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2 de febrero de 2022

ENTRE EL DELIRIO Y LA MUERTE por Daniela María Weilg La Torre

 

En De una cuestión preliminar a todo tratamiento posible de la psicosis, Lacan (1955-56/2008) señala que en el caso de Schreber se trata de “un desorden provocado en la juntura más íntima del sentimiento de la vida en el sujeto” (p. 534). ¿A qué se refiere Lacan con “la juntura más íntima del sentimiento de la vida en el sujeto”? ¿Qué nos enseña esta frase acerca de la psicosis? Intentando encontrar respuestas, puntualizaré algunas ideas acerca de la relación del sujeto con el ser, el lenguaje y la vida en el caso Schreber. 

Salvador Dali - Sin titulo

El planteamiento freudiano sobre el Inconsciente cuestiona al hombre sobre su lugar en el Universo y pone en evidencia que uno “ni siquiera es amo en su propia casa” (Freud, 1916-1917/2012, p. 261) pues ello piensa. Se trata de Otro escenario desde donde el sujeto se puede plantear la pregunta por su existencia: ¿Qué soy ahí? referente a su sexo y la contingencia de su ser (Lacan, 1955-1956/2008). Para Lacan, “esa pregunta por su existencia baña, sostiene, invade y desgarra al sujeto por todas partes… Es a título de elementos del discurso particular como esa pregunta en el Otro se articula” (p. 526). Pregunta, así como intentos de respuesta, con las que el sujeto armará el sentido de su existencia.

¿Qué le puede haber pasado a Paul Schreber para que de pronto su vida haya sido violentamente resquebrajada? ¿Qué pasó con su castillo de naipes? El desencadenamiento de su psicosis coincide con momentos importantes en su carrera de juez, como su candidatura al Reichstag y la toma de cargo de presidente del Superior Tribunal de Dresde. Lacan (1955-1956/2008) plantea que la condición esencial de la psicosis es la forclusión del Nombre-del-Padre, donde al ser llamado, responde en el Otro “un puro y simple agujero, el cual por la carencia del efecto metafórico provocará un agujero correspondiente en el lugar de la significación fálica” (p. 543). Podemos suponer que en esta situación Schreber invoca al Nombre-del-Padre y se encuentra con un abismo, un agujero, Un padre real. No hay un efecto de significación, no hay poesía, no hay creación.

Este resquebrajamiento de lo simbólico trae consigo una catástrofe del eje imaginario y, en consecuencia, el campo de la realidad de Schreber se ve afectado. Los fenómenos elementales en Schreber dan cuenta de que se encuentra con este abismo en la cadena significante. Experimenta la perplejidad ante un crujido en la pared de su alcoba que insiste con la certeza de que le concierne a él. Aparecen alteraciones en la experiencia que tiene de su cuerpo, como se observa en el informe de 1889 del director del asilo de Sonnestein (citado en Freud, 1911-1913/2012, p. 14),

Al comienzo de su estadía allí, él exteriorizó más ideas hipocondríacas, se quejaba de padecer de un reblandecimiento del cerebro, decía que pronto moriría, etc.; luego ya se mezclaron unas ideas de persecución en el cuadro clínico, basadas en espejismos sensoriales, los cuales, sin embargo, inicialmente se presentaban más aislados, al par que imperaban un alto grado de hiperestesia y gran susceptibilidad a la luz y al ruido. Luego se acumularon los espejismos visuales y auditivos, que, sumados a perturbaciones de la cenestesia, gobernaron todo su sentir y pensar; se daba por muerto y corrompido, por apestado, imaginaba que en su cuerpo emprendían toda clase de horribles manipulaciones; y, como él mismo lo declara todavía hoy, pasó por las cosas más terribles que se puedan imaginar, y las pasó en aras de un fin sagrado. Las inspiraciones patológicas reclamaban al enfermo a punto tal que, inaccesible a cualquier otra impresión, permanecía sentado durante horas totalmente absorto e inmóvil (estupor alucinatorio), y por otra parte lo martirizaban tanto que deseaba la muerte: en el baño hizo varios intentos de ahogarse y pedía el "cianuro que le estaba destinado".

