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10 de junio de 2015

Boletín 9 Letras en línea - I Conversación clínica de la NEL

            I Conversación Clínica de la NEL

 El analista y su práctica
 

São Paulo - 3 de septiembre de 2015

Afiche I Conversación Clínica de la NEL

Letras en línea

Boletín Nº 9


Preside esta edición de Letras en línea el afiche que se ha diseñado especialmente para difundir nuestra I Conversación Clínica de la NEL, mismo que también se presentó en un envío especial a través de la lista NEL-Debates y que proponemos para que sea distribuido y dado a conocer en nuestras sedes, delegaciones y CIDs.

Noemí Cinader, a partir de la cita de Eric Laurent que ubica como un objeto de la conversación al deseo del analista, trae una interesante perspectiva de la conversación clínica estableciendo cierta analogía entre la conversación y el control, articulando el deseo del analista con lo singular que él mismo conlleva. No sin el cuerpo, no sin el goce, no sin el síntoma, no sin el esfuerzo de nominar un real.

Ángel Sanabria recorre el malentendido estructural del “todos monologan” para detenerse un poco en la forma insensata del monólogo generalizado en nuestra época -al que propone como una alteración del malentendido hacia lo “desentendido”-, para ubicar finalmente cuál es la chance que ofrecería el psicoanálisis de “monologar de otro modo”, produciendo algún nuevo arreglo con el malentendido de los sexos.

Seguidamente, y como es costumbre, adjuntamos nuevas referencias bibliográficas seleccionadas sobre el tema.

Les recordamos que nuestra I Conversación Clínica será en Sao Paulo el 3 de septiembre próximo, y dedicaremos una jornada al exhaustivo estudio y discusión de los casos clínicos seleccionados a tal fin. En esta ocasión inaugural tendremos el privilegio adicional de contar con la participación de Miquel Bassols, quien generosamente animará el intercambio con sus aportes.

Al final de este boletín encontrarán nuevamente la ficha de inscripción. Es de gran utilidad para la organización saber quiénes podrán concurrir, por lo que insistimos en pedirles que por favor la envíen a Clara María Holguín: clara.maria.holguin@gmail.com

Solamente con esta inscripción podrán recibir con anticipación los casos clínicos que se presentarán en la Conversación.

Recordamos la dirección donde se llevará a cabo el evento: Rua João Moura, 647 - Mezanino. Bairro: Pinheiros. São Paulo, SP.

¡Disfruten la lectura!

Ana Viganó
 


Comentario de Noemí Cinader a la cita:
 
“El volumen de "Los inclasificables" testimonia en acto lo apasionante que puede ser una conversación clínica orientada por una pregunta hacia el psicoanálisis. No se trata solo en este espacio de adaptar la cura al caso, de rectificar la posición del analista, sino también se trata de hacer experiencia. La discusión clínica tiene que ser una conversación sobre el deseo del analista, el deseo de producir una clínica que como tal tenga una incidencia sobre las nominaciones de lo real en nuestra cultura.” [1] 

Ubico el texto de Laurent como un texto que anticipa el congreso en Bruselas, 2002: “El efecto de formación, sus causas, sus lugares y sus paradojas”. Laurent plantea en el texto, a partir del título “Herejía y deseo”, la posición del analista que sigue la enseñanza de Jacques Lacan, su calidad de hereje respecto a lo “religioso” ante la institución que se nombra como los seguidores de Freud. Hace referencia a la Primera Conferencia de Lacan en 1960 en Bruselas. Allí Lacan hace referencia al hecho que uno de los aspectos que diferencia a quienes lo siguen, diferencia de la identificación al analista, es el deseo del analista, diferencia singular de cada uno.

Miller introduce el Banquete de los analistas mediante la imagen del banquete griego o romano brindando a la salud del psicoanálisis. Y señala que etimológicamente en latín banquete es Convivium, vivir juntos y finaliza diciendo que viven juntos analistas y analizantes.

También se trata de una Conversación entre analistas y analizantes o analistas practicantes y como bien lo señala Miller ningún saber es soportado por uno solo. [2]

Igualmente señala que en griego banquete es symp-osium,  en el que “symp” aparece también en symp-toma.

