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2 de julio de 2025

ALGUNOS APUNTES SOBRE DESEO Y SABER EN LA HISTERIA; por Fabian Vinces Salazar

 


A modo de introducción

El psicoanálisis es el resultado del modo particular en el que Freud anudó sus estudios médicos, su investigación sobre la hipnosis y la lectura de textos del romanticismo alemán y de la mitología griega, entre otras fuentes.

Mención aparte merecen la incorporación de elementos de su propia biografía para desarrollar, analizar y definir sus postulados teóricos. El olvido del nombre del pintor Signorelli, el juego del carretel y el sueño de la inyección de Irma son claros ejemplos del modo en el que Freud se implicó a sí mismo en la elaboración del corpus teórico del psicoanálisis. Complementario a ello, su perspicaz modo de explorar en la clínica las diversas expresiones de las neurosis, le llevaron a comprender la topografía y la dinámica del inconsciente.

Así, el psicoanálisis nace de la convergencia de diversos modos de hacerse con ese saber no sabido en el cual el analista siempre está concernido y al cual podemos acceder mediante la escucha, la lectura y la interpretación. ¿Cómo se transita ese recorrido analítico en el caso de la histeria y qué efectos tiene para el saber psicoanalítico? Aquí algunas ideas.

 

Dora y “la bella carnicera”: la revisita lacaniana sobre la histeria

Como resultado de la articulación entre teoría y clínica, Freud estableció que los sueños son la vía regia[1] para acceder al inconsciente, aquella otra escena donde se inscribe y se despliega lo constitutivo de la vida anímica del hombre. Por ello, les prestó particular atención en el tratamiento de sus pacientes.

Así, pues, la interpretación de los sueños de Dora y de “la bella carnicera” ocupan un lugar central en la comprensión de la histeria, ese terreno de investigación tan propio del psicoanálisis. A partir de una lectura en clave lacaniana, se encuentra en ambos casos que -más allá de la riqueza simbólica del material- los elementos transferenciales puestos de manifiesto dan cuenta de una particular posición del sujeto frente al Otro.

Como bien apunta Lacan en el seminario sobre las formaciones del inconsciente[2], nada intersubjetivo puede constituirse si no hay Otro. Es en el campo del Otro donde el sujeto se constituye como efecto de la división del lenguaje: “solo en un mundo de lenguaje el sujeto de la acción hace surgir la pregunta que lo sostiene, a saber, ¿para quién actúa?”, dirá en el Seminario 14[3].

En ese mismo texto, Lacan[4] establece que el sujeto es para hacer que el Otro diga. Podemos agregar, para que responda a la interrogante “¿qué me quieres?”. Y es que el deseo es siempre el deseo del Otro. Esto tiene particular relevancia en el caso de la histeria.

 

Deseo y saber en la histeria

En el artículo “Las diferencias entre la histeria freudiana y la histeria lacaniana”, los autores encabezados por Roberto Mazzuca señalan que: “la insatisfacción es constitutiva del deseo, pero resulta acentuada doblemente en el histérico. Por una parte, se crea un deseo insatisfecho para no quedar sometido a la demanda del Otro; por otra, insatisface al Otro para sostener su deseo”[5]. Asimismo, refieren que -tanto en la interacción con los otros como en la relación transferencial- la histeria empuja al amo a producir un saber sobre lo sexual y el goce, a la par que le impide hacerse con dicho saber. Con estos recortes puede darse cuenta de que en la histeria la intención es rechazar el saber y barrar al Otro.

Desde esta perspectiva, puede señalarse que -en su dinámica transferencial- tanto Dora como “la bella carnicera” cuestionan y ponen en entredicho el saber que detenta Freud como analista. En su posición de sujeto-supuesto-saber, Freud propone una lectura, un desciframiento de aquello que se articula a nivel del deseo inconsciente de aquellas. Sin embargo, toda vez que evidencian la división subjetiva, estas interpretaciones son rechazadas como intento de negar la castración.