Schreber experimenta en carne propia la certeza de estar muerto. Incluso unas voces le dan a conocer la fecha y nombre del periódico donde había aparecido en la rúbrica necrológica (Lacan, 1955-56/2008). Falta el significante del Nombre del Padre, no hay mediación simbólica sobre la muerte. Al respecto, Lacan señala “no hay por supuesto ninguna necesidad de un significante para ser padre, como tampoco para estar muerto, pero sin significante, nadie, de uno y de otro de esos estados de ser, sabrá nunca nada (p. 532).

Más adelante, Schreber experimenta el delirio de la mudanza en mujer y de estar amenazado por actos de abuso sexual y persecución por parte de su médico, los enfermeros del hospital y luego por Dios. Se siente sometido al goce del Otro, aparece como “un hombre solo y débil contra el propio Dios” (Schreber citado en Freud, 1911-1913/2012, p. 19). Schreber experimenta alucinaciones auditivas a través de voces externas que se imponen y que son manifestaciones de que “el sujeto, podría decirse, es hablado más que habla él” (Lacan, 1953/2008, p. 270).

Siguiendo la figura del tramoyista de Lacan (1958/2008) en La dirección de la cura y los principios de su poder, el caso de Paul no se trata de un neurótico que sirviéndose del lenguaje hace de tramoyista y se representa en una escena como objeto del Otro, sino que hace de títere vivo y es él mismo objeto del Otro. Esta idea va en la línea con lo que Lacan (1969/1988) plantea en Dos notas sobre el niño acerca de cuando el niño se convierte en objeto de la madre:

Cuando la distancia entre la identificación con el ideal del yo y la parte tomada del deseo de la madre no tiene mediación (la que asegura normalmente la función del padre) el niño queda expuesto a todas las capturas fantasmáticas. Se convierte en "objeto" de la madre y su única función es entonces revelar la verdad de este objeto.

El derrumbamiento imaginario que tan bien captó Freud como sepultamiento del mundo en Schreber, no tardará en arreglárselas para reconstruirse a través del delirio y el Ideal de ser la mujer de Dios. Paul Schreber liga la feminización de su cuerpo con la copulación divina, lo cual le permitirá redimir al mundo y devolverle la bienaventuranza. La construcción de este edificio delirante pone cierto orden en el sujeto, y el significante y el significado se estabilizan en la metáfora delirante (Lacan, 1955-56/2008), de tal manera que Schreber puede volver a vivir dentro de él (Freud, 1911-1913/2012).

Si bien este edificio delirante aparece absolutamente compacto, consistente, inquebrantable pues funciona a modo de certeza, supone una reconstrucción que vivifica a Schreber. Respecto de esta reconstrucción, Freud (1911-1913/2012, p. 63) señala: 

Tras la catástrofe, ella se logra más o menos bien, nunca por completo; una «alteración interior de profundo influjo», según las palabras de Schreber, se ha consumado en el mundo. Pero el hombre ha recuperado un vínculo con las personas y cosas del mundo, un vínculo a menudo muy intenso, si bien el que antes era un vínculo de ansiosa ternura puede volverse hostil.

No cabe duda de que muy fácilmente puede caerse el castillo de naipes del psicótico y este darse por muerto y corrompido, pero aquel encuentro con el lenguaje es siempre una posibilidad de encontrar nuevos arreglos para seguir viviendo. En palabras de Lacan (1957/2008, p. 476):   

Sin duda la letra mata, como dice, cuando el espíritu vivifica. No lo negamos, habiendo tenido que saludar aquí en algún sitio a una noble víctima del error de buscar en la letra, pero preguntamos también cómo viviría sin la letra el espíritu. Las pretensiones del espíritu sin embargo permanecerían irreductibles si la letra no hubiese dado pruebas de que produce todos sus efectos de verdad en el hombre, sin que el espíritu intervenga en ello lo más mínimo.

Daniela María Weilg La Torre (Participante del CID-Lima)

Referencias bibliográficas

Freud, S. (1911-1913/2012). Sobre un caso de paranoia descrito autobiográficamente (caso Schreber). En Obras Completas. Volumen 12. Buenos Aires: Amorrortu editores.

Freud, S. (1916-1917/2012). 18ª conferencia: La fijación al trauma, lo inconsciente. En Obras Completas. Volumen 16. Buenos Aires: Amorrortu editores.

