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21 de mayo de 2015

"El TDAH no existe, y la medicación no es un tratamiento, sino un dopaje"

"Hay una patologización de problemas normales de la infancia" denuncia Marino

Ernesto Agudo.

«No existe. El TDAH es un diagnóstico que carece de entidad clínica, y la medicación, lejos de ser propiamente un tratamiento es, en realidad, un dopaje». Esta es la sentencia de Marino Pérez, especialista en Psicología Clínica y catedrático de Psicopatología y Técnicas de Intervención en la Universidad de Oviedo, además de coautor, junto a Fernando García de Vinuesa y Héctor González Pardo de «Volviendoa la normalidad», un libro donde dedican 363 páginas a desmitificar de forma demoledora y con todo tipo de referencias bibliográficas el Trastorno por Déficit de Atención con y sin hiperactividad y el Trastorno Bipolar infantil. Lo que sí que existe, y es a su juicio muy preocupante, es el fenómeno de la «patologización de problemas normales de la infancia, convertidos en supuestos diagnósticos a medicar».

En «Volviendo a la normalidad», ustedes ponen el dedo en la llaga, al asegurar que el llamado Trastorno por Déficit de Atención, con o sin Hiperactividad (TDAH), no existe.
El TDAH es un diagnóstico, cada vez más popularizado, que carece de entidad clínica. Para empezar, no se establece sobre criterios objetivos que permitan diferenciar el comportamiento normal del supuestamente patológico, sino que se basa en apreciaciones subjetivas, en estimaciones de los padres del tipo de si «a menudo» el niño se distrae y se mueve mucho. Más que nada, el diagnóstico es tautológico. Si un padre preguntara al clínico por qué su hijo es tan desatento e inquieto, probablemente le respondería porque tiene TDAH, y si le preguntara ahora cómo sabe que tiene TDAH, le diría porque es desatento e inquieto. Por lo demás, insisto, no existe ninguna condición neurobiológica ni genética indentificada, y sí muchas familias donde no se asume que la educación de los niños es más difícil de lo que se pensaba.

¿Quiere decir que no hay ninguna prueba médica que lo demuestre?
No. No existen pruebas clínicas ni de neuroimagen (como TC, RM, PET, etc.) ni neurofisiológicas (EEG, ERP) o test psicológicos que de forma específica sirvan para el diagnóstico. Lo que nosotros decimos en esta obra, con toda seguridad, es que no hay ningún biomarcador que distinga a los niños TDAH. No se niega que tengan problemas, pero son niños, que tienen curiosidad y quieren atender a lo que sea, moverse... A sentarse es algo que hay que aprender. No existe ninguna alteración en el cerebro.

Pero los expertos en TDAH afirman que este trastorno mental/psiquiátrico del neurodesarrollo conlleva ciertas particularidades cerebrales, y niveles anormales de sustancias neurotransmisoras...
Pudiera haber diferencias en el cerebro, como es distinto el cerebro de un músico al de otro que no lo es. Incluso el de un pianista a un violinista. Pero esa diferencia del cerebro no es la causa. El cerebro es plástico y puede variar su estructura y su funcionamiento dependiendo de las exigencias y condiciones de vida. Un ejemplo muy famoso es del hipocampo cerebral de los taxistas de Londres. Cuantos más años de profesionalidad, más alterada es esa estructura cerebral. ¿Por qué? Porque está relacionada con el recuerdo y la memoria espacial, como es requerido para ser taxista en una ciudad de 25.000 calles como Londres. Lo que se pueda observar diferencial en el cerebro de quien sea, en este caso de niños a los que se diagnostica TDAH, no explica que esa sea la causa del supuesto trastorno, si no que los niños sean más activos e inquietos. Pero algunos padres se agarran o podrían estar interesados en encontrar una diferencia cerebral en los niños que les justifique o exima de responsabilidad en lo que le pasa al niño. Insisto, no hay ningún clínico ni ninguna prueba de neuroimagen que pueda validar un diagnóstico, como no hay evidencia que demuestre que los niveles cerebrales de dopamina o noradrelina sean anormales en niños con este diagnóstico.