Retomaré este punto más adelante.

Me planteo entonces a partir de la invitación que hace Laurent en su texto que la discusión clínica tiene que ser una conversación del deseo del analista… Si bien Laurent continúa con una puntuación acerca del deseo del analista, por ahora retomo sólo la conversación del deseo del analista.

Si bien el control es uno de los dispositivos con los que cuenta el analista para revisar los impasses o dificultades en la práctica y le permite este dispositivo el control del deseo del analista, y de los impasses que se presentan en la dirección de una cura en particular, me interesa plantear una de las vertientes a la que puede llevar una  Conversación, también en estos términos. Dependerá del acontecimiento imprevisto, del “happening” para cada analista. 

En Papers 1 para el X Congreso de la AMP, Laure Naveau en su trabajo “El analista sinthome”, describe lo que para ella fue, en ocasión del control el afecto que hablar de un caso produjo en su cuerpo. Afecto que produce para ella un impasse en la dirección de la cura. Esto aunado a la intervención del analista hizo posible un trabajo sobre lo que hacía impasse para ella, un punto de goce, hablado por su cuerpo.

Retomando Symp-osium y symp-toma, y poniendo en tensión la Conversación como una especie de banquete de los analistas y analizantes, planteo que hay algo de lo real del síntoma, un punto de goce del analista del que éste puede experimentar a la hora de la conversación clínica, que provoque un trabajo similar al del control, pero provocado por la Conversación y sin que hubiese habido una demanda.

Planteo que para ello es necesario que ex–sista a la Conversación el deseo del analista que tal y como lleva al analista a demandar un control, en este caso lleva al analista a prestar atención no solo a la Conversación sino también a su cuerpo que habla y que con ello nombrar algo de lo real para él.
___________________________
[1] Laurent, E., Herejía y
deseo. http://wapol.org/ornicar/articles/155lau.htm
[2] Miller, Jacques Alain, “Lo postanalítico”, Conferencias porteñas Tomo 3, Buenos Aires, Paidós, 2010, p. 88.


Comentario de Ángel Sanabria a la cita:

“Lacan decía: todos monologan. Esto es lo que implica el malentendido: que definitivamente todos monologan. Solo en el psicoanálisis, debido a la manera en el que el otro se presenta, existe una pequeña chance de monologar de otro modo, para ser prudente y no elogiar la operación, en ocasiones vertiginosa.” [1]

Todos monologan

1. “Esto es lo que implica el malentendido: que definitivamente todos monologan.”

Existe un “monologo generalizado”, connatural a la condición de ser hablante. El ser hablante cuando cree dirigirse al otro como interlocutor, habla en realidad para sí mismo sin saberlo. Pero además, cuando escucha al otro, lo que comprende no es otra cosa que las resonancias de su propio “discurso interior”. Este malentendido, alimentado por el fantasma, se opone a la perplejidad y a la sorpresa: es la pre-comprensión, el comprender demasiado pronto que Freud y Lacan desaconsejaban al analista.

En lo contemporáneo asistimos, además, a un modo insensato de monologar que en lugar del malentendido conduce al “desentendido”: “Los sujetos se desentienden del Otro y se sobreentienten con su goce en soledad, quedando librados así a un goce sin sentido y excesivo”. (Liliana Ávola y otros: “La época y su desentendido”, ponencia en el 1er Encuentro Americano del Campo Freudiano).

2. “Sólo en el psicoanálisis, debido a la manera en el que el otro se presenta, existe una pequeña chance de monologar de otro modo.”

Frente a esto, el chance de “monologar de otra manera” que ofrece el psicoanálisis, implica agujerear la precomprensión fantasmática del sujeto y hacerlo pasar del “monólogo generalizado” a un monólogo singularizado del que pueda extraer las claves de su “hablar para sí” (Miller, El ultimísimo Lacan), y eventualmente producir un mejor saber-hacer-con el malentendido fundamental de los sexos en su vida. Ello requiere del analista sostener una posición que no es la del común interlocutor sino aquella, en el límite de lo inhumano, de semblante de a.

[1] Miller, J.-A., “El malentendido”, Elucidación de Lacan, p. 32. 


