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24 de junio de 2015

Boletín 11 Letras en línea - I Conversación clínica de la NEL

           I Conversación Clínica de la NEL

 El analista y su práctica

São Paulo - 3 de septiembre de 2015

Tute

Letras en línea
Boletín Nº 11


¿Ya enviaste tu ficha de inscripción? 
¡¡¡No esperes más!!!

La ficha de inscripción es necesaria para poder recibir los materiales clínicos que serán trabajados durante la conversación.




Con la riqueza de los comentarios sobre la conversación que hemos compartido en las pasadas 10 ediciones, damos comienzo a la segunda parte de este boletín dedicada ahora a compartir breves elaboraciones sobre distintos aspectos fundamentales de la práctica analítica. Destinaremos unas semanas a explorar vertientes diversas a partir de algunas citas escogidas sobre la clínica y los comentarios que las mismas suscitan en los colegas que aceptaron participar de este esfuerzo, a fin de que sirvan ‒en su articulación y tensión‒ en la construcción del dispositivo de Conversación Clínica de la NEL.

Abren la serie los trabajos de María Eugenia Cardona y Mayra de Hanze. En el primero, Cardona parte de la consideración de Miller acerca de las 3 variantes del sujeto supuesto saber, en relación a los registros sin olvidar su anudamiento. Trabaja la relación que la suposición implica respecto del Otro y la orientación hacia una suposición que
‒inexistencia del Otro mediante‒ se sostenga del Uno.

Hanze por su parte, comenta la cita de un Lacan temprano, del Seminario I, y sitúa a partir de allí un recorrido cuyo eje es la transferencia, su eficacia, su relación con el acto analítico, con el objeto y con la palabra
‒designada en ese seminario como plena‒, para finalmente arribar a la noción: el acto de la palabra.

Gracias al aporte de María Hortensia Cárdenas quien nos ha compartido su archivo de humor gráfico sobre psicoanálisis, cambiamos el tono de las imágenes que ilustran y acompañan la lectura de este tramo del boletín.

Y cambiamos también el contexto de las referencias bibliográficas que adjuntamos, pues se tratará de acercarlos a una selección de citas respecto de la práctica clínica que mucho agradecemos una vez más a Piedad O. de Spurrier, quien ha llevado adelante un extenso relevamiento sobre el tema.

Al final de este boletín encontrarán nuevamente la ficha de inscripción. Es de gran utilidad para la organización saber quiénes podrán concurrir, por lo que insistimos en pedirles que por favor la envíen a Clara María Holguín: clara.maria.holguin@gmail.com 

La ficha de inscripción es condición necesaria para poder recibir con anticipación el material clínico que será discutido y trabajado durante la Conversación.

¡Disfruten la lectura!

Ana Viganó 


Nuestro sujeto supuesto saber

Comentario de María Eugenia Cardona a la cita:

“El analista mismo es un sujeto supuesto al saber –es el segundo sujeto supuesto saber. Si no lo fuera, no nos confiaríamos a él. Es supuesto a saber, al menos, lo que quiere verdaderamente decir la confidencia del analizante, o sea, es supuesto a saber interpretar, digamos, hablando en latín, a responder al casus de las formaciones del inconsciente por el saltus, el salto de la interpretación. Este salto de la interpretación es por otra parte central en el ejercicio, llamado, de control: ¿Cuándo hay que saltar sobre la palabra del analizante para hacerlo en el momento oportuno y tener los efectos que esperamos de ello? Este salto de la interpretación engendra una significación que lo podríamos articular así: Tú, analizante, que eres supuesto al saber, no sabes lo que dices” [1]   

En esta intervención de Miller en las Jornadas de estudios de la ECF 2006: “Nuestro sujeto supuesto saber”,  Miller ubica tres sujetos supuesto saber, donde el primero sería el analizante con la esperanza de dirigirse a alguien que dirá lo que le pasa, por lo cual busca un analista. El segundo SsS sería  el analista mismo como un  supuesto a interpretar y el tercer SsS sería el  inconsciente como potencia de cifrado…Finalmente y admitiendo que son tres SsS que se articulan en la sesión analítica: el primero imaginario, el segundo simbólico y el tercero real. Pero realmente son solo uno.

