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2 de febrero de 2022

LA TRANSFERENCIA Y SU APARIENCIA PARADÓJICA por Romina Simbrón

 

     “(…) habría que ser capaz de guardar cierta sorpresa con respecto a la emergencia del amor, en una actividad que se presenta como científica y terapéutica.” (Miller, 1979, p. 179). 

     La transferencia es un concepto polivalente y uno de los pocos sobre el que hay consenso sobre su importancia. El recorrido freudiano dilucida lo que se le presentó como un embrollo: repetición, resistencia y sugestión; pone en evidencia lo presta que es a camuflarse en su relación a otros conceptos. Su fenomenología es paradójica, una moneda cuyas caras indican valores distintos. 

     Se abordarán dos acercamientos a la transferencia que exponen su carácter paradójico: la transferencia como motor u obstáculo y la transferencia como orientación o extravío. 

Motor u Obstáculo 

     Cuando se hace alusión a la transferencia como motor u obstáculo se da cuenta de su efecto dinámico. Es motor en tanto posibilita el movimiento del análisis y obstáculo en tanto obstruye movimientos posibles, una apertura y un cierre del inconsciente. Si es que hay un movimiento del análisis es precisamente porque hay un movimiento del sujeto. “Un movimiento del sujeto que sólo se abre para volver a cerrarse en una pulsación temporal” (Lacan, 1964, p. 132). 

     Desde esta concepción de transferencia es factible su uso como herramienta para motorizar el análisis, ya que posibilita la conexión del síntoma con la asociación libre y en consecuencia el trabajo analítico (Padín, 2013) aquella conexión no es espontánea, requiere determina presencia, la del analista, que se caracteriza por ser inédita y radicalmente distinta. (Fink, 2007).

     En sus inicios la transferencia es concebida como obstáculo, el recorrido freudiano y lacaniano ha despejado significativamente el camino, siendo importante conservar la premisa de que la transferencia más que ser un obstáculo en sí misma, puede convertirse en uno, dependiendo cómo se posicione el analista frente a esta, cómo la concibe, cómo la maniobra. 

     Sobre el manejo de la transferencia Freud menciona que “le abrimos la transferencia como la palestra donde tiene permitido desplegarse con una libertad casi total y donde se le ordena que escenifique para nosotros todo pulsionar patógeno” (Freud, 1914, p. 156).   

     En una línea similar, Lacan (1958) afirma que el analista paga con su persona prestándola como soporte de los fenómenos transferenciales. “La comparación que puede hacerse entre el analista y un basurero se justifica” (Lacan, 1955-56, p.47). Al ser receptáculo del discurso del analizante cuyo valor dudoso desconoce aún más que el analizante, los sentimientos que surjan en el analista además de ser superados deben ser suprimidos de su práctica (Lacan, 1955-56). 

     El verdadero obstáculo sería que el analista priorice su persona, sus afectos, su saber particular sobre la clínica, aplastando el saber que importa, el saber del inconsciente del analizante. En resumen, que sea o no un obstáculo depende de si se está sosteniendo o no el deseo del analista.

     La posición del analista es la más responsable de todas, al tener a su cargo la operación de introducir una conversión ética radical: al sujeto en el orden del deseo.

(Lacan, 1965). “Entendemos la lógica del deseo ligada al movimiento, la creación y la novedad. La creación ex-nihilo parte de la nada del significante, de la interrogación, y no de las respuestas.” (Mascheroni, 2015, p. 46).  

    Por lo tanto, la dirección del análisis no podría estar supeditada a un ideal, ni el analista pretender tener un saber a priori sobre el analizante, bajo esa lógica cada caso requiere ser leído como si fuera el primero, en su novedad, en su singularidad, “suspendiendo” los saberes particulares que se han adquirido sobre la clínica.

Orientación o Extravío 

      Creemos sin embargo que la transferencia tiene siempre el mismo sentido de indicar los momentos de errancia y también de orientación del analista, el mismo valor para volvernos a llamar al orden de nuestro papel: un no actuar positivo con vistas a la ortodramatización de la subjetividad del paciente. (Lacan, 1951, p. 220)

     Los principios que rigen la dirección del análisis requieren determinada posición del analista frente a la subjetividad desplegada por el analizante. No hay pregunta por la transferencia que pueda dejar fuera la pregunta por el analista. Esa posición va a determinar una orientación o un extravío respecto a la dirección del análisis. Paradójicamente aquella “dirección de la cura” no está plagada de furor sanandi, sino que apunta a provocar un deseo de saber. 

     En el texto “Intervención sobre la transferencia” (Lacan, 1951) propone una forma radicalmente distinta de entender la transferencia y contratransferencia. La forma en boga de aquella época era concebir la contratransferencia como producto de la transferencia del analizante, mientras que la transferencia se define como la repetición de los objetos primarios del analizante en la figura del analista. Es decir, la transferencia era producción del analizante y el analista no tenía nada que ver con esta, bajo esa premisa se autorizaban a interpretarla. En este texto Lacan da un giro, reordena el orden de aparición transferencial, subraya y resalta lo involucrado que está el analista, siendo la contratransferencia la que activa la transferencia o la reaparición de estos objetos primarios, sin atenuar su crítica define contratransferencia “como la suma de los prejuicios, de las pasiones, de las dificultades, incluso la insuficiente información del analista” (p. 219). 

