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8 de julio de 2015

Boletín 13 Letras en línea - I Conversación clínica de la NEL

I Conversación Clínica de la NEL 

 El analista y su práctica 

São Paulo - 3 de septiembre de 2015

Tute

Letras en línea

Boletín Nº 13

En el comentario de Ángela Fischer que hoy compartimos podemos ubicar una proposición que no por conocida ha dado aún cabalmente sus frutos en cuanto a su valor clínico. Se trata de la indicación de Lacan de hacer Witz del sinthome por un lado, en tensión con la idea de un uso posible del sinthome -una vez producido en su máxima reducción de sentido-. Porque son justamente la poesía y el Witz expresiones del ser hablante que no se avienen rápidamente a emparejarse con la noción de uso, que la proposición de Lacan nos fuerza a seguir explorando sus consecuencias.

Acompaña esta reflexión una nueva serie de referencias bibliográficas, enmarcadas bajo el título: ¿Con qué cuenta el analista? -y agregamos, ¿para qué un análisis con esta orientación sea posible?

Al final de este boletín encontrarán nuevamente la ficha de inscripción. Es de gran utilidad para la organización saber quiénes podrán concurrir, por lo que insistimos en pedirles que por favor la envíen a Clara María Holguín:
 clara.maria.holguin@gmail.com 

La ficha de inscripción es condición necesaria para poder recibir el material clínico que será discutido y trabajado durante la Conversación. 

¡Disfruten la lectura!

Ana Viganó


Comentario de Ángela Fischer a la cita:

 “Para él (Joyce), la lengua no consiguió ordenarse dentro del régimen  del padre, y entonces se puso a murmurar ecos. La hipótesis de Lacan es que ése era el sinthome de Joyce y que él supo convertirlo en producto de su arte. Acogió su sinthome para hacer uso de él. A este título, Lacan da Joyce como ejemplo de que el síntoma no debe interpretarse sino reducirse, que el síntoma no debe curarse sino que está para que hagamos uso de él”.
Lacan dice en el seminario 23: Joyce tiene un síntoma que parte de que su padre era carente…que por querer hacerse un nombre Joyce compensó la carencia paterna. [2] La operación joyceana le permite a Lacan formular que no se trata del síntoma, cuya operación permite dar un sentido, vía el nombre del padre, sino que con el sinthome hay  nueva relación con el síntoma y el goce, y Joyce da cuenta que su sinthome le permite  una estabilización y una invención. Podemos ubicar el uso del síntoma de Joyce: se pone a  murmurar ecos, destroza la lengua y las letras, sobre todo la inglesa, evitando su devastación a través de la escritura.
La interpretación se orientará de manera tal que se trata de dar cuenta de la relación del sujeto con el impacto traumático de la lengua. Se tratará mediante la operación analítica lograr lo que Joyce consigue. La buena manera es la que, habiendo reconocido la naturaleza del sinthome, no se priva de usarlo lógicamente, es decir de usarlo hasta alcanzar su real, al cabo de lo cual él apaga su sed. [3]
Lacan que viene tratando lo real, está formulando una interpretación en consonancia con la reducción del sentido. Se tratará de la interpretación que va más allá del fantasma, que  reduce al sentido, que permita al máximo la reducción del sentido y poder vislumbrar la invención sinthomatica de cada uno. En el Seminario 23 dice “La segunda etapa consiste en jugar con ese equívoco que podría liberar el sinthome”. [4]
  “… la una equivocación haría Witz del sinthome aflojando el encadenamiento que estabiliza y adormece ¿Sería esta otra vía para retomar la interpretación propia del inconsciente?  Si lo fuera  la interpretación proveniente  de la una equivocación, como la que quería Lacan para el psicoanalista –se sostendría de la poesía, pero también del chiste…entregaría algún  significante nuevo, uno que no tendría ninguna especie de sentido” [5] 
Y podemos también decir que la posición del analista, es la del analista sinthome.
______________________________ 
[1]  Miller, J.-A., Piezas sueltas, Paidós, Buenos Aires, 2013, p. 38.
[2] Lacan, J., El Seminario, Libro 23, El sinthome, Paidós, Buenos Aires, 2006, p. 92.
[3] Ibíd., p. 153.
[4] Ibíd., p. 184.
[5] Schejtman, F., Sinthome: Ensayos de clínica psicoanalítica nodal, Grama, Buenos Aires, 2013, p. 124.


