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18 de noviembre de 2013

Entrevista a Eric Laurent -CORPOaTEXTO Flash

CUERPOaTEXTO FLASH/
CORPOaTEXTO FLASH
Boletín # 80


 Los acontecimientos de la


Entrevista a 
ERIC LAURENT
EN TELAM


Por Pablo E. Chacón

“La época vive una fascinación por la violencia

contra uno mismo y contra los otros”

 

El psicoanalista francés Eric Laurent, a horas de aterrizar en la Argentina para participar de las jornadas anuales de la Escuela de Orientación Lacaniana (EOL), dijo que en gran parte del mundo contemporáneo se vive una fascinación por la violencia contra uno mismo y contra los otros. 

Precisamente, también participará de la 6ta. edición del ENAPOL, esta vez presidido por el argentino Ricardo Seldes, que sesionará bajo el título de Hablar con el cuerpo. La crisis de las normas y la agitación de lo real.

Laurent también presentará su último libro, La batalla del autismo. De la clínica a la política, que editó la casa Grama. Analizante de Jacques Lacan, es uno de los fundadores de la Asociación Mundial de Psicoanálisis (AMP). Publicó más de veinte libros.

Este es el diálogo que tuvo con Télam desde París.


T: Agitación de lo real es un título inquietante. ¿Cómo entenderlo respecto a la cuestión del cuerpo?
L: Bueno, espero que sea un título unheimlich (inquietante). Se trata de despertar la atención sobre un punto que Lacan hizo para esclarecer ciertas aporías en Freud. En Freud, la zona de contacto entre la ciencia y el psicoanálisis era el funcionamiento de la economía libidinal. Después de 1920,  la economía del deseo tenía como horizonte a la pulsión de muerte y un nivel cero de energía -esto es, el principio del Nirvana, como decía Sabina Spielrein. Esta perspectiva permitía sostener la hipótesis de la vigencia de la segunda ley de la termodinámica, que introduce la inercia entrópica como horizonte energético final. Así, esa hipótesis definía algo como un real en el psicoanálisis. Lacan, a su vez, intentó definir la pulsión de muerte a partir de lo que tiene lugar en la experiencia analítica, sin introducir hipótesis suplementarias. Primero mostró que se podían ignorar aspectos vitales pensados como imaginarios, de la pura repetición significante. En la enseñanza de Lacan (tal como dice Jacques-Alain Miller) aquel fue uno de los paradigmas del goce.
Y siguió: trató (y consiguió) aislar un modo de repetición que no fuera la repetición significante. Definió al Uno del goce que se repite en el horizonte de la experiencia analítica pero que no obedece a las leyes de la repetición significante, y tampoco a la lógica del fantasma. Ese horizonte aparece en los análisis de larga duración. Y esa repetición diagrama un universo sin ley, sin necesidad, que Lacan pensó como encuentro con la contingencia. De esto trata la agitación de lo real. No del imaginario del movimiento browniano que obedece a las leyes de la mecánica estadística sino del encuentro de los cuerpos con la contingencia del goce que introduce la consideración del sinthome.