El analista como segundo SsS será quien  le dé la palabra al analizante, sosteniendo el lugar de “olvido de todo lo sabido”, condición de ignorancia necesaria, que hará de cada encuentro algo nuevo y a su vez posibilitará la  instalación de SsS  en  la sesión analítica. Como lo dice Miller: “la pasión de la ignorancia significa invención de saber, es su otro nombre”. (2) “El sentido de la ignorancia en psicoanálisis, su virtud, eso por lo que resulta adecuado aquello de lo que se trata, es que es la ignorancia de algo que no hay. Por eso Lacan pudo hablar de invención de saber y no de descubrimiento”.(3)   Las  entrevistas iniciales  responden a la frase precisa de Lacan “en el comienzo está la transferencia”. Donde el  síntoma con sus dos caras, “una que habla y es mensaje”, la otra que “no habla y es goce” que incide en el cuerpo, llevará a alguien  a partir del malestar –goce
‒  a un análisis. La maniobra del analista al inicio es crear las condiciones para que el parlêtre  descubra su inconsciente y a partir de ahí se instaure la suposición de saber. La transferencia estará armada a partir de la creencia de que esa queja-por la que sufre será develada. Creencia que Lacan en el Seminario 7 diferencia de  la verdad cuando dice: “si suponemos que creen verdaderamente, no son creencias sino verdades”.(4) Solo el acto analítico que está desde el inicio, podrá ubicar la causa que será impulso al trabajo de transferencia.

Para que el síntoma pueda ser interpretado es necesario creer en él, en su dimensión de mensaje. Síntoma que no es sin la envoltura del Otro de la cultura.  

Del psicoanalista se espera la resolución del enigma inconsciente del síntoma. Posición o lugar paradójico para el analista pues ocupa un lugar “que no cree” pero se sirve de ese semblante para dar voz al goce, y llegar a precisar “reduciendo” todo el trabajo de la defensa neurótica que como lo dice Lacan: (5)   es pura pérdida, mera conjura que da lástima”. O sea todo lo que se hace con el sentido, no - sirve y agrega: “el sujeto se agota produciéndose como efecto de significante, permaneciendo tan distinto de él….”. (6)  El inconsciente Lacaniano está entre los significantes, tiene una estructura pulsátil aparece para desaparecer y volver a reaparecer…necesita al menos dos significantes (S1-S2)  para capturarlo. El inconsciente lacaniano  es lo que brilla y late con  destellos momentáneos entre los intersticios  de la  cadena  significante. Por eso en cada analizante, el analista no solo escuchará los significantes que ordenaron su 
hystoria sino que tendrá que tener en cuenta otro registro más allá de los significantes, que tiene que ver con esos destellos y latidos  momentáneos que están en el agujero entre los significantes. Hay un cambio de paradigma donde el lenguaje no comunica sino que es “en el cada significante vale uno” (7) es letra que no remite a nada. En esta nueva perspectiva la intervención del analista no es: sin-sentido, sino que se trata de la intervención: no-sentido, donde lo que se juega es acontecimiento de goce como resonancia en el cuerpo. Como lo dice Xavier Esqué:….”es decir que se apoya no en el Otro sino en el Uno. Se trata de tomar apoyo en lalengua con el fin de extraer el Uno”.(8)

En 
Los usos del lapso, J.-A. Miller dice: “…el analista con su presencia, encarna algo del goce, la parte no simbolizada del goce. (…) y de la que se puede decir que el testimonio es la presencia del analista en carne y hueso. (…) El analista está a título de su encarnación y no del saber que tendría, del saber inconsciente del sujeto”. [9] Cuerpo del analista, lugar encarnado, que hace posible cernir la “marca singular” de lo innombrable donde el resto –vivifica y posibilita el encuentro con un nuevo modo de saber hacer allí. Inexistencia del Otro que pone al Uno del lado de la invención.

La interpretación será el acto que se espera del analista, que se articula a la pulsación temporal inconsciente y reorienta al 
fading constituyente del sujeto.
  
Referencias
(1)  Miller, J.-A.,” Nuestro sujeto supuesto saber”, http://ampblog2006.blogspot.com/2007/09/journes-dtudes-2007.html
(2)  Miller, J.-A., “Los signos del goce”. ”, Paidós, Bs. As., 2011, p. 222
(3)  Ibíd. p. 229
(4)   Lacan, J., El Seminario, Libro 7, La ética del psicoanálisis, Paidós, Buenos Aires, 1992, p. 208.
(5)  Lacan J., El seminario, Libro 19, ...o peor, Paidós, Buenos Aires, 2012, p.170.
(6)  Ibíd., pág.171.
(7)  Miller, J.-A., Los signos del goce, Paidós, Buenos Aires, 2011, pp. 343-344.
(8)  Miller, J.-A., Esqué, X. y otros., ¿Cómo se forman los analistas?, Grama, Buenos Aires, 2012, p. 44.
(9)  Miller, J.-A., Los usos del lapso, Paidós, Buenos Aires, 2004, p. 22.


