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2 de febrero de 2022

LA TRANSFERENCIA Y SU APARIENCIA PARADÓJICA por Romina Simbrón

 

     “(…) habría que ser capaz de guardar cierta sorpresa con respecto a la emergencia del amor, en una actividad que se presenta como científica y terapéutica.” (Miller, 1979, p. 179). 

     La transferencia es un concepto polivalente y uno de los pocos sobre el que hay consenso sobre su importancia. El recorrido freudiano dilucida lo que se le presentó como un embrollo: repetición, resistencia y sugestión; pone en evidencia lo presta que es a camuflarse en su relación a otros conceptos. Su fenomenología es paradójica, una moneda cuyas caras indican valores distintos. 

     Se abordarán dos acercamientos a la transferencia que exponen su carácter paradójico: la transferencia como motor u obstáculo y la transferencia como orientación o extravío. 

Motor u Obstáculo 

     Cuando se hace alusión a la transferencia como motor u obstáculo se da cuenta de su efecto dinámico. Es motor en tanto posibilita el movimiento del análisis y obstáculo en tanto obstruye movimientos posibles, una apertura y un cierre del inconsciente. Si es que hay un movimiento del análisis es precisamente porque hay un movimiento del sujeto. “Un movimiento del sujeto que sólo se abre para volver a cerrarse en una pulsación temporal” (Lacan, 1964, p. 132). 

     Desde esta concepción de transferencia es factible su uso como herramienta para motorizar el análisis, ya que posibilita la conexión del síntoma con la asociación libre y en consecuencia el trabajo analítico (Padín, 2013) aquella conexión no es espontánea, requiere determina presencia, la del analista, que se caracteriza por ser inédita y radicalmente distinta. (Fink, 2007).

     En sus inicios la transferencia es concebida como obstáculo, el recorrido freudiano y lacaniano ha despejado significativamente el camino, siendo importante conservar la premisa de que la transferencia más que ser un obstáculo en sí misma, puede convertirse en uno, dependiendo cómo se posicione el analista frente a esta, cómo la concibe, cómo la maniobra. 

     Sobre el manejo de la transferencia Freud menciona que “le abrimos la transferencia como la palestra donde tiene permitido desplegarse con una libertad casi total y donde se le ordena que escenifique para nosotros todo pulsionar patógeno” (Freud, 1914, p. 156).   

     En una línea similar, Lacan (1958) afirma que el analista paga con su persona prestándola como soporte de los fenómenos transferenciales. “La comparación que puede hacerse entre el analista y un basurero se justifica” (Lacan, 1955-56, p.47). Al ser receptáculo del discurso del analizante cuyo valor dudoso desconoce aún más que el analizante, los sentimientos que surjan en el analista además de ser superados deben ser suprimidos de su práctica (Lacan, 1955-56). 

     El verdadero obstáculo sería que el analista priorice su persona, sus afectos, su saber particular sobre la clínica, aplastando el saber que importa, el saber del inconsciente del analizante. En resumen, que sea o no un obstáculo depende de si se está sosteniendo o no el deseo del analista.

     La posición del analista es la más responsable de todas, al tener a su cargo la operación de introducir una conversión ética radical: al sujeto en el orden del deseo.

(Lacan, 1965). “Entendemos la lógica del deseo ligada al movimiento, la creación y la novedad. La creación ex-nihilo parte de la nada del significante, de la interrogación, y no de las respuestas.” (Mascheroni, 2015, p. 46).  

    Por lo tanto, la dirección del análisis no podría estar supeditada a un ideal, ni el analista pretender tener un saber a priori sobre el analizante, bajo esa lógica cada caso requiere ser leído como si fuera el primero, en su novedad, en su singularidad, “suspendiendo” los saberes particulares que se han adquirido sobre la clínica.

Orientación o Extravío 

      Creemos sin embargo que la transferencia tiene siempre el mismo sentido de indicar los momentos de errancia y también de orientación del analista, el mismo valor para volvernos a llamar al orden de nuestro papel: un no actuar positivo con vistas a la ortodramatización de la subjetividad del paciente. (Lacan, 1951, p. 220)

     Los principios que rigen la dirección del análisis requieren determinada posición del analista frente a la subjetividad desplegada por el analizante. No hay pregunta por la transferencia que pueda dejar fuera la pregunta por el analista. Esa posición va a determinar una orientación o un extravío respecto a la dirección del análisis. Paradójicamente aquella “dirección de la cura” no está plagada de furor sanandi, sino que apunta a provocar un deseo de saber. 

     En el texto “Intervención sobre la transferencia” (Lacan, 1951) propone una forma radicalmente distinta de entender la transferencia y contratransferencia. La forma en boga de aquella época era concebir la contratransferencia como producto de la transferencia del analizante, mientras que la transferencia se define como la repetición de los objetos primarios del analizante en la figura del analista. Es decir, la transferencia era producción del analizante y el analista no tenía nada que ver con esta, bajo esa premisa se autorizaban a interpretarla. En este texto Lacan da un giro, reordena el orden de aparición transferencial, subraya y resalta lo involucrado que está el analista, siendo la contratransferencia la que activa la transferencia o la reaparición de estos objetos primarios, sin atenuar su crítica define contratransferencia “como la suma de los prejuicios, de las pasiones, de las dificultades, incluso la insuficiente información del analista” (p. 219). 

     En el inicio del texto va dejando indicios de su propuesta, afirma que “la experiencia analítica debe comprenderse que se desarrolla entera en esa relación sujeto a sujeto” (p. 210), reafirma su idea señalando que incluso cuando el analista no interviene, tan solo su presencia aporta la dimensión de diálogo. No deja vía para que la pregunta por el analista se escurra. 

     Su siguiente paso es comprender la naturaleza de la transferencia como experiencia dialéctica, cuya orientación de su curso la proveen sus propias leyes de gravitación: la verdad. Lo ejemplifica a través del caso Dora. Hay “inversiones dialécticas” por parte del analista y “desarrollos de la verdad” por parte de la analizante. En un primer momento el analizante tiene determinada verdad sobre su padecer o queja (desarrollo de verdad), el analista interviene (inversión dialéctica) generando “una escansión de las estructuras en que se trasmuta para el sujeto la verdad” (p. 212) que toca tanto su comprensión como su posición en tanto sujeto. La inversión dialéctica provocará un nuevo desarrollo de la verdad.      