Ustedes también recogen en su obra que muchos clínicos, y hasta laboratorios farmacéuticos, que reconocen que no hay biomarcadores específicos.
Cualquiera que esté al tanto de las investigaciones no puede dejar de reconocer que en realidad no hay biomarcadores específicos por los que se pueda diagnosticar ese TDAH como una entidad clínica diferencia. En España hay multitud de expertos en el tema que después de defender que es un trastorno bioneurológico, reconocen que no hay bases neurológicas establecidas para el diagnóstico. Y sin embargo mantienen ese discurso. Casualmente, suelen ser personas con conflictos de intereses reconocidos y declarados, que han recibido y está recibiendo ayudas y subvenciones y todo tipo de privilegios de diversos laboratorios. Es decir, muy a menudo los defensores del TDAH mantienen esa retórica a pesar de que no hay evidencia, por un conflicto de intereses que les lleva a sesgar la información por el lado de lo que desean que hubiera en base a los intereses de hacer pasar el trastorno como si fuera una enfermedad que hubiera que medicar.

La realidad es que el TDAH se acaba de reconocer en la flamante Ley orgánica para la mejora educativa (LOMCE).
Las instancias políticas, empezando por el Parlamento Europeo, con su «libro blanco» sobre el TDAH, y terminando por su inclusión en la Ley Orgánica de Mejora de la Calidad Educativa (LOMCE), puede que estén dando carta de naturaleza a algo cuya naturaleza, valga la redundancia, está por determinar y que, de hecho, es controvertida. Se está reclamando que se hagan las dotaciones adecuadas que contempla la ley como son ayudas, subvenciones, e incluso rebajas para la adquisición de los libros de texto, ventajas para acceder a becas, quien sabe si hasta para acceder a la Universidad. Mientras, los lobbies de la industria farmacéutica se estarán frotando las manos, viendo como los políticos «trabajan» a su favor. Los políticos creerán que han hecho lo políticamente correcto pero, de acuerdo con lo dicho, sería incorrecto científicamente.

Usted augura que, a partir de este reconocimiento, habrá muchos interesados en que el niño reciba un diagnostico formal de TDAH.
Sí. Esto mismo que ha pasado en España, de que la Ley otorgue cobertura legal al TDAH, se vio con anterioridad en 1997 en Quebec (Canadá). Allí hicieron un estudio de seguimiento de diagnósticos durante los 14 años siguientes y se encontró que en esa provincia canadiense en concreto, y a diferencia del resto de Canadá, había aumentado exponencialmente el número de niños medicados. Un crecimiento que no se observó en otras enfermedades propiamente infantiles como el asma, donde el porcentaje se mantuvo el resto del tiempo. Además, los niños que tomaban medicación de forma continuada tenían un rendimiento más bajo a largo plazo. Y tenían a su vez otros comportamientos y otras alteraciones como ansiedad y depresión.

Los efectos secundarios de la medicación es algo que ustedes también citan en esta obra, al señalar que los padres no son muy conscientes de los mismos.
La utilidad de la medicación, hasta donde lo es, no se debe a que esté corrigiendo supuestos desequilibrios neuroquímicos causantes del problema, como se da a entender, sino a que el propio efecto psicoactivo de la droga estimulante puede aumentar la atención o concentración, como también lo hacen el café o las bebidas tipo Red Bull. La medicación para el TDAH no es, en rigor, un tratamiento específico, sino un dopaje: es la administración de fármacos o sustancias estimulantes para potenciar artificialmente el rendimiento. En cuanto a la salud, estas anfetaminas lo que producen es un efecto inmediato (si es continuado) de aumento de la presión sanguínea y cardiaca, que les puede llevar a tener a la larga más riesgos cardiovasculares. Tampoco les debería sorprender su efecto sobre el retraso del crecimiento. La cuestión es saber qué pasa tras años de medicación.

Si el TDAH no es un cuadro clínico, pero sí un problema de conducta, ¿qué pueden hacer los padres afectados?
Lo difícil hoy en día es que los padres puedan tener una atención más continuada y sosegada con los niños. Pero la atención y la actividad se pueden aprender, y mejorar. Hay estudios hechos y publicados en la versión americana de Mente y Cerebro con niños pequeños abocados o candidatos a recibir el diagnóstico. Se les enseñaba a los padres a realizar diversas tareas con esos pequeños, con el objeto de educar la atención y su impulsividad. Y se ha comprobado que con estas actividades consistentes en juegos tipo «Simon dice», donde uno tiene que esperar a responder cuando se le pide algo, se ha logrado que los niños mejoren y controlen la impulsividad o los comportamientos que les abocaba al TDAH.

