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16 de noviembre de 2013

Ricardo Seldes apuesta a renovar la práctica psicoanalítica, sosteniendo sus fundamentos.
Presente de real encabritado
El psicoanalista de orientación lacaniana se refiere al cuerpo en el análisis, pero también a la presencia del analista, al modo de Las Meninas, de Velázquez. Un Encuentro Americano de profesionales que comparten una orientación clínica.
                                                                     
Por José Manuel Ramírez*

El viernes 22 y el sábado 23 se realizará en Buenos Aires el VI Enapol, Encuentro Americano de Psicoanálisis de la Orientación Lacaniana, bajo el título "Hablar con el cuerpo. La crisis de las normas y la agitación de lo real", y el XVIII Encuentro Internacional del Campo Freudiano. Ricardo Seldes, presidente del VI Enapol, miembro de la Escuela de la Orientación Lacaniana y de la Asociación Mundial de Psicoanálisis, habló con Rosario/12 del Real encabritado de la época actual.

--¿Cuál es la significación del Encuentro?
--Tenemos la chance de producir eso, un encuentro entre colegas que trabajan en lugares tan lejanos de toda América y en situaciones tan diversas, algunas de máxima dificultad social. Es una comunidad que comparte una orientación clínica y epistémica que es la orientación lacaniana, una sola orientación que existe por el esfuerzo y el trabajo de Jacques-Alain Miller desde hace 30 años para asegurar la renovación de la práctica psicoanalítica, y al mismo tiempo sostener sus fundamentos.

-Usted habló de "presentar el cuerpo" en la convocatoria. ¿Qué lugar se da al cuerpo en este momento histórico del psicoanálisis?
--Fue al iniciar esta exploración del misterio del cuerpo que habla. Explicar mi chiste es revelar de qué elementos está compuesto: es la comunidad que "pone el cuerpo" en esta investigación; es también ubicar el momento del encuentro entre el cuerpo del analizante y el del analista en las entrevistas preliminares y su transformación; es lo que Lacan llama la presencia del analista en los momentos silenciosos de la sesión; y agregaría que poner el cuerpo es implicar la referencia de Lacan de que es el cuerpo el que da consistencia al ser hablante, ese cuerpo que habla a veces de un modo silencioso, sin palabras en contra de cualquier efecto de comunicación. Es la dimensión freudiana de lo pulsional, la relación del cuerpo y el decir, de los cuerpos habitados por un real incomprensible.

-La crisis de las normas es un hecho actual y podríamos decir mundial. ¿Qué efectos en el mundo y en el psicoanálisis produce esa crisis?
--Quizás los efectos más contundentes sea el encontrarnos con sujetos que buscan grupos de similares para encontrar una identidad. Es un fenómeno mundial. Son supuestas identificaciones que tomarían como esencial el modo de gozar imaginado como universal. Nuestra tarea como psicoanalistas no es interrogar a los que nos consultan en función de esa supuesta identificación sino a partir de la pulsión, la que pregunta acerca de lo imposible de cada uno. Es una respuesta necesaria en una época en la que se pasa del vale-todo, al intento de producción de significantes amos para sostener un refuerzo fundamentalista de la tradición. Digamos que el psicoanálisis propone una mutación del goce del síntoma pensado como acontecimiento de cuerpo, del singular.

-¿A qué se llama agitación de lo real, concepto que forma parte de la convocatoria en marcha hacia el próximo Congreso de 2014?
-Como ha recordado Leonardo Gorostiza, Presidente de la AMP, la inspiración del título es la referencia de Lacan en La Tercera cuando dice que lo real se encabritará (se desbocará) por acción de la ciencia y que la misión del psicoanalista –de quien no depende lo real- será hacerle frente. Para eso, yo agrego, es preciso psicoanalistas que tengan una posición fuerte ante la angustia, lo que de ninguna manera quiere decir intentar eliminarla. Dosificarla me sigue pareciendo la mejor expresión.

