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18 de junio de 2015

Boletín 10 Letras en línea - I Conversación clínica de la NEL

            I Conversación Clínica de la NEL

 El analista y su práctica
 

São Paulo - 3 de septiembre de 2015

René Magritte. L`art de la conversation

Letras en línea

Boletín Nº 10

Contamos ahora con la generosa contribución de Luís Tudanca quien al leer nuestro boletín, consideró oportuno ofrecernos el tercer capítulo de su libro De lo político a lo impolítico. Una lectura del síntoma social,* en el que plantea las diferencias entre debate, discusión y conversación, como medios o formas distintas de intercambiar ideas. Extraemos una parte del capítulo para presentarlo a continuación y más abajo encontrarán el enlace que llevará al capítulo completo a los interesados en continuar la lectura por los diversos usos de estos medios. No hay garantías y corre a cuenta del lector ―indica Tudanca― la elección de cada una de estas formas de intercambio según la ocasión que se presente.

En el extracto “La conversación permanente” leemos el recorrido que hace Tudanca por distintos autores que abordan el tema de la conversación, sus dificultades y sus consecuencias. El autor se pregunta: ¿cómo conversar? La conversación se sostiene en el malentendido como tal (y no se busca anularlo), lo que permite mantener un cierto grado de apertura en el saber. Hace falta el deseo para conversar y sostener la conversación. También el reconocimiento de la ignorancia, la tolerancia y cierto pudor. Solo así se puede sostener una posición ética que da cuenta de un bien decir.

De esta manera, y con broche de oro, finalizamos la sección que iniciamos hace 10 números dedicada a la conversación. En el siguiente boletín comenzaremos a pensar en torno a la práctica analítica y contaremos con nuevos comentarios esclarecedores sobre los problemas que se presentan en la práctica.

Volvemos a incluir la ficha de inscripción para los que todavía no la han enviado. Recuerden que solo así podrán recibir con anticipación los casos de la Conversación.

María Hortensia Cárdenas
 ___________________

* Tudanca, Luís, De lo político a lo impolítico. Una lectura del síntoma social, Grama, Buenos Aires, 2006. 