     En ese sentido la transferencia es una brújula, ya que su aparición nos indica lo extraviado que se encuentra el analista, nos indica su contratransferencia. Y en ese mismo punto de extravío, de estancamiento puede volver a orientarse, relanzando el proceso a través de la interpretación de la transferencia. 

      La literatura analítica nos muestra cómo la transferencia es una señal de desorientación de la posición y acción del analista:  

Cambios Rápidos 

     El tránsito rápido de una egodistonia a una egosintonia como producto del analista personificando a un juez, es decir, el analista aprueba o desaprueba, valora como normal o anormal, correcto e incorrecto. Si algo que el analizante hace, expresa o experimenta le es egodistónico y es valorado como normal por el analista, se puede generar un efecto tranquilizante; por otro lado, si algo que el analizante hace, expresa o experimenta el analista lo valora negativamente, la consecuencia será similar en ambos casos: un tapón al decir del analizante. La detención del despliegue del sentido va a impedir indagar lo que mediante lo simbólico se puede ampliar para posteriormente reducir y localizar de determinado fenómeno. En el segundo ejemplo, es probable que el analizante no mencione más sobre aquello que le fue valorado como negativo, lo cual no significa que eso ha dejado de producirse fuera de sesión. (Fink, 2007)

La Transferencia Imaginaria

      Esta presentación de la transferencia es orientadora al advertirnos donde abstenernos: responder a la demanda. Aunque muchas veces sea inevitable que el analizante espere del analista lo que espera de otras personas ajenas a la situación analítica, “cuando el analista mantiene su posición en forma inconmovible, muchos fenómenos imaginarios tienden a ceder” (Fink, 2007, p.54). A menos individualizado este el analista, hay mejores condiciones para que pueda hacer de “pantalla en blanco”. Si el analista no es un Otro inédito, ocupa el lugar de otro semejante, es decir en el plano imaginario, siendo las relaciones imaginarias fecundas en su producción de rivalidad. Sin embargo, lo que se busca es un atravesamiento de la dimensión imaginaria (cuya clave puede estar en lo simbólico) para esclarecer y modificar las relaciones simbólicas entre analizante y el Otro. (Fink, 2007)       

Acting Out

      Lacan en el Seminario III (haciendo alusión al caso del hombre de los sesos frescos) define acting out como una simbolización prematura, como efecto del abordaje en el plano de la realidad y no en lo simbólico. En “La dirección de la cura y los principios de su poder” agrega que el acting out posee un valor correctivo, el error de Kris fue haber borrado el lugar del deseo, que de por sí ya se encuentra recubierto en el paciente. Agrega que de lo que se trata es de captar el deseo y esto es solo posible a la letra, siendo necesario que el analista sea un letrado. (Lacan, 1958). En el Seminario VIII, lo define como toda acción en determinado momento del análisis en la cual el sujeto exige una respuesta más justa. (Lacan, 1961, p.375). 

     La intervención de Kris apoyada en su realidad descuida tanto la vertiente simbólica como la pulsional del paciente, esta última siempre encontrará una nueva forma de decirse y satisfacerse. El paciente sin percatarse de sus palabras le dice al analista que saliendo del consultorio encuentra en el menú su plato preferido, sesos frescos.  Es decir, el síntoma adquiere una nueva presentación.  

     Para la psicología del yo, el yo es un mediador que produce defensas ante los enemigos: el ello, superyó y la realidad externa. “Puesto que una defensa es una defensa, consideran que es tan legítimo analizar una defensa contra algo relacionado con la realidad externa como analizar una defensa contra un impulso del ello.” (Fink, 2016, p.69)

    Kris y Hartmann consideran que defensa y pulsión son concéntricas (Lacan, 1958), se prioriza la defensa al ser la capa más alta, la más cercana a la experiencia del analizante (Fink, 2016) esto desemboca en que algo de la defensa ceda, mientras que la pulsión no cede solo se desplaza, transmuta. La intervención de Kris descuida la

“reversión pulsional” (Castán, 2007, p.3), se centra en una de las caras del síntoma, la del sentido y no desde el sentido del analizante o como consecuencia de alguna inversión dialéctica, sino desde su juicio, él mismo “comprueba”, él valora que el paciente no ha plagiado. Aunque Lacan afirma que no existe tal cosa como una idea propia en tanto lo simbólico no le pertenece a alguien, indica que una intervención que sí contemplaría lo simbólico sobre el “creer plagiar” del paciente, abordaría la siguiente pregunta: “¿Por qué las cosas del orden del símbolo adquirieron ese matiz, ese peso para el sujeto?”

(Lacan, 1955-56, p.117). Kris prioriza su juicio y no los dichos del paciente, si estos hubieran sido recibidos desde otro lugar, podrían haber desembocado en un nuevo desarrollo de la verdad del analizante más cercano a su singularidad.  

La Interrupción del Análisis

      Lo sucedido a Freud con Dora: cuando se insertan sentidos que no son la verdad del deseo del analizante, sino el prejuicio o contratransferencia del analista. En la lectura que Lacan (1951) propone del caso revaloriza el lugar de la figura de la señora K, mientras que durante el análisis Freud le adjudica centralidad al señor K, centralidad producto de sus prejuicios, interpretando con la finalidad que Dora confiese su amor por el señor K. Freud identifica su error como no haberse percatado de la transferencia de Dora (transferencia de la figura del Señor K en Freud) y no haber alojado su nexo homosexual con la señora K. Mientras que Lacan localiza el error en la

contratransferencia de Freud e identifica en la importancia que Dora le otorga a la señora K una interrogación por su propia feminidad. Esta inserción de sentidos ajenos a la verdad del analizante es sugestión, en algunos sujetos puede generar efectos terapéuticos, es importante preguntarnos si estos efectos no son una apariencia temporal, placebo, en tanto están supeditados a la persona del analista, y no a una rectificación subjetiva. 

Romina Simbrón (Participante del CID-Lima)

                                                                       Referencias

Castán, D. (2007). "El hombre de los sesos frescos" de Ernst Kris. NODVS XXI. Madrid:

Sección Clínica de Barcelona.  