Comentario de Mayra de Hanze a la cita:

“Debe existir pues algo diferente del adoctrinamiento que explique la eficacia de las intervenciones del analista. Es lo que la experiencia demostró como eficaz en la acción de la transferencia.” [1]

Corre el año 1953 y Lacan realiza su enseñanza “Los escritos técnicos de Freud”, apertura el Seminario recordándonos que el pensamiento de Freud está abierto a la revisión. Reducirlo a palabras gastadas sería un error […]

Utiliza para ubicar la práctica del psicoanálisis, la metáfora del  arte del buen cocinero, “Que sabe cómo trinchar el animal, cómo separar la articulación con la menor resistencia”. Sabiendo que existe, para cada estructura, un modo de conceptualización que le es propio.

La cita que se me ha pedido comentar, la encontramos en el capítulo IX, “Sobre el narcisismo”. Aquí Lacan insiste en la noción de lo simbólico, diciendo que siempre conviene partir de ella para comprender lo que hacemos cuando intervenimos en el análisis.

Enfatiza esa faz de la resistencia que se sitúa en el nivel mismo de la emisión de la palabra. La palabra puede expresar el ser del sujeto, pero hasta cierto punto, nunca lo logra.

Surge al respecto la primera interrogación ¿Cómo se sitúan respecto a la palabra, todos esos afectos, todas esas referencias imaginarias habitualmente evocadas cuando quiere definirse la acción de la transferencia en la experiencia analítica?

Nos dirá que no podemos pensar la experiencia analítica como un juego, una trampa, una artimaña ilusoria, una sugestión. Esta experiencia convoca la palabra plena, la que apunta, la que forma la verdad tal y como ella se establece en el reconocimiento del uno por el otro. La palabra plena es la palabra que hace acto.

Se plantea al respecto la primera contradicción sobre el método psicoanalítico, que apunta a la obtención de la palabra plena mientras da como consigna al sujeto decir una palabra lo más despojada posible de toda suposición de responsabilidad, incluso lo libera de toda exigencia de autenticidad, le conmina a decir todo aquello que pase por la mente, facilitando al sujeto el retorno a la vía de lo que, en la palabra, está por debajo del nivel del reconocimiento y que concierne al tercero, el objeto. Por supuesto, el objeto, no deja de estar en referencia a la palabra […].

Pareciera que este acto de la palabra sólo puede progresar siguiendo la vía de una convicción intelectual proveniente de la intervención educadora, es decir superior, del analista. El análisis progresaría así por adoctrinamiento.

Cuando se afirma que la primera etapa del análisis habría sido intelectualista se hace referencia a este adoctrinamiento. Sin embargo, nunca fue así…las fuerzas auténticamente en juego estaban presentes desde el origen. Si no hubiesen estado allí, el análisis jamás habría tenido la posibilidad de aprobar su examen, e imponerse como método evidente de intervención psicoterapéutica.

[…] La transferencia eficaz de la que habla, es en su esencia, el acto de la palabra.

Es indudable que este recorrido que plantea Lacan, me evoca aquel otro que realizara Miller en el 80, al anunciar que en el psicoanálisis realizamos una clínica bajo transferencia, para decir en el 2008 que la transferencia tiene un afecto disolvente sobre la clínica.

Referencias
[1] Jacques Lacan, 
El Seminario, Libro 1, Los escritos técnicos de Freud, Paidós, Buenos Aires, 1981, p. 170.