Referencias bibliográficas sobre Conversación

La conversación como conciliábulo

Texto: Cuando el Otro es malo… de Jacques-Alain Miller (2011)
Este texto es un ejemplo completo de la Conversación. 

 
Jacques-Alain Miller: “Evidentemente, la jornada de hoy, jornada anual de las Secciones Clínicas, es como una gran misa. No llevemos demasiado lejos la analogía, pero es una gran misa clínica o un concilio anual, donde discutimos nociones, cotejamos nuestras concepciones unas con otras, sin concluir mediante un decretar que indique cuál es el buen uso de las cuestiones, sino según una elaboración progresiva. Pero hoy somos setecientos” (p. 75)

Texto: Efectos terapéuticos rápidos: Conversaciones con Jacques-Alain Miller en Barcelona (2005)
Miguel Bassols: “La Conversación Clínica del Instituto del Campo Freudiano que se realiza anualmente en Barcelona reúne a docentes y participantes de las actividades del Instituto de toda España. Es, de algún modo, el conciliábulo lacaniano español donde compulsamos el estado de nuestra práctica y deducimos el modo de llevar a cabo una política del síntoma consecuente con los principios de la orientación lacaniana” (p. 9)

Miguel Bassols: La Conversación Clínica […] fue en la serie de conversaciones realizadas un acontecimiento muy especial, de aquellos que quedan en la memoria como un momento de inflexión decisivo para el futuro del psicoanálisis” (p. 9)

Pierre-Gilles Guéguen: “En una asamblea de más de doscientos practicantes venidos de todos los lugares de España se discutieron dos casos […] y en el estilo de la Conversación que se practica tan a gusto en España, es decir, con las aportaciones cruzadas y apasionadas que profundizan lo que podemos llamar un modo lacaniano de evaluación de nuestra práctica.” (p. 14)

Texto: La pareja y el amor: Conversaciones con Jacques-Alain Miller en Barcelona (2003)

Jacques-Alain Miller: “Conversación es un término que utilizamos en el campo clínico, en el registro clínico. Supone la redacción anterior de textos y su divulgación. Es decir, que no vamos a escuchar la lectura de los trabajos. Se supone que la lectura ya ha sido hecha […] De manera que se puede dar el máximo de tiempo a la reflexión, al comentario, a las preguntas y no a la escucha pasiva.” (p. 15) 


Ficha de inscripción

Nombre y Apellidos…………………………………………………….........

E-mail…………………………………………………………………..............
Sede o Delegación………………………………………………..............
Miembro o asociado................................................
Está inscrito en el CID………………………………………………….......

Costo
- Si solo se inscribe en la I Conversación Clínica: USD 30.00

- I Conversación Clínica y Seminario de Formación del INES: USD 40.00

El pago se puede realizar en la Sede con el tesorero correspondiente o el 2 de septiembre en São Paulo.  

Ficha de inscripción en este archivo:


Responsables del Boletín Letras en línea
María Hortensia Cárdenas
Ana Viganó

10 de octubre de 2013

Entrevista a José Fernando Velásquez -parte final

Estimados amigos, publicamos la tercera y última parte de la entrevista, realizada a finales de julio de este año, a José Fernando Velásquez, psicoanalista, miembro de la AMP y de la NEL-Medellín, y próximo Presidente de la Nueva Escuela Lacaniana (NEL), con quien estamos especialmente agradecidos.

P.: Estamos a puertas, un poco, de las próximas jornadas de la NEL, el próximo año. ¿Qué nos podría decir sobre el tema que se ha elegido?

R: Las Jornadas de la NEL van a ser las octavas en una Escuela que apenas lleva, más o menos, once años de constituida como tal oficialmente, y en ese sentido, somos nuevos y no tan nuevos.