Fink, B. (2007). Introducción clínica al psicoanálisis lacaniano. Barcelona, España:

Editorial Gedisa, S.A.

Fink, B. (2016). Lacan a la letra. España: Gedisa.

Freud, S. (1914). Recordar, repetir, reelaborar. Obras Completas de Sigmund Freud. Tomo XII (pp. 145-158). Buenos Aires, Argentina: Editorial Amorrortu. 

Lacan, J. (1951). Intervención sobre la transferencia en Escritos 1 (pp. 209-220). Buenos

Aires, Argentina: Editorial Siglo XXI.

Lacan, J. (1955-56). Seminario III: Las psicosis. Barcelona: Editorial Paidós.

Lacan, J. (1958). La dirección de la cura y los principios de su poder en Escritos 2 (pp.

565-626). Buenos Aires, Argentina: Editorial Siglo XXI.

Lacan, J. (1961). Seminario VIII: La transferencia. Buenos Aires: Paidós

Lacan, J. (1964). Seminario XI: Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis.

Buenos aires: Editorial Paidós

Lacan, J. (1965). Seminario XII. Clase 14. Inédito.

Mascheroni, G. (2011). La dirección de la cura. En El Rey está desnudo: Revista para el psicoanálisis por venir, Número 3, Año 1, p. 43-56. Recuperado de

shorturl.at/alpFI

Miller, J. (2015). Seminarios en Caracas y Bogotá. Buenos Aires: Paidós.

Padín, L. (2013). Modos de La Transferencia: Motor y obstáculo. Documento de trabajo para la Carrera de Especialización en Psicología Clínica con Orientación

Psicoanalítica UBA. Recuperado de  shorturl.at/opJSZ  

TRANSFERENCIA, AMOR Y SABER por Mayra Jara Raymundo

 

Martha, temía que a Freud le aconteciera lo mismo respecto al «tropiezo transferencial» entre Anna O. y Breuer. Freud intenta tranquilizarla… puesto que para que eso sucediera, ella debería ser la esposa de Breuer.

Sin embargo, Martha había captado muy bien que no se trataba de la persona en juego sino de la instalación del Sujeto supuesto Saber, que inevitablemente suscita amor.

María Recalde. Correspondencia 6, X Enapol.

Ilustración: Luciana Capece

Cuando nos preguntamos sobre la transferencia podemos asociarlo al verbo de transferir, lo que ahora hacemos con mayor frecuencia; transferimos de una cuenta a otra, de un lugar a otro, sin embargo, ¿qué significa transferencia en el dispositivo analítico? Para intentar poder responder se recorrerá el amor y el saber, ya que son dos términos que se encuentran estrechamente vinculados.

María Recalde en una suposición del sentir de Martha, prometida de Freud en ese momento, postula que no es de la persona de Breuer el interés que surgió, sino de un saber que encontraba y que esto suscitaba un amor.

Transferencia y amor

Se dirá que la transferencia es el verdadero amor, es el amor que se dirige al analista, a menudo inconsciente. Colette Soler[1]dirá que la transferencia que funciona entre el paciente y el analista se manifiesta en un cariño fuerte, es un amor que espera interpretaciones y que revela algo. Por otro lado Miller2[2], refiere que es un amor automático, un amor artificial pero de la misma condición que el amor verdadero, que se dirige a aquel que pensamos que sabe la verdad.

Para Freud no hay amor que no esté relacionado a un prototipo en la infancia, a los clichés, a las imagos infantiles, siendo estos una repetición del objeto de amor a elegir y que se repite en el ejercicio de la vida amorosa. En la transferencia, el sujeto “transfiere” a la persona del analista sus sentimientos y reacciones que corresponden a una persona significativa de su pasado[3]introduciéndolo a las series de objeto de amor.

Sin embargo el hecho de tratarla solo como una repetición, limita el dispositivo analítico, reduciendo la presencia del analista en una ilusión[4]. Lacan, en la dirección de la cura y los principios de su poder pone de relieve que si la “transferencia en análisis fuera solo una repetición de lo que sucede en las relaciones amorosas, no se podría concebir vía de salida alguna, ningún momento de concluir y ninguna producción de un deseo inédito”[5]. Sería una repetición interminable, sin fin, quedarse en ese lugar.

La transferencia se sostiene como amor al saber, únicamente si encuentra como partenaire al analista, que responde con el deseo y con su posición de ignorancia que no obstaculiza al sujeto supuesto saber; sin embargo, si el analista va más allá del saber y no en un lugar del objeto a, será visto como un ideal[6].

Entonces ¿Qué sería el amor? Amar es dar lo que no se tiene diría Lacan[7]“no hay un don posible más grande, un mayor signo de amor, que el don que no se tiene”. Miller[8] dirá que amar a alguien es creer que amándolo, accederá a una verdad sobre sí mismo; amamos a aquello que esconde la respuesta.

Es por ello que el analizante viene al análisis, para encontrar una respuesta y se dará con la sorpresa que el analista no la sabe y solo con la vía de creer en el inconsciente podrá sostenerse en el tiempo e ir buscando sus propias respuestas.

Cuando hay un saber se ama, pero ¿de qué tipo de saber se habla en la transferencia?

Transferencia y saber

El analista forma parte de la economía psíquica, la transferencia desde sus comienzos nos enseña que el enganche se hace más a un significante que a una persona[9]. Donde hay un agujero en el saber, viene a situarse el sujeto supuesto saber; y ¿qué no es el sujeto supuesto saber? Miller[10] dirá que no es de ningún modo que el analizante imagine que el psicoanalista sabe todo, lo cual podría decepcionar y poner en duda su posición del analista.

La situación analítica, coloca al analista en posición de oyente del discurso que emite el paciente, lo invita a entregarse a él sin omitir nada[11], estando el analista en una posición privilegiada que le otorga un cierto poder sobre la palabra del paciente, a la cual no le corresponde responder. La relación entre el paciente y el analista es disimétrica, ya que uno entrega el material, mientras que el otro lo escucha, lo recibe, lo acoge y en algunas ocasiones lo interpreta[12].