Referencias bibliográficas sobre la práctica clínica

De: Escritos 1: Lacan, J. (1971). Escritos 1. México D. F.: Siglo XXI Editores. 
“Función y campo de la palabra y del lenguaje en psicoanálisis” (1953) 

¿Con qué cuenta el analista?
“… solo la palabra da testimonio de esa parte de los poderes del pasado que ha sido apartado en cada encrucijada en que el acontecimiento ha escogido. […] Es que no se trata para Freud ni de memoria biológica, ni de su mistificación intuicionista, ni de la paramnesia del síntoma, sino de rememoración, es decir, de historia, que hace descansar sobre el único fiel de las certidumbres de fecha la balanza en la que las conjeturas sobre el pasado hacen oscilar las promesas del futuro. Seamos categóricos, no se trata de la anamnesia psicoanalítica de realidad, sino de verdad, porque es el efecto de una palabra plena reordenar las contingencias pasadas dándoles el sentido de las necesidades por venir, tales como las constituye la poca libertad por medio de la cual el sujeto las hace presentes”. (p. 77) 
 “Sus medios son los de la palabra en cuanto que confiere a las funciones del individuo un sentido; su dominio es el del discurso concreto en cuanto campo de la realidad transindividual del sujeto; sus operaciones son las de la historia en cuanto que constituye la emergencia de la verdad en lo real.” (p. 78)
 “Lo que enseñamos al sujeto a reconocer como su inconsciente es su historia; es decir que le ayudamos a perfeccionar la historización actual de los hechos que determinaron ya en su existencia cierto número de “vuelcos” históricos. Pero si han tenido ese papel ha sido ya en cuanto a hecho en cuantos hechos de historia, es decir en cuanto reconocidos en cierto sentido o censurado en cierto orden.” (p. 82)
 “No cabe pues dudar de que el analista pueda jugar con el poder del símbolo evocándolo de una manera calculada en las resonancias semánticas de sus expresiones. Esta sería la vía de un retorno al uso de los efectos simbólicos, en una técnica renovada de la interpretación”. (p. 113) 


¿Ya enviaste tu ficha de inscripción? 
No esperes más!!!
La ficha de inscripción es necesaria para poder recibir los materiales clínicos que serán trabajados durante la conversación.

Ficha de inscripción en este archivo: 

Responsables del Boletín Letras en línea:
María Hortensia Cárdenas
Ana Viganó 


2 de julio de 2015

Boletín 12 Letras en línea - I Conversación clínica de la NEL

           I Conversación Clínica de la NEL

 El analista y su práctica
 

São Paulo - 3 de septiembre de 2015

Tute

Letras en línea

Boletín Nº 12

Termina junio y faltan solo dos meses para la primera Conversación Clínica de la NEL, el 3 de septiembre en São Paulo, con la participación de Miquel Bassols. Para los que todavía no se han inscrito, no dejen de hacerlo con un clic en el enlace de abajo. Solo así podrán recibir los casos clínicos con anticipación y en la Conversación podremos intercambiar ideas, interrogar lo que queda oscuro, proponer abordajes nuevos, comparar, arribar a nuevas conclusiones. Pero todo esto solo será posible si hay practicantes bien orientados.

En este boletín tenemos dos comentarios notables por su calidad y precisión.
Existe una política del psicoanálisis ‒dice Miller‒ que se orienta por la diferencia absoluta y por eso afirma que la formación del psicoanalista, son las formaciones del inconsciente, y en primer lugar el suyo. [1] Esta política condensa muy bien las dos citas y los comentarios que presentamos aquí.

El texto del analizante tiene su propia lógica articulada al fantasma, a su significación y goce. El analista se cuida de no hacer una observación de comportamiento, aunque a veces tenga la tentación de hacerlo, intentando comprender el sentido. Se comprende mediante el fantasma, explica María Cristina Giraldo y precisa que las coordenadas fantasmáticas que rigen la vida subjetiva son las coordenadas del programa de goce. Lo más importante para el practicante es poder descubrir, en su propio análisis, la regla que rige su modo de goce que le permita, en su práctica, saber no agregar sentido al sinsentido de lo real del analizante.