Lacan, J. (1953/2008). Función y campo de la palabra y del lenguaje en psicoanálisis. En Escritos 1. Buenos Aires: Siglo Veintiuno Editores.

Lacan, J. (1955-56/2008). De una cuestión preliminar a todo tratamiento posible de la psicosis. En Escritos 2. Buenos Aires: Siglo Veintiuno Editores.

Lacan, J. (1957/2008). La instancia de la letra en el inconsciente o la razón desde Freud. En Escritos 1. Buenos Aires: Siglo Veintiuno Editores.

Lacan, J. (1958/2008). La dirección de la cura y los principios de su poder. En Escritos 2. Buenos Aires: Siglo Veintiuno Editores.

Lacan, J. (1969/1988). Dos notas sobre el niño. En Intervenciones y textos 2. Buenos Aires: Ediciones Manantial.

27 de septiembre de 2013

Boletín Bordes 25

José Parra
(1890)
BORDES
No. 25
27 de Septiembre de 2013

Boletín de la NEL hacia el VI Encuentro Americano de Psicoanálisis de la Orientación Lacaniana
XVIII Encuentro Internacional del Campo Freudiano

HABLAR CON EL CUERPO
LAS CRISIS DE LAS NORMAS Y LA AGITACIÓN DE LO REAL
Buenos Aires, 22 y 23 de noviembre de 2013

En este boletín:
Editorial.- Ruth Hernández B.
Modos de hacer existir la relación sexual en las psicosis.- Maritza Bernia

Opiniones y Comentarios:
 Comentario al texto de Liliana Bosia.- Marcela Almanza  
El dolor a la deriva.- Beatriz García Moreno
Cultura y psicoanálisis: Here Comes Everybody.- Dora García

Modos de hacer existir la relación sexual en las psicosis
Maritza Bernia
NEL-Delegación La Habana.

Acerca de la “no relación sexual”, Jacques Lacan aborda  en su obra elementos para fundamentar dicha inexistencia. Dice por ejemplo “...que el significante no es apropiado para dar cuerpo a una fórmula de dicha relación, que la relación sexual, como cualquier otra relación, en último término sólo subsiste por lo escrito. Otro  es ubicable en referencia al objeto a, resultando que “…el  goce del Otro considerado como cuerpo es siempre inadecuado —perverso, por un lado, en tanto que el Otro se reduce al objeto a— y por el otro, diría, loco, enigmático”.
Frente a la inexistencia de la armonía  entre los sexos, los sujetos, desde su estructura  “hacen con eso”, responden subjetivamente de maneras diversas, una de ellas articulada con lo sintomático. Las versiones son múltiples en cuanto a proveer cierto anudamiento de goce y significante. En las neurosis una creencia en el síntoma descifrable, en las psicosis la certeza  de un goce excesivo que viene del Otro. Lacan dice que para el presidente Schreber, “no hay relación sexual más que con Dios”.
Parto de las referencias relacionadas con la cuestión del cuerpo en las psicosis. En Schreber  “hacerse un cuerpo de mujer” le permite al sujeto cumplir con la tarea de proporcionar un goce a Dios más soportable. Los sentimientos de voluptuosidad de Schreber atañen fundamentalmente- como refiere Carlos Dante García- a  “...el signo de que hay relación sexual entendida como complementación entre su feminización y el goce de Dios” y  “El goce permanente de Dios indica un "hay relación sexual",  no por vía de la identificación, sino por la vía del goce. Se trata efectivamente de hacerse de un cuerpo con cierta independencia del Goce del Otro. Invenciones que no permiten lazo social, que no “entran” en los delirios comunes.
En la  práctica clínica, he encontrado con bastante frecuencia, sujetos psicóticos con referencias directas de que las relaciones de pareja que han sostenido, o la sexualidad en tanto tal,  provocan la vivencia de complementariedad entre los sexos, de modos diferentes, tomando prestado “del discurso social” la nostalgia de una experiencia de satisfacción transitoria, o haciendo alusión a satisfacciones máximas entre partes fragmentadas de su cuerpo, haciendo un Uno Todo. No desde partes de una imagen corporal lograda, constituida, sino desde fragmentos que funcionan como sintonizados en tanto dos cuerpos al unísono.
Serían modos de hacer desde “la propia estructura psicótica” con lo que sitúa Lacan como más Real, con “lo que no cesa de no escribirse”. En las neurosis desde un velamiento fantasmático, en las psicosis con una presentificación.
Por el retorno en lo real de algo no inscrito en lo simbólico es que estos sujetos psicóticos aparecen  en la clínica, mostrando que los modos de hacer con la “no relación sexual” permiten la presentificación de su “existencia”, desde la propia certeza.