-Si, como destaca J.-A. Miller, está el analista en el cuadro clínico (como en el cuadro Las Meninas), ¿qué relación del analista al cuerpo sintomatizado, dolorido del analizante?
--El analista está presente pero como el pintor se encuentra en "estado de ausencia". Lacan ha dialogado con Foucault sobre el tema en el seminario 13. El misterio de este cuadro, hay un misterio como el del cuerpo hablante, es que el pintor sólo puede verse en el instante en el que está en pausa. Si no fuera así, no lo veríamos, estaría oculto en la tela, detrás del espejo. Ha dado unos pasos para atrás para mirar a su modelo, y/o al espectador. Cuando retome la pintura volverá a desaparecer detrás de la tela y volverá a ser invisible para nosotros.

-¿Y qué decir de las transformaciones del cuerpo en la actualidad?
--El cuerpo es sumamente sensible a las leyes del mercado, las del consumo, que siempre tiene el lema de exigir lo nuevo. Los cuerpos no escapan a eso cuando lo que vemos es que hay catálogos en internet que permiten elegir cómo modificarlos, mejorarlos aunque a veces se produzca un efecto paradojal que requiere más y más intervenciones. Trabajaremos sobre esto.

-¿Qué expectativas tiene sobre Enapol?
--Muchas, ya contamos con más de 1500 inscriptos. La mayoría de ellos tendrá algún tipo de intervención o ha colaborado en el trabajo preparatorio para asegurar la calidad clínica e investigativa del ENAPOL. Y todavía aguardamos los resultados de las conversaciones que se producirán en esos días de trabajo intensivo.

*Psicoanalista. Responsable edición Página de Psicología Rosario 12.
Página/12 Rosario

26 de julio de 2013

Boletín Bordes 02

Sirin y Alkonost, pájaros de Alegría y Dolor (1896)
Viktor Vasnetsov

BORDES
No. 2
15 de Mayo de 2013

Boletín de la NEL hacia el VI Encuentro Americano de Psicoanálisis de la Orientación Lacaniana
XVIII Encuentro Internacional del Campo Freudiano

HABLAR CON EL CUERPO
LAS CRISIS DE LAS NORMAS Y LA AGITACIÓN DE LO REAL

Buenos Aires, 22 y 23 de noviembre de 2013

En este boletín:
Cuerpos embrollados.- Marcela Almanza
Comentario sobre “Cuerpos embrollados” de Marcela Almanza.- Betty Abadí
¿Qué hijo para un matrimonio homosexual?- Susana Dicker

Soneto

Pregunto aquí si soy loca
¿Quién me lo sabría decir?
Pregunto más, si soy sana
Y aún más, si soy yo.

Que uso el viés para amar
Y finjo fingir que finjo
Adorar el fingimiento
Fingiendo que soy fingida

Pregunto aquí mis señores
Quién es la rubia doncella
Que se llama Ana Cristina

Y que se dice ser alguien
¿Es un fenómeno mayor
o es un lapso sutil?

Ana Cristina César.
(Río de Janeiro, 1952-1983)

Editorial

En esta oportunidad tenemos dos interesantes trabajos. Marcela Almanza nos habla de los “cuerpos embrollados” y Susana Dicker parte de una pregunta: ¿qué hijo para un matrimonio homosexual?
Leyendo a Almanza retomamos la constatación de un cuerpo que en el Siglo XXI habla a su manera, un cuerpo que ciertamente está cada vez más “embrollado”. Como dirá Miller en Embrollos del cuerpo, "lo real embrolla lo verdadero porque no se deja dominar por lo simbólico ni por lo imaginario". Ante la ruptura del orden simbólico lo que aparece es el lenguaje del cuerpo en sus diferentes modalidades. Algunos casos toman al cuerpo como un real –nos señala Almanza- quien nos deja ver la vecindad entre histeria y psicosis a consecuencia de este desorden en lo real en el Siglo XXI. La cuestión será saber si el sujeto es analizable, si no está exageradamente embrollado por el cuerpo, o al menos si puede acceder a la simbolización.
Dicker coloca sobre la mesa la cuestión de la filiación que se tramita por fuera de una posible paternidad reproductiva. La ciencia responde al real de la reproducción  desde el todo es posible, “se separa de lo simbólico de la filiación”, nos señala Dicker, sin tocarse nada de la ética que interroga el deseo ni el goce en lo más singular del parletre.  La “parentalidad” va sustituyendo a la “paternidad y maternidad”, simetría simbólica que produce un borramiento, no sin consecuencias para los niños.

