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29 de enero de 2014

Entrevista a Iván Ruiz “El autista es el insumiso de la identificación”

Periódico El Punt Avui (España)
IVÁN RUIZ
PSICOANALISTA I PRESIDENTE DE LA ASOCIACIÓN TEADIR DE PADRES, MADRES Y FAMILIARES DE PERSONAS CON AUTISMO 
“El autista es el insumiso de la identificación”
27/01/14 02:00 - LÍDIA VIDAL
 Aplicar un ideal de normalidad a los autistas los desprovee de lo más singular que ellos han encontrado.

Con una clara intención de divulgar los beneficios del psicoanálisis en el tratamiento del autismo, primero fundó la Asociación TEAdir y después codirigió el documental  “Otras voces. Una mirada diferente sobre el autismo

Ahora, con Neus Carbonell, han escrito el libro ‘No todo sobre el autismo', que presentan hoy en la libreria +Bernat de Barcelona.

¿El autismo es como una burbuja en la que el niño se protege del mundo?
La burbuja es la manera más conocida de explicarlo, pues supone estar aislado de la relación con los otros. Y acostumbra a aparecer en la edad previa al inicio de la palabras, momento en el que el niño, con el balbuceo, se escucha su voz. Es entonces cuando se espera su entrada en el mundo del lenguaje, del reconocimiento de la imagen propia en el espejo. Esto es vivido con mucha angustia por algunos, y la única protección posible estable que encuentran es el aislamiento.

¿Qué relación tienen con el lenguaje?
No hay nada que haga pensar que los autistas no están inmersos en el lenguaje como cualquiera de nosotros, de hecho, los padres son testimonios de que su hijo entiende lo que se le dice, lo que pasa es que su respuesta no tiene en consideración ni el sentido común ni las convenciones. Ahora bien, una cosa es estar en un mundo de lenguaje y la otra es acceder a las funciones complejas de la palabra. Porque es por medio de la palabra que transitamos por el espacio. Es por esto que los niños con un autismo importante, sin imagen propi ni palabras, lo que hacen son intentos de construcción de la idea del espacio.

¿Qué nos quieren decir tapándose las orejas, mirando hacia otro lugar o moviendo las manos?
El autismo se sostiene en una no-referencia al otro. Por tanto, no es seguro que cuando se tapan las orejas, gritan o se golpean estén dirigiéndose al otro. Ahora bien, es aquí donde tenemos la oportunidad de escucharles, y conviene diferenciar lo que son recursos que sirven para un auto tratamiento de la angustia. [Se oye una ambulancia en la calle]. Por ejemplo, yo puedo obviar esta ambulancia porque tengo una idea del espacio que me permite pensar que el origen está fuera. Pues para un autista, por el hecho de que el ruido lo oye en su interior, este sonido puede ser un motivo de angustia, pues no tiene los recursos de la palabra para entender que tenemos un cuerpo y que es por medio de las palabras que nos definimos o por medio también de la imagen que creemos tener. El autista hace este proceso de otra manera y, a menudo, con movimientos repetidos de una parte de su cuerpo. Es como cuando alguien tiene dolor de muelas y, para él, su cuerpo en ese momento es únicamente esa muela. Entonces, el autista necesita concentrar la satisfacción en una parte de su cuerpo para sentírselo como propio.

¿Qué diferencia el psicoanálisis de los tratamientos habituales de los psicólogos conductistas?
Las técnicas cognitivo-conductuales son técnicas de reeducación, y ellos mismos las llaman técnicas de adiestramiento. Hay una versión actual del conductismo que, según ellos dicen, se aplica teniendo en cuento al niño; pero lo que no se dice es que lo hacen para conseguir su consentimiento en repetir palabras y conductas que lo hagan comportarse como aquello que se supone que es un niño normal. En cambio, el psicoanálisis considera que aplicar un ideal de normalidad a los autistas los desprovee de lo más singular que ellos encontraron. Tenemos que pensar que el autista es el insumiso de la identificación, ya que ni se identifica con el otro ni tampoco con una idea de grupo. Entender esto nos permite escuchar y respetar cuáles son los hallazgos que hace el niño para desarrollarse como persona. 

2 de diciembre de 2013

No todo sobre el autismo


Entrevista a Iván Ruiz Acero en el programa "Entrada libre" de Euskal Telebista,
a propósito de la presentación en Bilbao del libro No todo sobre el autismo (de Neus Carbonell e Iván Ruiz. Ed. Gredos, 2013) 
y del estreno en San Sebastián de Otras voces. Una mirada diferente sobre el autismo).


