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5 de junio de 2015

Boletín 4 Letras en línea - I Conversación clínica de la NEL



I Conversación Clínica de la NEL

 El analista y su práctica
 

São Paulo - 3 de septiembre de 2015

Interesting conversation in old rotunda - Vladimir Soldatkin

Letras en línea
Boletín Nº 4

Una “elaboración progresiva” es lo que propone Jacques-Alain Miller como consecuencia de una Conversación, es decir, sin conclusiones finales que establezcan una técnica o un buen uso en la práctica. No hay garantías, nos recuerda Gabriela Urriolagoitia, lo que para ella evoca la lógica de lo singular que nos permite abordar cada caso –no solo al practicante sino también en la Conversación – como si fuera la primera vez. El efecto sorpresa estará asegurado en el encuentro fallido y se producirán significaciones inéditas. Así, para Gabriela una Conversación es una práctica del bien decir.

 Susana Dicker, a partir del hermoso poema de José Lezama Lima “El pabellón del vacío”, destaca el  vacío en la Conversación. El tokonoma es un lugar en la casa japonesa que encarna el vacío mismo. El vacío que permite –explica Susana– el intercambio entre dos espacios heterogéneos: lo real y el sentido. Dos espacios tan inconexos e incongruentes que se necesita de un vacío intermedio que permita realizar el intercambio y el lazo.

El cuadro  Interesting conversation in old rotunda de  Vladimir Soldatkin que acompaña este boletín nos transmite la viveza de una conversación cuando ésta inspira interés, importa, atañe, y mejor aún: cuando el objeto causa está presente. Los invitamos a leer con ese mismo interés los desarrollos de los dos comentarios a las citas, que bordean lo que no puede terminar de definirse de la Conversación en el lazo social analítico.

 Con el mismo ánimo, las Referencias bibliográficas nos introducen al “Conciliábulo de Angers”, que se desarrolló con un clima de trabajo distendido y muy festivo; y a la “Conversación de Arcachon”, realizada con participantes dispuestos en círculos, atentos y divertidos. Excelente espacio el de la Conversación para verificar la transferencia de trabajo.

María Hortensia Cárdenas

Comentario de Gabriela Urriolagoitia a la cita:

“Evidentemente, la jornada de hoy, jornada anual de las Secciones clínicas, es como una gran misa. No llevamos demasiado lejos la analogía, pero es una gran misa clínica, o un concilio anual, donde discutimos nociones, cotejamos nuestras concepciones unas con otras, sin concluir mediante una decretal que indique cual es el buen uso de las cuestiones, sino según una elaboración progresiva”. [1]

La conversación, una práctica del bien decir
 
Miller habla de la conversación clínica como una misa porque es una oportunidad que nos convoca a los analistas y nos reúne. Es también un concilio porque se trata de discutir, poner a prueba y verificar los conceptos del psicoanálisis y su pertinencia en la práctica clínica. Sin embargo nos advierte que no se trata de algo dogmático. Dice que es más bien un trabajo progresivo y esto evoca para mí, la lógica de lo singular. Se trata de poner a prueba un concepto del psicoanálisis (o algunos), en un caso clínico y en una oportunidad dada, como si fuera la primera. No se pueden sacar conclusiones de un caso, que valgan para otros. Entonces esta modalidad, lejos de terminar en un decreto o en un saber acabado, relanza la causa de nuestro deseo y abre nuevas vías de trabajo. Esto es posible porque nuestras conversaciones son una práctica que se apoya sobre la inexistencia del Otro, un saber absoluto  agujereado y la falta de garantías. Es una práctica que encarna en sí misma, la relación de cada uno con el S(A/). Por lo tanto un analista expone un saber hacer que inventó a la medida de ese caso.

Por otro lado, a falta de un Otro del saber y de las garantías, apelamos en cada conversación, a una práctica del bien decir y de la posibilidad de la pregunta, con lo cual, el efecto sorpresa además está presente: los comentarios y las preguntas de los colegas producen significaciones nuevas que enriquecen la lectura del material clínico. Efectos de significación que antes de esa conversación, eran inéditos.

[1] Miller, J.-A., Cuando el Otro es malo, Paidós, Buenos Aires,  2011, pp. 74-75.