Mientras tanto, usted señala que las asociaciones de afectados tienen publicidad en sus webs de los laboratorios farmacéuticos implicados en la fabricación de los medicamentos.
Si usted echa un vistazo a alguna de ellas lo podrá comprobar por usted misma. En mi opinión, las asociaciones de padres y afectados por el TDAH, si no quieren hacerle el juego a otros intereses, debieran tener prohibido en sus estatutos recibir financiación de los fabricantes de medicación, y utilizar como divulgación sus explicaciones y panfletos. Es como si ponemos al lobo a cuidar de las ovejas. Aunque los laboratorios reciban cuantiosas multas por la inapropiada promoción de sus preparados y afirmaciones engañosas acerca de su eficacia, como los 56.5 millones de dólares que tendrá que pagar el principal fabricante de medicamentos para el TDAH, no será nada comparado con los 1.200 millones de dólares que tiene previsto ganar en 2017 con uno de ellos. De estas cosas también hay que hablar cuando se habla de TDAH.

¿Recomendaría usted alguna lectura a padres preocupados?
A los padres de niños diagnosticados con TDAH les aconsejaría, sobre todo, que no aceptaran guías cuyos autores y asesores tengan conflictos de intereses con las industrias farmacéuticas. Que busquen guías independientes que cuenten la verdad de lo que se sabe del TDAH y de las implicaciones que tiene la medicación. En España el Boletín de Información Farmacoterapéutica de Navarra ha editado una que se titula Atentos al Déficit de Atención (TDAH) entre la naturaleza incierta y la prescripción hiperactiva. Es una guía que puede ser muy útil para que los padres sepan a qué atenerse o que esperar de los fármacos. Y que ellos decidan.

Fuente:

11 de noviembre de 2013

Los niños quieren decir algo cuando "cierran la boca"


La psicóloga del Hospital Casa de Salud Patricia Tassara advierte que hay muchas madres “que han olvidado ser mujeres”

Los trastornos de la alimentación y los fracasos escolares son dos de los temas más tratados por la especialista en Psicología Clínica y Psicoanalista del Hospital Casa de Salud, Patricia Tassara. Desde muy temprano unos padres pueden observar en sus hijos los trastornos de alimentación. Los niños  quieren decir algo cuando “cierran la boca”. Se trata de síntomas que el niño envía a modo de mensajes a descifrar,  y que son diferentes en cada caso. “En un trastorno de alimentación infantil – afirma la psicoanalista Tassara- hay que escuchar al entorno familiar y siempre vemos que el síntoma infantil señala algo que no funciona en la estructura parental. Lo importante es escuchar a esa madre, al padre y al niño. Ahí se puede leer a qué le está diciendo “no” el niño cerrando la boca…”

Para la especialista del Hospital Casa de Salud, “Es importante escuchar a las madres porque cuando uno escucha cómo ella habla del padre del niño, la forma en la que habla de ese hombre, ya nos dice muchas cosas sobre ella misma. O también cuando hay una madre que está excesivamente preocupada por la alimentación del niño y sólo piensa en la comida en términos de necesidad, ciñéndose de forma implacable a los esquemas de nutrición y no puede, por ejemplo, darle de comer contándole un cuento o soportar que no se lo coma todo…entonces vamos a tener seguramente a un niño que cierra la boca. Con el ‘No’ a la comida, es el niño el que se convierte ahora en omnipotente y la madre será quien demande que coma. Cuanto más quiere la madre embuchar al niño con la papilla, más cerrará éste la boca.”

Para la psicoanalista Patricia Tassara “es fundamental en la clínica infantil, apuntar a un trabajo con las madres. Es muy importante poder trabajar con esa mamá que ha venido preocupada por el hijo que no “le come”, poder trabajar con ella y ahí aparecen las grandes sorpresas, porque solemos encontrar que hay demasiada madre y muy poquita mujer. Sabemos que el equilibrio exacto nunca existe entre madre y mujer. Pero lo que comprobamos es que se olvidan de la mujer que hay en ellas. A tal punto que incluso en algunas ocasiones, el padre del niño pasa a ocupar el lugar de un hijo más en la estructura familiar. Hay excesiva madre presente. Digamos que,  al convertirse en madre, ella se olvidó de la mujer que es. Se olvidó de sus deseos como mujer, estos desaparecen o  se minimiza al extremo esa parte de sí misma, quedando exclusivamente atrapada por la maternidad.”