     En el inicio del texto va dejando indicios de su propuesta, afirma que “la experiencia analítica debe comprenderse que se desarrolla entera en esa relación sujeto a sujeto” (p. 210), reafirma su idea señalando que incluso cuando el analista no interviene, tan solo su presencia aporta la dimensión de diálogo. No deja vía para que la pregunta por el analista se escurra. 

     Su siguiente paso es comprender la naturaleza de la transferencia como experiencia dialéctica, cuya orientación de su curso la proveen sus propias leyes de gravitación: la verdad. Lo ejemplifica a través del caso Dora. Hay “inversiones dialécticas” por parte del analista y “desarrollos de la verdad” por parte de la analizante. En un primer momento el analizante tiene determinada verdad sobre su padecer o queja (desarrollo de verdad), el analista interviene (inversión dialéctica) generando “una escansión de las estructuras en que se trasmuta para el sujeto la verdad” (p. 212) que toca tanto su comprensión como su posición en tanto sujeto. La inversión dialéctica provocará un nuevo desarrollo de la verdad.      

     En ese sentido la transferencia es una brújula, ya que su aparición nos indica lo extraviado que se encuentra el analista, nos indica su contratransferencia. Y en ese mismo punto de extravío, de estancamiento puede volver a orientarse, relanzando el proceso a través de la interpretación de la transferencia. 

      La literatura analítica nos muestra cómo la transferencia es una señal de desorientación de la posición y acción del analista:  

Cambios Rápidos 

     El tránsito rápido de una egodistonia a una egosintonia como producto del analista personificando a un juez, es decir, el analista aprueba o desaprueba, valora como normal o anormal, correcto e incorrecto. Si algo que el analizante hace, expresa o experimenta le es egodistónico y es valorado como normal por el analista, se puede generar un efecto tranquilizante; por otro lado, si algo que el analizante hace, expresa o experimenta el analista lo valora negativamente, la consecuencia será similar en ambos casos: un tapón al decir del analizante. La detención del despliegue del sentido va a impedir indagar lo que mediante lo simbólico se puede ampliar para posteriormente reducir y localizar de determinado fenómeno. En el segundo ejemplo, es probable que el analizante no mencione más sobre aquello que le fue valorado como negativo, lo cual no significa que eso ha dejado de producirse fuera de sesión. (Fink, 2007)

La Transferencia Imaginaria

      Esta presentación de la transferencia es orientadora al advertirnos donde abstenernos: responder a la demanda. Aunque muchas veces sea inevitable que el analizante espere del analista lo que espera de otras personas ajenas a la situación analítica, “cuando el analista mantiene su posición en forma inconmovible, muchos fenómenos imaginarios tienden a ceder” (Fink, 2007, p.54). A menos individualizado este el analista, hay mejores condiciones para que pueda hacer de “pantalla en blanco”. Si el analista no es un Otro inédito, ocupa el lugar de otro semejante, es decir en el plano imaginario, siendo las relaciones imaginarias fecundas en su producción de rivalidad. Sin embargo, lo que se busca es un atravesamiento de la dimensión imaginaria (cuya clave puede estar en lo simbólico) para esclarecer y modificar las relaciones simbólicas entre analizante y el Otro. (Fink, 2007)       

Acting Out

      Lacan en el Seminario III (haciendo alusión al caso del hombre de los sesos frescos) define acting out como una simbolización prematura, como efecto del abordaje en el plano de la realidad y no en lo simbólico. En “La dirección de la cura y los principios de su poder” agrega que el acting out posee un valor correctivo, el error de Kris fue haber borrado el lugar del deseo, que de por sí ya se encuentra recubierto en el paciente. Agrega que de lo que se trata es de captar el deseo y esto es solo posible a la letra, siendo necesario que el analista sea un letrado. (Lacan, 1958). En el Seminario VIII, lo define como toda acción en determinado momento del análisis en la cual el sujeto exige una respuesta más justa. (Lacan, 1961, p.375). 

     La intervención de Kris apoyada en su realidad descuida tanto la vertiente simbólica como la pulsional del paciente, esta última siempre encontrará una nueva forma de decirse y satisfacerse. El paciente sin percatarse de sus palabras le dice al analista que saliendo del consultorio encuentra en el menú su plato preferido, sesos frescos.  Es decir, el síntoma adquiere una nueva presentación.  

     Para la psicología del yo, el yo es un mediador que produce defensas ante los enemigos: el ello, superyó y la realidad externa. “Puesto que una defensa es una defensa, consideran que es tan legítimo analizar una defensa contra algo relacionado con la realidad externa como analizar una defensa contra un impulso del ello.” (Fink, 2016, p.69)

    Kris y Hartmann consideran que defensa y pulsión son concéntricas (Lacan, 1958), se prioriza la defensa al ser la capa más alta, la más cercana a la experiencia del analizante (Fink, 2016) esto desemboca en que algo de la defensa ceda, mientras que la pulsión no cede solo se desplaza, transmuta. La intervención de Kris descuida la

“reversión pulsional” (Castán, 2007, p.3), se centra en una de las caras del síntoma, la del sentido y no desde el sentido del analizante o como consecuencia de alguna inversión dialéctica, sino desde su juicio, él mismo “comprueba”, él valora que el paciente no ha plagiado. Aunque Lacan afirma que no existe tal cosa como una idea propia en tanto lo simbólico no le pertenece a alguien, indica que una intervención que sí contemplaría lo simbólico sobre el “creer plagiar” del paciente, abordaría la siguiente pregunta: “¿Por qué las cosas del orden del símbolo adquirieron ese matiz, ese peso para el sujeto?”