Acompañamos los trabajos con dos imágenes:
Por un lado a Sirin y Alkonost, aves de la alegría y la tristeza. Cabeza y pecho de mujer,  cuerpo de un pájaro. El Sirin cantaba hermosas canciones que predecían futuras alegrías. El que escuchara un  Alkonost no desearía saber ya nada más. Para los hombres, son aves eran peligrosas.  Al igual que las sirenas en la mitología griega, la voz de los sirins es tan dulce que los que la oyen lo olvidan todo, los siguen, y mueren. Curiosamente, a partir de los siglos XVII-XVIII los Sirins son tomados como símbolos de la armonía del mundo. Solamente la personas realmente felices podían oírlos, y muy pocas personas verlos, porque eran tan rápidos y difíciles de atrapar como la felicidad humana. Alkonost viene de Alcíone, quien en la mitología griega es transformada por los dioses en un Martín pescador, especie en la que tanto el macho como la hembra se reparten las tareas de incubación.

Banksy, por su parte, nos muestra a dos policías besándose. Su obra irrumpe, trasgrede, revela, sacude, muestra, conmueve. Su arte siempre se acerca peligrosamente a nuestra relación con el objeto perdido causa de deseo. La sub-versión de Banksy apunta, al igual que el psicoanálisis, a una relación al objeto que no es de intercambio mercantil pero que hace lazo.
Vasnetsov ilustraba cuentos, Banksy grafitea paredes. Como nos señaló una vez Lacan, en su materia, el artista siempre le lleva la delantera… El artista, embrolla.

Ruth Hernández Boscán
NEL Caracas



Gays Cops Kissing
Banksy (2004)

Comité organizador BORDES:
Piedad Ortega de Spurrier, Marcela Almanza, Elida Ganoza, Johnny Gavlovski E., Ruth Hernández

Ver más en: 

17 de julio de 2013

Boletín Bordes 1

"Rehab"
Mith Griffiths


BORDES
No. 1
15 de abril de 2013


Boletín de la NEL hacia el VI Encuentro Americano de Psicoanálisis de la Orientación Lacaniana
XVIII Encuentro Internacional del Campo Freudiano

HABLAR CON EL CUERPO
LAS CRISIS DE LAS NORMAS Y LA AGITACIÓN DE LO REAL
Buenos Aires, 22 y 23 de noviembre de 2013


"Dos cuerpos" de Octavio Paz

Dos cuerpos frente a frente 
son a veces dos olas 
y la noche es océano. 

Dos cuerpos frente a frente 
son a veces dos piedras 
y la noche desierto. 

Dos cuerpos frente a frente 
son a veces raíces 
en la noche enlazadas. 

Dos cuerpos frente a frente 
son a veces navajas 
y la noche relámpago. 

Dos cuerpos frente a frente 
son dos astros que caen 
en un cielo vacío.
Editorial
No conseguir el nombre de la pintura que ilustra este 1 boletín. Sabemos que es de Mitch Griffiths. En realidad, no. Escribimos Mith por Mitch. Error simbólico de Google. Significante cizallado en la red. Buscar en ese espacio en las nubes, que de virtual se vuelve real. Real en tanto fragmento. Fragmento de ese algo sin ley que se nos escapa. Entonces las normas, las intervenciones, las clasificaciones. Pero el lapsus virtual: Mith por Mitch. El mito por el nombre. El psicoanálisis se ha servido del mito para nombrar. El arte también, y Griffiths denuncia, ataca el mito para convertirlo en una suerte de Cristo intervenido, un Cristo en rehabilitación. Cristo que danza bajo la mirada acuciosa de una ciencia que ciega con ese “polvo que se levanta como un rey amarillo y todo lo descuaja y danza solitario y se derrumba” al decir de Octavio Paz.