La autonomía del discurso analítico es el mayor principio de la política del psicoanálisis. Solo así puede mantener su diferencia absoluta con otros discursos. En cuatro puntos justos y rigurosos Gustavo Zapata comenta este principio. Ubica los límites de la experiencia analítica que permiten medir sus obstáculos, alcances y resultados. Esta es una experiencia radicalmente singular que no se aviene ni se conforma con otros discursos, poderes o ideologías. El deseo del analista apunta lo real y a liberar al Otro del sentido.

María Hortensia Cárdenas
________________

[1] Miller, J.-A., “Perspectivas de política lacaniana”, 
Freudiana 55, ELP, Barcelona, 2009. 


 ¿Te inscribiste?
 Ficha de inscripción en este archivo:


Comentario de María Cristina Giraldo a la cita:

“El analista, por supuesto, no hace esto [una observación del comportamiento], aunque a veces tiene la tentación. El mismo Freud, cuando tenía en tratamiento al famoso “Hombre de los lobos”, tiene tantos hechos y datos, que casi se ve que está a punto de convertirse en observador. Es solamente después, y precisamente por medio de este caso, que Freud ubica la presencia del fantasma: que nunca la observación del comportamiento dará el sentido del fantasma, que ninguna recopilación es tan exacta que sea equivalente al fantasma, y que mientras más y más un sujeto —como ocurre en el caso del Hombre de los lobos—, se acerca a los datos, hasta hacer desear más y más datos, la misma intensidad de la vivencia que él pone en algunos hechos señala, más bien, el carácter fantasmático de esos supuestos recuerdos. A partir de esto, Freud pone en función el tema del recuerdo encubridor, que significa, precisamente, que la intensidad misma del recuerdo, en lugar de señalar la exactitud del hecho, señala que lo más importante no está ahí. Bien, el analista no es un observador del comportamiento”. [1]

La perspectiva del desarrollo conduce a un saber referencial que pretende una verdad a ser verificada por la referencia, con base en correlatos de la realidad: los datos de la historia y de la observación del comportamiento. La afirmación de Lacan “La verdad posee estructura de ficción” nos ubica en otra orientación que es la lógica del texto del analizante, en el cual el axioma del fantasma constituye una articulación esencial. Si “la significación es el fantasma”, [2] es por su conexión entre significación y goce, que constituye el amor pasional de cada uno con la verdad y el sentido. Cuando creemos comprender, lo hacemos mediante el fantasma. Este es el que fija el sentido; de ahí que Lacan nos advierta: en la experiencia analítica “cuídense de comprender”, de escuchar al analizante a través del lente del propio fantasma.

El giro freudiano se operó al advertir en la intensidad del recuerdo encubridor no un dato, sino el carácter fantasmático del mismo. Un axioma es una proposición lógica. Freud lo definía como una frase que se queda congelada para el sujeto en un punto de fijación de la libido. El axioma opera como regla fantasmática que condiciona todas las significaciones. Las coordenadas de la vida subjetiva están regladas en cada uno por su fantasma fundamental; son las coordenadas de su programa de goce. Miller propone que en el axioma se da la conjunción del Uno y del goce, por tanto, es el lugar de lo real, es lo que en los síntomas vuelve siempre al mismo lugar, lo que permanece constante como consistencia lógica, que es la relación del sujeto con el objeto a.

El atravesamiento del fantasma toca aquello mediante lo cual comprendemos. Mientras el practicante no haya descubierto cuál es la regla que rige el goce en juego en su relación con su objeto a, estará lidiando con no agregar un sentido, desde la regla no conocida de su decir, al sinsentido de lo real del analizante. En la experiencia analítica, el analizante no deviene analista sin pasar por esa consecuencia lógica del fin de análisis, que es atravesar su fantasma fundamental.


[1] Miller, J.-A., “Estructura desarrollo e historia”, Seminarios en Caracas y Bogotá, Paidós, Buenos Aires, 2015, p. 310.
[2] Miller, J.-A., Donc, Paidós, Buenos Aires, 2011, p. 92.
Otras referencias en Miller: El ser y el Uno, La psicosis en el texto de Lacan, Iluminaciones profanas.