Referencias bibliográficas sobre la práctica clínica

Lacan, J. (1971). Escritos 1. México D. F., Siglo XXI Editores.
El tiempo lógico y el aserto de certidumbre anticipada. Un nuevo sofisma (1945) 

·         “Se aíslan en el sofisma tres momentos de la evidencia, cuyos valores lógicos se revelarán diferentes y de orden creciente”. (p. 27)
·         Estos momentos son el instante de la mirada, el tiempo para comprender y el momento de concluir. “El tiempo para comprender puede reducirse al instante de la mirada, pero esa mirada en su instante puede incluir todo el tiempo necesario para comprender. Así, la objetividad de este tiempo se tambalea en su límite”. (p. 29)
·         “Cada uno de los sujetos, si ha vuelto a aprehender la certidumbre subjetiva del momento de concluir, puede nuevamente ponerla en duda. Pero está ahora sostenida por la objetivación, ya hecha, del tiempo de comprender, y su puesta en duda durará tan solo el instante de la mirada, porque el solo hecho de que la vacilación aparecida en los otros sea la segunda basta para suprimir la suya apenas percibida, puesto que le indica inmediatamente que con seguridad no es un negro”. (p. 33)

Intervención sobre la transferencia (1951)

·         “En una palabra, el psicoanálisis es una experiencia dialéctica, y esta noción debe prevalecer cuando se plantea la cuestión de la naturaleza de la transferencia”. (p. 38)
·         “Dicho de otra manera, la transferencia no es nada real en el sujeto, sino la aparición, en un momento de estancamiento de la dialéctica analítica, de los modos permanentes según los cuales constituye sus objetos. ¿Qué es entonces interpretar la transferencia? No otra cosa”. (p. 47) 


Ficha de inscripción

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Sede o Delegación………………………………………………...................

Miembro o asociado........................................................................................

Está inscrito en el CID………………………………………………….........

Costo
- Si solo se inscribe en la I Conversación Clínica: USD 30.00

- I Conversación Clínica y Seminario de Formación del INES: USD 40.00

El pago se puede realizar en la Sede con el tesorero correspondiente o el 2 de septiembre en São Paulo.

Ficha de inscripción en este archivo:
Ficha de inscripción


Responsables del Boletín Letras en línea
María Hortensia Cárdenas
Ana Viganó 


10 de agosto de 2013

Boletín Bordes 04

El Entierro de la Sardina.- Francisco de Goya

BORDES
No. 4
7 de Junio de 2013

Boletín de la NEL hacia el VI Encuentro Americano de Psicoanálisis de la Orientación Lacaniana
XVIII Encuentro Internacional del Campo Freudiano

HABLAR CON EL CUERPO
LAS CRISIS DE LAS NORMAS Y LA AGITACIÓN DE LO REAL
Buenos Aires, 22 y 23 de noviembre de 2013

En este boletín:
Editorial.- Ruth Hernández
El síntoma como cuerpo en el análisis.-  Alba Alfaro
Festividad religiosa como suplencia frente a lo real.- Edwin Jijena Durán
Comentario a al escrito de Alba Alfaro.- Beatriz García Moreno

Editorial

En esta oportunidad Alba Alfaro retoma, a partir del pase de Silvia Salman, la cuestión del deseo del analista y su función como operador en el desmontaje de la pulsión, en un análisis llevado hasta sus últimas consecuencias, cuyo testimonio ha situado al síntoma como cuerpo en la cura y como sede de la operación analítica. Muestra cómo la reducción de goce, de lo imaginario a lo simbólico, hizo de borde para la reducción a lo real, permitiendo el desmontaje y la construcción de la gramática pulsional. Finalmente se evidencia el desplazamiento en la posición del analista quien corre el velo y se corre él mismo,  permitiendo al analizante interpretar su goce.  
Edwin Jijena, por su parte, nos trae un interesante trabajo sobre una festividad religiosa como una creación o respuesta ante lo real que gira sobre los binarios salud-enfermedad o protección-desamparo. Específicamente se refiere a los chunchos promesantes, que realizan una vez al año el ritual de danzas a San Roque, el Santo médico de los pobres, como suplencia frente a lo real. Ante lo real de la enfermedad, en sus inicios la lepra, y el Otro que no existe se construye un mito. La Fiesta grande del Patrono San Roque se presenta como una suplencia para el serparlante, la suposición de un Otro que sí sabrá dar respuesta.
Acompañamos este número con El entierro de la sardina, de Goya. Pintura que da cuenta de una ceremonia con la que se entierra simbólicamente al pasado cada miércoles de ceniza; representa el final de toda la provocación y transgresión de los días de carnaval, tiempo de instintos primarios, del protagonismo del pueblo llano frente a las instituciones, del predominio del caos. El fin de la ceremonia es un llamado al orden, a que surja una sociedad nueva.

Buena lectura!