Bibliografía:
-          Jacques Alain Miller “La invención psicótica”
-          Jacques Lacan, Seminario 20 “Aún”
-          Paula Borsoi. “¿Cuál el lugar para el síntoma psicótico en el   
       diagnóstico estructural de Lacan?”
-        Carlos Dante García. “El cuerpo como efecto de goce”

Comité organizador BORDES:
Piedad Ortega de Spurrier, Marcela Almanza, Elida Ganoza, Johnny Gavlovski E., Ruth Hernández
Ver más en: Bordes 25

19 de septiembre de 2013

Entrevista a José Fernando Velásquez - Primera parte


Por: Angélica Ballón Sánchez
         Roberto Carlos Galván Sánchez


P: A la luz de las últimas enseñanzas de Lacan sobre el inconsciente, considerando el inconsciente transferencial y el inconsciente real, acerca del inconsciente real Lacan dice que “no hay allí amistad alguna que ese inconsciente soporte”. ¿Cómo se puede pensar la transferencia?, ¿cómo se sostiene la transferencia en la clínica del autismo, y también de las psicosis?

R: La transferencia hay que pensarla en términos generales como el anudamiento que se produce entre las posiciones de goce del analizante y algún rasgo, alguna pieza que está en el semblante del analista; puede ser la voz, la mirada, su título, el ideal que representa, una impresión…“no me parece querido, o amable”, o  “me lo referenciaron muy bien”. Eso es para cualquier ser hablante.

En el caso de las psicosis y del autismo la transferencia se va a instalar por el anudamiento entre el autista o psicótico a una posibilidad que le dé ese analista de alojar algo de la construcción que él viene haciendo. Y, eso no es sencillo. Porque nos podemos disponer para recibir a los niños psicóticos, a los autistas, pero es el niño mismo el que elige cómo se va a anudar,  cuándo se va a anudar, y la manera generalmente estereotipada de anudarse. Puede ser simplemente porque el analista no hable, o por el contrario, por que su voz sea muy suave, o porque no lo mira, o por el contrario porque lo mire mucho, o encontró un lápiz o cualquier objeto que le llame la atención. Hay una serie de condiciones que son contingentes en ese anudamiento que hace el niño al espacio, a la persona, al cuerpo, a los objetos del analista.  El arte es que sea un anudamiento sostenido a través del tiempo, porque puede haber anudamientos momentáneos, el chico se entusiasma, se prende de un objeto, por ejemplo, o del hecho de que “no me mira”, el analista no lo mira directamente, y eso hace que el autista o el psicótico pueda sentirse cómodo,  tranquilo, sin amenaza; o porque la sesión sea breve, o porque la sesión sea larga; todo depende del caso por caso. Entonces, ese anudamiento que se da ahí hay que tratar de sostenerlo en la medida en que se sepa leer qué es lo que lo anudó.

Es una transferencia no al sujeto supuesto saber,  lo que sí ocurre en la neurosis, sino que pasa por una dimensión puramente real, por lo imposible, lo ilimitado, lo repetido. Eso hace que por ejemplo se pueda trabajar entre varios con un solo autista. La práctica entre varios lo que muestra es que la transferencia el autista la instala, diríamos, a un Otro insustancial, no personificado, no individualizado, sino más bien a unas ciertas condiciones de espacios, de sonidos, de ambientes, de modos de ser recibido. Eso es lo que el analista tiene que tener en cuenta, que no va a ser una transferencia de suposición de saber, y que se basará sobre todo en alimentar esa transferencia a través de hacer una buena lectura de lo que está sucediendo en él a nivel real.  El autista o el psicótico, es muy sensible a cualquier surgimiento de una encarnación del Otro real. Por decir algo, hay mucha bulla afuera en el consultorio, o que el analista lo mire mucho, o que le haga una pregunta dirigiéndose directamente a él, o que perciba un determinado gesto. Eso ya puede encarnarle al autista el Otro real. Entonces se va a replegar, y se va a replegar detrás de su fortaleza, y bueno, va a ser mucho más complicado volverlo a sacar.

