Psicoanalistas replican notas del Grupo Clarín
Un
grupo de psicoanalistas argentinos y franceses respondieron a dos notas
aparecidas ayer en la revista Ñ, suplemento cultural del diario Clarín, donde
se asegura que en los tiempos que corren se hace necesario salir de los consultorios y ofrecer respuestas
rápidas al malestar que estaría sofocando a las personas que solicitan
tratamiento.
TELAM
07.09.2013
Pablo E.
Chacón
Bajo el genérico El malestar
del psicoanálisis, se esconde Con y sin Freud: el mapa de las
“otras” psicoterapias y un reportaje al médico psiquiatra Luis
Hornstein, donde se siguen las directrices de El libro negro del
psicoanálisis, se acusa a los analistas de vivir encerrados en sus
gabinetes y se promueve un libro del ensayista francés Michel Onfray, quien
construye la figura de un Freud falsario, estragado por la envidia y la
ambición.
En diálogo con Télam desde Madrid, el psicoanalista argentino
Gustavo Dessal fue taxativo: “No añadiré ni una palabra a las tonterías de
Michel Onfray. Siempre han existido canallas que se hacen un nombre y se
embolsan un buen dinero dedicándose a la denigración de un intelectual, un
artista o un científico”.
“Me interesa más la cuestión de que el psicoanálisis se desentiende de
la realidad social o se aísla en su consultorio,
afirmaciones tan estúpidas como acusar a un cirujano de operar en un quirófano
en lugar de hacerlo en las pizzerías, que son más populares. Respeto otras
modalidades terapéuticas, en la medida en que sean ejercidas de manera honesta,
aunque su supuesta velocidad en la resolución de los problemas es más que
discutible, no tanto por los propios psicoanalistas como por los mismos
pacientes”.
Y agrega: “todavía existen muchas personas que sostienen la ilusión religiosa
de que el psicoanálisis debería resolver los problemas de la humanidad, y que
si no lo hace, es debido a que da la espalda a la realidad,
concepto no sólo absolutamente abstracto, sino impracticable. Atender a alguien
afectado por la caída de las Torres Gemelas no es prestar atención a la
realidad, puesto que el psicoanálisis no se ocupa de los motivos por los
cuales Al Qaeda cometió el atentando, o la relación entre la caída del Muro de
Berlín y el nuevo terrorismo internacional. (El psicoanálisis) se dedica a
investigar cómo alguien puede ser afectado por un hecho que, con independencia
de su realidad fáctica, produce un determinado efecto en un sujeto debido al
modo en que ha sido procesado en su inconsciente, dando lugar a distintos
síntomas”.
En Madrid, “cuando hace diez años tuvo lugar el atentado de Atocha, los
psicoanalistas nos organizamos para brindar ayuda gratuita a los
afectados, y esa experiencia nos permitió aprender muchas cosas sobre cómo
intervenir en situaciones de máxima urgencia. En su texto El porvenir
de la terapia analítica, pronunciado hace más de 100 años, Freud apostó por
la necesidad de que el psicoanálisis pudiera acceder a las clases sociales no
acomodadas, y que su acción se extendiese a diversos ámbitos sociales. Desde
entonces, el psicoanálisis no ha dejado de hacerse oír en todos los espacios
donde el sufrimiento psíquico está en juego: las instituciones de salud mental,
educativas, culturales. Tal vez la mejor prueba de la proximidad que el
psicoanálisis ha tenido con el mundo, es el hecho indiscutible de que su
discurso cambió la historia de Occidente, tal vez mucho más y de forma más
duradera que el marxismo.
“Actualmente, España está sumida en una grave catástrofe económica y un serio
retroceso político, debido a la dictadura encubierta que padece. Eso, como es
lógico, se traduce en el malestar que padece una gran parte de la población.
Los críticos contra el psicoanálisis creen que se trata de una terapia
milagrosa, y se molestan cuando descubren que lamentablemente no resuelve el
problema de la desocupación ni evita la corrupción política. A esas voces
críticas hay que agradecerles la inmensa idealización que han hecho de nosotros
pero aclararles que no somos los dioses que esperaban, ni lo seremos nunca. Nuestro
compromiso está con las personas que tienen síntomas, es decir, padecen de algo
que les afecta su vida. Eso puede haber sido desencadenado por una ruptura
sentimental, la muerte de un ser querido, la pérdida de empleo, el accidente de
tren en la estación de Once, el atentado de la AMIA o la enfermedad de mi perro”.
Claro que “tirar piedras al psicoanálisis es un entretenimiento al que se suman
muchos medios de comunicación, los lobbies farmacéuticos, algunos intelectuales
lo suficientemente mediocres como para no saber inventarse algo mejor a fin de
que su nombre figure en alguna parte, y también -por qué no- pacientes a los
que no le hemos podido resolver sus esperanzas. Prefiero no evocar la época de
mi formación universitaria en la
Facultad de Psicología, cuando tras el retorno de Perón,
algunas cátedras consideraron que devolver el psicoanálisis al pueblo consistía
en llevarnos a los alumnos al Parque Chababuco o Lezama para que la gente de
las villas miseria dibujara a sus familias. Por supuesto, jamás volvíamos a ver
a ninguna de esas personas, pero los profesores se sentían muy orgullosos de su
labor social"
En la misma dirección apuntó la joven analista Luján Iuale: “La crítica al
psicoanálisis surgió con el psicoanálisis mismo. La padeció Freud en su
momento, teniendo que enfrentar los dogmatismos de la época victoriana, y
también Lacan cuando decidió correrse del statuo quo de la IPA. Es cierto que siempre
podrán surgir teorías que intenten explicar y abordar los problemas del hombre,
pero hoy más que nunca un psicoanalista puede estar a la altura de la época, si
hace lo que sabe hacer: escuchar el dolor del otro. En un mundo donde todo
parece reducirse a conexiones neuronales, el psicoanálisis sigue apostando a
alojar los modos particulares en que los cuerpos son afectados. Un
psicoanalista, hoy, no es sinónimo de silencio ni de diván. Para saber
de qué estamos hablando, basta con enterarse del trabajo que muchos sostienen
en centros de atención de niños maltratados, dispositivos de atención primaria,
urgencias, etcétera".