Para Lacan la asociación libre del analizante es la apertura de la transferencia, ya que se entrega y se coloca en la posición de buscar la verdad sobre sí mismo, sobre su verdadero deseo; pero “¿dónde busca la verdad?, la busca al cabo de su palabra, y el cabo de su palabra está allí, en el analista en cuanto gran Otro”[13]. La importancia de no responder a su demanda despliega la palabra, poniendo en acto el  inconsciente, haciendo que él mismo se encargue de encontrarla.

En el matema de la transferencia de Lacan, en la proposición de 1967,  Manzetti[14]lo explica así: “Para que el significante de la demanda se convierte en significante de la transferencia es necesario que tengan un significado específico. Un sujeto afectado por un síntoma, no sabe qué quiere decir, pero tiene la certeza que significa algo”.

Cuando uno presenta el síntoma y cree en el inconsciente, ese significado lo desconoce pero sabe que significa algo y se va a transformar en significante de la transferencia en el momento que haya una certeza de que el vacío del significado del síntoma significa que en algún otro lugar, hay un significado, aunque no sepa cuál. Hay un certeza de que significa algo que le concierne, que es suyo pero no sabe que es, aquí se ha instaurado el sujeto supuesto saber[15].

El analizante cuando narra el suceso que lo hizo venir a consulta está articulando la significación. Cuando habla se conduce por la asociación libre y se va sustrayendo de los límites de lo consciente y da lugar a la equivocación, diciendo algo más de lo que quería decir. Hay una emergencia de significantes reprimidos, que escapa a la significación,  ya que el inconsciente es un significante a la espera de un significado[16].

Hay un otro que sabe y ese que sabe es el sujeto del inconsciente y si es un sujeto tiene un deseo, entonces se le está suponiendo un sujeto al inconsciente, el cual desea y moviliza las acciones. En el análisis se le da un espacio para que se despliegue, ocupando el analista en lugar de objeto a, el lugar de vacío.

Transferencia

La transferencia se ha ido describiendo en el camino de este trabajo, Freud en Dinámica de la transferencia17 postula que surge en toda cura analítica, además de su ambivalencia, de ser la palanca del éxito, el motor de la cura y su más grande obstáculo. Miller18 explica la

transferencia freudiana como el momento en que el deseo del paciente se apodera del terapeuta, en que el psicoanalista -no su persona- imanta las cargas liberadas por la represión.

Se ha tratado de ir más allá, de entender ¿Porque es el verdadero amor? ¿Qué relación tiene con el saber? y cómo estos términos se unen para poder  dar una explicación.

Ahora puedo decir que la transferencia desde el dispositivo analítico, no es solo transferir las repeticiones de la infancia, si no que busca en el analista un saber, una demanda y como en toda demanda hay una falta. Sin embargo, el analista no responde a ello, porque no es él el que sabe, el analizante en su recorrido lo irá descubriendo, irá buscando un sentido a su síntoma, pero ya no con una demanda al analista, si no al sujeto de su inconsciente, a su otro, que es nada más que lo que tiene.

Mayra Jara Raymundo (Participante del CID-Lima)


[1] Soler, C. “Amor en transferencia”, De Inconscientes, 2018, disponible en https://deinconscientes.com/amor-en-transferencia-colette-soler/

[2] Miller, J. “Amamos a aquel que responde a nuestra pregunta: ¿Quién soy yo?”. Consecuencias revista digitar de psicoanálisis, arte y pensamiento, 2011, disponible en: http://www.revconsecuencias.com.ar/ediciones/006/template.php?file=arts/alcances/Amamos-a-aquel-que-responde-a-nuestra-pregunta-Quien-soy-yo.html

[3] Hernández, A. El concepto de transferencia en la teoría freudiana y su importancia dentro del dispositivo analítico (2014), disponible en http://heortiz.net/psicoanalisis/transferencia.pdf

[4] Manzetti, R. A M P Scilicet de los Nombres del Padre. Textos preparatorios para el congreso de Roma 13 al 17 de Julio de 2006.

[5] J. Lacan, “La dirección de la cura y los principios de su poder” (1958), en Escritos II, Siglo Veintiuno Editores, Madrid 1989, pág. 582.

[6] Manzetti, R. A M P Scilicet de los Nombres del Padre. Textos preparatorios para el congreso de Roma 13 al 17 de Julio de 2006, pág. 354.

[7]Miller, J. Seminario en Caracas y Bogotá. 1° edición en Argentina, marzo del 2015. Paidós, Buenos Aires- Argentina. La transferencia de Freud a Lacan. Pág. 171.

[8]Miller, J. “Amamos a aquel que responde a nuestra pregunta: ¿Quién soy yo?”. Consecuencias revista digitar de psicoanálisis, arte y pensamiento, 2011, disponible en: http://www.revconsecuencias.com.ar/ediciones/006/template.php?file=arts/alcances/Amamos-a-aquel-que-responde-a-nuestra-pregunta-Quien-soy-yo.html

[9] Manzetti, R. A M P Scilicet de los Nombres del Padre. Textos preparatorios para el congreso de Roma 13 al 17 de Julio de 2006, pág. 355.

[10] Miller, J. Seminario en Caracas y Bogotá. 1° edición en Argentina, marzo del 2015. Paidós, Buenos Aires- Argentina. La transferencia de Freud a Lacan. Pág. 171.

[11] Ibíd., p.198.

[12] Ibíd., p.198.

[13] Ibíd., p.199.

[14] Manzetti, R. A M P Scilicet de los Nombres del Padre. Textos preparatorios para el congreso de Roma 13 al 17 de Julio de 2006, pág. 355.

[15] Ibíd., p.356.

[16]Tendlarz,S. Sujeto supuesto saber. Publicado en Silicet, volumen preparatorio al VII Congreso de la AMP a realizarse en París, Buenos Aires, 2009.