(Lacan, 1955-56, p.117). Kris prioriza su juicio y no los dichos del paciente, si estos hubieran sido recibidos desde otro lugar, podrían haber desembocado en un nuevo desarrollo de la verdad del analizante más cercano a su singularidad.  

La Interrupción del Análisis

      Lo sucedido a Freud con Dora: cuando se insertan sentidos que no son la verdad del deseo del analizante, sino el prejuicio o contratransferencia del analista. En la lectura que Lacan (1951) propone del caso revaloriza el lugar de la figura de la señora K, mientras que durante el análisis Freud le adjudica centralidad al señor K, centralidad producto de sus prejuicios, interpretando con la finalidad que Dora confiese su amor por el señor K. Freud identifica su error como no haberse percatado de la transferencia de Dora (transferencia de la figura del Señor K en Freud) y no haber alojado su nexo homosexual con la señora K. Mientras que Lacan localiza el error en la

contratransferencia de Freud e identifica en la importancia que Dora le otorga a la señora K una interrogación por su propia feminidad. Esta inserción de sentidos ajenos a la verdad del analizante es sugestión, en algunos sujetos puede generar efectos terapéuticos, es importante preguntarnos si estos efectos no son una apariencia temporal, placebo, en tanto están supeditados a la persona del analista, y no a una rectificación subjetiva. 

Romina Simbrón (Participante del CID-Lima)

                                                                       Referencias

Castán, D. (2007). "El hombre de los sesos frescos" de Ernst Kris. NODVS XXI. Madrid:

Sección Clínica de Barcelona.  

Fink, B. (2007). Introducción clínica al psicoanálisis lacaniano. Barcelona, España:

Editorial Gedisa, S.A.

Fink, B. (2016). Lacan a la letra. España: Gedisa.

Freud, S. (1914). Recordar, repetir, reelaborar. Obras Completas de Sigmund Freud. Tomo XII (pp. 145-158). Buenos Aires, Argentina: Editorial Amorrortu. 

Lacan, J. (1951). Intervención sobre la transferencia en Escritos 1 (pp. 209-220). Buenos

Aires, Argentina: Editorial Siglo XXI.

Lacan, J. (1955-56). Seminario III: Las psicosis. Barcelona: Editorial Paidós.

Lacan, J. (1958). La dirección de la cura y los principios de su poder en Escritos 2 (pp.

565-626). Buenos Aires, Argentina: Editorial Siglo XXI.

Lacan, J. (1961). Seminario VIII: La transferencia. Buenos Aires: Paidós

Lacan, J. (1964). Seminario XI: Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis.

Buenos aires: Editorial Paidós

Lacan, J. (1965). Seminario XII. Clase 14. Inédito.

Mascheroni, G. (2011). La dirección de la cura. En El Rey está desnudo: Revista para el psicoanálisis por venir, Número 3, Año 1, p. 43-56. Recuperado de

shorturl.at/alpFI

Miller, J. (2015). Seminarios en Caracas y Bogotá. Buenos Aires: Paidós.

Padín, L. (2013). Modos de La Transferencia: Motor y obstáculo. Documento de trabajo para la Carrera de Especialización en Psicología Clínica con Orientación

Psicoanalítica UBA. Recuperado de  shorturl.at/opJSZ  

2 de julio de 2015

Boletín 12 Letras en línea - I Conversación clínica de la NEL

           I Conversación Clínica de la NEL

 El analista y su práctica
 

São Paulo - 3 de septiembre de 2015

Tute

Letras en línea

Boletín Nº 12

Termina junio y faltan solo dos meses para la primera Conversación Clínica de la NEL, el 3 de septiembre en São Paulo, con la participación de Miquel Bassols. Para los que todavía no se han inscrito, no dejen de hacerlo con un clic en el enlace de abajo. Solo así podrán recibir los casos clínicos con anticipación y en la Conversación podremos intercambiar ideas, interrogar lo que queda oscuro, proponer abordajes nuevos, comparar, arribar a nuevas conclusiones. Pero todo esto solo será posible si hay practicantes bien orientados.

En este boletín tenemos dos comentarios notables por su calidad y precisión.
Existe una política del psicoanálisis dice Miller que se orienta por la diferencia absoluta y por eso afirma que la formación del psicoanalista, son las formaciones del inconsciente, y en primer lugar el suyo. [1] Esta política condensa muy bien las dos citas y los comentarios que presentamos aquí.

El texto del analizante tiene su propia lógica articulada al fantasma, a su significación y goce. El analista se cuida de no hacer una observación de comportamiento, aunque a veces tenga la tentación de hacerlo, intentando comprender el sentido. Se comprende mediante el fantasma, explica María Cristina Giraldo y precisa que las coordenadas fantasmáticas que rigen la vida subjetiva son las coordenadas del programa de goce. Lo más importante para el practicante es poder descubrir, en su propio análisis, la regla que rige su modo de goce que le permita, en su práctica, saber no agregar sentido al sinsentido de lo real del analizante.

La autonomía del discurso analítico es el mayor principio de la política del psicoanálisis. Solo así puede mantener su diferencia absoluta con otros discursos. En cuatro puntos justos y rigurosos Gustavo Zapata comenta este principio. Ubica los límites de la experiencia analítica que permiten medir sus obstáculos, alcances y resultados. Esta es una experiencia radicalmente singular que no se aviene ni se conforma con otros discursos, poderes o ideologías. El deseo del analista apunta lo real y a liberar al Otro del sentido.