Comentario de Gustavo Zapata a la cita:

“Existe una política del psicoanálisis: concierne a los fines últimos y los resultados de la operación analítica. Su mayor principio, y posiblemente el único, es la autonomía del discurso analítico, que mantiene su diferencia absoluta con los otros discursos. Es bueno todo lo que preserva y alimenta esta autonomía; es malo todo lo que la mella, la corroe, la arruina”. [1]

1.- Operar según este principio implica fundar en razón los conceptos fundamentales del psicoanálisis, es decir, valorar su pertinencia, medir sus alcances, precisar sus escollos y acotar sus resultados siempre circunscritos a los límites de la experiencia, sin tener que echar mano de una supuesta causa última, que reduciría la operación analítica a las coordenadas de una ciencia pretendida superior.
2.- Es menester entonces que para el analista se haya cernido esa diferencia absoluta entre el I y el a, que haya “circunscrito la causa de su horror, el suyo propio, el de él, separado del de todos, horror de saber” [2], para que sepa ocupar en el dispositivo ese lugar que al final es de desecho.
3.- A partir de eso, el analista entiende que la experiencia analítica es radicalmente singular, por lo tanto no es masificable ni clasificable, no se deja atrapar en otra contabilidad como no sea la del uno por uno, ni acotar por los poderes del estado, por las iniciativas de bienestar o seguridad social de los gobiernos, por ideologías políticas de cualquier signo o color, o por interpretaciones históricas, sociológicas o antropológicas de la realidad.
 4.- Así, el analista verá, como comenta J.-A. Miller [3], que el psicoanálisis es incompatible con el orden totalitario, y no existe si no es posible hablar con libertad y ejercer la ironía. Efectivamente, un analista debe querer las condiciones materiales para su práctica, y si entiende bien que el deseo del analista es “un deseo de alcanzar lo real, de reducir al Otro a su real y liberarlo del sentido” [4], sabrá entonces que el psicoanálisis es subversivo, no revolucionario.
 ____________________________________
[1] Miller, J.-A., “Perspectivas de política lacaniana”, Freudiana 55, ELP, Barcelona, 2009.
[2] Lacan, J.,”Nota Italiana”, Uno por Uno, N° 17, abril 1991, pp. 16-18.
[4] Miller, J.-A.,” Un real para el siglo XXI”, Scilicet. Un real para el siglo XXI, Grama, Buenos Aires, 2013,  pp. 17-27.


Referencias bibliográficas sobre la práctica analítica

Lacan, J., Función y campo de la palabra y del lenguaje en psicoanálisis (1953)

·         “Es la tentación que se presenta al analista de abandonar el fundamento de la palabra, y esto precisamente en terrenos donde su uso, por confinar con lo inefable, requeriría más que nunca su examen: a saber la pedagogía materna, la ayuda samaritana y la maestría dialéctica. El peligro se hace grande si le abandona además su lenguaje en beneficio de lenguajes ya instituidos y respecto de los cuales conoce mal las compensaciones que ofrecen a la ignorancia.” (p. 65)

·         “No hay duda de que estos efectos –donde el psicoanalista coincide con el tipo de héroe moderno que ilustra hazañas irrisorias en una situación de extravío- podrían ser corregidos por una justa vuelta al estudio en que el psicoanalista debería ser maestro, el de las funciones de la palabra.” (p. 65)

·         “El único objeto que está al alcance del analista, es la relación imaginaria que le liga al sujeto en cuanto a yo, y, a falta de poderlo eliminar, puede utilizarlo para regular el caudal de sus orejas, según el uso que la fisiología, de acuerdo con el Evangelio, muestra que es normal hacer de ellas: orejas para no oír, dicho de otra manera para hacer la ubicación de lo que debo oír.” (74-75)

·         “Afirmamos por nuestra parte que la técnica no puede ser comprendida, ni por consiguiente correctamente aplicada, si se desconocen los conceptos que la fundan. Nuestra tarea será demostrar que esos conceptos no toman su pleno sentido sino orientándose en un campo de lenguaje, sino ordenándose a la función de la palabra” (p. 68)

·         “… el arte del analista debe ser el de suspender las certidumbres del sujeto, hasta que se consuman los últimos espejismos. Y es en el discurso donde debe escandirse su resolución.” (72-73)

Responsables del Boletín Letras en línea
María Hortensia Cárdenas
Ana Viganó 



4 de septiembre de 2013

La experiencia analítica pone a prueba el amor y lo resignifica

De lo engañoso a lo verdadero

La lírica trovadoresca supuso la aparición del amor cortés.