19 de septiembre de 2013

Entrevista a José Fernando Velásquez - Primera parte


Por: Angélica Ballón Sánchez
         Roberto Carlos Galván Sánchez


P: A la luz de las últimas enseñanzas de Lacan sobre el inconsciente, considerando el inconsciente transferencial y el inconsciente real, acerca del inconsciente real Lacan dice que “no hay allí amistad alguna que ese inconsciente soporte”. ¿Cómo se puede pensar la transferencia?, ¿cómo se sostiene la transferencia en la clínica del autismo, y también de las psicosis?

R: La transferencia hay que pensarla en términos generales como el anudamiento que se produce entre las posiciones de goce del analizante y algún rasgo, alguna pieza que está en el semblante del analista; puede ser la voz, la mirada, su título, el ideal que representa, una impresión…“no me parece querido, o amable”, o  “me lo referenciaron muy bien”. Eso es para cualquier ser hablante.

En el caso de las psicosis y del autismo la transferencia se va a instalar por el anudamiento entre el autista o psicótico a una posibilidad que le dé ese analista de alojar algo de la construcción que él viene haciendo. Y, eso no es sencillo. Porque nos podemos disponer para recibir a los niños psicóticos, a los autistas, pero es el niño mismo el que elige cómo se va a anudar,  cuándo se va a anudar, y la manera generalmente estereotipada de anudarse. Puede ser simplemente porque el analista no hable, o por el contrario, por que su voz sea muy suave, o porque no lo mira, o por el contrario porque lo mire mucho, o encontró un lápiz o cualquier objeto que le llame la atención. Hay una serie de condiciones que son contingentes en ese anudamiento que hace el niño al espacio, a la persona, al cuerpo, a los objetos del analista.  El arte es que sea un anudamiento sostenido a través del tiempo, porque puede haber anudamientos momentáneos, el chico se entusiasma, se prende de un objeto, por ejemplo, o del hecho de que “no me mira”, el analista no lo mira directamente, y eso hace que el autista o el psicótico pueda sentirse cómodo,  tranquilo, sin amenaza; o porque la sesión sea breve, o porque la sesión sea larga; todo depende del caso por caso. Entonces, ese anudamiento que se da ahí hay que tratar de sostenerlo en la medida en que se sepa leer qué es lo que lo anudó.

Es una transferencia no al sujeto supuesto saber,  lo que sí ocurre en la neurosis, sino que pasa por una dimensión puramente real, por lo imposible, lo ilimitado, lo repetido. Eso hace que por ejemplo se pueda trabajar entre varios con un solo autista. La práctica entre varios lo que muestra es que la transferencia el autista la instala, diríamos, a un Otro insustancial, no personificado, no individualizado, sino más bien a unas ciertas condiciones de espacios, de sonidos, de ambientes, de modos de ser recibido. Eso es lo que el analista tiene que tener en cuenta, que no va a ser una transferencia de suposición de saber, y que se basará sobre todo en alimentar esa transferencia a través de hacer una buena lectura de lo que está sucediendo en él a nivel real.  El autista o el psicótico, es muy sensible a cualquier surgimiento de una encarnación del Otro real. Por decir algo, hay mucha bulla afuera en el consultorio, o que el analista lo mire mucho, o que le haga una pregunta dirigiéndose directamente a él, o que perciba un determinado gesto. Eso ya puede encarnarle al autista el Otro real. Entonces se va a replegar, y se va a replegar detrás de su fortaleza, y bueno, va a ser mucho más complicado volverlo a sacar.

Insisto en que es con la lectura sostenida que permita entender y comprender cuál es el lugar que da el autista al analista, sobre todo en esa dimensión como espejo, y como receptor del objeto de la pulsión parcial.

Para mí me es muy importante lo que hizo la señora Rosine Lefort con Nadia. Nadia es una chica de 18 meses, que en ese momento está internada en un hospicio, y tiene muchísimas enfermedades, prácticamente es una niña desahuciada; pero está siendo asistida, alimentada, cambiada, cargada por todo el personal de la institución. Y lo que hace la señora Lefort es tachar ese Otro, descompletarlo, ser ex-istente a ese Otro. Ella decide: Nunca le voy a dar ni comida, ni le voy a cambiar pañales; así esté pidiéndomelo, así esté sucia, no lo voy hacer. Ella se sustrajo de ese Otro general, y eso no es algo que pase desapercibido para Nadia. Nadia se da cuenta, y empieza a construir una demanda: “déme papilla”.