La conversación permanente

Luís Tudanca

Se conversa con un texto, con quien lo escribió, con quien habla de ese texto, en tanto obligan, interrogan, agujerean el saber de uno.
Si el otro se hace otros, se pluraliza, no desaparece la conversación, incluso puede enriquecerse si logra sedimentar argumentos que mantengan cierto grado de apertura en el saber.
La conversación en tanto múltiple, heterogénea como aquello contrario a la voluntad de lo homogéneo, tendencia del grupo como tal,  se sostiene en el malentendido sin pretensión de anularlo como tal.
La conversación se hace permanente si cada uno que participa en ella logra respetar, lo voy a decir así, algo de su etimología, que indica que dar conversación o sacar conversación implica un deseo de sostenerla.
Aún cuando se dice dejar caer una cosa en la conversación, decirla afectando aparentemente descuido, como quien no quiere la cosa, eso muestra que se introduce un tema de una manera sigilosa, con cierto pudor hacia el semejante.
Para conversar hay que querer conversar.
La conversación se sostiene en “recorridos topológicos que no quedan sin consecuencias” en tanto es esperable que “cada recorrido deje una marca en lo real que permita otros recorridos”. [1]
Sin esto no habría comunidad de trabajo, es decir lazo social, cualquiera sea.
J.-A. Miller nos enseña que la invitación que Lacan realiza a propósito del nombre del padre, servirse de…, es susceptible de una generalización por lo tanto: no es lo mismo creer en el consenso o en el disenso que servirse indistintamente de ambos según la ocasión.
Pero, aún, ¿cómo conversar?
Theodor Adorno decía que “sólo el pensamiento que se hace violencia a sí mismo es lo suficiente duro para quebrar los mitos”. [2]
La lucha contra la estupidez parcial que se encarna en cada uno, nuestra debilidad mental, necesita cierto despertar del otro.
He allí una manera. Encuentro otra en Lévi-Strauss cuando propone ser tolerante definiendo la tolerancia como una “actitud dinámica que consiste en prever, comprender y promover aquello que quiere ser” [3] preocupándose por aclarar que no se trata de una actitud contemplativa.
Quizás a la manera de Montaigne, escritor y moralista francés de siglo XVI por quien nos podemos dejar guiar en la manera de plantear una conversación, desde una posición que dista bastante de estar sostenida en una preocupación por el consenso o el disenso.
La base de la cual parte es que “estamos formados de retazos y somos de contextura tan informe y diversa, que en cada momento cada pieza juega a su modo, habiendo tanta diferencia de nosotros a nosotros mismos como de nosotros al prójimo”. [4]
Montaigne era alguien que quería limitar más que extender la opinión sobre los demás. Afirmaba: “el reconocimiento de la ignorancia me parece uno de los mejores y más seguros testimonios del buen juicio”. [5]
Para él la virtud rehúsa la compañía de la facilidad y presupone contrastes y dificultades y necesidad de que no pueda ejercerse sin contraposición. Y es una virtud la ignorancia que se conoce, se juzga, y se condena, ya que no es entera ignorancia porque para ello es menester que se ignore a sí misma.
Por ello prefería que lo contradijeran para generar conversación, aprovechando las ideas y las razones de las que se impregnaba. Bregaba por la diversidad como la más universal cualidad de todo. Decía de su propia obra que era “un registro de diversos y veleidosos accidentes y de imágenes indecisas”. [6]
Proponía como torpe querer paliar los males atacándolos de frente y da más resultado hacerlos indirectamente declinar y disiparse.
Se privaba de aceptar cosas definitivas, aceptaba las opiniones diversas, lo despertaba la contradicción en los juicios y quería que lo contradijeran para instruirse.
Es indudable que Montaigne “odiaba el todo, la infatuación, el decirlo todo”. [7] En sus ensayos muestra que cualquier afirmación o enunciado van a ser un poco verdaderos y un poco falsos, reafirmándose en esa paradoja como productiva.
Tuvo la idea de lo que Lacan luego llamó poubellication al afirmar que sus Ensayos eran “los excrementos de un espíritu viejo y, por lo tanto, ya estreñido, ya descompuesto, e indigesto siempre”. [8]
No podría dejar de mencionar la manera de Gramsci quien consideraba que había que hacer un esfuerzo por comprender lo que han querido decir los adversarios y “no detenerse maliciosamente en los significados superficiales e inmediatos de sus expresiones”. [9]
Todos estos pensadores nos muestran una dirección que es la sostenida en un bien decir. Bien decir que es un decir a medias, un decir no-todo.
Es ésta una posición ética que lleva a éste bien decir a estar gobernado por el pudor, “de no querer decirlo todo no solo por una cuestión de cálculo sino por una cuestión de estructura cuya violación solo lleva a hablar de más sin por eso decir mejor”. [10]
Si hay algo que caracteriza al pudor, es que tiene en cuenta al otro.
Conclusión: leer con pudor pero también intervenir con el máximo del bien decir que las condiciones permitan cada vez. 

[1] Aramburu, Javier. “Por qué decidir por la Escuela Una” en El caldero de la Escuela, número 65. Buenos Aires, Argentina, 1998. Pág. 14.
[2] Adorno, Theodor. Dialéctica de la ilustración. Ed. Trotta. Madrid, España. 1994
[3] Lévi-Strauss, Claude. “Raza e historia” en Raza y cultura. Ed. Cátedra. Madrid, España. 1993
[4] Montaigne. Ensayos 2. Ed. Orbis. Buenos Aires, Argentina. 1984
[5] Montaigne. Ensayos 3. Ed. Orbis. Buenos Aires, Argentina. 1984
[6] Ibíd. 11.
[7] Indart, Juan Carlos. “Seminario sobre la lógica de la cura”. Clase número 26 del 12/11/1993. Inédito
[8] Ibíd. 10.
[9] Gramsci, Antonio. La política y el estado moderno. Ed. Planeta Agostini. Barcelona, España. 1993. Pág. 29 y 30
[10] Brodsky, Graciela. “La barrera del pudor” en Acerca de la ética del Psicoanálisis. Ed. Manantial. Buenos Aires, Argentina. 1990. Pág. 48.


Ficha de inscripción

Nombre y Apellidos……………………………………………………..........

E-mail…………………………………………………………………................
Sede o Delegación………………………………………………................
Miembro o asociado..................................................
Está inscrito en el CID………………………………………………….........

Costo
- Si solo se inscribe en la I Conversación Clínica: USD 30.00
-   I Conversación Clínica y Seminario de Formación del INES: USD 40.00  

El pago se puede realizar en la Sede con el tesorero correspondiente o el 2 de septiembre en São Paulo.  