Comentario de Susana Dicker a la cita:

“De pronto, con la uña
trazo un pequeño hueco en la mesa.
Ya tengo el tokonoma, el vacío,
la compañía insuperable,
la conversación en una esquina de Alejandría”. [1]
  
Un vacío en la conversación

Si el Otro no existe, ¿qué nos queda? Nos queda conversar…. [2]

M. Bassols [3] recuerda la responsabilidad de las Escuelas de la AMP: “cuidar de la especificidad de la experiencia analítica, tanto hacia el exterior como hacia el interior de las mismas”. Una experiencia que tiene como resorte “el nudo inhumano del lenguaje con el goce” y que, por ello mismo, se guía por lo real en juego que se hace causa de la transferencia.

Nuestra próxima Conversación Clínica, como uno de los espacios de la Escuela, no puede no inscribirse en el cuidado de esa especificidad, más aún cuando los que la sostienen son analistas formados en ella.

Lacan insistió en la preservación de un vacío en dicha experiencia, por parte del analista, que pudiera alojar la letra de goce que sostiene el síntoma del analizante, como vía de acceso a lo singular, que es la oferta del psicoanálisis.

Si esto es así como un principio de la práctica y buscamos transmitirlo en acto a la comunidad analítica, uno de los espacios para hacerlo efectivo es la conversación clínica. De allí la pregunta: ¿cuál sería esa uña del analista que pueda hacer hueco y producir el vacío indispensable para alojar ese real que hace obstáculo al universal, “al Uno fusional”, [4] que “aplasta con palabras últimas”? [5]

M. Bassols, [6] celoso de esa herencia lacaniana, encuentra en la letra del poeta el  tokonoma, ese vacío de la arquitectura japonesa necesario para hacer habitable la casa. Vacío familiar al vacío intermedio, tercero entre el yin y el yang, y que por ello mismo hace posible los intercambios entre estos dos heterogéneos.

Ya sea en la experiencia singular de un análisis, como en el espacio de una conversación que se quiere de analistas, se trata de preservar una posición que haga litoral entre lo real y el sentido, y que despeje el lugar del analista como el de un vacío intermedio actuando, que permita la circulación allí donde hay diferencia, entre el hacer y el hablar, entre significante y goce.   

[1] Lezama Lima (1976): El pabellón del vacío,  poema citado por M. Bassols en el marco del seminario del INES sobre "Lituratierra".
[2] Miller, J.-A., El Otro que no existe y sus comités de ética, Paidós, Buenos Aires, 2005, p. 27.
[3] Bassols, M., Discurso de asunción de la presidencia de la AMP, 2014.
[4] Ibídem.
[5] Miller, J.-A., Conferencias porteñas, Paidós, Buenos Aires, 2010, p. 111.
[6] Bassols, M., “Lituratierra”, Cuadernos del INES 9, Lima, 2014, p. 225.

Referencias bibliográficas sobre la Conversación

“El conciliábulo de Angers” (1996). En Los inclasificables de la clínica psicoanalítica. (p. 13 y ss.)

“―¿En resumidas cuentas, un coloquio?
―Si quiere, pero antes que un «coloquio», que recuerda la rigidez de una sociedad científica, se eligió, no sin cierta malicia, la expresión «conciliábulo». [1] Conocen el origen de este término. Era perfectamente adecuado para el clima de trabajo, que fue distendido, pero muy festivo. Quince personas fueron invitadas para su preparación, cada una de una sección clínica diferente, enseñante o estudiante, para exponer algo breve, pero con la consigna «preciso, precioso, inédito, no ya sabido», con un tiempo de discusión tan largo como el de las exposiciones.” (p. 15)

[1] 1. m. Concilio no convocado por autoridad legítima. 2. m. Junta o reunión para tratar de algo que se quiere mantener oculto. (DRAE, 2015)

“La conversación de Arcachon” (1997). En Los inclasificables de la clínica psicoanalítica. (p. 195 y ss.)