Ruth Hernández B.
Editora


EL SÍNTOMA COMO CUERPO EN EL ANÁLISIS [1]
Alba Alfaro
NEL Maracay-Venezuela

El testimonio de pase de Silvia Salman [2] da cuenta de una manera esclarecedora para mí, de cómo la operación del analista produce el desmontaje de la pulsión y de cómo el deseo del analista, alojando la destitución subjetiva desde la entrada, permite el recorrido de un análisis hasta sus últimas consecuencias. Este testimonio sitúa elsíntoma como cuerpo en el análisis y como sede de la operación del analista. Esta ubicación, como cuerpo y como sede, implica al síntoma modificado por la intervención del analista. Es este el que anuda el sujeto a la experiencia del análisis y que instala al analista como un operador de lo real. En este sentido Salman refiere que la interpretación “’Ud. me provoca eso’, y un ‘agarrarme’ en acto por parte del analista…fue la clave para desarticular el circuito pulsional que fijaba y determinaba la repetición con la que se obtenía una satisfacción tanto sintomática como fantasmática. [3]” Así es producido el desplazamiento del significante “huidiza” al “no me deja ir”, el cual modifica el síntoma e instala el amor transferencial. “Hacerse agarrar para huir” constituye para este sujeto la fórmula del partenaire-síntoma sobre la que opera el analista y que una vez modificada instala el dispositivo.

La reducción del goce, de lo imaginario a lo simbólico, hizo de borde para la reducción a lo real, permitiendo el desmontaje y la construcción de la gramática pulsional. El “cerrar la boca” para no ser devorada había sido suplantado por el “Dibujo animado” en la historia del sujeto. La interpretación del analista (“desanimado”) descompone el sentido y contribuye a la construcción de la fórmula fantasmática: “hacerse agarrar por el Otro”, “agarrada por la mirada del Otro”. Si el “agarrar” implica la captura del cuerpo, el síntoma “huidiza” responde como rechazo. Por esta vía el síntoma permite al sujeto histérico construirse un cuerpo, “tener el cuerpo” [4].
La conexión necesaria entre goce y contingencia es develada en este recorrido al producirse  “la reducción del factor cuantitativo” [5]. Se trata de una renuncia para que el sujeto “ceda el goce que lo mantiene amarrado, incluso a lo que ya elucidó” [6]. El testimonio da cuenta de una interpretación del analista que resultó “crucial para orientar el análisis hacia la salida y el final”. Salman lo describe: “’Usted aún no encontró el significante desanimado’ fue la interpretación que desencadenó lo que llamé en el primer testimonio el tiempo de desinvestimiento.” [7] Y ella explica: “’No hacer existir más la mirada del Otro que me agarra’ fue el efecto de la operación analítica del atravesamiento del fantasma, allí donde el fantasma impedía el saber arreglárselas con el síntoma.” [8]
La reducción de lo simbólico a lo real opera en la medida en que la interpretación del analista evoca en el cuerpo al goce, lo hace resonar [9]. Esta interpretación tiene valor de acto el cual solo puede verificarse al final, cuando se constata que el goce fue “tocado” [10].

“La dejo ir”, sentenciado por el analista, muestra un desplazamiento en la posición de este. “Se trata ahora - dice Salman- de encarnar en su decir el agujero alrededor del cual el circuito pulsional hace su recorrido. Así,  corre el velo y se corre él mismo, permitiendo al analizante interpretar su goce. ‘Si él me deja ir, y yo sigo acá, entonces no hay nadie que me tenga agarrada, el analista tampoco’.” [11] El significante “Encarnada”, surge como un “nuevo semblante” en el cual se concentra: “el cuerpo, lo vivo y lo femenino que se obtiene al final de la experiencia.” [12]

Leer más en: Bordes 04

16 de julio de 2013

Alegoría del amor y del tiempo

PIPOL NEWS 61
Alegoría del Amor y del Tiempo
Miquel Bassols

Pipol 6 ha marcado un nuevo giro en la serie Pipol. Esta vez el giro se ha hecho especialmente presente en el desplazamiento del tema que se fue produciendo durante el tiempo previo al Congreso: desde “El caso, la institución, y mi experiencia del psicoanálisis”, hacia “Después del Edipo las mujeres se conjugan en futuro”. Gil Caroz fue marcando las escansiones de este desplazamiento de manera tan oportuna como precisa hasta el momento Pipol 6 de este pasado fin de semana. 