En el contexto mundial de la Asociación Mundial de Psicoanálisis (AMP), los psicoanalistas de la NEL debemos ponernos a la altura de una enseñanza de Lacan en sus últimos seminarios, en la última parte de su obra, en donde hay una lectura de la subjetividad o de la condición del ser hablante, que va mucho más allá del régimen de lo edípico, más lejos de lo que el régimen del Nombre del Padre puede cubrir; un campo nuevo se abre en esta parte de la obra de Lacan en la que el funcionamiento psíquico no es todo el de la significación fálica. El hecho de reconocer que hay otra manera de satisfacción en el ser hablante, que no pasa por el falo, que no pasa por esa maquinaria del Padre, ni del ideal, ni del deseo, y que esa otra satisfacción está instalada en la base de todo ser hablante, es algo que apenas con la última obra de Lacan, se logra conceptualizar y se logra pensar.

Debemos familiarizarnos con esta forma de operar de ese otro goce, de esa otra satisfacción. Ello es necesario para comprender, entender, acompañar al sujeto contemporáneo que está buscando esas otras formas de satisfacción,  que vemos en los síntomas contemporáneos, todos bajo las siguientes características: son satisfacciones sin sentido, son satisfacciones episódicas, son satisfacciones que buscan lo ilimitado, son satisfacciones repetitivas, son satisfacciones sin sometimiento a la ley, y donde tenemos todas las condiciones para poderla realizar. Puedes entrar a una página de internet y puedes encontrar lo que tú buscas en términos de satisfacción, ahí te lo brindan; el mercado también te brinda cualquier forma de satisfacción de una manera anónima, de una manera inmediata, de una manera caprichosa. Son satisfacciones en las que el fundamento no es “vamos a hacer lazo constante”. No.

A esa forma caprichosa e ilimitada de satisfacción, Lacan le da el nombre de goce femenino. No porque sea exclusivo de las mujeres, sino, me parece, en mi lectura, como una manera también de él de corresponder a lo que había hecho Freud. Si Freud había dicho que el goce del ideal, del poder, del deseo era el goce del falo, de lo masculino, de lo que apuntaba al Padre; pues bueno, entonces este es el goce que Lacan nombra como goce femenino, el goce de lo que no se somete a la ley del Padre.

Entonces, el trasfondo de las Jornadas, que van a tener como nombre “Lo femenino no es solo asunto de mujeres”, está en la piedra angular de este otro goce, esta otra forma de satisfacción. Y, lo que vamos a poder explorar a través de los distintos ejes, las distintas mesas, y lo que nos van a testimoniar algunos analistas, que han hecho su pase, es precisamente cómo es la relación del ser hablante con ese goce y las implicaciones que eso tiene. Por ejemplo, ¿cómo se dirige una cura para tocar algo de ese goce?, que no se puede tocar bajo la vía de la suposición de saber. ¿Cómo se presentifica ese otro goce o esa otra forma de satisfacción en los síntomas contemporáneos?, ¿cómo esa otra satisfacción está imbricándose en la familia contemporánea, y las formas de pareja contemporánea?, ¿Qué consecuencias en los hijos? Esta otra forma de satisfacción, ¿cómo se presentifica en el lazo social y en los movimientos sociales que estábamos examinando ahora?

Otra perspectiva, que a mí me interesa mucho, también es ¿cómo se explora esa otra satisfacción, por ejemplo, en los movimientos artísticos, literarios, del cine, la literatura, en las artes plásticas? Ahí hay una vanguardia, en la que los psicoanalistas estamos un paso atrás de los artistas. En la artista Orlan, que se deforma su rostro, su cuerpo como material para la obra de arte, vemos una manera de satisfacción que no es la universal, no es para gustarle a todo mundo, no es una cosa muy orientada, diríamos, por el régimen del “Para todos” sino más bien por un régimen muy singular, autista. Todos los performances, todas las instalaciones contemporáneas funcionan por esta línea; allí creo que hay mucho de esta otra forma de satisfacción.