Y he aquí lo particular de la histeria, no tanto como patología neurótica sino como posición subjetiva. En la histeria, la insatisfacción es consecuencia de la evidencia de que no hay relación sexual, por más que el sujeto histérico se esfuerce por ser y tener el falo.

En su análisis sobre la histeria, Lacan propone que el goce se manifiesta -entre otras formas- como un constante intento por ser el objeto que causa la insatisfacción. Por otra parte, se encuentra que en la histeria se produce una doble identificación: con el objeto de deseo del otro masculino y con la posición masculina misma. No obstante, esta operación no alcanza para hacerse de un goce-todo. Tal es la verdad que se elabora en la experiencia analítica.

Ante las neurosis en general y en la histeria en particular, para el psicoanálisis de orientación lacaniana no se trata de insistir en la producción de sentido. Este fue el principal impasse de Freud en el análisis de Dora. Se trata de aceptar en acto que no hay palabra que alcance a dar plena cuenta del deseo, pues este tiene un lado que es inefable.

Aceptar los límites de lo simbólico en el modo de operar del analista es asumir la castración. En ese sentido, el acto analítico supone transmitir la imposibilidad de la relación sexual en la experiencia transferencial misma y con ello recortar el goce propio de la histeria asociado a una insatisfacción donde el recurso de apelación al Otro le exonera de hacerse con la pregunta por su propio deseo; esto es, por enfrentar la verdad de su falta constitutiva.

 

De un saber supuesto a un saber expuesto

En su artículo “Actualidad de la clínica y clínica de la actualidad”, Gustavo Dessal[6] precisa que “hay analizante en tanto el analista supone en él el saber inconsciente. [Aquella] es la condición para que el analizante lo suponga en el analista”.

Sobre este punto, en “El analista y los semblantes”[7], Jacques-Alain Miller refiere que el saber supuesto/saber semblante es suficiente para hacer funcionar la experiencia analítica. De allí que en la orientación lacaniana se establezca que con la asunción de un sujeto supuesto al saber se instala la piedra angular de la experiencia analítica: la transferencia.

En “Intervención sobre la transferencia”, Lacan[8] precisa que "la mera presencia del psicoanalista aporta, antes de toda intervención, la dimensión del diálogo"; un diálogo muy particular, en la medida que la dirección de la cura se sostiene en la pregunta al sujeto respecto de cuál es su parte en el malestar que le aqueja. Como enfatiza Lacan en la conferencia “Apertura de la Sección Clínica”[9] del 5 de enero de 1977, la clínica psicoanalítica consiste en discernir cosas que importan y que son de gran envergadura respecto al inconsciente.

Desde los primeros descubrimientos freudianos, para el psicoanálisis, la clínica se ha constituido como el punto de encuentro entre la teoría, la investigación y el tratamiento del malestar psíquico. El trabajo psicoanalítico implica transitar estos tres caminos en una constante revisita, teniendo siempre en cuenta que -tal como descubrió Freud- no es posible formalizar un saber previo a la experiencia.

A partir del análisis de las intervenciones de Freud en el caso Dora, Lacan establece que -en tanto está implicado en la transferencia- el analista debe hacer de la interpretación un modo de lanzar el proceso; esto es, poner el énfasis no en el saber que (se) produce sino en su propio modo de operar en la clínica.

Siendo dócil a la histérica, Freud pudo dar con el descubrimiento del inconsciente y desde allí edificó el psicoanálisis, cuya enseñanza implica un saber expuesto, a decir de Jacques-Alain Miller[10]. El saber expuesto es el resultado de pasar del trabajo de transferencia a la transferencia de trabajo.