María Hortensia Cárdenas
________________

[1] Miller, J.-A., “Perspectivas de política lacaniana”, 
Freudiana 55, ELP, Barcelona, 2009. 


 ¿Te inscribiste?
 Ficha de inscripción en este archivo:


Comentario de María Cristina Giraldo a la cita:

“El analista, por supuesto, no hace esto [una observación del comportamiento], aunque a veces tiene la tentación. El mismo Freud, cuando tenía en tratamiento al famoso “Hombre de los lobos”, tiene tantos hechos y datos, que casi se ve que está a punto de convertirse en observador. Es solamente después, y precisamente por medio de este caso, que Freud ubica la presencia del fantasma: que nunca la observación del comportamiento dará el sentido del fantasma, que ninguna recopilación es tan exacta que sea equivalente al fantasma, y que mientras más y más un sujeto —como ocurre en el caso del Hombre de los lobos—, se acerca a los datos, hasta hacer desear más y más datos, la misma intensidad de la vivencia que él pone en algunos hechos señala, más bien, el carácter fantasmático de esos supuestos recuerdos. A partir de esto, Freud pone en función el tema del recuerdo encubridor, que significa, precisamente, que la intensidad misma del recuerdo, en lugar de señalar la exactitud del hecho, señala que lo más importante no está ahí. Bien, el analista no es un observador del comportamiento”. [1]

La perspectiva del desarrollo conduce a un saber referencial que pretende una verdad a ser verificada por la referencia, con base en correlatos de la realidad: los datos de la historia y de la observación del comportamiento. La afirmación de Lacan “La verdad posee estructura de ficción” nos ubica en otra orientación que es la lógica del texto del analizante, en el cual el axioma del fantasma constituye una articulación esencial. Si “la significación es el fantasma”, [2] es por su conexión entre significación y goce, que constituye el amor pasional de cada uno con la verdad y el sentido. Cuando creemos comprender, lo hacemos mediante el fantasma. Este es el que fija el sentido; de ahí que Lacan nos advierta: en la experiencia analítica “cuídense de comprender”, de escuchar al analizante a través del lente del propio fantasma.

El giro freudiano se operó al advertir en la intensidad del recuerdo encubridor no un dato, sino el carácter fantasmático del mismo. Un axioma es una proposición lógica. Freud lo definía como una frase que se queda congelada para el sujeto en un punto de fijación de la libido. El axioma opera como regla fantasmática que condiciona todas las significaciones. Las coordenadas de la vida subjetiva están regladas en cada uno por su fantasma fundamental; son las coordenadas de su programa de goce. Miller propone que en el axioma se da la conjunción del Uno y del goce, por tanto, es el lugar de lo real, es lo que en los síntomas vuelve siempre al mismo lugar, lo que permanece constante como consistencia lógica, que es la relación del sujeto con el objeto a.

El atravesamiento del fantasma toca aquello mediante lo cual comprendemos. Mientras el practicante no haya descubierto cuál es la regla que rige el goce en juego en su relación con su objeto a, estará lidiando con no agregar un sentido, desde la regla no conocida de su decir, al sinsentido de lo real del analizante. En la experiencia analítica, el analizante no deviene analista sin pasar por esa consecuencia lógica del fin de análisis, que es atravesar su fantasma fundamental.


[1] Miller, J.-A., “Estructura desarrollo e historia”, Seminarios en Caracas y Bogotá, Paidós, Buenos Aires, 2015, p. 310.
[2] Miller, J.-A., Donc, Paidós, Buenos Aires, 2011, p. 92.
Otras referencias en Miller: El ser y el Uno, La psicosis en el texto de Lacan, Iluminaciones profanas.


Comentario de Gustavo Zapata a la cita:

“Existe una política del psicoanálisis: concierne a los fines últimos y los resultados de la operación analítica. Su mayor principio, y posiblemente el único, es la autonomía del discurso analítico, que mantiene su diferencia absoluta con los otros discursos. Es bueno todo lo que preserva y alimenta esta autonomía; es malo todo lo que la mella, la corroe, la arruina”. [1]

1.- Operar según este principio implica fundar en razón los conceptos fundamentales del psicoanálisis, es decir, valorar su pertinencia, medir sus alcances, precisar sus escollos y acotar sus resultados siempre circunscritos a los límites de la experiencia, sin tener que echar mano de una supuesta causa última, que reduciría la operación analítica a las coordenadas de una ciencia pretendida superior.
2.- Es menester entonces que para el analista se haya cernido esa diferencia absoluta entre el I y el a, que haya “circunscrito la causa de su horror, el suyo propio, el de él, separado del de todos, horror de saber” [2], para que sepa ocupar en el dispositivo ese lugar que al final es de desecho.
3.- A partir de eso, el analista entiende que la experiencia analítica es radicalmente singular, por lo tanto no es masificable ni clasificable, no se deja atrapar en otra contabilidad como no sea la del uno por uno, ni acotar por los poderes del estado, por las iniciativas de bienestar o seguridad social de los gobiernos, por ideologías políticas de cualquier signo o color, o por interpretaciones históricas, sociológicas o antropológicas de la realidad.
 4.- Así, el analista verá, como comenta J.-A. Miller [3], que el psicoanálisis es incompatible con el orden totalitario, y no existe si no es posible hablar con libertad y ejercer la ironía. Efectivamente, un analista debe querer las condiciones materiales para su práctica, y si entiende bien que el deseo del analista es “un deseo de alcanzar lo real, de reducir al Otro a su real y liberarlo del sentido” [4], sabrá entonces que el psicoanálisis es subversivo, no revolucionario.
 ____________________________________
[1] Miller, J.-A., “Perspectivas de política lacaniana”, Freudiana 55, ELP, Barcelona, 2009.
[2] Lacan, J.,”Nota Italiana”, Uno por Uno, N° 17, abril 1991, pp. 16-18.
[4] Miller, J.-A.,” Un real para el siglo XXI”, Scilicet. Un real para el siglo XXI, Grama, Buenos Aires, 2013,  pp. 17-27.