Yo creo que el psicoanalista contemporáneo tiene que estar muy, muy avezado en reconocer esa otra forma de satisfacción, en saber operar con ella, en saber cómo la toca, para poder acompañar al sujeto. Entonces, ese es el objetivo de las próximas Jornadas de la NEL, que nos podamos poner a la altura del segundo Lacan. Se habla de un primer Lacan, de un segundo Lacan, en términos de Jacques-Alain Miller; bueno, ese segundo Lacan está muy apoyado en esta otra satisfacción, en el manejo de esta otra satisfacción. Y no es muy fácil acceder a eso, porque los límites de la lógica, los límites del sentido, los límites de lo ideal, hay que traspasarlos. Y el mismo Lacan no es muy ingenuo al reconocer que para poder transmitir eso se tiene que valer de lógicas nuevas, distintas, diríamos, a la lógica estructuralista, a la saussuriana del significante. Por ejemplo, tiene que echar mano de una topología rara. A Lacan la geometría topológica le sirve más que la euclidiana para poder dar cuenta de eso; entonces también nos tenemos que familiarizar con esto de la clínica de los nudos, con lo que él llamaba clínica borromea, en donde le da allí un lugar específico a esta otra satisfacción. Entonces, la tarea que tenemos, como psicoanalistas de la NEL, es que podamos familiarizarnos con estos conceptos.

P: ¿Cómo son las configuraciones familiares hoy en día?

R: En la familia contemporánea se da mucha coexistencia de estas dos formas de satisfacción, de las que venimos hablando, por un lado una satisfacción por el lado de lo fálico, y por el otro la otra satisfacción. Por ejemplo, es muy llamativo que las parejas del mismo sexo quieran estar cobijadas bajo los ideales de la significación fálica: el matrimonio, el reconocimiento de derechos, la posibilidad de adoptar hijos, apuntando al fundamentalismo de lo que es la familia. Eso es apuntar a la significación fálica.

Del otro lado está la otra satisfacción, la cual es una satisfacción muy autista. Cada cual se abrocha, insisto, su derecho al goce y “nadie lo puede prohibir”, y eso tiene consecuencias e implicaciones en la estabilidad de la pareja, en la posibilidad de cambio en las mismas experiencias. Eso llevado al campo de lo sexual implica una búsqueda constante de otro tipo de satisfacción, “hagamos el trío o el cuarteto, hagámoslo aquí o acá, tenemos la pareja abierta o es la posibilidad de que nos encontremos solamente por momentos, o tú vives allá y yo aquí, etc.”.

En la pareja contemporánea se ven estas dos facetas, por un lado el intento de sostener un fundamentalismo de lo que puede ser la pareja tradicional, pero por el otro lado darle cabida a esa otra forma de satisfacción más caprichosa, más del antojo, más del arrebatamiento, de lo circunstancial, de lo contingente, de lo novedoso y de lo que es consumible. Yo consumo esta experiencia, listo, está hecho, busco esta otra sólo por el hecho de hacerla; me falta hacer aquella…, es como hacer el listado de experiencias. Es algo del orden de lo que se consume y de lo insaciable, porque entonces sigo pendiente de qué más me falta. Así es el turismo contemporáneo, con viajes a la India, a Tailandia, o al circuito más exótico por el África. El sujeto contemporáneo no vive la pareja como una experiencia de su ser en la que se formará en el tiempo, sino como una experiencia que se consume para seguir con otra novedosa para combatir el aburrimiento. Se encuentran seres muy fundamentalistas en la pareja o seres instalados del lado de la novedad de la experiencia.

La condición que Lacan trabaja es la dificultad que hay para todo ser hablante de hacerse en una relación constante a lo hetero, a lo diferente. En lo masculino se puede tener una pareja, se puede ser un playboy, se puede tener miles de experiencias sexuales o amorosas, siempre a través del objeto fetiche, porque es a partir del rasgo fetiche como se instala la relación del hombre con su sexualidad. Pero realmente el encuentro con lo hetero, él lo puede evadir toda su vida, está teniendo sexo con su fetiche, pero no está realmente en una relación heterosexual. Heterosexual en términos psicoanalíticos, es la relación o nudo que puede establecerse con el otro sexo, con lo femenino, con lo diferente.


Eso puede dar cuenta de que hay formas de amor muy distintas, puedo decir “amo mucho a mi mujer” pero lo que amo es mi objeto fetiche; o lo mismo “amo mucho a mi hijo”, pero ese hijo viene al lugar de mi fetiche, de mi falo. El amor el psicoanálisis lo considera como la posibilidad del saber hacer con lo distinto. Digámoslo de forma más compleja, hay necesidad de atravesar el fantasma para poder estar en posición de tener un encuentro con lo diferente, con una forma de satisfacción diferente. 