En su libro, “Clínica y psicoanálisis”, Fernando España recoge la propuesta de Miller y precisa que la formalización de la experiencia psicoanalítica se logra “haciendo del saber supuesto, que atañe al inconsciente del analizante, un saber expuesto, producto de la lectura y la elaboración que el analista puede realizar en cada caso [para así] orientar su acción por medio de la interrogación de su acto y los efectos que habrán de producirse en el sujeto a lo largo de un análisis”[11].

En palabras de Lacan[12], la clínica psicoanalítica nos permite cuestionar la experiencia freudiana a la par que impone la necesidad de interrogar no solo al psicoanálisis como praxis, sino sobre todo a los analistas. En tal sentido, los analistas estamos llamados a cuestionar el saber de Freud, no para barrarlo como ocurre en la histeria, sino para servirnos de esta operación y recordar junto con Miller que “en la experiencia analítica, la relación con el saber no es de captura, sino de imposibilidad de toda captura”[13], toda vez que -en tanto pulsátil- el inconsciente no puede ser atrapado. Por esa razón, en el psicoanálisis de orientación lacaniana no se trata de articular sentido, sino de promover el deseo de saber; deseo de saber que indefectiblemente porta la marca de la castración. Tal enseñanza se funda en la experiencia producida por Freud en sus estudios sobre la histeria.


 



Bibliografía

 

[1]    Freud, S., La interpretación de los sueños (segunda parte), Obras completas. Tomo V, Amorrortu Editores, Buenos Aires, 2000, p. 597.

[2]    Lacan, J., El Seminario. Libro 5. Las formaciones del inconsciente, Paidós, Buenos Aires, 2003, pp. 365 y 367.

[3]    Lacan, J., El seminario. Libro 14. La lógica del fantasma, Paidós, Buenos Aires, 2023, p. 116.

[4]    Lacan, J., Op. cit, 2023, p. 99.

[5]    Mazzuca, R., Mazzuca, S., Canónico, E. y Esseiva, M., Las diferencias entre la histeria freudiana y la histeria lacaniana. XV Jornadas de Investigación y Cuarto Encuentro de Investigadores en Psicología del Mercosur. https://www.aacademica.org/000-032/577, 2008, p. 178.

[6]    Dessal, G., Actualidad de la clínica y clínica de la actualidad, En: Delgado, E. (Ed.), Psicoanálisis lacaniano: clínica y época, Fondo Editorial PUCP, Lima, 2019, p. 19.

[7]    Miller, J-A., El analista y los semblantes. En: Cómo tiene éxito el psicoanálisis. Textos de orientación hacia las 32 Jornadas Anuales de la EOL. https://jornadaseol.ar/32J/TO_32J_Miller_ElAnalistayLosSemblantes.pdf, Escuela de Orientación Lacaniana, 2023, p.15.

[8]    Lacan, J., Intervención sobre la transferencia, Escritos I, Siglo XXI, Buenos Aires, p. 205.

[9]    Lacan, J., Apertura de la Sección Clínica. 5 de enero de 1977. https://ecole-lacanienne.net/wp-content/uploads/2016/04/ouverture_de_la_section_clinique.pdf, Ecole Lacanienne, 2016, p. 6.

[10]  Miller, J-A., Op. cit., 2023, p. 27.

[11]   España, F., Clínica y psicoanálisis, Ediciones Eón, Ciudad de México, 2020, pp. 24-25.

[12]   Lacan, J., Op. cit., 2016, p. 24.

[13]   Miller, J-A., Op. cit., 2023, p. 7.


                                 Fabian Vinces, participante del CID Lima, nivel avanzado

11 de agosto de 2023

EL INCONSCIENTE REAL; por Iván D’Onadío Muñoz

 



Creo que se puede decir que Lacan conceptualiza el inconsciente real en El seminario 11, el seminario de los cuatro conceptos fundamentales del Psicoanálisis, el inconsciente claramente es uno de ellos.