· “Pero, en la misma línea, se planteaba esta otra: ¿cómo formar una serie con esos «tesoros de la clínica»? ¿Cómo construir nuestras series singulares? ¿Cuál es el dispositivo adecuado para extraer consecuencias de este saber?
La Conversación de Arcachon fue concebida con el entusiasmo de las horas que siguieron al final del Conciliábulo. «Lo raro, lo preciso, lo precioso»: cada sección lo recogería, elegiría una o dos exposiciones, de enseñantes o estudiantes, que habrían de reunirse en un volumen destinado a los participantes de la Conversación , quince días antes que esta se celebrara, bajo el título «Casos raros: Los inclasificables de la clínica»”. (p. 197)

· La manera en la que se ejecuta el dispositivo es la siguiente: “En la sala de reuniones del casino de Arcachon, que da a la bahía, 250 participantes dispuestos en círculos, atentos y divertidos, interrogaban sus resultados, comparaban las consecuencias de sus construcciones, o trataban, juntos de deducirlas.” (p. 197) 

Responsables del Boletín Letras en línea
María Hortensia Cárdenas
Ana Viganó

26 de octubre de 2013

Boletín-10 a-ritmo propio


Nota editorial: Un tratamiento que no es como los demás


Por: Ana Viganó

Los trabajos recogidos en este número 10 del Boletín a-ritmo propio me recordaron, cada uno a su manera, que la diversidad no se lleva mal con el rigor, entendiendo este último, claro está, desde la perspectiva lógica y la ética en que ésta se sostiene. Por eso se me ocurrió parafrasear a Lacan en su “paso atrás que hace las veces de paso de entrada en el problema” al abordar el pleonasmo: Variantes de la cura-tipo. La evocación es justa ya que en algunos casos los colegas nos escriben explícitamente sobre la analogía que puede encontrarse entre el análisis y el cartel en tanto dispositivos de formación analítica. Pero más aún porque si un cartel es un dispositivo funcional a la Escuela es porque no es un grupo –ni siquiera de estudio- pero hace lazo en la comunidad analítica hacia adentro y hacia afuera, en tanto propone un tratamiento peculiar a su pregunta –la que hace Escuela-: ¿Qué es un analista? Tratamiento que, preservando la noción de vacío central que conviene, no nos priva –antes bien, propicia- las vueltas dichas que permitan la apropiación de un decir posible, “menos tonto”.

José Fernando Velásquez inicia la serie con su trabajo El Más Uno y lo real en la experiencia del cartel, donde con sumo cuidado –como deshebrando una textura- va dando cuenta de las relaciones que el dispositivo del cartel implican con los registros. Así, será para Velásquez una forma de tratamiento que dará cuenta de su eficacia para vérselas con lo simbólico en su relación con el saber; con lo imaginario en la telaraña fantasmática, que toda escena grupal suscita –tanto en la relación con los otros como con aquello del Otro que se agita para cada uno en tales escenas-; y finalmente con lo real, tratamiento sin el cual el cartel perdería su orientación y condición. Es allí donde desprende sus conclusiones acerca de la función que pretende explorar, afirmando que “Es tarea del Más Uno hacer el nudo donde se inscriba, se asiente y se trate lo real.” 

Luz Elena Gaviria nos aporta sus reflexiones a partir de la analogía ya mencionada, central en su recorrido y germen del título: Los dispositivos de la Escuela. El Cartel y el analítico. Una vez más, encontramos un cartelizante que ante todo quiere testimoniar de una experiencia, la de haber conseguido efectos-de-formación en la misma, incluso antes de preguntarse y/o poder teorizar acerca de ellos. Es un texto que dialoga bien con el anterior y –hay que decirlo- fueron puestos a dialogar en un espacio de Noches de Carteles en la NEL-Medellín, lo cual nos habla además de la relación que esta sede guarda con el dispositivo, con la puesta a cielo abierto de aquello que se produce en su seno y con la conversación.

Finalmente presentamos el trabajo Risa, comedia, ensayo mínimo e incompleto, escrito por Delia Pin Lavayen que es un producto final de un recorrido de cartel. Se une a esta serie porque nos muestra de un lado aquello que tanto Velásquez como Gaviria acentúan en la línea de que el cartel se orienta a un producto, uno por uno, con todo lo que ello implica. Por otro, porque propone a la risa o la comedia incluso, como formas de tratamiento posibles de lo irrepresentable, a veces; de lo incomunicable, otras; de aquello indecible pero que de todos modos es pasible de ser trasmitido. En todo caso, de aquello tan humano –casi tanto como el crimen diría ahora, parafraseando a Miller- que en nuestra humana condición a veces dudamos que dios mismo pudiera poseer. Y ahora me percato -no sin sonreír- que el escrito freudiano El humor se encuentra ordenado por Strachey entre El fetichismo y Una vivencia religiosa! He aquí algo de lo que Freud llamó lo “grandioso y lo patético” de un tratamiento posible del Superyó, del goce y su imperativo.