19 de septiembre de 2013

Entrevista a José Fernando Velásquez - Primera parte


Por: Angélica Ballón Sánchez
         Roberto Carlos Galván Sánchez


P: A la luz de las últimas enseñanzas de Lacan sobre el inconsciente, considerando el inconsciente transferencial y el inconsciente real, acerca del inconsciente real Lacan dice que “no hay allí amistad alguna que ese inconsciente soporte”. ¿Cómo se puede pensar la transferencia?, ¿cómo se sostiene la transferencia en la clínica del autismo, y también de las psicosis?

R: La transferencia hay que pensarla en términos generales como el anudamiento que se produce entre las posiciones de goce del analizante y algún rasgo, alguna pieza que está en el semblante del analista; puede ser la voz, la mirada, su título, el ideal que representa, una impresión…“no me parece querido, o amable”, o  “me lo referenciaron muy bien”. Eso es para cualquier ser hablante.

En el caso de las psicosis y del autismo la transferencia se va a instalar por el anudamiento entre el autista o psicótico a una posibilidad que le dé ese analista de alojar algo de la construcción que él viene haciendo. Y, eso no es sencillo. Porque nos podemos disponer para recibir a los niños psicóticos, a los autistas, pero es el niño mismo el que elige cómo se va a anudar,  cuándo se va a anudar, y la manera generalmente estereotipada de anudarse. Puede ser simplemente porque el analista no hable, o por el contrario, por que su voz sea muy suave, o porque no lo mira, o por el contrario porque lo mire mucho, o encontró un lápiz o cualquier objeto que le llame la atención. Hay una serie de condiciones que son contingentes en ese anudamiento que hace el niño al espacio, a la persona, al cuerpo, a los objetos del analista.  El arte es que sea un anudamiento sostenido a través del tiempo, porque puede haber anudamientos momentáneos, el chico se entusiasma, se prende de un objeto, por ejemplo, o del hecho de que “no me mira”, el analista no lo mira directamente, y eso hace que el autista o el psicótico pueda sentirse cómodo,  tranquilo, sin amenaza; o porque la sesión sea breve, o porque la sesión sea larga; todo depende del caso por caso. Entonces, ese anudamiento que se da ahí hay que tratar de sostenerlo en la medida en que se sepa leer qué es lo que lo anudó.

Es una transferencia no al sujeto supuesto saber,  lo que sí ocurre en la neurosis, sino que pasa por una dimensión puramente real, por lo imposible, lo ilimitado, lo repetido. Eso hace que por ejemplo se pueda trabajar entre varios con un solo autista. La práctica entre varios lo que muestra es que la transferencia el autista la instala, diríamos, a un Otro insustancial, no personificado, no individualizado, sino más bien a unas ciertas condiciones de espacios, de sonidos, de ambientes, de modos de ser recibido. Eso es lo que el analista tiene que tener en cuenta, que no va a ser una transferencia de suposición de saber, y que se basará sobre todo en alimentar esa transferencia a través de hacer una buena lectura de lo que está sucediendo en él a nivel real.  El autista o el psicótico, es muy sensible a cualquier surgimiento de una encarnación del Otro real. Por decir algo, hay mucha bulla afuera en el consultorio, o que el analista lo mire mucho, o que le haga una pregunta dirigiéndose directamente a él, o que perciba un determinado gesto. Eso ya puede encarnarle al autista el Otro real. Entonces se va a replegar, y se va a replegar detrás de su fortaleza, y bueno, va a ser mucho más complicado volverlo a sacar.

Insisto en que es con la lectura sostenida que permita entender y comprender cuál es el lugar que da el autista al analista, sobre todo en esa dimensión como espejo, y como receptor del objeto de la pulsión parcial.