Es un momento especial para él y para el psicoanálisis, ha sido “excomulgado”, como Spinoza, de la comunidad psicoanalítica (Lacan mismo hace esa analogía en su seminario), sus cursos dejan de “contar oficialmente” para los estudiantes que pertenecen a esta. Se dice, entre otras cosas, que fue sobre todo por el “corte” no programado de las sesiones que daba como analista.

El corte, la separación, la ruptura, tiñe y causa este seminario. Si bien en seminarios anteriores se lee este camino. Es a partir de este momento, que se clarifica que el inconsciente freudiano es leído desde otra cara, desde el intervalo, desde fuera de la estructura y la dialéctica, desde la cosa, desde lo real y la causa.

El primer día del seminario Lacan plantea la revisión del deseo de Freud como un cuestionamiento al origen del psicoanálisis. Del deseo como objeto. Aborda el inconsciente freudiano más allá de su estructura como un lenguaje, ¾su más sólida y conocida propuesta de lectura del inconsciente¾ y ahora lo hace desde la función de la causa. Se aleja de lo sistemático y se pone del lado de lo inasimilable, del ombligo del sueño.

Con esta intención, trae a colación el ensayo sobre las magnitudes negativas de Kant para acentuar que “en la función de la causa siempre queda esencialmente cierta hiancia”[1],  en este escrito se concluye que el concepto de causa es injustificable por la razón.[2] Lacan comenta también cómo este filósofo inscribe la causa como modalidad en las categorías de la razón pura pero que “no por ello queda más racionalizada”[3]. En ese texto, en Crítica a la razón pura, se plantea comprender el concepto de causa como fundado enteramente a priori en el entendimiento o como mera ilusión.[4]

Lacan separa la causa de lo determinado del lenguaje y de la ley, dice su famosa frase: “solo hay causa de lo que cojea”.[5] El inconsciente estaría en ese intervalo, mostrándonos “esa hiancia por donde la neurosis empalma con un real”[6]. Un real tomado desde la función de la causa, el que no estaría determinado. Esa hiancia característica de la causa la ubica en el orden de lo no realizado, de lo no nacido.[7] Esa misma hiancia inasimilable que Freud situó en el ombligo de los sueños.

Aquí Lacan localiza el UNO como ranura, como ruptura, como corte, el uno de la discontinuidad del Unbewusste. Nunca sobre una totalidad encubierta como otros analistas lo han pensado. No es el uno de Parménides, de una totalidad o de una falsa unidad o con el fondo de una ausencia, sino es el uno de la ranura, de la ruptura. En ese sentido Lacan dice que el Unbegriff es el límite del Unbewusste. El Unbegriff como el límite (como incomprensible o no realizado) asociado a la causa.

“El inconsciente se manifiesta siempre como lo que vacila en un corte del sujeto -de donde vuelve a surgir un hallazgo, que Freud asimila al deseo-”[8], este es el sujeto indeterminado que aparece y desaparece en el discurso en algún punto de sorpresa. Para Lacan la hiancia del inconsciente es “pre- ontológica… es que no es ni ser ni no-ser, es no-realizado”.[9] Lacan da el ejemplo del limbo en donde está la comadrona que hace abortos, de los seres intermediarios y repite la conocida cita de Freud del verso de Virgilio: “Flectere si nequeo superos, Acheronta movebo” / Si no puedo inclinar a los Poderes Superiores, moveré las Regiones Infernales” . Lo óntico aquí no sería ese limbo sino la discontinuidad, la ranura por donde eso no realizado se muestra en un instante, la cualidad de evanescente, lo evasivo del mismo inconsciente.[10]

La función del concepto de inconsciente es “estar en relación profunda, inicial, inaugural, con la función del concepto de Unbegriff - o Begriff del Un original, o sea, el corte.”[11] Ese corte también se vincularía a la función del sujeto, el cual se constituiría por los efectos del significante.