¿De qué se ha tratado en realidad en este desplazamiento y en estas escansiones? De varios registros, y muy especialmente del lugar que la propia experiencia analítica ha tenido y sigue teniendo en la posición de cada analista, en el uso que éste hace de la transferencia en cada análisis que conduce, también en el modo en que sitúa los efectos que cada caso produce en él. Pero, tal como señaló Jacques-Alain Miller en una de las sesiones plenarias, tenemos razones para preguntarnos “qué diferencia esta manera de exponer el propio análisis en provecho de un caso, de lo que se practica en el psicoanálisis bajo el nombre de contra-transferencia”. La contra-transferencia, —esa “impropiedad conceptual” al decir de Jacques Lacan en “La dirección de la cura…”—, es en efecto el modo en que el analista queda empantanado en la experiencia con la reciprocidad de los afectos, de las pasiones y de los caprichos del Yo, de sus prejuicios en definitiva, todo ello en una dimisión del deseo del analista, deseo que va precisamente a contracorriente de esta inercia, deseo que se supone que ha podido atravesar los velos recíprocos de los afectos. Es el riesgo que corre cada vez que el analista habla como sujeto de una experiencia en la que nunca está como sujeto sino en función de objeto. Para hacerlo sólo tiene una salida que es en realidad una entrada indicada en la continuación del comentario citado por Jacques-Alain Miller: “para alcanzar lo real, el analista debe ir hasta el fondo en el registro de la estructura, no en el sentido de sus caprichos”. 

El registro de la estructura no es otro que el deseo mismo puesto en acto como interpretación. Y de esta puesta en acto no hay sujeto previo ni posterior que pueda decir “Yo”, sólo sus efectos en un sujeto que no puede situarse ya de manera recíproca al Otro en la transferencia. Es lo que Lacan pudo deducir al afirmar: “no hay transferencia de la transferencia”, del mismo modo que no hay “lo verdadero acerca de lo verdadero” (ver su “Reseña de enseñanza” de “El acto psicoanalítico”). Lo que podría dejar al analista en una posición más bien incómoda, o también a veces de buscada y beneficiosa ambigüedad, si no fuera porque él mismo debe haber hecho la experiencia de los engaños del amor de transferencia, en lo que muy bien debemos situar como un uso de la transferencia después del Edipo. Es decir, un uso del amor de transferencia que no dependa del Nombre del Padre como supuesto Otro del Otro, principio de la impropiedad conceptual de la contra-transferencia. Este nuevo uso lo sitúa —la observación volvió varias veces en el transcurso del Congreso— en una posición más bien femenina.

¿Pero no es eso también lo que descubrimos, como una carta demasiado a la vista de todos, en la preciosa portada del Seminario VI de Jacques Lacan sobre “El deseo y su interpretación”? El famoso cuadro del Bronzino (Agnolo di Cosimo), titulado a veces “El triunfo de Venus”, a veces “Alegoría del amor y del tiempo”, sigue guardando ese enigma, entre incómodo y ambiguo, de la posición femenina en el amor. Y lo sigue guardando a pesar de —o más bien, como señaló el propio Jacques-Alain Miller, precisamente por— ilustrar el desvelamiento mismo de la interpretación. El biógrafo del Bronzino lo describe del siguiente modo:“Ha hecho una pintura de singular belleza que ha sido enviada al rey Francisco de Francia; en ella se ve a Venus desnuda con Cupido besándola; y en el otro lado el Placer y el Juego con varios Amores; en el otro, el Fraude, los Celos y otras pasiones del Amor". Cada personaje del cuadro, máscaras incluidas, muestra algún rasgo de equívoca ambigüedad sabiamente dosificado por el pintor: el propio Cupido con su cuerpo entre masculino y femenino, evocando a la vez un incesto con su madre Venus. O el gesto de cada uno a escondidas del otro: Cupido intentando quitarle la diadema a Venus, Venus la flecha del amor —o del odio— a Cupido. Y así con cada una de las otras figuras, tal como van desfilando en el precioso comentario que Erwin Panofsky hizo del cuadro. 

En el juego de judo que el amor mantiene con el goce, donde no hay ya reciprocidad posible del sujeto con el Otro, es la interpretación, encarnada en el cuadro por el gesto del Tiempo manteniendo el velo levantado sobre la escena, la que decide el lugar del objeto en la estructura. Y es un lugar siempre marcado por la posición femenina, tan Otra para sí misma como imposible de hacerse recíproca para nadie.   


Barcelona, 10 de julio de 2013