Insisto en que es con la lectura sostenida que permita entender y comprender cuál es el lugar que da el autista al analista, sobre todo en esa dimensión como espejo, y como receptor del objeto de la pulsión parcial.

Para mí me es muy importante lo que hizo la señora Rosine Lefort con Nadia. Nadia es una chica de 18 meses, que en ese momento está internada en un hospicio, y tiene muchísimas enfermedades, prácticamente es una niña desahuciada; pero está siendo asistida, alimentada, cambiada, cargada por todo el personal de la institución. Y lo que hace la señora Lefort es tachar ese Otro, descompletarlo, ser ex-istente a ese Otro. Ella decide: Nunca le voy a dar ni comida, ni le voy a cambiar pañales; así esté pidiéndomelo, así esté sucia, no lo voy hacer. Ella se sustrajo de ese Otro general, y eso no es algo que pase desapercibido para Nadia. Nadia se da cuenta, y empieza a construir una demanda: “déme papilla”.

Otra manera de sustraerse de la señora Lefort a ese Otro es prestándose a dejarse agujerear: Nadia requiere agujerear lo real, agujerear al Otro y la señora Lefort se presta para que la niña lo haga, presta su cuerpo. El Otro de la institución no lo hacía, solamente hacía una tarea de asistencia. La señora Lefort permite que la niña explore sus ojos, su boca, sus manos, la blusa, sus gafas. Con ese ejemplo te muestra cómo el analista sabiéndose situar frente al autista, instala la transferencia. Y que es una transferencia que no puede ser solamente de 5 o 10 minutos, sino que hay que sostenerla a través del tiempo. Eso será posible siempre y cuando entienda cómo es que se mueve, cuál es el sustrato de esa transferencia.


P: ¿Cuál es la especificidad del psicoanálisis frente a los otros tratamientos psi?

R: La especificidad viene de la conceptualización de la condición del ser humano como un ser de goce y como ser hablante. A través de la historia si bien somos definidos como seres humanos, también somos seres de goce, que obtenemos una satisfacción que va mucho más allá de la necesidad. El anudamiento entre lengua y satisfacción genera una serie de situaciones en la condición humana como es la demanda. Demandamos amor, demandamos afecto, demandamos cuidados, demandamos que el otro cumpla con nuestras expectativas. No sólo instala la demanda sino también instala las identificaciones, entonces yo quiero ser como tal o aquel, como este personaje o como mi papá. Y genera también una sensibilidad a la palabra, al significante como decimos en el psicoanálisis; el ser hablante de goce es un ser que no es indiferente a la palabra del Otro, al deseo del Otro o a la satisfacción del Otro.

Son esas tres respuestas del ser hablante lo que las demás disciplinas psi tienen en cuenta, cómo el ser hablante responde al deseo del Otro o a sus ideales. Sabemos que cualquier psicología trata para que un chico se instale en la demanda que el colegio quiere: Que marche bien, que se comporte bien, o la demanda al ideal que el padre o la madre quieren.

El psicoanálisis de orientación lacaniana tiene en cuenta la posición de cómo se responde desde una necesidad de satisfacer un goce que es muy singular en cada ser hablante; una satisfacción que se impone, que no es del orden de la necesidad, que siempre es repetitiva, que siempre va a estar a pesar de la edad o de la evolución de ese ser hablante. Y esa necesidad de satisfacer ese goce se vuelve algo sintomático.

Esto es lo que vemos por ejemplo en la anorexia; la anorexia está por fuera, dice el psicoanálisis, del ideal de la delgadez, está por fuera del sentido común de que me voy a enfermar, que ya tenga o no osteoporosis o que se le está complicando la cuestión de la salud porque se desmaya. Ahí vemos a un sujeto tomado absolutamente por una satisfacción que va mucho más allá del ideal, del deseo o de la identificación, que pretende satisfacer una condición muy autística de goce, muy singular en ese sujeto para sentirse realizado o satisfecho. Lo mismo en una toxicomanía o lo mismo se puede explicar por ejemplo en la relación entre los sexos.

