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4 de septiembre de 2013

La experiencia analítica pone a prueba el amor y lo resignifica

De lo engañoso a lo verdadero

La lírica trovadoresca supuso la aparición del amor cortés.

El análisis permite encontrar una salida a la repetición agobiante de los fracasos del amor. Aunque la transferencia sea condición, el analista no es un partenaire, sino que conduce al analizante a abandonar su ilusionada creencia.

Por Daniel Millas* 

Constituye una condición del amor tener que probar que es verdadero. Y si esto es así es porque existen también amores engañosos que desfallecen rápidamente con la luz del nuevo día. Hubo una época donde la exaltación del amor junto a la puesta a prueba de su verdad, hallaron una expresión sutil y refinada. A finales del siglo XI acontece la aparición de la lírica trovadoresca. Poetas dedicados a dar forma a un concepto nuevo del amor: el amor cortés. Creación de un verdadero culto que lleva a la idealización extrema de la mujer elegida. La Dama en cuestión es objeto de toda clase de homenajes y lo particular de esta relación amorosa es que ella se mantiene como un ser frío e inaccesible. Este amor es paradigmático en lo que se refiere a dar sus pruebas ya que encuentra allí su fundamento. La fidelidad incondicional y la superación de las tentaciones de la carne son condiciones insoslayables para poder llamarlo verdadero.
Si pasamos ahora al psicoanálisis, encontraremos que para Freud el amor y la verdad constituyen dos dimensiones esenciales de la práctica analítica. Desde el inicio propuso a la búsqueda de la verdad como una posición ética del analista para el desciframiento de las causas del sufrimiento neurótico.
Lo que no esperaba es que el amor irrumpiera como un convidado de piedra en el corazón mismo de la experiencia. Necesitó tiempo para admitir que ese amor, al que puso el nombre de transferencia, no solo era tan legítimo como cualquier otro, sino que constituía una condición necesaria para llevar adelante el análisis. Pero el amor de transferencia es el motor de la cura y no su solución, ya que lo propio del psicoanálisis es la respuesta inédita que le confiere a la demanda de amor en la experiencia.
Quien acude al encuentro con un psicoanalista lo hace llevado por el sufrimiento que lo aqueja. En ese padecimiento la problemática del amor está de alguna manera presente. Ya sea por la decepción y el desengaño, por las traiciones y los desencuentros, o por la dolorosa soledad a la que lleva su ausencia. La demanda de análisis se sostiene en la creencia de que es posible justificar ese dolor que se ha vuelto insoportable.
Es en ese marco de suposición que el amor de transferencia se revela. Pero el analista no es un partenaire amoroso, sino que conduce al analizante a advertir lo que este amor tiene de ilusionada creencia. Opera de modo tal que permite cernir la alteridad radical que encubre la demanda amorosa. Por este medio, el análisis ofrece la oportunidad de encontrar una salida a la repetición agobiante de los fracasos del amor. El amor puesto a prueba en la experiencia analítica demuestra que no hay ninguna complementariedad, que no existe el "uno para el otro" armonioso y predestinado.
Pero entonces, ¿Qué resulta del saber obtenido? ¿Habrá que sumarse finalmente a las filas de los desengañados solitarios, de las almas tristes del desencuentro irremediable? De ninguna manera. La experiencia analítica le dejará saber a quien la atraviesa que el lazo amoroso se funda y se sostiene a partir de un punto de vacío irreductible. Es alrededor de ese vacío, transformado por el análisis en potencia vital del deseo, que se juega la chance de acceder a una nueva modalidad del amor. De elegir con quién compartir el exilio al que cada uno está llevado por la singularidad que lo habita. No está mal como alternativa. Después de todo un exilio no se comparte con cualquiera.

*Miembro EOL y AMP. Director Escuela Orientación Lacaniana. Escrito para las recientes Jornadas Anuales de la EOL Sección Santa Fe.