Lacan dice varias veces que el inconsciente freudiano, tan débil desde lo óntico, es ético. A lo largo del seminario siempre vuelve a poner en vitrina el deseo de Freud, esa sed de verdad, remarcando que no lo dice desde un lado de coraje impresionista sino más bien desde el encuentro con lo real. Ya en el seminario de la ética Lacan había esbozado esta idea: “la cuestión ética, en la medida en que la posición de Freud nos permite progresar en ella, se articula a partir de una orientación de la ubicación del hombre en relación con lo real”[12].

En el seminario se propone que lo más característico del inconsciente freudiano no es una lista de las formas del inconsciente sino la característica de tropiezo, de falla, que las engloba. Ahí hay algo que exige su realización. El estatus del inconsciente es ético. Es en esta “producción” dónde Freud desea ir a ver. Es donde busca y encuentra lo que sobrepasa al sujeto, el hallazgo, la sorpresa: “este hallazgo, en cuanto se presenta, es re-hallazgo y, además, está siempre dispuesto a escabullirse de nuevo, instaurando así la dimensión de la pérdida.”[13]

Bastante más adelante en el seminario, poco después de plantear que el psicoanálisis resiste a través del analista, que es el único testigo de la evanescencia del inconsciente. Se vuelve a retomar la idea-palabra que indica la “causa” del inconsciente y también se remarca sutilmente su variable ética: “en este caso la palabra causa debe ser entendida en su ambigüedad, causa que defender, pero también función de la causa a nivel del inconsciente-, esta causa ha de ser concebida intrínsecamente como una causa perdida. Es la única posibilidad que tenemos de ganarla.”[14]

Para terminar, creo que, en este seminario, en sincronía con el escenario que vivía el psicoanálisis, Lacan ha tomado partido por lo real más que nunca, por la experiencia evanescente del inconsciente en su clínica, ha mostrado la cara de lo real en cada concepto fundamental y ha sabido leer el deseo de Freud desde su contexto. Creo que está intentando darle a la función de la causa una estructura temporal a partir de lo imposible y a la vez tomar una certeza freudiana del lado de lo real. Una certeza, como lo hizo Descartes, que apunta a un real, pero a diferencia de este, sin la necesidad de una verdad objetiva en el Otro.   

Lacan plantea entender la función de la causa como “una interdicción que trae un ente al ser, pese a su no advenimiento, es una función de lo imposible sobre la cual se funda una certeza”[15].


Asociado a la NELcf-Lima


Bibliografía

[1] Lacan, J., El Seminario, Libro 11, Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis, Paidós, 1964. p. 29.

[2] Kant, I., Opúsculos de filosofía natural, Alianza Editorial S. A, Madrid, 1992. p. 161.

[3] Lacan, J., El Seminario, Libro 11, Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis, Paidós, 1964. p. 29.

[4] Kant, I., Crítica a la razón pura, Titivillus ePub base r1.2, 1781. p. 255 (b124).

[5] Lacan, J., El Seminario, Libro 11, Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis, Paidós, 1964. p. 30.

[6] Ibid.

[7] Ibid.

[8] Lacan, J., El Seminario, Libro 11, Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis, Paidós, 1964. p. 35.

[9] Ibid., p. 38.

[10] Ibid., p. 39 y 40.

[11] Ibid., p. 51.

[12] Lacan, J., El Seminario, Libro 7, La Ética del psicoanálisis, Paidós, 1959-1960. p. 21.

[13] Lacan, J., El Seminario, Libro 11, Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis, Paidós, 1964. p. 33.

[14] Ibid., p. 134.

[15] Ibid.