Para mí me es muy importante lo que hizo la señora Rosine Lefort con Nadia. Nadia es una chica de 18 meses, que en ese momento está internada en un hospicio, y tiene muchísimas enfermedades, prácticamente es una niña desahuciada; pero está siendo asistida, alimentada, cambiada, cargada por todo el personal de la institución. Y lo que hace la señora Lefort es tachar ese Otro, descompletarlo, ser ex-istente a ese Otro. Ella decide: Nunca le voy a dar ni comida, ni le voy a cambiar pañales; así esté pidiéndomelo, así esté sucia, no lo voy hacer. Ella se sustrajo de ese Otro general, y eso no es algo que pase desapercibido para Nadia. Nadia se da cuenta, y empieza a construir una demanda: “déme papilla”.

Otra manera de sustraerse de la señora Lefort a ese Otro es prestándose a dejarse agujerear: Nadia requiere agujerear lo real, agujerear al Otro y la señora Lefort se presta para que la niña lo haga, presta su cuerpo. El Otro de la institución no lo hacía, solamente hacía una tarea de asistencia. La señora Lefort permite que la niña explore sus ojos, su boca, sus manos, la blusa, sus gafas. Con ese ejemplo te muestra cómo el analista sabiéndose situar frente al autista, instala la transferencia. Y que es una transferencia que no puede ser solamente de 5 o 10 minutos, sino que hay que sostenerla a través del tiempo. Eso será posible siempre y cuando entienda cómo es que se mueve, cuál es el sustrato de esa transferencia.


P: ¿Cuál es la especificidad del psicoanálisis frente a los otros tratamientos psi?

R: La especificidad viene de la conceptualización de la condición del ser humano como un ser de goce y como ser hablante. A través de la historia si bien somos definidos como seres humanos, también somos seres de goce, que obtenemos una satisfacción que va mucho más allá de la necesidad. El anudamiento entre lengua y satisfacción genera una serie de situaciones en la condición humana como es la demanda. Demandamos amor, demandamos afecto, demandamos cuidados, demandamos que el otro cumpla con nuestras expectativas. No sólo instala la demanda sino también instala las identificaciones, entonces yo quiero ser como tal o aquel, como este personaje o como mi papá. Y genera también una sensibilidad a la palabra, al significante como decimos en el psicoanálisis; el ser hablante de goce es un ser que no es indiferente a la palabra del Otro, al deseo del Otro o a la satisfacción del Otro.

Son esas tres respuestas del ser hablante lo que las demás disciplinas psi tienen en cuenta, cómo el ser hablante responde al deseo del Otro o a sus ideales. Sabemos que cualquier psicología trata para que un chico se instale en la demanda que el colegio quiere: Que marche bien, que se comporte bien, o la demanda al ideal que el padre o la madre quieren.

El psicoanálisis de orientación lacaniana tiene en cuenta la posición de cómo se responde desde una necesidad de satisfacer un goce que es muy singular en cada ser hablante; una satisfacción que se impone, que no es del orden de la necesidad, que siempre es repetitiva, que siempre va a estar a pesar de la edad o de la evolución de ese ser hablante. Y esa necesidad de satisfacer ese goce se vuelve algo sintomático.

Esto es lo que vemos por ejemplo en la anorexia; la anorexia está por fuera, dice el psicoanálisis, del ideal de la delgadez, está por fuera del sentido común de que me voy a enfermar, que ya tenga o no osteoporosis o que se le está complicando la cuestión de la salud porque se desmaya. Ahí vemos a un sujeto tomado absolutamente por una satisfacción que va mucho más allá del ideal, del deseo o de la identificación, que pretende satisfacer una condición muy autística de goce, muy singular en ese sujeto para sentirse realizado o satisfecho. Lo mismo en una toxicomanía o lo mismo se puede explicar por ejemplo en la relación entre los sexos.

El tomar en cuenta que en ese tipo de satisfacción no hay complementariedad, no hay pareja, no hay ideal, satisfacción en un orden muy autístico, muy singular, hace que el psicoanálisis de orientación lacaniana no pueda responder a los ideales de un tercero, ni el de los padres, ni el de la escuela, ni de una sociedad; no se puede decir que los sujetos sometidos a un psicoanálisis de orientación lacaniana van a rectificar una conducta o se van a acomodar a un ideal institucional, más bien buscarán estar más tranquilos con la satisfacción que pretenden.