Mitch Griffiths (1971) refleja la contemporaneidad a través de las técnicas del pasado entremezcladas de arte de calle, para colocar un espejo frente a uno de los malestares de la cultura. Tierra prometida es la serie… El problema es que no todos los que vagaron en el desierto, pudieron entrar en esa tierra leche y miel. Se quedaron vagando al otro lado, en el desierto del sin sentido

Nada más acorde con esto que el trabajo de nuestro colega José Fernando Velásquez para dar cuenta del entorno que vive hoy el cuerpo que habla, ajustado a un real sin ley, que conmociona al “animal consumidor” con nuevos síntomas, aún por conocer…

Johnny Gavlovski E.

Sobre el debate filosófico – científico entorno al cuerpo que habla.
José Fernando Velásquez
NEL Medellín

Recientemente Barack Obama anunció que su gobierno invertirá más de 3 mil millones de dólares en la próxima década en el proyecto que busca mapear a escala celular la actividad del cerebro. El propósito del proyecto es entender a fondo“las causas de las acciones humanas y, desde luego, conquistar el premio gordo de la neurociencia: comprender la conciencia” [1].
La reflexión sobre las manifestaciones corporales que se implican en las acciones de un ser humano encuentra inmediatamente una referencia a la ciencia neurológica. No hay nada más natural para un ser humano que su cuerpo y sus realidades por crecimiento, enfermedad, sexualidad o muerte. El debate filosófico sobre el cuerpo y lo llamado “mental” puede plantearse como una pregunta: ¿cómo es posible explicar los fenómenos psíquicos o subjetivos a partir de estados y acontecimientos corporales? 
Varias han sido las escuelas de pensamiento en este punto: uno de los fundamentos es Descartes quien concibió lo mental como una entidad cuya naturaleza es el pensamiento y todo lo demás para él es sustancia material. Este dualismo material es lo que Gilbert Ryle denunció como “El dogma del fantasma en la máquina”: el alma o la mente inmaterial (el fantasma) que vive en el cuerpo, controla los mandos del cuerpo material (la máquina) [2]. Contrario a la posición dualista de Descartes, la mayor parte de la ciencia contemporánea ha optado por una explicación monista: el fisicalismo insiste en que también la mente, las ideas y los afectos o emociones deben inscribirse en el ámbito de lo físico, afirmando que los fenómenos psíquicos son idénticos a los hechos y a los procesos cerebrales, y creen así arrebatar a la filosofía su dominio especulativo sobre la conciencia del hombre. El sistema nervioso se interpreta como si fuese un sistema computacional complejo que transforma información en estados bioquímicos y celulares, la que a su vez altera el sistema produciendo neurotransmisores y nuevas proteínas, y también modificando los estados funcionales como el sueño, la ansiedad, el ánimo. Esta corriente ha llegado a la especulación como la de suponer que los seres humanos podemos ser mejorados de manera artificial, dejando de lado la educación y el soporte social. También se llega al reduccionismo como aquel al que nos tienen acostumbrados ciertos científicos a los que se les da lugar en titulares de prensa como “Tenemos la felicidad programada en el ADN” [3], “Se descubrió el gen de la pereza”, o “El homosexual nace”. Parecen nociones ingenuas que se difunden y se ponen a circular en el discurso social aumentando la consideración biologista de la naturaleza humana, mientras que algunos entusiastas tratan de encontrar en alguna parte del cerebro, el lugar de la conciencia.
Spinoza por su parte sostuvo que el dualismo se refiere no a las sustancias sino a las propiedades: a un mismo sujeto pueden atribuírsele propiedades mentales y físicas, pero estos atributos son diferentes y los términos para analizarlos no son intercambiables. Esta es la base del humanismo. Lo que se resalta es el carácter subjetivo de una experiencia, el “modo” determinado para que ese individuo, diferente a otro, subjetive una situación dada. Damos por sentado que otros disfrutan de una vida interior de pensamientos, afectos y satisfacciones muy parecidos a los nuestros, pero dos personas pueden reaccionar o experimentar de manera singular una misma percepción. Un ejemplo de ello es lo estético: cada ser hablante, a su modo, tiene acciones determinadas por una concepción estética singular. Lo emocional se acomoda a parámetros que también están más allá del modelo genético o neuronal. Los humanistas, como los positivistas también caen en el extremo de considerar que además de nuestra “naturaleza natural”, tenemos una “naturaleza sobrenatural” [4].
Al debate filosófico contemporáneo se sumó Alan Turing, el padre de la informática, y otros defensores de la Inteligencia Artificial, quienes sostienen la tesis de que la tecnología se puede volver autónoma, de que las computadoras debidamente programadas desarrollan una forma de mentalidad inteligente que a su vez genera su propia realidad, tal y como nos lo recreó la película The Matrix. Otros por el contrario, como John Searle consideran que por más sofisticada que sea una computadora ella no deja de ser un manipulador de signos esencialmente sintáctico, pero no puede comprender la dimensión semántica. En esta perspectiva del debate nos preguntamos en forma especulativa: ¿en la Matriz, dónde queda el cuerpo pulsional, qué lugar para el acontecimiento sintomático?
El contexto social contemporáneo es particularmente similar al descrito en “The Matrix”: el mercado emite sus cantos de sirena y el sujeto queda atrapado en la fatalidad. Cualquier experiencia, sentimiento, emoción, pertenencia, tiene un precio que alguien hoy está dispuesto a pagar; la evolución nos ha conducido a ser el “animal consumidor compulsivo” y por el mecanismo de selección natural, los individuos que son más consumidores serán aquellos capaces de pasar más genes a la siguiente generación en detrimento de otros menos eficaces.
A medida que más nos adentramos en ese real sin ley, lo que observamos es que surgen nuevos síntomas en ese “animal consumidor”, síntomas que parecieran no poder ser interpretados por el mismo sujeto. Lo que vemos es que en muchos casos contemporáneos, el síntoma no es un síntoma propio, sino de Otro. El síntoma acontece no en la Matriz sino que los sujetos prestan sus cuerpos para que el síntoma de la Matriz se inscriba en ellos.  Los cuerpos del maltrato, los cuerpos de las sobredosis, los cuerpos expuestos al riesgo, los cuerpos del síntoma que no habla como las fibromialgias, los cuerpos consumidores de medicamentos sin los cuales están literalmente condenados a la incapacidad, etc.
Nuestra participación en este debate se orientará por una pregunta: ¿Cómo estas consideraciones se ven re-direccionadas a partir del concepto psicoanalítico del goce del llamado parlêtre?