T: La dietética, la pedagogía, el biopoder, la genética, etcétera. ¿De qué manera esas prácticas, esos saberes, tocan al cuerpo del sujeto del discurso de la ciencia?
L: En el Seminario XIX, Lacan hace observaciones muy llamativas sobre esto. Por ejemplo, constata que el conocimiento del cuerpo es obtenido primero por la sabiduría de quienes querían aliviarse de la presión del deseo. Son las prácticas que se centraron en la hygiene como principio fundamental del conocimiento de sí. El souci de soi, como decía (Michel) Foucault, permitió la elaboración de un saber sobre el goce a través del control del cuerpo. Y que no tuvo lugar sólo en la filosofía griega, que en la variedad de sus escuelas, siempre tuvo una dimensión de técnica del cuerpo; también en la religión judaica, en la cual el Qohelet es un libro de sabiduría. Atenas y Jerusalén se encuentran en la perspectiva del saber higiénico.
La otra vía de conocimiento del cuerpo, que no se controla con la hygiene, es la enfermedad. Capturado por la enfermedad, el cuerpo revela posibilidades de sufrimiento y de salvación impensables. Pero la alianza entre la medicina y la ciencia ha inventado una nueva experiencia de la enfermedad, que pone al cuerpo en un aparataje inédito, con técnicas cada vez más sofisticadas. El verdadero cuerpo biónico no es tanto el cuerpo sano que sueña extender el poder de sus órganos: es el cuerpo enfermo que se transforma en objeto de experimentación, de nuevas generaciones del mismo medicamento, y/o de máquinas de control y suplencia que componen nuevos organismos. Claro que esto diseña experiencias inéditas de goce corporal de las cuales existen cada vez más testimonios, en los análisis, en los relatos literarios del atravesamiento de una enfermedad potencialmente letal. Las reacciones del cuerpo, su resiliencia tanto como su abandono, tienen un efecto sorpresa que inclina a la medicina contemporánea a salir de la simple consideración sobre los grandes números, la Evidence Based Medicine, para atender una perspectiva de la singularidad. Esta perspectiva moviliza a la genética y a los saberes sobre el cuerpo en un horizonte que trata de encarnar, de hacer presente lo más rápido posible la empresa eponímica de digitalizacion del mundo que es Google. Sus últimas jornadas de estudio tenían como título Hacer retroceder la muerte.

El psicoanálisis nombra otro saber sobre el goce: de la repetición del síntoma y del fantasma hacia la contingencia del sinthome.

T: ¿Existe una diferencia entre el sujeto, capturado por el discurso de la ciencia, y lo real que agita a ese sujeto, ese real que se presenta como inasimilable, irrepresentable, imposible de mensurar?
L: Esa diferencia fue definida por Lacan como una respuesta. Propuso un sujeto respuesta a lo real. Decirlo así implica separarse de las concepciones previas del sujeto. Por ejemplo, el sujeto supuesto por el existencialismo consideraba la reciprocidad imaginaria del Tú y el Yo como una dimensión fundamental: el sujeto era una respuesta al otro fundamental, una suerte de hermano inteligible desde el principio ético de no hacer al otro lo que no quieres que te hagan. Lacan cambia esa perspectiva fundando el sujeto en relación a lo que usted bien define como inasimilable, irrepresentable, imposible de mensurar. Se trata de un sujeto más vinculado a su angustia que a su prójimo. A condición de considerar que la angustia no es angustia de la muerte sino angustia frente al goce articulado de lo vivo, angustia frente al deseo del Otro.
 
T: Cuando se dice todos solos, todos autistas, todos adictos, ¿qué se quiere decir estrictamente, si se piensan esos sintagmas desde el psicoanálisis?
L: Si se piensan esos sintagmas desde el psicoanálisis, aparecen como aporías. En un primer nivel, se puede decir que trazan un horizonte común, esto es, cómo se vive la pulsión en la época del discurso de la civilización. En la época del individualismo de masa, existe un registro de soledad para todos que la puede explorar incluso la sociología. La sociología describe a un sujeto encerrado en modos de vivir múltiples pero solitarios, con lazos líquidos hacia el otro (Zygmunt Bauman), relaciones vacías, efímeras al otro de la hipermodernidad (Gilles Lipovetsky) o al refugio de la performance adictiva hasta el cansancio de sí mismo (Alain Ehrenberg) que pueden llevar a la melancolía, al delirio báquico o al terrorismo. Este horizonte común está subvertido por Lacan cuando enuncia: Todo el mundo es loco, es decir, delira, porque reenvía a la manera singular con la cual cada uno delira en este común. En este sentido, el sujeto del delirio singular es una respuesta a lo real que testimonia de otra experiencia que la que describen los sociómanos de Philippe Sollers.