Para Patricia, psicóloga del Hospital Casa de Salud, “cuando una madre sólo tiene su mirada puesta sobre el niño, las cosas van mal. El niño siente el gran peso de esa mirada constante encima suyo, encima de ese plato de comida, encima de su cuerpo, encima de los deberes o no paran de llamarlos por teléfono en el caso de hijos adolescentes…cuanto más encima esté la madre, más problemas va a tener el niño”. En cambio, para la Dra. Tassara “si ella es una mujer que sí puede prestar atención a su deseo como mujer, podrá desear más allá de ese hijo. El hijo generalmente va a ser lo más importante para ella pero no puede ser sólo eso. Y hay mujeres que lo reconocen: “a mí lo único que me importa es estar con mis hijos”, afirman y entonces todos los deseos como mujer, caen.”

Para esta especialista en Psicología Clínica, “Lo importante es que la mujer tenga un deseo más allá del niño. Que no todo se resuma en la maternidad. Entonces cuando un hijo tiene una madre con un deseo más allá de él, (marido, amante, trabajo, amigas, estudios, proyectos, etc.) será menos amenazador para el niño y a su vez, éste será más responsable e independiente, en tanto ella dejaría de utilizar a este hijo como un tapón. Lo interesante en un tratamiento psicoanalítico, es captar qué, de sí misma como mujer, tapona esa madre con el problema del hijo”.

Para Patricia Tassara “Cuando en el tratamiento se logra captar y trabajar este punto de dificultad de cada una con ‘lo femenino’, es cuando se producen importantes virajes en la cura de la sintomatología infantil. Cuando llegan con el problema a la consulta, generalmente se ve que las madres han olvidado la mujer que hay en ellas. El encuentro con un psicoanalista, puede ser una excelente oportunidad para que una mujer pueda tratar el enigma de lo femenino. ¿Qué es ser una mujer?, no es una pregunta fácil de responder, ni para ellas, ni para ellos. Hacer de los hijos el tapón a esa pregunta es bastante habitual. Por ello, me parece importante situar que muchas veces, el síntoma infantil -como el de comer nada- es una respuesta a algo que no funciona bien respecto del deseo. Y en esta cuestión, los padres, también están concernidos, en tanto ellos, tampoco saben qué hacer, borrándose muchas veces de la función de padres pero también del lugar que ocupan, dejando por ejemplo que un hijo tome ese lugar, incluso en la cama” finalizó la doctora del hospital valenciano.

VLC NOTICIAS
29.10.13

Sección: Canal Salud
Fuente

18 de agosto de 2013

Francia desmonta el negocio de las farmacéuticas en torno a los llamados "niños hiperactivos"