La analista francesa Agnés Aflalo, autora de El intento de asesinato
del psicoanálisis, dijo a esta agencia desde París que “la cultura de la
evaluación (la llamada ciencia estadística) retorna con fuerza cada
vez que existen conflictos políticos. Con el imperativo de atender a
imperativos presupuestarios, sólo concibe gobernar a los humanos como productos
industriales. Es imposible evitar pensar que el triunfo de la evaluación
aseguraría el control de la formación psi. Y después, liquidar al lacanismo,
que es lo que está verdaderamente en juego”.
Enrique Acuña, psicoanalista porteño que trabaja en La Plata, historiza: “Después
de diciembre de 2001, aparecieron las interpretaciones desde el campo psi a
los estallidos sociales. Hay cierto lenguaje psicologista que nombra el
acontecimiento dando una explicación que conduce a disculpar a los agentes
sociales. Las crisis causan un llamado a los significantes amos que organizan
lo social. Se opera con una domesticación de la angustia creando la figura de
la víctima, el perjudicado, que haría sus bodas con el buen prestador que
ofrece el mercado”, asegura. Y suma: “Es el auge de una metáfora jurídica
-nuevas leyes- sobre lo que antes era el campo de la salud mental. Se sueña que
con los nombres de un diagnóstico se podría encontrar una vía de reconocimiento
del que sufre, de modo que las terapias rápidas neutralizan lo
inconsciente como una política del deseo (de cada uno) de nominar su
síntoma. La solución pragmática en las que caen los mismos analistas huyendo
del psicoanálisis para estar a la altura de las evaluaciones, es un retorno a
lo anterior, a rasgos de la cultura de lo trágico. El psicoanálisis es otra
cosa, si entendemos que cuando alguien se responsabiliza de lo que dice puede
inventar nuevas identificaciones, un detalle del Otro que la masa velaba”.
Argentina y psicoanalista también, Gabriela Grinbaum aseguró que “el
psicoanálisis cura la fatalidad de un destino y esa es la marca que lo vuelve
absolutamente ético. No se trata, lo dijo Freud en Análisis terminable
interminable, de la cura según el campo de la medicina, que implica volver
al estado previo al de enfermar. Para los psicoanalistas, la cura es
volver a un estado que nunca preexistió. Y dado que el goce no es negativizable,
se trata finalmente de andar bastante mejor, haciendo uso de la contingencia
del trauma”.
Finalmente, José Ioskyn precisó que las notas en cuestión no eran “ataques
frontales” sino que estaban “disfrazadas de una supuesta neutralidad. En rigor,
están apoyadas en bibliografía y datos para extraer conclusiones falsas. Por
ejemplo, la asociación entre patología mental y pobreza no es un dato
certificado, es un supuesto ideológico. El psicoanálisis es la única terapéutica
que se ha preocupado por lo social y lo político; sus teóricos siempre se
han dedicado a ese aspecto. Freud y su explicación de la neurosis por la
represión social, su preocupación por extender el psicoanálisis a las masas, la
interdependencia entre malestar en la cultura y neurosis. (Wilfred) Bion y
otros ingleses, constituyendo un campo grupal para tratar las neurosis
provocadas por la segunda guerra mundial. Lacan mismo, su idea de que la
neurosis es lo social, que el analista debe estar a la altura de la
subjetividad de su época, y la teorización, a fines de los 70, de la teoría de
los discursos y del lazo social, en la cual quedan anudadas la subjetividad y
los discursos sociales. Es decir, no hay manera de entrarle al psicoanálisis
por el hecho de ser básicamente una práctica de consultorio.
En los 70, en la Argentina,
algunos psicoanalistas crearon dispositivos grupales para paliar la demanda
desbordante en los hospitales públicos. Anudaron el psicodrama de Moreno y las
técnicas grupales para generar psicoterapia de grupo. Y en la actualidad, está
casi todo el mundo cubierto de sistemas de atención gratuitos o muy económicos,
de iniciativa privada, como Pausa, la
Red de la EOL,
los CPCT en Europa. En La Plata,
a raíz de la inundación, por ejemplo, hubo múltiples ofertas de atención
gratuita para damnificados y a los diez días de la tragedia, salió un número
especial de la revista Cita en las diagonales, donde psicoanalistas escribieron
sobre el hecho. Que yo sepa, ninguna otra psicoterapia se ha ocupado de nada”,
concluyó.
La evaluación y el cientificismo cognitivo-conductual no sólo infiltran y
destruyen los saberes sino que son ductos privilegiados de los laboratorios
farmacéuticos y de ciertas políticas de disciplinamiento y control social que
-se sepa o no se sepa- se montan a los discursos dominantes, la biopolítica y
la psiquiatría epidemiológica, vectores de una mercantilización que nada tiene
de ecuménica sino de objeto teórico que por su eficacia inmediatista es
susceptible de arrogarse una acción que nunca deja de retornar, y que se nombra
como lo que es: mala fe.