Referencias bibliográficas sobre la práctica analítica

Lacan, J., Función y campo de la palabra y del lenguaje en psicoanálisis (1953)

·         “Es la tentación que se presenta al analista de abandonar el fundamento de la palabra, y esto precisamente en terrenos donde su uso, por confinar con lo inefable, requeriría más que nunca su examen: a saber la pedagogía materna, la ayuda samaritana y la maestría dialéctica. El peligro se hace grande si le abandona además su lenguaje en beneficio de lenguajes ya instituidos y respecto de los cuales conoce mal las compensaciones que ofrecen a la ignorancia.” (p. 65)

·         “No hay duda de que estos efectos –donde el psicoanalista coincide con el tipo de héroe moderno que ilustra hazañas irrisorias en una situación de extravío- podrían ser corregidos por una justa vuelta al estudio en que el psicoanalista debería ser maestro, el de las funciones de la palabra.” (p. 65)

·         “El único objeto que está al alcance del analista, es la relación imaginaria que le liga al sujeto en cuanto a yo, y, a falta de poderlo eliminar, puede utilizarlo para regular el caudal de sus orejas, según el uso que la fisiología, de acuerdo con el Evangelio, muestra que es normal hacer de ellas: orejas para no oír, dicho de otra manera para hacer la ubicación de lo que debo oír.” (74-75)

·         “Afirmamos por nuestra parte que la técnica no puede ser comprendida, ni por consiguiente correctamente aplicada, si se desconocen los conceptos que la fundan. Nuestra tarea será demostrar que esos conceptos no toman su pleno sentido sino orientándose en un campo de lenguaje, sino ordenándose a la función de la palabra” (p. 68)

·         “… el arte del analista debe ser el de suspender las certidumbres del sujeto, hasta que se consuman los últimos espejismos. Y es en el discurso donde debe escandirse su resolución.” (72-73)

Responsables del Boletín Letras en línea
María Hortensia Cárdenas
Ana Viganó 



10 de junio de 2015

Boletín 9 Letras en línea - I Conversación clínica de la NEL

            I Conversación Clínica de la NEL

 El analista y su práctica
 

São Paulo - 3 de septiembre de 2015

Afiche I Conversación Clínica de la NEL

Letras en línea

Boletín Nº 9


Preside esta edición de Letras en línea el afiche que se ha diseñado especialmente para difundir nuestra I Conversación Clínica de la NEL, mismo que también se presentó en un envío especial a través de la lista NEL-Debates y que proponemos para que sea distribuido y dado a conocer en nuestras sedes, delegaciones y CIDs.

Noemí Cinader, a partir de la cita de Eric Laurent que ubica como un objeto de la conversación al deseo del analista, trae una interesante perspectiva de la conversación clínica estableciendo cierta analogía entre la conversación y el control, articulando el deseo del analista con lo singular que él mismo conlleva. No sin el cuerpo, no sin el goce, no sin el síntoma, no sin el esfuerzo de nominar un real.

Ángel Sanabria recorre el malentendido estructural del “todos monologan” para detenerse un poco en la forma insensata del monólogo generalizado en nuestra época -al que propone como una alteración del malentendido hacia lo “desentendido”-, para ubicar finalmente cuál es la chance que ofrecería el psicoanálisis de “monologar de otro modo”, produciendo algún nuevo arreglo con el malentendido de los sexos.

Seguidamente, y como es costumbre, adjuntamos nuevas referencias bibliográficas seleccionadas sobre el tema.

Les recordamos que nuestra I Conversación Clínica será en Sao Paulo el 3 de septiembre próximo, y dedicaremos una jornada al exhaustivo estudio y discusión de los casos clínicos seleccionados a tal fin. En esta ocasión inaugural tendremos el privilegio adicional de contar con la participación de Miquel Bassols, quien generosamente animará el intercambio con sus aportes.

Al final de este boletín encontrarán nuevamente la ficha de inscripción. Es de gran utilidad para la organización saber quiénes podrán concurrir, por lo que insistimos en pedirles que por favor la envíen a Clara María Holguín: clara.maria.holguin@gmail.com

Solamente con esta inscripción podrán recibir con anticipación los casos clínicos que se presentarán en la Conversación.

Recordamos la dirección donde se llevará a cabo el evento: Rua João Moura, 647 - Mezanino. Bairro: Pinheiros. São Paulo, SP.

¡Disfruten la lectura!