El tomar en cuenta que en ese tipo de satisfacción no hay complementariedad, no hay pareja, no hay ideal, satisfacción en un orden muy autístico, muy singular, hace que el psicoanálisis de orientación lacaniana no pueda responder a los ideales de un tercero, ni el de los padres, ni el de la escuela, ni de una sociedad; no se puede decir que los sujetos sometidos a un psicoanálisis de orientación lacaniana van a rectificar una conducta o se van a acomodar a un ideal institucional, más bien buscarán estar más tranquilos con la satisfacción que pretenden.

El psicoanálisis de orientación lacaniana se oferta para que el sujeto en cuestión pueda leer y capturar ese rasgo de satisfacción, de goce singular y que el sujeto pueda asumirlo, que pueda consentir que eso es del él, que lo reconozca como algo propio a pesar de que sea ajeno, que genere un cierto tipo de extrañeza. No es algo del orden de la manera usual de pensar o que vaya acorde con los ideales; pero sí es posible que él se diga: “yo soy eso, yo repito eso, yo me veo varias veces en ese comportamiento, en esa conducta, eso es mío”. Que el ser hablante se reconozca en eso donde él goza, permite que ese ser hablante pueda tener un saldo de saber a su favor, que sepa cómo saber hacer con eso, porque eso va a estar ahí siempre en su existencia. Saber hacer con eso implica un poco una versatilidad respecto a ese rasgo de goce, una posibilidad de obtener una satisfacción pero de una manera en que él mismo lo decida, lo elija, y no simplemente ser arrebatado por esa condición de goce, que es lo que uno ve en muchos síntomas contemporáneos, o en el neurótico obsesivo que no quiere hacer esto, o la histérica que quiere que el otro la satisfaga de esta u otra manera.

Entonces lo que singulariza al psicoanálisis de las otras disciplinas psi es tener en cuenta la dimensión de lo que Lacan llamaba lo real, lo sin ley, aquello ilimitado, aquello repetitivo, aquello que siempre vuelve a ser lo mismo, aquello que es imposible de ser atrapado por el sentido.

17 de julio de 2013

Cómo conviene escuchar y qué hacer semblar para sinthomatizar a un parletre psicótico -Extracto


José Fernando Velásquez

Frente al psicótico, desde cualquier disciplina, se tiene el intento automático de querer abordarlo desde la terapéutica. Es fácil caer en intervenciones que toman como fundamento de su trabajo lo adaptativo del sujeto de la necesidad. Se han propuesto métodos de abordaje que asumen que la locura es un déficit, un trastorno cognitivo de base orgánica o psicogenética y que, para tratarlo, se hace necesario realizar un inventario de situaciones de la relación con el entorno, identificar las aptitudes y discapacidades del individuo, identificar las situaciones que puedan ser modificadas. Por esta vía se llega a la psicologización (intentando con modelos de estimulación adecuados y oportunos, fortificar o rectificar al Yo); a una “pedagogía” con la formulación de una enseñanza especial, (como la propuesta por Itard al llamado “el salvaje de l’Aveyron”); y a la medicalización, (por medio de la neurologización y el uso de medicaciones). Ello conduce a un reforzamiento de la condición de objeto, sí el psicoanálisis falta a la cita para implicarlo como sujeto.
En Lacan encuentro una enseñanza sobre lo conveniente en la clínica con los psicóticos. Él se separa de la clínica psiquiátrica, pero de ella conserva ese sentido investigativo del cual hace uso para llamarnos la atención y hacer, con precisión, una clínica diferencial entre fenómenos neuróticos y psicóticos; para ubicar la importancia del desencadenamiento, de la estabilización, dentro de la transferencia y fuera de la transferencia; para trabajar con la psicosis en el niño; para arriesgarse a la clínica de los inclasificables; para encontrar las distintas funciones del síntoma, y para asumir una ética frente al trabajo de acompañamiento e intervención con el sujeto psicótico.


Seminario “Lo que el autismo nos enseña respecto a la clínica de hoy y el tiempo en que vivimos”