23 de septiembre de 2016

Jornadas Cuerpos que sufren Habitados por lo inconsciente - Programa



XI JORNADAS DE LA NEL-LIMA Y CID LIMA - 2016

CUERPOS QUE SUFREN
HABITADOS POR LO INCONSCIENT
E


Jueves 29 de septiembre
7:30 – 9:30 p.m.
Conferencia pública
EL FENÓMENO PSICOSOMÁTICO TRATADO POR EL PSICOANÁLISIS
Araceli Fuentes

Viernes 30 de septiembre
10:00 - 12:00
Conferencia pública
DE LA TOXICOMANÍA A LA ADICCIÓN GENERALIZADA
Andrés Borderías
Universidad Peruana Cayetano Heredia – Facultad de Psicología
Calle José Antonio Encinas N°310 Urb. El Parque de Monterrico. La Molina

5:30 – 6:00 p.m.
APERTURA DE LAS XI JORNADAS DE LA NEL-LIMA Y CIDLima
María Hortensia Cárdenas

6:00 – 7:30 p.m.
Clase magistral CIDLima
LA TRANSFERENCIA Y SUS AFECTOS
Araceli Fuentes

7:30 - 9:30 p.m.
CONVERSACIÓN CLÍNICA
Presentan casos:
Fernando Gómez
Marita Hamann
Comentarios: Araceli Fuentes


Sábado 1 de octubre
9:00 – 10:30 a.m.
EL SÍNTOMA
Alfonso Gushiken
Comentarios: María Hortensia Cárdenas y Araceli Fuentes

11:00 – 12:30 a.m.
Seminario Internacional
DEL SÍNTOMA AL SINTHOME
Araceli Fuentes
Primera parte del seminario: EL SÍNTOMA COMO FORMACIÓN DEL INCONSCIENTE

3:00 – 5:30 p.m.
EL ACONTECIMIENTO DEL CUERPO
Renato Andrade
Elida Ganoza
Comentarios: Patricia Tagle y Araceli Fuentes

6:00 – 7:30 p.m.
Seminario Internacional
DEL SÍNTOMA AL SINTHOME
Araceli Fuentes
Segunda parte del seminario: EL SINTHOME, ACONTECIMIENTO DEL CUERPO

7:30 p.m.
Cierre

Nota: todas las actividades se realizarán en el Centro Cultural y Científico de la Universidad Cayetano Heredia: Av. Armendáriz 445, Miraflores menos la conferencia de Andrés Borderías “De la toxicomanía a la adicción generalizada” que se realizará en la Facultad de Psicología de la Universidad Cayetano Heredia: Calle José Antonio Encinas N°310, Urb. El Parque de Monterrico, La Molina.




24 de junio de 2015

Boletín 11 Letras en línea - I Conversación clínica de la NEL

           I Conversación Clínica de la NEL

 El analista y su práctica

São Paulo - 3 de septiembre de 2015

Tute

Letras en línea
Boletín Nº 11


¿Ya enviaste tu ficha de inscripción? 
¡¡¡No esperes más!!!

La ficha de inscripción es necesaria para poder recibir los materiales clínicos que serán trabajados durante la conversación.




Con la riqueza de los comentarios sobre la conversación que hemos compartido en las pasadas 10 ediciones, damos comienzo a la segunda parte de este boletín dedicada ahora a compartir breves elaboraciones sobre distintos aspectos fundamentales de la práctica analítica. Destinaremos unas semanas a explorar vertientes diversas a partir de algunas citas escogidas sobre la clínica y los comentarios que las mismas suscitan en los colegas que aceptaron participar de este esfuerzo, a fin de que sirvan ‒en su articulación y tensión‒ en la construcción del dispositivo de Conversación Clínica de la NEL.

Abren la serie los trabajos de María Eugenia Cardona y Mayra de Hanze. En el primero, Cardona parte de la consideración de Miller acerca de las 3 variantes del sujeto supuesto saber, en relación a los registros sin olvidar su anudamiento. Trabaja la relación que la suposición implica respecto del Otro y la orientación hacia una suposición que
‒inexistencia del Otro mediante‒ se sostenga del Uno.

Hanze por su parte, comenta la cita de un Lacan temprano, del Seminario I, y sitúa a partir de allí un recorrido cuyo eje es la transferencia, su eficacia, su relación con el acto analítico, con el objeto y con la palabra
‒designada en ese seminario como plena‒, para finalmente arribar a la noción: el acto de la palabra.

Gracias al aporte de María Hortensia Cárdenas quien nos ha compartido su archivo de humor gráfico sobre psicoanálisis, cambiamos el tono de las imágenes que ilustran y acompañan la lectura de este tramo del boletín.

Y cambiamos también el contexto de las referencias bibliográficas que adjuntamos, pues se tratará de acercarlos a una selección de citas respecto de la práctica clínica que mucho agradecemos una vez más a Piedad O. de Spurrier, quien ha llevado adelante un extenso relevamiento sobre el tema.

Al final de este boletín encontrarán nuevamente la ficha de inscripción. Es de gran utilidad para la organización saber quiénes podrán concurrir, por lo que insistimos en pedirles que por favor la envíen a Clara María Holguín: clara.maria.holguin@gmail.com 

La ficha de inscripción es condición necesaria para poder recibir con anticipación el material clínico que será discutido y trabajado durante la Conversación.

¡Disfruten la lectura!

Ana Viganó 


Nuestro sujeto supuesto saber

Comentario de María Eugenia Cardona a la cita:

“El analista mismo es un sujeto supuesto al saber –es el segundo sujeto supuesto saber. Si no lo fuera, no nos confiaríamos a él. Es supuesto a saber, al menos, lo que quiere verdaderamente decir la confidencia del analizante, o sea, es supuesto a saber interpretar, digamos, hablando en latín, a responder al casus de las formaciones del inconsciente por el saltus, el salto de la interpretación. Este salto de la interpretación es por otra parte central en el ejercicio, llamado, de control: ¿Cuándo hay que saltar sobre la palabra del analizante para hacerlo en el momento oportuno y tener los efectos que esperamos de ello? Este salto de la interpretación engendra una significación que lo podríamos articular así: Tú, analizante, que eres supuesto al saber, no sabes lo que dices” [1]   

En esta intervención de Miller en las Jornadas de estudios de la ECF 2006: “Nuestro sujeto supuesto saber”,  Miller ubica tres sujetos supuesto saber, donde el primero sería el analizante con la esperanza de dirigirse a alguien que dirá lo que le pasa, por lo cual busca un analista. El segundo SsS sería  el analista mismo como un  supuesto a interpretar y el tercer SsS sería el  inconsciente como potencia de cifrado…Finalmente y admitiendo que son tres SsS que se articulan en la sesión analítica: el primero imaginario, el segundo simbólico y el tercero real. Pero realmente son solo uno.