Comentarios sobre el trabajo de Iván D’Onadío Muñoz, “El Inconsciente Real”

Por Albor Debernardi


Voy a tomar en primer lugar una frase que Iván presenta en el tercer párrafo de su trabajo escrito, donde menciona: “El corte, la separación, la ruptura, tiñe y causa este seminario”, refiriéndose al seminario 11. Esta frase no solo orienta su trabajo, sino también el contexto en el que se encontraba Lacan en esta época. Año 1964, desarrolla los cuatro conceptos fundamentales, inconsciente, repetición, transferencia y pulsión. Período en el cual inicia su seminario con una clase en la que relata cómo el Comité Ejecutivo de la IPA lo excomulgó, y unos meses después funda la escuela freudiana de París, instaurándose así, la experiencia de escuela. Es en este seminario, en este contexto, y ahora voy al final del desarrollo del trabajo de Iván, que “Lacan toma partido por lo real más que nunca antes, por la experiencia evanescente del inconsciente, mostrando la cara de lo real en cada concepto fundamental”. En otras palabras, cambia la lectura del inconsciente freudiano, y lo aborda desde el corte, la fisura, “lo asemeja desde la función de la causa”1 donde “la causa es la hiancia misma”2.


Continuando con el texto de Iván, menciona que Lacan separa la causa de lo determinado del lenguaje y de la ley. Hace referencia a la frase de Lacan “sólo hay causa de lo que cojea”2, es decir, de lo que no andaría, de lo que no va. Ahora, si hablamos de ley, podemos pensar en lo que se repite siempre de la misma manera, “como la ley de la gravedad, pero si pensamos en las leyes, no queda demasiado lugar para lo nuevo”4. Es por esto, que la causa no es la ley, no es los S1, S2… articulados que determinan la cadena, buscando producir un sentido, esa ley vendría a suturar la dimensión de la causa, a taponarla, la causa es lo que siempre abre. 


Siguiendo el texto de Iván, más adelante menciona la frase de Lacan: “El inconsciente se manifiesta siempre como lo que vacila en un corte del sujeto, de donde vuelve a surgir un hallazgo, que Freud asimila al deseo” Destaca, que este es  el sujeto indeterminado que aparece y desaparece en el discurso en algún punto de sorpresa”. Remarca aquí, el punto de evanescencia del inconsciente lacaniano, donde no hay articulación de los significantes, sino el inconsciente de la pulsación temporal.


Para finalizar, la frase que expone Iván al final de su texto: “Creo que está intentando darle a la función de la causa una estructura temporal a partir de lo imposible y a la vez tomar una certeza freudiana del lado de lo real… sin la necesidad de una verdad objetiva en el Otro”, engloba la conceptualización de inconsciente que Lacan desarrolla en este seminario.

Además en el Prefacio a la edición inglesa del seminario XI, Lacan esclarece un poco más al decir: “Cuando el esp de un laps, el espacio de un lapsus, ya no tiene ningún alcance de sentido (o interpretación), tan sólo entonces puede uno estar seguro de que está en el inconsciente… pero basta con que se le preste atención para que uno salga de él”5. Es decir, en el momento que aparece un S2, un sentido, aparece la cadena, ahí uno ya estaría por fuera del inconsciente.




Participante del CID-Lima


Bibliografia

[1] Gorostiza, L. (2020). Conferencia de Apertura del SCF Curso 2020, “El inconsciente freudiano, el nuestro y el actual” – Seminario del Campo Freudiano – Sección La Plata de la EOL. Seminario del Campo Freudiano. https://scf-laplata.com.ar/conferencia-de-apertura-del-scf-curso-2020/

 

[2] Ídem.

 

[3]Lacan, J., El Seminario, Libro 11, Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis, Paidós, 1964. p. 30.

 

[3] Lacan, J., El Seminario, Libro 11, Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis, Paidós, 1964. p. 35.

 

[4]BRODSKY, G. (2020): “Fundamentos 1. Comentario del Seminario 11. Buenos Aires, Grama Ediciones, p. 73.

 

[5]Lacan, J. (s.f.). Prefacio a la edición inglesa del Seminario XI. Escuela de la Orientación Lacaniana. https://www.eol.org.ar/template.asp?Sec=el_pase&SubSec=articulos&File=articulos/prefacio_seminar io11.html