Otra manera de sustraerse de la señora Lefort a ese Otro es prestándose a dejarse agujerear: Nadia requiere agujerear lo real, agujerear al Otro y la señora Lefort se presta para que la niña lo haga, presta su cuerpo. El Otro de la institución no lo hacía, solamente hacía una tarea de asistencia. La señora Lefort permite que la niña explore sus ojos, su boca, sus manos, la blusa, sus gafas. Con ese ejemplo te muestra cómo el analista sabiéndose situar frente al autista, instala la transferencia. Y que es una transferencia que no puede ser solamente de 5 o 10 minutos, sino que hay que sostenerla a través del tiempo. Eso será posible siempre y cuando entienda cómo es que se mueve, cuál es el sustrato de esa transferencia.


P: ¿Cuál es la especificidad del psicoanálisis frente a los otros tratamientos psi?

R: La especificidad viene de la conceptualización de la condición del ser humano como un ser de goce y como ser hablante. A través de la historia si bien somos definidos como seres humanos, también somos seres de goce, que obtenemos una satisfacción que va mucho más allá de la necesidad. El anudamiento entre lengua y satisfacción genera una serie de situaciones en la condición humana como es la demanda. Demandamos amor, demandamos afecto, demandamos cuidados, demandamos que el otro cumpla con nuestras expectativas. No sólo instala la demanda sino también instala las identificaciones, entonces yo quiero ser como tal o aquel, como este personaje o como mi papá. Y genera también una sensibilidad a la palabra, al significante como decimos en el psicoanálisis; el ser hablante de goce es un ser que no es indiferente a la palabra del Otro, al deseo del Otro o a la satisfacción del Otro.

Son esas tres respuestas del ser hablante lo que las demás disciplinas psi tienen en cuenta, cómo el ser hablante responde al deseo del Otro o a sus ideales. Sabemos que cualquier psicología trata para que un chico se instale en la demanda que el colegio quiere: Que marche bien, que se comporte bien, o la demanda al ideal que el padre o la madre quieren.

El psicoanálisis de orientación lacaniana tiene en cuenta la posición de cómo se responde desde una necesidad de satisfacer un goce que es muy singular en cada ser hablante; una satisfacción que se impone, que no es del orden de la necesidad, que siempre es repetitiva, que siempre va a estar a pesar de la edad o de la evolución de ese ser hablante. Y esa necesidad de satisfacer ese goce se vuelve algo sintomático.

Esto es lo que vemos por ejemplo en la anorexia; la anorexia está por fuera, dice el psicoanálisis, del ideal de la delgadez, está por fuera del sentido común de que me voy a enfermar, que ya tenga o no osteoporosis o que se le está complicando la cuestión de la salud porque se desmaya. Ahí vemos a un sujeto tomado absolutamente por una satisfacción que va mucho más allá del ideal, del deseo o de la identificación, que pretende satisfacer una condición muy autística de goce, muy singular en ese sujeto para sentirse realizado o satisfecho. Lo mismo en una toxicomanía o lo mismo se puede explicar por ejemplo en la relación entre los sexos.

El tomar en cuenta que en ese tipo de satisfacción no hay complementariedad, no hay pareja, no hay ideal, satisfacción en un orden muy autístico, muy singular, hace que el psicoanálisis de orientación lacaniana no pueda responder a los ideales de un tercero, ni el de los padres, ni el de la escuela, ni de una sociedad; no se puede decir que los sujetos sometidos a un psicoanálisis de orientación lacaniana van a rectificar una conducta o se van a acomodar a un ideal institucional, más bien buscarán estar más tranquilos con la satisfacción que pretenden.

El psicoanálisis de orientación lacaniana se oferta para que el sujeto en cuestión pueda leer y capturar ese rasgo de satisfacción, de goce singular y que el sujeto pueda asumirlo, que pueda consentir que eso es del él, que lo reconozca como algo propio a pesar de que sea ajeno, que genere un cierto tipo de extrañeza. No es algo del orden de la manera usual de pensar o que vaya acorde con los ideales; pero sí es posible que él se diga: “yo soy eso, yo repito eso, yo me veo varias veces en ese comportamiento, en esa conducta, eso es mío”. Que el ser hablante se reconozca en eso donde él goza, permite que ese ser hablante pueda tener un saldo de saber a su favor, que sepa cómo saber hacer con eso, porque eso va a estar ahí siempre en su existencia. Saber hacer con eso implica un poco una versatilidad respecto a ese rasgo de goce, una posibilidad de obtener una satisfacción pero de una manera en que él mismo lo decida, lo elija, y no simplemente ser arrebatado por esa condición de goce, que es lo que uno ve en muchos síntomas contemporáneos, o en el neurótico obsesivo que no quiere hacer esto, o la histérica que quiere que el otro la satisfaga de esta u otra manera.