[1] Revista Arcadia. No. 90. 15 de marzo al 11 de abril de 2013. Bogotá. Semana S. A. pág. 12.
[2] Dupré, B. “50 cosas que hay que saber sobre filosofía”. Madrid, Ariel, 2010. Pág. 33.
[3] El Tiempo el 23 de febrero de 2013
[4] Botero, J. “Nuestra naturaleza”. Revista Arcadia. No. 90. 15 de marzo al 11 de abril de 2013. Bogotá. Semana S. A. pág. 18-19.

[5] Miller, Jacques-Alain. Curso de Orientación Lacaniana “Piezas Sueltas”. Clase III  1 de Diciembre del 2004, Inédito. 


Comentarios de Mónica Febres-Cordero de Espinel, y de Fernando Gómez Smith en la siguiente dirección:

Comité organizador BORDES:
Piedad Ortega de Spurrier, Marcela Almanza, Elida Ganoza, Johnny Gavlovski E., Ruth Hernández

16 de julio de 2013

Alegoría del amor y del tiempo

PIPOL NEWS 61
Alegoría del Amor y del Tiempo
Miquel Bassols

Pipol 6 ha marcado un nuevo giro en la serie Pipol. Esta vez el giro se ha hecho especialmente presente en el desplazamiento del tema que se fue produciendo durante el tiempo previo al Congreso: desde “El caso, la institución, y mi experiencia del psicoanálisis”, hacia “Después del Edipo las mujeres se conjugan en futuro”. Gil Caroz fue marcando las escansiones de este desplazamiento de manera tan oportuna como precisa hasta el momento Pipol 6 de este pasado fin de semana. 