El analista como segundo SsS será quien  le dé la palabra al analizante, sosteniendo el lugar de “olvido de todo lo sabido”, condición de ignorancia necesaria, que hará de cada encuentro algo nuevo y a su vez posibilitará la  instalación de SsS  en  la sesión analítica. Como lo dice Miller: “la pasión de la ignorancia significa invención de saber, es su otro nombre”. (2) “El sentido de la ignorancia en psicoanálisis, su virtud, eso por lo que resulta adecuado aquello de lo que se trata, es que es la ignorancia de algo que no hay. Por eso Lacan pudo hablar de invención de saber y no de descubrimiento”.(3)   Las  entrevistas iniciales  responden a la frase precisa de Lacan “en el comienzo está la transferencia”. Donde el  síntoma con sus dos caras, “una que habla y es mensaje”, la otra que “no habla y es goce” que incide en el cuerpo, llevará a alguien  a partir del malestar –goce
‒  a un análisis. La maniobra del analista al inicio es crear las condiciones para que el parlêtre  descubra su inconsciente y a partir de ahí se instaure la suposición de saber. La transferencia estará armada a partir de la creencia de que esa queja-por la que sufre será develada. Creencia que Lacan en el Seminario 7 diferencia de  la verdad cuando dice: “si suponemos que creen verdaderamente, no son creencias sino verdades”.(4) Solo el acto analítico que está desde el inicio, podrá ubicar la causa que será impulso al trabajo de transferencia.

Para que el síntoma pueda ser interpretado es necesario creer en él, en su dimensión de mensaje. Síntoma que no es sin la envoltura del Otro de la cultura.  

Del psicoanalista se espera la resolución del enigma inconsciente del síntoma. Posición o lugar paradójico para el analista pues ocupa un lugar “que no cree” pero se sirve de ese semblante para dar voz al goce, y llegar a precisar “reduciendo” todo el trabajo de la defensa neurótica que como lo dice Lacan: (5)   es pura pérdida, mera conjura que da lástima”. O sea todo lo que se hace con el sentido, no - sirve y agrega: “el sujeto se agota produciéndose como efecto de significante, permaneciendo tan distinto de él….”. (6)  El inconsciente Lacaniano está entre los significantes, tiene una estructura pulsátil aparece para desaparecer y volver a reaparecer…necesita al menos dos significantes (S1-S2)  para capturarlo. El inconsciente lacaniano  es lo que brilla y late con  destellos momentáneos entre los intersticios  de la  cadena  significante. Por eso en cada analizante, el analista no solo escuchará los significantes que ordenaron su 
hystoria sino que tendrá que tener en cuenta otro registro más allá de los significantes, que tiene que ver con esos destellos y latidos  momentáneos que están en el agujero entre los significantes. Hay un cambio de paradigma donde el lenguaje no comunica sino que es “en el cada significante vale uno” (7) es letra que no remite a nada. En esta nueva perspectiva la intervención del analista no es: sin-sentido, sino que se trata de la intervención: no-sentido, donde lo que se juega es acontecimiento de goce como resonancia en el cuerpo. Como lo dice Xavier Esqué:….”es decir que se apoya no en el Otro sino en el Uno. Se trata de tomar apoyo en lalengua con el fin de extraer el Uno”.(8)

En 
Los usos del lapso, J.-A. Miller dice: “…el analista con su presencia, encarna algo del goce, la parte no simbolizada del goce. (…) y de la que se puede decir que el testimonio es la presencia del analista en carne y hueso. (…) El analista está a título de su encarnación y no del saber que tendría, del saber inconsciente del sujeto”. [9] Cuerpo del analista, lugar encarnado, que hace posible cernir la “marca singular” de lo innombrable donde el resto –vivifica y posibilita el encuentro con un nuevo modo de saber hacer allí. Inexistencia del Otro que pone al Uno del lado de la invención.

La interpretación será el acto que se espera del analista, que se articula a la pulsación temporal inconsciente y reorienta al 
fading constituyente del sujeto.
  
Referencias
(1)  Miller, J.-A.,” Nuestro sujeto supuesto saber”, http://ampblog2006.blogspot.com/2007/09/journes-dtudes-2007.html
(2)  Miller, J.-A., “Los signos del goce”. ”, Paidós, Bs. As., 2011, p. 222
(3)  Ibíd. p. 229
(4)   Lacan, J., El Seminario, Libro 7, La ética del psicoanálisis, Paidós, Buenos Aires, 1992, p. 208.
(5)  Lacan J., El seminario, Libro 19, ...o peor, Paidós, Buenos Aires, 2012, p.170.
(6)  Ibíd., pág.171.
(7)  Miller, J.-A., Los signos del goce, Paidós, Buenos Aires, 2011, pp. 343-344.
(8)  Miller, J.-A., Esqué, X. y otros., ¿Cómo se forman los analistas?, Grama, Buenos Aires, 2012, p. 44.
(9)  Miller, J.-A., Los usos del lapso, Paidós, Buenos Aires, 2004, p. 22.


Comentario de Mayra de Hanze a la cita:

“Debe existir pues algo diferente del adoctrinamiento que explique la eficacia de las intervenciones del analista. Es lo que la experiencia demostró como eficaz en la acción de la transferencia.” [1]

Corre el año 1953 y Lacan realiza su enseñanza “Los escritos técnicos de Freud”, apertura el Seminario recordándonos que el pensamiento de Freud está abierto a la revisión. Reducirlo a palabras gastadas sería un error […]

Utiliza para ubicar la práctica del psicoanálisis, la metáfora del  arte del buen cocinero, “Que sabe cómo trinchar el animal, cómo separar la articulación con la menor resistencia”. Sabiendo que existe, para cada estructura, un modo de conceptualización que le es propio.

La cita que se me ha pedido comentar, la encontramos en el capítulo IX, “Sobre el narcisismo”. Aquí Lacan insiste en la noción de lo simbólico, diciendo que siempre conviene partir de ella para comprender lo que hacemos cuando intervenimos en el análisis.