Ficha de inscripción en este archivo:

Responsables del Boletín Letras en línea
María Hortensia Cárdenas
Ana Viganó 


5 de junio de 2015

Boletín 4 Letras en línea - I Conversación clínica de la NEL



I Conversación Clínica de la NEL

 El analista y su práctica
 

São Paulo - 3 de septiembre de 2015

Interesting conversation in old rotunda - Vladimir Soldatkin

Letras en línea
Boletín Nº 4

Una “elaboración progresiva” es lo que propone Jacques-Alain Miller como consecuencia de una Conversación, es decir, sin conclusiones finales que establezcan una técnica o un buen uso en la práctica. No hay garantías, nos recuerda Gabriela Urriolagoitia, lo que para ella evoca la lógica de lo singular que nos permite abordar cada caso –no solo al practicante sino también en la Conversación – como si fuera la primera vez. El efecto sorpresa estará asegurado en el encuentro fallido y se producirán significaciones inéditas. Así, para Gabriela una Conversación es una práctica del bien decir.

 Susana Dicker, a partir del hermoso poema de José Lezama Lima “El pabellón del vacío”, destaca el  vacío en la Conversación. El tokonoma es un lugar en la casa japonesa que encarna el vacío mismo. El vacío que permite –explica Susana– el intercambio entre dos espacios heterogéneos: lo real y el sentido. Dos espacios tan inconexos e incongruentes que se necesita de un vacío intermedio que permita realizar el intercambio y el lazo.

El cuadro  Interesting conversation in old rotunda de  Vladimir Soldatkin que acompaña este boletín nos transmite la viveza de una conversación cuando ésta inspira interés, importa, atañe, y mejor aún: cuando el objeto causa está presente. Los invitamos a leer con ese mismo interés los desarrollos de los dos comentarios a las citas, que bordean lo que no puede terminar de definirse de la Conversación en el lazo social analítico.

 Con el mismo ánimo, las Referencias bibliográficas nos introducen al “Conciliábulo de Angers”, que se desarrolló con un clima de trabajo distendido y muy festivo; y a la “Conversación de Arcachon”, realizada con participantes dispuestos en círculos, atentos y divertidos. Excelente espacio el de la Conversación para verificar la transferencia de trabajo.

María Hortensia Cárdenas

Comentario de Gabriela Urriolagoitia a la cita:

“Evidentemente, la jornada de hoy, jornada anual de las Secciones clínicas, es como una gran misa. No llevamos demasiado lejos la analogía, pero es una gran misa clínica, o un concilio anual, donde discutimos nociones, cotejamos nuestras concepciones unas con otras, sin concluir mediante una decretal que indique cual es el buen uso de las cuestiones, sino según una elaboración progresiva”. [1]

La conversación, una práctica del bien decir
 
Miller habla de la conversación clínica como una misa porque es una oportunidad que nos convoca a los analistas y nos reúne. Es también un concilio porque se trata de discutir, poner a prueba y verificar los conceptos del psicoanálisis y su pertinencia en la práctica clínica. Sin embargo nos advierte que no se trata de algo dogmático. Dice que es más bien un trabajo progresivo y esto evoca para mí, la lógica de lo singular. Se trata de poner a prueba un concepto del psicoanálisis (o algunos), en un caso clínico y en una oportunidad dada, como si fuera la primera. No se pueden sacar conclusiones de un caso, que valgan para otros. Entonces esta modalidad, lejos de terminar en un decreto o en un saber acabado, relanza la causa de nuestro deseo y abre nuevas vías de trabajo. Esto es posible porque nuestras conversaciones son una práctica que se apoya sobre la inexistencia del Otro, un saber absoluto  agujereado y la falta de garantías. Es una práctica que encarna en sí misma, la relación de cada uno con el S(A/). Por lo tanto un analista expone un saber hacer que inventó a la medida de ese caso.

Por otro lado, a falta de un Otro del saber y de las garantías, apelamos en cada conversación, a una práctica del bien decir y de la posibilidad de la pregunta, con lo cual, el efecto sorpresa además está presente: los comentarios y las preguntas de los colegas producen significaciones nuevas que enriquecen la lectura del material clínico. Efectos de significación que antes de esa conversación, eran inéditos.

[1] Miller, J.-A., Cuando el Otro es malo, Paidós, Buenos Aires,  2011, pp. 74-75.

Comentario de Susana Dicker a la cita:

“De pronto, con la uña
trazo un pequeño hueco en la mesa.
Ya tengo el tokonoma, el vacío,
la compañía insuperable,
la conversación en una esquina de Alejandría”. [1]
  
Un vacío en la conversación

Si el Otro no existe, ¿qué nos queda? Nos queda conversar…. [2]

M. Bassols [3] recuerda la responsabilidad de las Escuelas de la AMP: “cuidar de la especificidad de la experiencia analítica, tanto hacia el exterior como hacia el interior de las mismas”. Una experiencia que tiene como resorte “el nudo inhumano del lenguaje con el goce” y que, por ello mismo, se guía por lo real en juego que se hace causa de la transferencia.