¿De qué se ha tratado en realidad en este desplazamiento y en estas escansiones? De varios registros, y muy especialmente del lugar que la propia experiencia analítica ha tenido y sigue teniendo en la posición de cada analista, en el uso que éste hace de la transferencia en cada análisis que conduce, también en el modo en que sitúa los efectos que cada caso produce en él. Pero, tal como señaló Jacques-Alain Miller en una de las sesiones plenarias, tenemos razones para preguntarnos “qué diferencia esta manera de exponer el propio análisis en provecho de un caso, de lo que se practica en el psicoanálisis bajo el nombre de contra-transferencia”. La contra-transferencia, —esa “impropiedad conceptual” al decir de Jacques Lacan en “La dirección de la cura…”—, es en efecto el modo en que el analista queda empantanado en la experiencia con la reciprocidad de los afectos, de las pasiones y de los caprichos del Yo, de sus prejuicios en definitiva, todo ello en una dimisión del deseo del analista, deseo que va precisamente a contracorriente de esta inercia, deseo que se supone que ha podido atravesar los velos recíprocos de los afectos. Es el riesgo que corre cada vez que el analista habla como sujeto de una experiencia en la que nunca está como sujeto sino en función de objeto. Para hacerlo sólo tiene una salida que es en realidad una entrada indicada en la continuación del comentario citado por Jacques-Alain Miller: “para alcanzar lo real, el analista debe ir hasta el fondo en el registro de la estructura, no en el sentido de sus caprichos”. 

El registro de la estructura no es otro que el deseo mismo puesto en acto como interpretación. Y de esta puesta en acto no hay sujeto previo ni posterior que pueda decir “Yo”, sólo sus efectos en un sujeto que no puede situarse ya de manera recíproca al Otro en la transferencia. Es lo que Lacan pudo deducir al afirmar: “no hay transferencia de la transferencia”, del mismo modo que no hay “lo verdadero acerca de lo verdadero” (ver su “Reseña de enseñanza” de “El acto psicoanalítico”). Lo que podría dejar al analista en una posición más bien incómoda, o también a veces de buscada y beneficiosa ambigüedad, si no fuera porque él mismo debe haber hecho la experiencia de los engaños del amor de transferencia, en lo que muy bien debemos situar como un uso de la transferencia después del Edipo. Es decir, un uso del amor de transferencia que no dependa del Nombre del Padre como supuesto Otro del Otro, principio de la impropiedad conceptual de la contra-transferencia. Este nuevo uso lo sitúa —la observación volvió varias veces en el transcurso del Congreso— en una posición más bien femenina.

¿Pero no es eso también lo que descubrimos, como una carta demasiado a la vista de todos, en la preciosa portada del Seminario VI de Jacques Lacan sobre “El deseo y su interpretación”? El famoso cuadro del Bronzino (Agnolo di Cosimo), titulado a veces “El triunfo de Venus”, a veces “Alegoría del amor y del tiempo”, sigue guardando ese enigma, entre incómodo y ambiguo, de la posición femenina en el amor. Y lo sigue guardando a pesar de —o más bien, como señaló el propio Jacques-Alain Miller, precisamente por— ilustrar el desvelamiento mismo de la interpretación. El biógrafo del Bronzino lo describe del siguiente modo:“Ha hecho una pintura de singular belleza que ha sido enviada al rey Francisco de Francia; en ella se ve a Venus desnuda con Cupido besándola; y en el otro lado el Placer y el Juego con varios Amores; en el otro, el Fraude, los Celos y otras pasiones del Amor". Cada personaje del cuadro, máscaras incluidas, muestra algún rasgo de equívoca ambigüedad sabiamente dosificado por el pintor: el propio Cupido con su cuerpo entre masculino y femenino, evocando a la vez un incesto con su madre Venus. O el gesto de cada uno a escondidas del otro: Cupido intentando quitarle la diadema a Venus, Venus la flecha del amor —o del odio— a Cupido. Y así con cada una de las otras figuras, tal como van desfilando en el precioso comentario que Erwin Panofsky hizo del cuadro. 

En el juego de judo que el amor mantiene con el goce, donde no hay ya reciprocidad posible del sujeto con el Otro, es la interpretación, encarnada en el cuadro por el gesto del Tiempo manteniendo el velo levantado sobre la escena, la que decide el lugar del objeto en la estructura. Y es un lugar siempre marcado por la posición femenina, tan Otra para sí misma como imposible de hacerse recíproca para nadie.   


Barcelona, 10 de julio de 2013