Enfatiza esa faz de la resistencia que se sitúa en el nivel mismo de la emisión de la palabra. La palabra puede expresar el ser del sujeto, pero hasta cierto punto, nunca lo logra.

Surge al respecto la primera interrogación ¿Cómo se sitúan respecto a la palabra, todos esos afectos, todas esas referencias imaginarias habitualmente evocadas cuando quiere definirse la acción de la transferencia en la experiencia analítica?

Nos dirá que no podemos pensar la experiencia analítica como un juego, una trampa, una artimaña ilusoria, una sugestión. Esta experiencia convoca la palabra plena, la que apunta, la que forma la verdad tal y como ella se establece en el reconocimiento del uno por el otro. La palabra plena es la palabra que hace acto.

Se plantea al respecto la primera contradicción sobre el método psicoanalítico, que apunta a la obtención de la palabra plena mientras da como consigna al sujeto decir una palabra lo más despojada posible de toda suposición de responsabilidad, incluso lo libera de toda exigencia de autenticidad, le conmina a decir todo aquello que pase por la mente, facilitando al sujeto el retorno a la vía de lo que, en la palabra, está por debajo del nivel del reconocimiento y que concierne al tercero, el objeto. Por supuesto, el objeto, no deja de estar en referencia a la palabra […].

Pareciera que este acto de la palabra sólo puede progresar siguiendo la vía de una convicción intelectual proveniente de la intervención educadora, es decir superior, del analista. El análisis progresaría así por adoctrinamiento.

Cuando se afirma que la primera etapa del análisis habría sido intelectualista se hace referencia a este adoctrinamiento. Sin embargo, nunca fue así…las fuerzas auténticamente en juego estaban presentes desde el origen. Si no hubiesen estado allí, el análisis jamás habría tenido la posibilidad de aprobar su examen, e imponerse como método evidente de intervención psicoterapéutica.

[…] La transferencia eficaz de la que habla, es en su esencia, el acto de la palabra.

Es indudable que este recorrido que plantea Lacan, me evoca aquel otro que realizara Miller en el 80, al anunciar que en el psicoanálisis realizamos una clínica bajo transferencia, para decir en el 2008 que la transferencia tiene un afecto disolvente sobre la clínica.

Referencias
[1] Jacques Lacan, 
El Seminario, Libro 1, Los escritos técnicos de Freud, Paidós, Buenos Aires, 1981, p. 170.


Referencias bibliográficas sobre la práctica clínica

Lacan, J. (1971). Escritos 1. México D. F., Siglo XXI Editores.
El tiempo lógico y el aserto de certidumbre anticipada. Un nuevo sofisma (1945) 

·         “Se aíslan en el sofisma tres momentos de la evidencia, cuyos valores lógicos se revelarán diferentes y de orden creciente”. (p. 27)
·         Estos momentos son el instante de la mirada, el tiempo para comprender y el momento de concluir. “El tiempo para comprender puede reducirse al instante de la mirada, pero esa mirada en su instante puede incluir todo el tiempo necesario para comprender. Así, la objetividad de este tiempo se tambalea en su límite”. (p. 29)
·         “Cada uno de los sujetos, si ha vuelto a aprehender la certidumbre subjetiva del momento de concluir, puede nuevamente ponerla en duda. Pero está ahora sostenida por la objetivación, ya hecha, del tiempo de comprender, y su puesta en duda durará tan solo el instante de la mirada, porque el solo hecho de que la vacilación aparecida en los otros sea la segunda basta para suprimir la suya apenas percibida, puesto que le indica inmediatamente que con seguridad no es un negro”. (p. 33)

Intervención sobre la transferencia (1951)

·         “En una palabra, el psicoanálisis es una experiencia dialéctica, y esta noción debe prevalecer cuando se plantea la cuestión de la naturaleza de la transferencia”. (p. 38)
·         “Dicho de otra manera, la transferencia no es nada real en el sujeto, sino la aparición, en un momento de estancamiento de la dialéctica analítica, de los modos permanentes según los cuales constituye sus objetos. ¿Qué es entonces interpretar la transferencia? No otra cosa”. (p. 47) 


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Ana Viganó 


5 de junio de 2015

Boletín 3 Letras en línea - I Conversación clínica de la NEL


                 I Conversación Clínica de la NEL 

 El analista y su práctica
 

São Paulo - 3 de septiembre de 2015

La conversación - Étienne


Letras en línea
Boletín Nº 3

La maldición sobre la conversación es eso mismo que la vuelve necesaria, como dispositivo, para los analistas de una Escuela. Paradojas de la materia con la que trabajamos, para Lacan la definición de la comunidad de los analistas se soporta en el punto mismo de su imposibilidad. 

Hay un saber común para los analistas que deviene de su experiencia analítica: analista analizante es el sintagma que orienta esta vertiente del saber. Un saber que no es referencial sino que parte de que en todo saber hay un agujero fundacional –y fundamento–. Un saber común –perspectiva que no puede dejar de ser universalizante–; que solo se verifica en el uno por uno –la singularidad de cada travesía por las aguas transferenciales del saber, sea como analizante, sea como analista–; y que además incluye la posibilidad no-toda de que un saber nuevo esté pronto a producirse, si las condiciones lo permiten. Así, la conversación analítica es como la Escuela misma, una y múltiple a la vez.

Si hay una tal maldición, es para que la Escuela no cese en el intento de biendecirla. De estas cuestiones nos hablan los textos que presentamos hoy, a cargo de Juan Fernando Pérez y Alicia Arenas.

Al término de estas lecturas encontrarán nuevas referencias bibliográficas sobre el tema de la conversación, esta vez haciendo especial hincapié en la idea de banquete-conversación, un banquete que si algo sabemos de él –Antoni Vicens nos lo recuerda– es que no es silencioso.

¡Disfruten la lectura!