Buena lectura!

Índice:





Boletín elaborado por la Comisión de carteles de la Nueva Escuela Lacaniana

4 de septiembre de 2013

La experiencia analítica pone a prueba el amor y lo resignifica

De lo engañoso a lo verdadero

La lírica trovadoresca supuso la aparición del amor cortés.

El análisis permite encontrar una salida a la repetición agobiante de los fracasos del amor. Aunque la transferencia sea condición, el analista no es un partenaire, sino que conduce al analizante a abandonar su ilusionada creencia.

Por Daniel Millas* 

Constituye una condición del amor tener que probar que es verdadero. Y si esto es así es porque existen también amores engañosos que desfallecen rápidamente con la luz del nuevo día. Hubo una época donde la exaltación del amor junto a la puesta a prueba de su verdad, hallaron una expresión sutil y refinada. A finales del siglo XI acontece la aparición de la lírica trovadoresca. Poetas dedicados a dar forma a un concepto nuevo del amor: el amor cortés. Creación de un verdadero culto que lleva a la idealización extrema de la mujer elegida. La Dama en cuestión es objeto de toda clase de homenajes y lo particular de esta relación amorosa es que ella se mantiene como un ser frío e inaccesible. Este amor es paradigmático en lo que se refiere a dar sus pruebas ya que encuentra allí su fundamento. La fidelidad incondicional y la superación de las tentaciones de la carne son condiciones insoslayables para poder llamarlo verdadero.
Si pasamos ahora al psicoanálisis, encontraremos que para Freud el amor y la verdad constituyen dos dimensiones esenciales de la práctica analítica. Desde el inicio propuso a la búsqueda de la verdad como una posición ética del analista para el desciframiento de las causas del sufrimiento neurótico.
Lo que no esperaba es que el amor irrumpiera como un convidado de piedra en el corazón mismo de la experiencia. Necesitó tiempo para admitir que ese amor, al que puso el nombre de transferencia, no solo era tan legítimo como cualquier otro, sino que constituía una condición necesaria para llevar adelante el análisis. Pero el amor de transferencia es el motor de la cura y no su solución, ya que lo propio del psicoanálisis es la respuesta inédita que le confiere a la demanda de amor en la experiencia.
Quien acude al encuentro con un psicoanalista lo hace llevado por el sufrimiento que lo aqueja. En ese padecimiento la problemática del amor está de alguna manera presente. Ya sea por la decepción y el desengaño, por las traiciones y los desencuentros, o por la dolorosa soledad a la que lleva su ausencia. La demanda de análisis se sostiene en la creencia de que es posible justificar ese dolor que se ha vuelto insoportable.
Es en ese marco de suposición que el amor de transferencia se revela. Pero el analista no es un partenaire amoroso, sino que conduce al analizante a advertir lo que este amor tiene de ilusionada creencia. Opera de modo tal que permite cernir la alteridad radical que encubre la demanda amorosa. Por este medio, el análisis ofrece la oportunidad de encontrar una salida a la repetición agobiante de los fracasos del amor. El amor puesto a prueba en la experiencia analítica demuestra que no hay ninguna complementariedad, que no existe el "uno para el otro" armonioso y predestinado.
Pero entonces, ¿Qué resulta del saber obtenido? ¿Habrá que sumarse finalmente a las filas de los desengañados solitarios, de las almas tristes del desencuentro irremediable? De ninguna manera. La experiencia analítica le dejará saber a quien la atraviesa que el lazo amoroso se funda y se sostiene a partir de un punto de vacío irreductible. Es alrededor de ese vacío, transformado por el análisis en potencia vital del deseo, que se juega la chance de acceder a una nueva modalidad del amor. De elegir con quién compartir el exilio al que cada uno está llevado por la singularidad que lo habita. No está mal como alternativa. Después de todo un exilio no se comparte con cualquiera.

*Miembro EOL y AMP. Director Escuela Orientación Lacaniana. Escrito para las recientes Jornadas Anuales de la EOL Sección Santa Fe.