Nuestra próxima Conversación Clínica, como uno de los espacios de la Escuela, no puede no inscribirse en el cuidado de esa especificidad, más aún cuando los que la sostienen son analistas formados en ella.

Lacan insistió en la preservación de un vacío en dicha experiencia, por parte del analista, que pudiera alojar la letra de goce que sostiene el síntoma del analizante, como vía de acceso a lo singular, que es la oferta del psicoanálisis.

Si esto es así como un principio de la práctica y buscamos transmitirlo en acto a la comunidad analítica, uno de los espacios para hacerlo efectivo es la conversación clínica. De allí la pregunta: ¿cuál sería esa uña del analista que pueda hacer hueco y producir el vacío indispensable para alojar ese real que hace obstáculo al universal, “al Uno fusional”, [4] que “aplasta con palabras últimas”? [5]

M. Bassols, [6] celoso de esa herencia lacaniana, encuentra en la letra del poeta el  tokonoma, ese vacío de la arquitectura japonesa necesario para hacer habitable la casa. Vacío familiar al vacío intermedio, tercero entre el yin y el yang, y que por ello mismo hace posible los intercambios entre estos dos heterogéneos.

Ya sea en la experiencia singular de un análisis, como en el espacio de una conversación que se quiere de analistas, se trata de preservar una posición que haga litoral entre lo real y el sentido, y que despeje el lugar del analista como el de un vacío intermedio actuando, que permita la circulación allí donde hay diferencia, entre el hacer y el hablar, entre significante y goce.   

[1] Lezama Lima (1976): El pabellón del vacío,  poema citado por M. Bassols en el marco del seminario del INES sobre "Lituratierra".
[2] Miller, J.-A., El Otro que no existe y sus comités de ética, Paidós, Buenos Aires, 2005, p. 27.
[3] Bassols, M., Discurso de asunción de la presidencia de la AMP, 2014.
[4] Ibídem.
[5] Miller, J.-A., Conferencias porteñas, Paidós, Buenos Aires, 2010, p. 111.
[6] Bassols, M., “Lituratierra”, Cuadernos del INES 9, Lima, 2014, p. 225.

Referencias bibliográficas sobre la Conversación

“El conciliábulo de Angers” (1996). En Los inclasificables de la clínica psicoanalítica. (p. 13 y ss.)

“―¿En resumidas cuentas, un coloquio?
―Si quiere, pero antes que un «coloquio», que recuerda la rigidez de una sociedad científica, se eligió, no sin cierta malicia, la expresión «conciliábulo». [1] Conocen el origen de este término. Era perfectamente adecuado para el clima de trabajo, que fue distendido, pero muy festivo. Quince personas fueron invitadas para su preparación, cada una de una sección clínica diferente, enseñante o estudiante, para exponer algo breve, pero con la consigna «preciso, precioso, inédito, no ya sabido», con un tiempo de discusión tan largo como el de las exposiciones.” (p. 15)

[1] 1. m. Concilio no convocado por autoridad legítima. 2. m. Junta o reunión para tratar de algo que se quiere mantener oculto. (DRAE, 2015)

“La conversación de Arcachon” (1997). En Los inclasificables de la clínica psicoanalítica. (p. 195 y ss.)

· “Pero, en la misma línea, se planteaba esta otra: ¿cómo formar una serie con esos «tesoros de la clínica»? ¿Cómo construir nuestras series singulares? ¿Cuál es el dispositivo adecuado para extraer consecuencias de este saber?
La Conversación de Arcachon fue concebida con el entusiasmo de las horas que siguieron al final del Conciliábulo. «Lo raro, lo preciso, lo precioso»: cada sección lo recogería, elegiría una o dos exposiciones, de enseñantes o estudiantes, que habrían de reunirse en un volumen destinado a los participantes de la Conversación , quince días antes que esta se celebrara, bajo el título «Casos raros: Los inclasificables de la clínica»”. (p. 197)

· La manera en la que se ejecuta el dispositivo es la siguiente: “En la sala de reuniones del casino de Arcachon, que da a la bahía, 250 participantes dispuestos en círculos, atentos y divertidos, interrogaban sus resultados, comparaban las consecuencias de sus construcciones, o trataban, juntos de deducirlas.” (p. 197) 

Responsables del Boletín Letras en línea
María Hortensia Cárdenas
Ana Viganó