de muy difícil desciframiento, como anudamiento y lugar.

Nos hemos interrogado alrededor del significante, la letra y el objeto. La mirada y la sonoridad del poema. Lo resumimos en la frase Qué se escribe poema, título del trabajo presentado en la escuela, al cierre del cartel.

Sobre el cartel

El cartel nos ha permitido mantener el agujero del saber. Hemos trabajado en los bordes de la cuestión, sin que un sentido único tapone -bajo la forma de una explicación o una resolución- la búsqueda emprendida.

En los encuentros del cartel se realiza un ejercicio de silencio atento y de comentario breve, sobre lo que se escucha.
El adjetivo de final, en el trabajo presentado, guarda relación con el tiempo de funcionamiento del cartel o con giros que adquieren las elaboraciones en curso, más que con un agotamiento de la cuestión planteada.

Tema inicial: El instante poético. Texto de conclusión: Qué se escribe poema

Puede leer más en: a-ritmo-propio 01

30 de julio de 2013

a-ritmo-propio



Boletín - 0

a- ritmo propio suscita algunas referencias. En la poética, el ritmo por ejemplo habla de la cadencia referida a la frecuencia de repetición, instalando en el poema una métrica y un acento.


Está la referencia del ritmo al cuerpo, definida como la organización en el tiempo de pulsos de aquello que se repite. 

J. A. Miller en “La erótica del tiempo” dirá que el movimiento representa de alguna forma las bodas entre espacio y tiempo. El tiempo produce un efecto, que es precisamente hacer surgir la espera, que es una categoría temporal esencialmente erótica.

Y, sí, ¿Por qué no decir que la producción en el cartel está marcada por un ritmo propio? Lo propio obedece a ese tiempo personal comandado alrededor de ese pequeño objeto a al que, aunque pudiera tener un nombre, lo que lo instala fundamentalmente es su recorrido, el movimiento, el ritmo, la espera que se produce bordeando su atrapamiento. Cuando algo de eso se alcanza lo podemos traducir como un momento de saber.

La NEL invita a sus cartelizantes a formar parte de este movimiento que bordea el vacío produciendo un saber que no es como los otros en la medida que lo hace a-ritmo propio.  

Es también, a-ritmo propio, como se juega lo que muestra nuestra portada, la paradoja de Zenón, sobre Aquiles y la tortuga. Aquiles, Piesligeros, está claro: puede sobrepasar a la tortuga, no puede alcanzarla. Sólo la alcanza, en la infinitud. La tortuga resiste, como lo real, mostrando lo imposible para los participantes de la carrera en llegar todos hasta un punto de igualdad.

Zenón es incontestable en la medida en que atenta a la realidad del espacio y el tiempo.

a ritmo-propio espera la producción final de los cartelizantes alcanzada en el cartel, de igual manera las expresiones en primera persona de lo que fue la experiencia del cartel.


Comisión de carteles de la NEL: Elida Ganoza, Beatriz García, Mayra de Hanze, Piedad de Spurrier, Ana Viganó.

18 de julio de 2013

Reseña de presentación a cielo abierto del cartel "La formación del analista en la Escuela"

La noche del miércoles 10 de julio los integrantes del cartel “La formación del analista en la Escuela” presentaron a cielo abierto breves avances de sus producciones tras un primer año de trabajo.

Carlos Flores Galindo inició la noche con su sujeto de cartel “Devenir en analista practicante: De cómo el análisis y la investigación en el cartel confluyen y permiten encontrar algo nuevo”. Fue un lapsus calami el que le permitió pasar del no querer saber -enmascarado en una búsqueda obsesiva de saber- al privilegio de la posición analizante como pilar de la formación. Concluyó: “se trata de sostener mi propio análisis”.

Luego, Hugo Lock guiado por su pregunta “¿Cómo el deseo se dirige a la formación?” hizo un recorrido donde sus propios impasses -enfrentarse a la idealización del “ser” del analista- lo llevaron a hablar de la falta singular que causa el deseo de saber en el analizante y que lo empuja a la formación. Hugo abrió una pregunta interesante: “¿en qué momento un sujeto inicia su formación?”.

Terminando con el primer bloque, José Miguel Ríos jugó con el equívoco de su pregunta “¿qué hace (a) un analista?” que apuntaría a una respuesta entre la función y la identidad. Subrayó que el analista lo es por ser el objeto del analizante al introducir una hiancia que aloja dicho objeto. Y desarrolló el privilegio de la palabra en el psicoanálisis, palabra que media entre el sujeto y su goce.

Tras un breve refrigerio, Darío Calderón inició el segundo bloque desarrollando “¿Qué hay del analizante que desea asumir la función de analista?” a partir de los efectos suscitados por el análisis personal, el control y la inmersión en la Escuela, en el ser del analizante y su práctica clínica. Si bien la producción del analista alcanza su límite al llegar al final de análisis y decidir hacer el pase, su formación es interminable e indesligable de la Escuela.

Después, Mackling Limache hizo una división. Por un lado saber, libido, síntoma y trabajo, y por otro, sujeto, Escuela, cartel y análisis, todos unidos bajo su sujeto de cartel: “Devenir analista: la Escuela y sus efectos de formación”. Para Mackling, primero hay un lazo transferencial con la Escuela -transferencia de trabajo- evidente en los efectos que produce en el Sujeto y basado en un análisis que permita y aloje el deseo del analista. Por ello la formación es no sin analista.

Finalmente, María Hortensia Cárdenas, más-uno del cartel, desarrolló su sujeto “El pase y la Escueladesde el impasse en la NEL de la falta del dispositivo. La Escuela es anterior al pase, pero son las enseñanzas de éste las que producen el saber que mueve al grupo analítico. A partir de la última enseñanza, el deseo del analista se redefine como dar lugar a lo singular y el pase como la “captura” de dicho singular, donde se producen resonancias y reacomodos del goce.

Tras las exposiciones, los asistentes colaboraron con sus preguntas y comentarios. Se señaló que los trabajos partían de impasses, lapsus y equívocos, y que los cartelizantes estaban movidos por su interés en la formación y el devenir analistas. Asimismo, se discutió acerca de la implicación del sujeto en su producción y de cómo dinamizar este proceso para autorizarse a decir algo propio.


Elaborado por: Darío Calderón