31 de agosto de 2013

Para guardar la orientación del psicoanálisis - Judith Miller

                                                                                              Judith Miller

Cartas a los amigos
Para guardar la orientación del psicoanálisis
De Judith Miller a Pablo E. Chacón

En su forma actual, la lógica del discurso del amo admite que el ser humano es un viviente, pero deja de lado que es un viviente que habla. De este modo olvida (y hace olvidar) los efectos que se desprenden de ello. El primero es que tratando de expulsar por la puerta al síntoma -furor sanandi-, éste retorna por la ventana, tal como Freud lo constata.
La consecuencia es esa “crueldad sonriente”, según la bella fórmula de Jacqueline Dheret: la de encontrar métodos o “buenas prácticas”, “recomendadas” porque son aprobadas por la autoridad política o por autoproclamados expertos en evaluación. Esta lógica conduce a reducir al ser hablante a un productor-consumidor del que se espera conseguir alguien que no ponga ningún grano de arena en la máquina aceitada del mercado mundial, todos puestos a marchar al paso de la norma, formateados como robots sobre un premodelo de bienestar y felicidad. Este totalitarismo soft querría imponerse en nombre de un universal que conjuga los derechos del hombre y la ciencia a través de operaciones de marketing que se jactan de la novedad de los métodos consensuales.

Es a lo que está confrontado en la actualidad el psicoanálisis. Esos ataques no son una novedad, como lo demuestra la historia desde que Freud nombró la palabra inconsciente. Ser atacado es algo bueno. Aún le es necesario al psicoanálisis saber guardar su orientación, sin ceder sus principios y evitar la autosegregación que resultaría de un desinterés de los nuevos pasos que la ciencia puede dar: las ilusiones del amo hipermoderno. Es clave no sólo resistir al cientificismo y a las operaciones de marketing que vienen a su apoyo, a menudo por vía de medios dóciles, cómplices de los imperativos del discurso capitalista.

Escuché recientemente a una mujer dedicada a la política que decía: “Hay pequeñas cosas que tienen gran importancia”. Ese principio me parece que condensa la orientación que exigimos, en términos muy simples, y tienen, además, la ventaja de subrayar que “pequeñas” cosas tienen una “gran” importancia. Formado en el psicoanálisis como experiencia personal, un practicante sabe, por ejemplo, que el ser humano es un viviente cuyo cuerpo está marcado por la lalengua, y que el pequeño hombre (el niño) es portador de un saber para escuchar, haya o no hecho la “elección” autista. Los niños también saben, casi de entrada, que al dirigir las palabras a un analista, éstas toman todo su peso, y les alivian el sufrimiento y la soledad que son propios de cada uno.

24.08.2013


Fuente

29 de agosto de 2013

Boletín Bordes 06

Fragmento de la Campaña Disecando a Dalí, Picasso y Van Gogh
    Agencia de publicidad DDB Brasil

BORDES
No. 6
22 de Junio de 2013

Boletín de la NEL hacia el VI Encuentro Americano de Psicoanálisis de la Orientación Lacaniana
XVIII Encuentro Internacional del Campo Freudiano

HABLAR CON EL CUERPO
LAS CRISIS DE LAS NORMAS Y LA AGITACIÓN DE LO REAL
Buenos Aires, 22 y 23 de noviembre de 2013

EN ESTE BOLETÍN
Editorial.- Ruth Hernández B.
Acerca de la observación de Lacan sobre el “retrato de Dora” De Helene Cisoux.- J Gavlovski
Una maestría sobre el cuerpo.- Carlos Márquez

OPINIONES Y COMENTARIOS
Recordatorio para ENAPOL, 2013
Comentario del artículo: Festividad religiosa como suplencia frente a lo real.- Gabriel George.
Comentario del Artículo: Lo mental, lo corporal y lo psíquico.- Patricia Expósito
  
mi cabeza como una gran canasta
 lleva su pesca
 deja pasar el agua mi cabeza

mi cabeza dentro de otra cabeza
 y más adentro aún
 la no mía cabeza

mi cabeza llena de agua
 de rumores y ruinas
 seca sus negras cavidades
 bajo un sol semivivo