El análisis permite encontrar una salida a la repetición agobiante de los fracasos del amor. Aunque la transferencia sea condición, el analista no es un partenaire, sino que conduce al analizante a abandonar su ilusionada creencia.

Por Daniel Millas* 

Constituye una condición del amor tener que probar que es verdadero. Y si esto es así es porque existen también amores engañosos que desfallecen rápidamente con la luz del nuevo día. Hubo una época donde la exaltación del amor junto a la puesta a prueba de su verdad, hallaron una expresión sutil y refinada. A finales del siglo XI acontece la aparición de la lírica trovadoresca. Poetas dedicados a dar forma a un concepto nuevo del amor: el amor cortés. Creación de un verdadero culto que lleva a la idealización extrema de la mujer elegida. La Dama en cuestión es objeto de toda clase de homenajes y lo particular de esta relación amorosa es que ella se mantiene como un ser frío e inaccesible. Este amor es paradigmático en lo que se refiere a dar sus pruebas ya que encuentra allí su fundamento. La fidelidad incondicional y la superación de las tentaciones de la carne son condiciones insoslayables para poder llamarlo verdadero.
Si pasamos ahora al psicoanálisis, encontraremos que para Freud el amor y la verdad constituyen dos dimensiones esenciales de la práctica analítica. Desde el inicio propuso a la búsqueda de la verdad como una posición ética del analista para el desciframiento de las causas del sufrimiento neurótico.
Lo que no esperaba es que el amor irrumpiera como un convidado de piedra en el corazón mismo de la experiencia. Necesitó tiempo para admitir que ese amor, al que puso el nombre de transferencia, no solo era tan legítimo como cualquier otro, sino que constituía una condición necesaria para llevar adelante el análisis. Pero el amor de transferencia es el motor de la cura y no su solución, ya que lo propio del psicoanálisis es la respuesta inédita que le confiere a la demanda de amor en la experiencia.
Quien acude al encuentro con un psicoanalista lo hace llevado por el sufrimiento que lo aqueja. En ese padecimiento la problemática del amor está de alguna manera presente. Ya sea por la decepción y el desengaño, por las traiciones y los desencuentros, o por la dolorosa soledad a la que lleva su ausencia. La demanda de análisis se sostiene en la creencia de que es posible justificar ese dolor que se ha vuelto insoportable.
Es en ese marco de suposición que el amor de transferencia se revela. Pero el analista no es un partenaire amoroso, sino que conduce al analizante a advertir lo que este amor tiene de ilusionada creencia. Opera de modo tal que permite cernir la alteridad radical que encubre la demanda amorosa. Por este medio, el análisis ofrece la oportunidad de encontrar una salida a la repetición agobiante de los fracasos del amor. El amor puesto a prueba en la experiencia analítica demuestra que no hay ninguna complementariedad, que no existe el "uno para el otro" armonioso y predestinado.
Pero entonces, ¿Qué resulta del saber obtenido? ¿Habrá que sumarse finalmente a las filas de los desengañados solitarios, de las almas tristes del desencuentro irremediable? De ninguna manera. La experiencia analítica le dejará saber a quien la atraviesa que el lazo amoroso se funda y se sostiene a partir de un punto de vacío irreductible. Es alrededor de ese vacío, transformado por el análisis en potencia vital del deseo, que se juega la chance de acceder a una nueva modalidad del amor. De elegir con quién compartir el exilio al que cada uno está llevado por la singularidad que lo habita. No está mal como alternativa. Después de todo un exilio no se comparte con cualquiera.

*Miembro EOL y AMP. Director Escuela Orientación Lacaniana. Escrito para las recientes Jornadas Anuales de la EOL Sección Santa Fe.