El psicoanálisis de orientación lacaniana se oferta para que el sujeto en cuestión pueda leer y capturar ese rasgo de satisfacción, de goce singular y que el sujeto pueda asumirlo, que pueda consentir que eso es del él, que lo reconozca como algo propio a pesar de que sea ajeno, que genere un cierto tipo de extrañeza. No es algo del orden de la manera usual de pensar o que vaya acorde con los ideales; pero sí es posible que él se diga: “yo soy eso, yo repito eso, yo me veo varias veces en ese comportamiento, en esa conducta, eso es mío”. Que el ser hablante se reconozca en eso donde él goza, permite que ese ser hablante pueda tener un saldo de saber a su favor, que sepa cómo saber hacer con eso, porque eso va a estar ahí siempre en su existencia. Saber hacer con eso implica un poco una versatilidad respecto a ese rasgo de goce, una posibilidad de obtener una satisfacción pero de una manera en que él mismo lo decida, lo elija, y no simplemente ser arrebatado por esa condición de goce, que es lo que uno ve en muchos síntomas contemporáneos, o en el neurótico obsesivo que no quiere hacer esto, o la histérica que quiere que el otro la satisfaga de esta u otra manera.

Entonces lo que singulariza al psicoanálisis de las otras disciplinas psi es tener en cuenta la dimensión de lo que Lacan llamaba lo real, lo sin ley, aquello ilimitado, aquello repetitivo, aquello que siempre vuelve a ser lo mismo, aquello que es imposible de ser atrapado por el sentido.

31 de agosto de 2013

Para guardar la orientación del psicoanálisis - Judith Miller

                                                                                              Judith Miller

Cartas a los amigos
Para guardar la orientación del psicoanálisis
De Judith Miller a Pablo E. Chacón

En su forma actual, la lógica del discurso del amo admite que el ser humano es un viviente, pero deja de lado que es un viviente que habla. De este modo olvida (y hace olvidar) los efectos que se desprenden de ello. El primero es que tratando de expulsar por la puerta al síntoma -furor sanandi-, éste retorna por la ventana, tal como Freud lo constata.
La consecuencia es esa “crueldad sonriente”, según la bella fórmula de Jacqueline Dheret: la de encontrar métodos o “buenas prácticas”, “recomendadas” porque son aprobadas por la autoridad política o por autoproclamados expertos en evaluación. Esta lógica conduce a reducir al ser hablante a un productor-consumidor del que se espera conseguir alguien que no ponga ningún grano de arena en la máquina aceitada del mercado mundial, todos puestos a marchar al paso de la norma, formateados como robots sobre un premodelo de bienestar y felicidad. Este totalitarismo soft querría imponerse en nombre de un universal que conjuga los derechos del hombre y la ciencia a través de operaciones de marketing que se jactan de la novedad de los métodos consensuales.

Es a lo que está confrontado en la actualidad el psicoanálisis. Esos ataques no son una novedad, como lo demuestra la historia desde que Freud nombró la palabra inconsciente. Ser atacado es algo bueno. Aún le es necesario al psicoanálisis saber guardar su orientación, sin ceder sus principios y evitar la autosegregación que resultaría de un desinterés de los nuevos pasos que la ciencia puede dar: las ilusiones del amo hipermoderno. Es clave no sólo resistir al cientificismo y a las operaciones de marketing que vienen a su apoyo, a menudo por vía de medios dóciles, cómplices de los imperativos del discurso capitalista.

Escuché recientemente a una mujer dedicada a la política que decía: “Hay pequeñas cosas que tienen gran importancia”. Ese principio me parece que condensa la orientación que exigimos, en términos muy simples, y tienen, además, la ventaja de subrayar que “pequeñas” cosas tienen una “gran” importancia. Formado en el psicoanálisis como experiencia personal, un practicante sabe, por ejemplo, que el ser humano es un viviente cuyo cuerpo está marcado por la lalengua, y que el pequeño hombre (el niño) es portador de un saber para escuchar, haya o no hecho la “elección” autista. Los niños también saben, casi de entrada, que al dirigir las palabras a un analista, éstas toman todo su peso, y les alivian el sufrimiento y la soledad que son propios de cada uno.

24.08.2013


Fuente