Ana Viganó 

Comentario de Juan Fernando Pérez a la cita:

“[...] los analistas son los científicos de un saber dont ils ne peuvent s’entretenir […] una maldición sobre el hecho mismo de la conversación.” [1]

El contexto del cual proviene la frase anterior dice: “Quizás la palabra más adecuada para designar este ejercicio sea “conversación”, tal como utilizamos este término desde hace algunos meses. La conversación implica una comunidad de experiencia y supuestamente tenemos la experiencia del análisis; como analizantes, como analistas. Es decir, la experiencia de la relación de transferencia y también de la terminación de esta relación bajo una forma u otra. Asimismo tenemos la experiencia de la vida institucional en común de analistas y de analizantes. La conversación, tal como la entiendo, está siempre soportada, fundamentada por la comunidad de experiencia, es decir por una experiencia hecha vínculo social. Y además, esta conversación –happening conceptual– de hoy a mañana tiene como tema, o por lo menos apunta, al vínculo social que se construye a partir del psicoanálisis. No podemos, en este punto, dejar de recordar que vamos en contra de lo que Lacan señaló en un texto que se llama “Del psicoanálisis en sus relaciones con la realidad” lo que señaló sobre la maldición presente en el conjunto de los analistas, cuando dice que los analistas son los científicos de un saber dont ils ne peuvent s’entretenir, lo que se traduce bien, según me parece “un saber a propósito del cual se puede conversar, s´entretenir en francés es “conversar”. Una maldición sobre el hecho mismo de la conversación, casi definiendo, a partir de la imposibilidad de la conversación, la asociación de los analistas, el conjunto de los analistas. Dice que tiene en común un saber pero que no lo pueden intercambiar. Que deben, sin embargo, asociarse unos con otros porque ningún saber puede ser soportado por uno solo. Vamos a ver por qué dice que el saber no puede ser soportado por uno solo. Lo ha dicho quizás en un momento de pesimismo, en el momento en el que la comunidad de sus mismos discípulos rechazaba por mayoría su propuesta del pase. Por lo menos, lo ponía en duda.”

Como se podrá apreciar, la frase propuesta solo resulta clara si se lee el contexto del cual fue extraída. Y al respecto, cabe añadir que, dados los límites propuestos, ya no hay mucho que añadir. Quizás solo destacar que se señalan allí dos cosas: que los analistas en general no pueden conversar entre sí; y que ello sería una maldición (¿también, no para..., sino de Lacan?) para un propósito que debería guiarlos, como es conversar sobre el saber que les es común.
  
[1] Miller, Jacques-Alain, “Lo postanalítico”, Conferencias porteñas, Tomo 3, Paidós, Buenos Aires, 2010, p. 88. 

Comentario de Alicia Arenas a la cita:

“La conversación es la puesta en acto [...] de la desuposición del saber del Uno”. [1]

Un plus que no es de goce

Si una escuela de psicoanálisis tiene entre otros objetivos la producción de saber, es necesario diseñar los modos en que esa producción pueda tener efecto en su seno, más allá del trabajo realizado por sus miembros, asociados y estudiantes en el uno por uno. Que la escuela propicie esa producción de saber partiendo del colectivo, implica la suposición de que el encuentro añade a ese uno por uno un plus que sería lo más propio del trabajo de escuela. 

La práctica de la conversación propuesta por J. A. Miller en la que, como Una y múltiple a la vez, la escuela es dispositivo para poner en marcha un tipo de producción de saber que apunta a ese plus, se basa en el hallazgo o invención que puede resultar de un tipo de encuentro en el que no se parte del saber referencial sino que toma su fuerza del agujero en el saber.

Una disciplina que se apoya en la transferencia de trabajo entre pares que no constituyen un conjunto, pero si una comunidad de experiencia, como analizantes y como analistas,  y que sitúa en primer plano el vacío en oposición a identificaciones e ideales. La presencia misma del analista como obstáculo al lugar de la referencia, agujereándolo, al señalar con sus intervenciones el estatuto de semblante del saber. En tanto analizantes, dando lugar a la presencia del objeto como causa.

Un tipo de reunión en la que se trata de poner en acto la creencia compartida de que hay algo que aún no ha sido dicho y que es posible encontrar, entre varios, logrando la producción del S1// S2  como disyuntos, operación que ha de permitir el corte de la cadena que comanda el S1.

[1] Miller, Jacques-Alain, “Lo postanalítico”, Conferencias porteñas Tomo 3, Paidós, Buenos Aires, 2010, p. 93.

Referencias bibliográficas sobre Conversación

La Conversación como banquete (de los analistas - analizantes)

1.- El banquete de los analistas. J-A. Miller (concluye en 1990, publicado en 2000)

•   “Resulta divertido que para designar esta comida en común en la que se conversa entre amigos el francés haya mantenido la forma petitebanquette [pequeña banqueta], a partir, según los diccionarios etimológicos, del italiano banchetto, mientras que en el latín se dice convivium, se designa la misma cosa por el vivir junto […] Por eso el banquete de los analistas es asimismo el de los analizantes” (p. 13)

2.- Lectura: El grupo analítico (pp. 279-293):

•   “Si volvemos a Freud, a 1902, vemos que no describe otra cosa que un grupo constituidos por encuentros azarosos a partir de la transferencia que se produce en torno a él (este principio de transferencia hizo reconocer la constitución de un grupo alrededor de Lacan), la cual, según su propio testimonio, cobraba la forma de una transferencia de trabajo sin trabajo de transferencia.” (p. 285)

3.- Los analistas en sus banquetes, Antoni Vicens.
Extraído de: 
http://wapol.org/ornicar/articles/avi0215.htm

•   “Para empezar, Lacan nos enseña que el análisis, el de cada cual, se acaba. Sin embargo, hay un análisis que, verdaderamente interminable, no se acaba nunca: es el de la Escuela. En efecto, la Escuela es el auténtico analizante del discurso analítico. El discurso del analista pone la causa a analizar la Escuela.”

•   “En su curso de 1989-1990, Jacques-Alain Miller propuso el término de banquete para referirse a la composición de un grupo no totalizable de analistas.”

•   “Es a partir de ahí que Jacques-Alain Miller entiende el banquete como un espacio donde se hacen oír muchas voces, como una conversación. Por eso Miller evoca, más allá, o más acá del gran Banquete platónico, los coloquios de Erasmo, el Convivio de Dante, y algunas conversaciones más. Lo que es claro, es que el banquete del que se trata no es un banquete silencioso.

•   “De los banquetes hemos de aprender la manera de hablar con decencia de nosotros mismos. Para que se sepa.”

Responsables del Boletín Letras en línea
María Hortensia Cárdenas
Ana Viganó