27 de agosto de 2013

Contra la ilusión religiosa
La autora anticipa en este artículo, el argumento de la conferencia- seminario que dictará en el III Coloquio de la Escuela de la Orientación Lacaniana, Sección Rosario. "La pregunta por la causa. El psicoanálisis entre la ciencia y la religión".
Por Graciela Brodsky*

Para Freud, psicoanálisis y ciencia son solidarios entre sí por su relación con la verdad, y ambos se oponen a la ilusión religiosa. Sin embargo, esta ciencia de la que el psicoanálisis forma parte no debe confundirse con la del cientificismo del siglo pasado, que Freud veía encarnado en la psiquiatría de su época.

Es seguro que Lacan también consideró en su momento la ciencia, la religión y el psicoanálisis en relación con la verdad. Tenemos como prueba "La ciencia y la verdad", primera lección de su seminario El objeto del psicoanálisis, convertida en escrito. Ahí toma como punto de partida la verdad como causa en tanto que diferente del saber, y examina entonces sus efectos en distintas prácticas: la magia, la religión, la ciencia y el psicoanálisis. Pero, así como sus "amores con la verdad" llevaron a Freud a demostrar la solidaridad entre la ciencia y el psicoanálisis, el punto de partida de Lacan lo conduce a oponerlos, ya que mientras la primera no quiere saber nada de la verdad (esto la aproxima a la psicosis), el psicoanálisis la acoge y se convierte en el destinatario de la prosopopeya que Lacan inmortalizó en "La cosa freudiana": "Yo, la verdad, hablo".
¿De qué ciencia habla Lacan? Cuando a partir de los años setenta se refiere a la ciencia, es con la esperanza de que el psicoanálisis se le iguale en la determinación de lo real. No se trata simplemente de lo que ya había indicado años atrás; por ejemplo, que es impensable que el psicoanálisis como práctica y el inconsciente freudiano como descubrimiento hubieran podido existir antes del nacimiento de la ciencia en el siglo XVII, o que el sujeto sobre el que opera el psicoanálisis no es otro que el sujeto que inaugura Descartes con su cogito, abriéndole el paso a la ciencia moderna.
Ahora se trata de la ciencia que, de acuerdo con la definición de Galileo, verifica que hay saber en lo real. Y ese saber, una vez puesto a andar, obtiene que lo real responda.
Afirmar que el saber alcanza lo real implica, en primer lugar, considerar sus consecuencias. La primera es de orden subjetivo y recae sobre el propio científico: es la angustia, caracterizada como el síntoma tipo de todo acontecimiento de lo real. La segunda se refiere a la regulación de los efectos insospechados del discurso de la ciencia mediante el consenso entre los distintos sectores de la sociedad. Ya en 1974 Lacan hace alusión al embargo de un cierto número de investigaciones que inauguraron la genética contemporánea, y desde entonces hemos asistido a una proliferación de comités de ética que, como mostraron Eric Laurent y Jacques-Alain Miller, ocupan el lugar del Otro que no existe en la sociedad actual. La tercera concierne a los productos de la ciencia, los llamados gadgets. A fin de cuentas, ¿qué nos procura la ciencia?, pregunta Lacan en Roma. Y responde: "Algo para distraer el hambre en lugar de lo que nos falta en la relación. Jamás llegaremos a dominar las relaciones entre esos parlêtres que sexuamos como hombre y como mujer... no hay ninguna probabilidad de que eso tenga éxito alguna vez, es decir, que tengamos la fórmula, algo que se escriba científicamente. De ahí la proliferación de síntomas... No lograremos hacer que el gadget no sea un síntoma -agrega más adelante- porque por ahora lo es de la manera más obvia: es evidente que se tiene un automóvil como se tiene una falsa mujer".
La ambición de Lacan es que el psicoanálisis, producto de la ciencia, sea al mismo tiempo el discurso que demuestre su límite porque, allí donde la ciencia encuentra saber en lo real, el psicoanálisis debe verificar el saber que falta, probar lo imposible por medio de lo contingente.
*AME y AE de la EOL y de la AMP. Directora General del Instituto Clínico de Buenos Aires.