mi cabeza en el más crudo invierno
 dentro de otra cabeza
 retoña

Blanca Varela


EDITORIAL
Ruth Hernández
NEL Caracas

En este número, Gavlovski nos introduce en una nueva dimensión: el cuerpo en el teatro. La repetición, que en el teatro es el ensayo, es una repetición en la que el actor/la actriz ha de aprenderse “el texto unido al cuerpo, al movimiento corporal”. Gavlovski apunta a un bien decir necesario para el que actúa, lo que implica incorporar el cuerpo a ese decir, “saber-hacer” otro cuerpo: el cuerpo del personaje. Es el propio goce del actor el que vendría a agregarse a la consistencia imaginaria del cuerpo del personaje y el hueco estructural consecutivo a la falta de significante en el Otro. Son los actores los que realizan  el texto, “se trata de la histeria”, citando a Laurent, “en tanto organiza el texto para el Otro, la histeria en cuanto lazo”. Si de algo sabe el actor es de servirse de la histeria para lograrlo.

Carlos Márquez, por su parte, nos trae el sufrimiento del cuerpo como instrumento de protesta. Cuerpos en huelga de hambre hasta el borde de la muerte o la muerte misma. Cuerpo que “demanda de justicia frente a un estado que se percibe como incapaz de otorgarla, o tan siquiera de escuchar lo que se tiene que decir”. Una respuesta frente al Otro. Luego nos presenta los modos cosméticos de autopunición asociados a un “bajar de peso” para encajar con un ideal, la promesa de una “maestría sobre el cuerpo desde el yo”.

Acompañamos este número de fotografías. El fotógrafo, nos señala Roland Barthes, busca atrapar "el evento cuya existencia no podrá repetirse…, la ocasión, el Encuentro, la Tyché, lo real en su expresión infatigable". La posición desde donde se mira es lo que nos interesa, en tanto al igual que el deseo del analista, busca obtener la diferencia absoluta.

La primera fotografía es un fragmento de la campaña “Disecando a Dalí, Picasso y Van Gogh”, realizada por la agencia de publicidad DDB Brasil, con la finalidad de invitar a los interesados a inscribirse en la MASP Art School de Sao Paulo. De los tres artistas tomamos la representación de Dalí, pues como sabemos, tuvo un encuentro con Lacan en los años 30… ¿de qué forma la propuesta de uno pudo haber aportado elementos para la del otro?

Por otro lado Steven Klein, hace click sobre dos mujeres: la locura maniatada versus la bella indiferencia absoluta. Finalmente tenemos la mirada de Bohnchang Koo, quien cose sus fotografías utilizando el hilo como símbolo de la fragilidad de los vínculos humanos. Ensambla con sus hilos un cuerpo fragmentado, sereno y frágil, en un intento de revelar la invisible presencia de la vida.
¡Buena lectura!
      
 Steven Klein (1962)
Blanco Institucional

ACERCA DE LA OBSERVACIÓN DE LACAN SOBRE EL  “RETRATO DE DORA” DE HELENE CISOUX.

Johnny Gavlovski
NEL Caracas

Cuando Eric Laurent en el Argumento para ENAPOL hace referencia a Le Portrait de Dora, de Hélène Cixous, señala cómo Lacan explica: "Quiero decir que la realidad –de las repeticiones, por ejemplo– es a fin de cuentas lo que ha dominado a los actores".

Es importante aclarar que en francés, a los ensayos de teatro se les llama: “repeticiones”. Pero, ¿se trata de repetir en el sentido freudiano del término? No, se trata de ensayar. ¿Y qué es esto? Se repiten las escenas, con vistas a que el actor/la actriz se aprenda el texto unido al cuerpo, al movimiento corporal. Y eso no siempre pasa. A veces hay dificultad. Como decía Joyce: “lo importante es que la palabra encaje en la boca de quien lo dice” y eso, no siempre sucede.

El actor debe buscar cómo decir el texto. El bien decir del mismo; y luego, apropiarse de éste, es decir, hacerlo suyo. ¿Qué quiere decir esto? Poder incorporarlo a su cuerpo, a ese cuerpo que tiene, para poder “saber-hacer” otro cuerpo: el cuerpo del personaje. Darle consistencia imaginaria. Mientras esto no se logra, no hay interpretación actoral. No deja de ser el actor que repite-balbucea un texto. Como el actor que hace de Freud o la actriz que hace de Dora en la referida obra. El actor inhibido o el que es incapaz de representar otra cosa que no sea a sí mismo. En cambio, el actor que se permite buscar otra consistencia, entregarse para dejarse parasitar por ese otro llamado personaje, ahí algo ocurre. Eso es lo que se llama búsqueda del personaje. Un otro a quien se le presta en primera instancia el propio cuerpo a…a’  Y cuando el actor le da el cuerpo al personaje, le entrega uno ya cizallado por el significante, el cuerpo de la histeria.