Entonces lo que singulariza al psicoanálisis de las otras disciplinas psi es tener en cuenta la dimensión de lo que Lacan llamaba lo real, lo sin ley, aquello ilimitado, aquello repetitivo, aquello que siempre vuelve a ser lo mismo, aquello que es imposible de ser atrapado por el sentido.

3 de agosto de 2013

Boletín Bordes 03

Ron Mueck (1896)

BORDES
No. 3
31 de Mayo de 2013
Boletín de la NEL hacia el VI Encuentro Americano de Psicoanálisis de la Orientación Lacaniana
XVIII Encuentro Internacional del Campo Freudiano

HABLAR CON EL CUERPO
LAS CRISIS DE LAS NORMAS Y LA AGITACIÓN DE LO REAL
Buenos Aires, 22 y 23 de noviembre de 2013

En este Boletín:

Artículos:
1) Poesía y cuerpo: Cervicales, por J. Arbeleche
2) Editorial, por J. Gavlovski
3) Consideraciones sobre el goce, lalengua y el cuerpo en el autismo, por Elida Ganoza
4) Lo mental, lo corporal y lo psíquico, por Héctor Gallo

Comentarios y opiniones:
1) El cuerpo como proyecto: A propósito del texto de Marcela Almanza (Bordes 2: "Cuerpos embrollados") -Por Paulina Zamora.
2) Comentario al texto de Susana Dicker (Bordes 2: "¿Qué hijo para un matrimonio homosexual?") -Por Lizbeth Ahumada Yanet
3) De encallamientos, del callar la pulsión y del ¡Cállate!, por Jessica Jara.


Editorial

Tres artistas entrecruzan sus obras con lo que desde BORDES tenemos que decir los psicoanalistas: el australiano Ron Mueck con sus seres imperfectos, el coreógrafo mexicano Jaime Camarena y el performista del Body Arte Carlos Martiel.

Mueck se dice hiperrealista. Su lupa pretende ir más allá de la belleza estética para mostrar la naturalidad del cuerpo sin intervenciones quirúrgicas. El tamaño de las mismas no deja lugar a dudas. Cual Topus Uranus nos dice: Humano, este es tu modelo de ser, a ello no podrás escapar, logrando así por el arte, una penetración al estudio del cuerpo que no desestima lo subjetivo; relación que por otro lado, H Gallo establece en su escrito donde confronta ciencia como experimental vs. la propuesta de ciencia conjetural tal como Lacan propone, y en el centro de esa confrontación el sujeto, lo mental, lo corporal, lo psíquico.

Por otra parte, Elida Ganoza nos trae un trabajo sobre un tema que desborda el interés del psicoanálisis hoy: el autismo en contrapunto en el arte, tal como el crítico de arte Juan Hernández acaba de señalar en su trabajo sobre la puesta en escena de Macbeth, ciudad de insomnio de J Camarena (México, DF, 2013). En su texto, Ganoza nos señala cómo en “el niño autista no se opera el pasaje de lalengua al lenguaje, y no se abrocha en la estructura que permite que el inconsciente se constituya” – y prosigue – “La estructura de discurso, el inconsciente y el Otro dependen de ésta adición que le permitirá al sujeto encontrarse allí” Nos llama la atención el parangón que este trabajo ofrece con el arte.

Al crítico de la tragedia shakesperiana en danza, se le “tornó confusa, desarticulada, desbordante de recursos que en la escena ofrecieron un espectáculo caótico” Estuvo frente a un (cuerpo) (obra) “que naufragó irremediablemente ante la falta de un elemento que cohesionara a los diferentes lenguajes artísticos convocados para la construcción de la pieza” Para él, no hubo el pasaje a un lenguaje, al establecimiento posible de un lazo. El “Macbeth” de Camarena lo confrontó al caos.

Quizás Hernández nos pueda decir que fue un espectáculo autista por aquello de no poder enlazar al espectador con la tragedia que sucede en la escena. Lo que Hernández no consideró en su crítica es que el caos sí hizo aparecer en él a un sujeto, y así opera el arte, cuando nos toca, convocando las profundidades de lo Real en nosotros, resquebrajando incluso los senderos del discurso en que habitamos.

No puedo cerrar este editorial sin mencionar la interesante lectura que hace Paulina Zamora del texto de M Almanza (Bordes 2) a partir del trabajo en Body-Art que hace Carlo Martiel, así como Lizbeth Ahumada sobre el texto de S Dicker (BORDES 2) y la contribución de J Jara en relación a la pulsión. ¡Que disfruten la lectura!

Johnny Gavlovski E
NEL Caracas ACP


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