Ana Viganó
 


Comentario de Noemí Cinader a la cita:
 
“El volumen de "Los inclasificables" testimonia en acto lo apasionante que puede ser una conversación clínica orientada por una pregunta hacia el psicoanálisis. No se trata solo en este espacio de adaptar la cura al caso, de rectificar la posición del analista, sino también se trata de hacer experiencia. La discusión clínica tiene que ser una conversación sobre el deseo del analista, el deseo de producir una clínica que como tal tenga una incidencia sobre las nominaciones de lo real en nuestra cultura.” [1] 

Ubico el texto de Laurent como un texto que anticipa el congreso en Bruselas, 2002: “El efecto de formación, sus causas, sus lugares y sus paradojas”. Laurent plantea en el texto, a partir del título “Herejía y deseo”, la posición del analista que sigue la enseñanza de Jacques Lacan, su calidad de hereje respecto a lo “religioso” ante la institución que se nombra como los seguidores de Freud. Hace referencia a la Primera Conferencia de Lacan en 1960 en Bruselas. Allí Lacan hace referencia al hecho que uno de los aspectos que diferencia a quienes lo siguen, diferencia de la identificación al analista, es el deseo del analista, diferencia singular de cada uno.

Miller introduce el Banquete de los analistas mediante la imagen del banquete griego o romano brindando a la salud del psicoanálisis. Y señala que etimológicamente en latín banquete es Convivium, vivir juntos y finaliza diciendo que viven juntos analistas y analizantes.

También se trata de una Conversación entre analistas y analizantes o analistas practicantes y como bien lo señala Miller ningún saber es soportado por uno solo. [2]

Igualmente señala que en griego banquete es symp-osium,  en el que “symp” aparece también en symp-toma.

Retomaré este punto más adelante.

Me planteo entonces a partir de la invitación que hace Laurent en su texto que la discusión clínica tiene que ser una conversación del deseo del analista… Si bien Laurent continúa con una puntuación acerca del deseo del analista, por ahora retomo sólo la conversación del deseo del analista.

Si bien el control es uno de los dispositivos con los que cuenta el analista para revisar los impasses o dificultades en la práctica y le permite este dispositivo el control del deseo del analista, y de los impasses que se presentan en la dirección de una cura en particular, me interesa plantear una de las vertientes a la que puede llevar una  Conversación, también en estos términos. Dependerá del acontecimiento imprevisto, del “happening” para cada analista. 

En Papers 1 para el X Congreso de la AMP, Laure Naveau en su trabajo “El analista sinthome”, describe lo que para ella fue, en ocasión del control el afecto que hablar de un caso produjo en su cuerpo. Afecto que produce para ella un impasse en la dirección de la cura. Esto aunado a la intervención del analista hizo posible un trabajo sobre lo que hacía impasse para ella, un punto de goce, hablado por su cuerpo.

Retomando Symp-osium y symp-toma, y poniendo en tensión la Conversación como una especie de banquete de los analistas y analizantes, planteo que hay algo de lo real del síntoma, un punto de goce del analista del que éste puede experimentar a la hora de la conversación clínica, que provoque un trabajo similar al del control, pero provocado por la Conversación y sin que hubiese habido una demanda.

Planteo que para ello es necesario que ex–sista a la Conversación el deseo del analista que tal y como lleva al analista a demandar un control, en este caso lleva al analista a prestar atención no solo a la Conversación sino también a su cuerpo que habla y que con ello nombrar algo de lo real para él.
___________________________
[1] Laurent, E., Herejía y
deseo. http://wapol.org/ornicar/articles/155lau.htm
[2] Miller, Jacques Alain, “Lo postanalítico”, Conferencias porteñas Tomo 3, Buenos Aires, Paidós, 2010, p. 88.


Comentario de Ángel Sanabria a la cita:

“Lacan decía: todos monologan. Esto es lo que implica el malentendido: que definitivamente todos monologan. Solo en el psicoanálisis, debido a la manera en el que el otro se presenta, existe una pequeña chance de monologar de otro modo, para ser prudente y no elogiar la operación, en ocasiones vertiginosa.” [1]

Todos monologan

1. “Esto es lo que implica el malentendido: que definitivamente todos monologan.”

Existe un “monologo generalizado”, connatural a la condición de ser hablante. El ser hablante cuando cree dirigirse al otro como interlocutor, habla en realidad para sí mismo sin saberlo. Pero además, cuando escucha al otro, lo que comprende no es otra cosa que las resonancias de su propio “discurso interior”. Este malentendido, alimentado por el fantasma, se opone a la perplejidad y a la sorpresa: es la pre-comprensión, el comprender demasiado pronto que Freud y Lacan desaconsejaban al analista.

En lo contemporáneo asistimos, además, a un modo insensato de monologar que en lugar del malentendido conduce al “desentendido”: “Los sujetos se desentienden del Otro y se sobreentienten con su goce en soledad, quedando librados así a un goce sin sentido y excesivo”. (Liliana Ávola y otros: “La época y su desentendido”, ponencia en el 1er Encuentro Americano del Campo Freudiano).

2. “Sólo en el psicoanálisis, debido a la manera en el que el otro se presenta, existe una pequeña chance de monologar de otro modo.”

Frente a esto, el chance de “monologar de otra manera” que ofrece el psicoanálisis, implica agujerear la precomprensión fantasmática del sujeto y hacerlo pasar del “monólogo generalizado” a un monólogo singularizado del que pueda extraer las claves de su “hablar para sí” (Miller, El ultimísimo Lacan), y eventualmente producir un mejor saber-hacer-con el malentendido fundamental de los sexos en su vida. Ello requiere del analista sostener una posición que no es la del común interlocutor sino aquella, en el límite de lo inhumano, de semblante de a.

[1] Miller, J.-A., “El malentendido”, Elucidación de Lacan, p. 32. 


Referencias bibliográficas sobre Conversación

La conversación como conciliábulo

Texto: Cuando el Otro es malo… de Jacques-Alain Miller (2011)
Este texto es un ejemplo completo de la Conversación. 