Pero hay algo más: Lacan nos dice:
“A lo imaginario y a lo simbólico, es decir cosas que son muy extranjeras la una y la otra, lo real aporta el elemento que puede mantenerlas juntas.”(1)

Obviamente, es el goce del actor que se engancha con esta situación. Desde allí propongo entender la apreciación de Lacan: "Quiero decir que la realidad –de los ensayos, por ejemplo– es a fin de cuentas lo que ha dominado a los actores". Lo que los domina, es su propio goce, ese “plus que agrega a la consistencia imaginaria del cuerpo del personaje y el hueco estructural consecutivo a la falta de significante en el Otro” (2) que, en este caso, es más patente cuanto que ese Otro es el dramaturgo, de quién nunca se sabrá qué quiso escribir, o del director, que no siempre dice lo que intenta hacer en su mise en scene, puesta en escena o mejor dicho, puesta en acto de un texto sobre la escena.

Esto es lo que viene a explicar lo que Eric Laurent nos dice al escribir: 
…Está pues realizada de una forma tal que lo que dominó a los actores no fue el texto sino la pragmática misma del decir. Eso ayuda a desprenderse de la idea de que el significante organiza un texto que organiza a los actores. Allí son más bien los actores quienes realizan el texto. "Se trata de la histeria", subraya, en ese espectáculo…(3)

La histeria en tanto organiza el texto  para el Otro, la histeria en cuanto lazo. Pero también habría que decir histeria en cuanto:
1.- Identificación histérica, en tanto identificarse con el síntoma del Otro, por participación. (Argumento, apartado Síntoma e identificación)
2.- En cuanto que darle un cuerpo a un personaje es de entrada, darle un cuerpo cizallado por el significante, y si de algo sabe el actor es de eso, servirse de la histeria, para lograr eso.(argumento, apartado: Lo mismo y el cuerpo de lo real)

Laurent cita a Lacan cuando señala que: 
…entre los actores la que no interpreta a Dora está muy incómoda [embarrassée]. "No muestra todas sus virtudes de histérica". Hay que destacar el término virtudes. El actor que interpreta a Freud está aún más incómodo, tiene un aspecto muy fastidiado, "eso se ve en su rendimiento". Lacan dice: "Tenemos allí la histeria […] que podría llamar incompleta. Quiero decir que la histeria siempre es dos, en fin, desde Freud.

¿Cómo entender esto? La que no-hace a Dora esta incómoda. El que interpreta a Freud está fastidiado. La pregunta es: ¿realmente interpretan? ¿Realmente se han colocado en el a’? ¿O permanecen en sí-mismos, inmersos en el goce que les implica la incomodidad y el fastidio?
En algún lugar de los “Estudios sobre la Histeria”, Freud señala que traduce los “no sé” del paciente por “no quiero saber”, y el fastidio por “no querer hacer”. En última instancia, la no-Dora y el incómodo Freud, no son lo suficientemente histéricos, no hacen vínculo ni con los otros actores, ni con el público (léase los textos de Freud sobre el teatro donde señala la identificación del espectador con el actor). ¿Quizás esta no-Dora y el fastidiado actor sean un ejemplo de la belle indifférence? ¿Serán muestra de esta tal histeria incompleta de la que habla Lacan?

Referencias
(1)  Lacan, J El sinthome Seminario XXIII. Edit Paidos Bs Aires, 2006 pg. 132
(2)  Portillo, R El sinthome, acontecimiento del cuerpo http://acpnelcaracas.blogspot.com/
(3) Laurent, Eric Argumento hablar con el propio síntoma, hablar con el propio cuerpoENAPOL, 2013 http://www.enapol.com/

Comité organizador BORDES: Piedad Ortega de Spurrier, Marcela Almanza, Elida Ganoza, Johnny Gavlovski E., Ruth Hernández

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