Mientras en Estados Unidos alrededor del 9% de los escolares han sido diagnosticados con Trastorno de Déficit DE Atención con Hiperactividad (TDAH) y en Francia apenas un 0,5%. ¿Cuál es el motivo?
La terapeuta familiar estadounidense y doctora en psicología, Marilyn Wedge, explicó en una columna en el portal especializado Psychology Today, que en EE.UU “los psiquiatras consideran al TDAH como un trastorno biológico con causas biológicas, por lo que el tratamiento elegido es también biológico: medicamentos psicoestimulantes como Ritalin y Adderall”.
En cambio, señala la especialista, “los psiquiatras franceses, ven el TDAH como una condición médica que tiene causas psico-sociales y situacionales”, esto quiere decir que en lugar de tratar los problemas de comportamiento con medicamentos, los profesionales parisinos se centran en el contexto social del niño. De este modo, el problema se trata con psicoterapia o terapia familiar. “Esta es una manera de ver las cosas muy diferente a la tendencia estadounidense de atribuir todos los síntomas a una disfunción biológica, como un desequilibrio químico en el cerebro del niño”.
Además, la profesional explica que por lo general, en Francia no se utiliza el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM). Según el sociólogo Manuel Vallee, la Federación Francesa de Psiquiatría ha desarrollado un sistema de clasificación alternativo llamado CFTMEA (Classification Française des Troubles Mentaux de L’Enfant et de L’Adolescent), lanzado por primera vez en 1983 y actualizado en 1988 y 2000. “El enfoque de CFTMEA es identificar y abordar las causas subyacentes de los síntomas psicosociales de los niños”, explica.
“En la medida en que los médicos franceses tienen éxito en encontrar y reparar lo que ha ido mal en el contexto social del niño, menos pequeños califican para el diagnóstico de TDAH. Por otra parte, la definición de TDAH no es tan amplia como en el sistema americano, que, a mi juicio, tiende a ‘patologizar’ gran parte de lo que es el comportamiento normal de la infancia. El DSM no considera específicamente las causas subyacentes. Por lo tanto, lleva a los médicos dar el diagnóstico de TDAH a un número mucho mayor de niños sintomáticos, alentando al mismo tiempo a tratar a los niños con los productos farmacéuticos” complementa la experta.
Alimentación y estilo de vida
Por otro lado, Wedge dice que el sistema parisino toma en cuenta factores como la alimentación, pues algunos colorantes artificiales y preservantes pudieran afectar la conducta de los menores. “En los Estados Unidos, el enfoque estricto sobre el tratamiento farmacéutico del TDAH, anima a los médicos a pasar por alto la influencia de factores dietéticos sobre el comportamiento de los niños”, explica.
Además, señala que en Francia también influye el estilo de crianza de los padres, que se caracteriza por establecer límites claros. Ella afirma que es muy difícil que en una familia francesa, un niño “picotee” entre comidas, ya que la mayoría ha aprendido que las comidas son cada 4 horas y que deben esperar pacientemente si les da hambre a una hora que no corresponde.
“Como terapeuta que trabaja con niños, tiene perfecto sentido para mí que los niños franceses no necesiten medicamentos para controlar su comportamiento, porque aprenden autocontrol temprano en sus vidas. Los niños crecen en familias en las que las reglas son bien entendidas, y existe una jerarquía familiar clara. En las familias francesas, los padres se hacen firmemente cargo de sus hijos, al contrario del estilo de la familia estadounidense, en el que la situación es muy a menudo viceversa”, finaliza.

Fuente: http://insurgente.org/index.php/mas-noticias/salud/item/6671-francia-desmonta-el-negocio-de-las-farmac%C3%A9uticas-en-torno-a-los-llamados-ni%C3%B1os-hiperactivos

17 de julio de 2013

Cómo conviene escuchar y qué hacer semblar para sinthomatizar a un parletre psicótico -Extracto


José Fernando Velásquez

Frente al psicótico, desde cualquier disciplina, se tiene el intento automático de querer abordarlo desde la terapéutica. Es fácil caer en intervenciones que toman como fundamento de su trabajo lo adaptativo del sujeto de la necesidad. Se han propuesto métodos de abordaje que asumen que la locura es un déficit, un trastorno cognitivo de base orgánica o psicogenética y que, para tratarlo, se hace necesario realizar un inventario de situaciones de la relación con el entorno, identificar las aptitudes y discapacidades del individuo, identificar las situaciones que puedan ser modificadas. Por esta vía se llega a la psicologización (intentando con modelos de estimulación adecuados y oportunos, fortificar o rectificar al Yo); a una “pedagogía” con la formulación de una enseñanza especial, (como la propuesta por Itard al llamado “el salvaje de l’Aveyron”); y a la medicalización, (por medio de la neurologización y el uso de medicaciones). Ello conduce a un reforzamiento de la condición de objeto, sí el psicoanálisis falta a la cita para implicarlo como sujeto.
En Lacan encuentro una enseñanza sobre lo conveniente en la clínica con los psicóticos. Él se separa de la clínica psiquiátrica, pero de ella conserva ese sentido investigativo del cual hace uso para llamarnos la atención y hacer, con precisión, una clínica diferencial entre fenómenos neuróticos y psicóticos; para ubicar la importancia del desencadenamiento, de la estabilización, dentro de la transferencia y fuera de la transferencia; para trabajar con la psicosis en el niño; para arriesgarse a la clínica de los inclasificables; para encontrar las distintas funciones del síntoma, y para asumir una ética frente al trabajo de acompañamiento e intervención con el sujeto psicótico.