 
Jacques-Alain Miller: “Evidentemente, la jornada de hoy, jornada anual de las Secciones Clínicas, es como una gran misa. No llevemos demasiado lejos la analogía, pero es una gran misa clínica o un concilio anual, donde discutimos nociones, cotejamos nuestras concepciones unas con otras, sin concluir mediante un decretar que indique cuál es el buen uso de las cuestiones, sino según una elaboración progresiva. Pero hoy somos setecientos” (p. 75)

Texto: Efectos terapéuticos rápidos: Conversaciones con Jacques-Alain Miller en Barcelona (2005)
Miguel Bassols: “La Conversación Clínica del Instituto del Campo Freudiano que se realiza anualmente en Barcelona reúne a docentes y participantes de las actividades del Instituto de toda España. Es, de algún modo, el conciliábulo lacaniano español donde compulsamos el estado de nuestra práctica y deducimos el modo de llevar a cabo una política del síntoma consecuente con los principios de la orientación lacaniana” (p. 9)

Miguel Bassols: La Conversación Clínica […] fue en la serie de conversaciones realizadas un acontecimiento muy especial, de aquellos que quedan en la memoria como un momento de inflexión decisivo para el futuro del psicoanálisis” (p. 9)

Pierre-Gilles Guéguen: “En una asamblea de más de doscientos practicantes venidos de todos los lugares de España se discutieron dos casos […] y en el estilo de la Conversación que se practica tan a gusto en España, es decir, con las aportaciones cruzadas y apasionadas que profundizan lo que podemos llamar un modo lacaniano de evaluación de nuestra práctica.” (p. 14)

Texto: La pareja y el amor: Conversaciones con Jacques-Alain Miller en Barcelona (2003)

Jacques-Alain Miller: “Conversación es un término que utilizamos en el campo clínico, en el registro clínico. Supone la redacción anterior de textos y su divulgación. Es decir, que no vamos a escuchar la lectura de los trabajos. Se supone que la lectura ya ha sido hecha […] De manera que se puede dar el máximo de tiempo a la reflexión, al comentario, a las preguntas y no a la escucha pasiva.” (p. 15) 


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- I Conversación Clínica y Seminario de Formación del INES: USD 40.00

El pago se puede realizar en la Sede con el tesorero correspondiente o el 2 de septiembre en São Paulo.  

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Responsables del Boletín Letras en línea
María Hortensia Cárdenas
Ana Viganó

5 de junio de 2015

Boletín 3 Letras en línea - I Conversación clínica de la NEL


                 I Conversación Clínica de la NEL 

 El analista y su práctica
 

São Paulo - 3 de septiembre de 2015

La conversación - Étienne


Letras en línea
Boletín Nº 3

La maldición sobre la conversación es eso mismo que la vuelve necesaria, como dispositivo, para los analistas de una Escuela. Paradojas de la materia con la que trabajamos, para Lacan la definición de la comunidad de los analistas se soporta en el punto mismo de su imposibilidad. 

Hay un saber común para los analistas que deviene de su experiencia analítica: analista analizante es el sintagma que orienta esta vertiente del saber. Un saber que no es referencial sino que parte de que en todo saber hay un agujero fundacional –y fundamento–. Un saber común –perspectiva que no puede dejar de ser universalizante–; que solo se verifica en el uno por uno –la singularidad de cada travesía por las aguas transferenciales del saber, sea como analizante, sea como analista–; y que además incluye la posibilidad no-toda de que un saber nuevo esté pronto a producirse, si las condiciones lo permiten. Así, la conversación analítica es como la Escuela misma, una y múltiple a la vez.

Si hay una tal maldición, es para que la Escuela no cese en el intento de biendecirla. De estas cuestiones nos hablan los textos que presentamos hoy, a cargo de Juan Fernando Pérez y Alicia Arenas.

Al término de estas lecturas encontrarán nuevas referencias bibliográficas sobre el tema de la conversación, esta vez haciendo especial hincapié en la idea de banquete-conversación, un banquete que si algo sabemos de él –Antoni Vicens nos lo recuerda– es que no es silencioso.

¡Disfruten la lectura!

Ana Viganó 

Comentario de Juan Fernando Pérez a la cita:

“[...] los analistas son los científicos de un saber dont ils ne peuvent s’entretenir […] una maldición sobre el hecho mismo de la conversación.” [1]

El contexto del cual proviene la frase anterior dice: “Quizás la palabra más adecuada para designar este ejercicio sea “conversación”, tal como utilizamos este término desde hace algunos meses. La conversación implica una comunidad de experiencia y supuestamente tenemos la experiencia del análisis; como analizantes, como analistas. Es decir, la experiencia de la relación de transferencia y también de la terminación de esta relación bajo una forma u otra. Asimismo tenemos la experiencia de la vida institucional en común de analistas y de analizantes. La conversación, tal como la entiendo, está siempre soportada, fundamentada por la comunidad de experiencia, es decir por una experiencia hecha vínculo social. Y además, esta conversación –happening conceptual– de hoy a mañana tiene como tema, o por lo menos apunta, al vínculo social que se construye a partir del psicoanálisis. No podemos, en este punto, dejar de recordar que vamos en contra de lo que Lacan señaló en un texto que se llama “Del psicoanálisis en sus relaciones con la realidad” lo que señaló sobre la maldición presente en el conjunto de los analistas, cuando dice que los analistas son los científicos de un saber dont ils ne peuvent s’entretenir, lo que se traduce bien, según me parece “un saber a propósito del cual se puede conversar, s´entretenir en francés es “conversar”. Una maldición sobre el hecho mismo de la conversación, casi definiendo, a partir de la imposibilidad de la conversación, la asociación de los analistas, el conjunto de los analistas. Dice que tiene en común un saber pero que no lo pueden intercambiar. Que deben, sin embargo, asociarse unos con otros porque ningún saber puede ser soportado por uno solo. Vamos a ver por qué dice que el saber no puede ser soportado por uno solo. Lo ha dicho quizás en un momento de pesimismo, en el momento en el que la comunidad de sus mismos discípulos rechazaba por mayoría su propuesta del pase. Por lo menos, lo ponía en duda.”

Como se podrá apreciar, la frase propuesta solo resulta clara si se lee el contexto del cual fue extraída. Y al respecto, cabe añadir que, dados los límites propuestos, ya no hay mucho que añadir. Quizás solo destacar que se señalan allí dos cosas: que los analistas en general no pueden conversar entre sí; y que ello sería una maldición (¿también, no para..., sino de Lacan?) para un propósito que debería guiarlos, como es conversar sobre el saber que les es común.
  
[1] Miller, Jacques-Alain, “Lo postanalítico”, Conferencias porteñas, Tomo 3, Paidós, Buenos Aires, 2010, p. 88. 

Comentario de Alicia Arenas a la cita:

“La conversación es la puesta en acto [...] de la desuposición del saber del Uno”. [1]

Un plus que no es de goce

Si una escuela de psicoanálisis tiene entre otros objetivos la producción de saber, es necesario diseñar los modos en que esa producción pueda tener efecto en su seno, más allá del trabajo realizado por sus miembros, asociados y estudiantes en el uno por uno. Que la escuela propicie esa producción de saber partiendo del colectivo, implica la suposición de que el encuentro añade a ese uno por uno un plus que sería lo más propio del trabajo de escuela. 

La práctica de la conversación propuesta por J. A. Miller en la que, como Una y múltiple a la vez, la escuela es dispositivo para poner en marcha un tipo de producción de saber que apunta a ese plus, se basa en el hallazgo o invención que puede resultar de un tipo de encuentro en el que no se parte del saber referencial sino que toma su fuerza del agujero en el saber.

Una disciplina que se apoya en la transferencia de trabajo entre pares que no constituyen un conjunto, pero si una comunidad de experiencia, como analizantes y como analistas,  y que sitúa en primer plano el vacío en oposición a identificaciones e ideales. La presencia misma del analista como obstáculo al lugar de la referencia, agujereándolo, al señalar con sus intervenciones el estatuto de semblante del saber. En tanto analizantes, dando lugar a la presencia del objeto como causa.

Un tipo de reunión en la que se trata de poner en acto la creencia compartida de que hay algo que aún no ha sido dicho y que es posible encontrar, entre varios, logrando la producción del S1// S2  como disyuntos, operación que ha de permitir el corte de la cadena que comanda el S1.

[1] Miller, Jacques-Alain, “Lo postanalítico”, Conferencias porteñas Tomo 3, Paidós, Buenos Aires, 2010, p. 93.

Referencias bibliográficas sobre Conversación

La Conversación como banquete (de los analistas - analizantes)

1.- El banquete de los analistas. J-A. Miller (concluye en 1990, publicado en 2000)

•   “Resulta divertido que para designar esta comida en común en la que se conversa entre amigos el francés haya mantenido la forma petitebanquette [pequeña banqueta], a partir, según los diccionarios etimológicos, del italiano banchetto, mientras que en el latín se dice convivium, se designa la misma cosa por el vivir junto […] Por eso el banquete de los analistas es asimismo el de los analizantes” (p. 13)

2.- Lectura: El grupo analítico (pp. 279-293):

•   “Si volvemos a Freud, a 1902, vemos que no describe otra cosa que un grupo constituidos por encuentros azarosos a partir de la transferencia que se produce en torno a él (este principio de transferencia hizo reconocer la constitución de un grupo alrededor de Lacan), la cual, según su propio testimonio, cobraba la forma de una transferencia de trabajo sin trabajo de transferencia.” (p. 285)

3.- Los analistas en sus banquetes, Antoni Vicens.
Extraído de: 
http://wapol.org/ornicar/articles/avi0215.htm

•   “Para empezar, Lacan nos enseña que el análisis, el de cada cual, se acaba. Sin embargo, hay un análisis que, verdaderamente interminable, no se acaba nunca: es el de la Escuela. En efecto, la Escuela es el auténtico analizante del discurso analítico. El discurso del analista pone la causa a analizar la Escuela.”

•   “En su curso de 1989-1990, Jacques-Alain Miller propuso el término de banquete para referirse a la composición de un grupo no totalizable de analistas.”

•   “Es a partir de ahí que Jacques-Alain Miller entiende el banquete como un espacio donde se hacen oír muchas voces, como una conversación. Por eso Miller evoca, más allá, o más acá del gran Banquete platónico, los coloquios de Erasmo, el Convivio de Dante, y algunas conversaciones más. Lo que es claro, es que el banquete del que se trata no es un banquete silencioso.

•   “De los banquetes hemos de aprender la manera de hablar con decencia de nosotros mismos. Para que se sepa.”

Responsables del Boletín Letras en línea
María Hortensia Cárdenas
Ana Viganó