T: ¿Es posible que el sujeto del común (del que habla Toni Negri), bajo estas condiciones, sea capaz de pensar una política emancipatoria, teniendo en cuenta los reparos que Lacan tenía al respecto?
L: Definir al sujeto a partir de lo común es partir de una noción del todo que la experiencia analítica no anula pero pone en cuestión. En ese sujeto del común hay algo demasiado vinculado al (sujeto) husserliano de la fenomenología. Así, se piensa la experiencia del mundo posible a partir de una presencia de evidencias mudas, compartidas como axiomas silenciosos de la experiencia y de la continuidad de la existencia. Es lo que el psiquiatra alemán Wolfgang Blankenburg postuló como  las evidencias que definen el sentido común.

Su obra describe lo que sucede clínica y fenomenológicamente cuando se pierde la evidencia natural. En su segunda tópica, Freud también englobó al Yo en función de un Todo transmitido -subraya Lacan- por el sociólogo Gustave Le Bon y su teoría de las masas. Las hipótesis de  Massenpsychologie und Ich Analyse (Psicología de las masas y análisis del yo) son criticadas por Lacan desde sus principios. Es conveniente partir de la experiencia del no-todo, el aparato de goce de uno, su síntoma, su fantasma, el delirio singular. Es desde ese punto que se puede considerar un uso no masificante de las identificaciones. Esta dimensión de la cosa se hace evidente cuando se revisa la experiencia del sujeto femenino. Algunas feministas hablan de sororidad como los hombres de fraternidad. Otras subrayan que la originalidad de la posición femenina es la preocupación por el otro, el care, palabra inglesa difícil de traducir en todas sus acepciones. Pero Lacan encontró otra manera de presentar la originalidad de la relación femenina con la identificación. Dijo que las mujeres no tienen la misma tendencia a la identificación narcisista que los hombres porque pueden ser el síntoma de otro cuerpo. Esa alteridad es abierta por el desplazamiento del objeto, punto crucial de lo que Freud aisló como una de las particularidades del Edipo femenino. Entonces, las mujeres no tienen la misma relación que los hombres con la experiencia de la identificación y del Todo. Cuando (Jacques-Alain) Miller habla de la feminización del mundo, esa dimensión aparece cada vez más como un componente de las políticas del todo, sea en la multiplicidad de los modos de vivir la pulsión, o en el pasaje de los derechos humanos a los derechos uno por uno, que implica una desacralización de lo universal.

T: Finalmente, en la película Das experiment, de Oliver Hirschbiegel, ¿existiría alguna clave para entender por qué el psicoanálisis de orientación lacaniana está condenado a sobrevivir en este mundo que decidió sepultar la relación del sujeto con su finitud, y se entregó a la acción-reacción del cognitivismo social?

L: Sin dudas. Hirschbiegel tiene una sensibilidad especial para explorar la emancipación de las formas del Todo.  Últimamente se interesó por la princesa Diana Spencer como objeto de experimentación social, el uso que ella hizo de su posición de excepción en relación con un todo, la figura de Princess of the People, como la llamó el responsable de las comunicaciones del ex premier Tony Blair. Hirschbiegel inició su carrera concentrándose en la novela de Mario Giordano, Black Box, inspirada en el experimento de psicología social de Philip Zimbardo en la Universidad de Stanford, California, en agosto de 1971. Wikipedia presenta así la cuestión: El experimento de la cárcel de Stanford es un conocido estudio psicológico acerca de la influencia de un ambiente extremo, la vida en prisión, en las conductas desarrolladas por el hombre, dependiente de los roles sociales que desarrollaban (cautivo, guardia). Fue llevado a cabo en 1971 por un equipo de investigadores liderado por Philip Zimbardo de la Universidad Stanford. Se reclutaron voluntarios que desempeñarían los roles de guardias y prisioneros en una prisión ficticia. Sin embargo, el experimento se les fue pronto de las manos y se canceló en la primera semana. Las preocupaciones éticas que envuelven a los experimentos famosos a menudo establecen comparaciones con el experimento de Milgram, que fue llevado a cabo en 1963 en la Universidad de Yale por Stanley Milgram, un antiguo amigo de Zimbardo. El estudio fue subvencionado por la Armada de los Estados Unidos, que buscaba una explicación a los conflictos en su sistema de prisiones y en el del Cuerpo de Marines de los Estados Unidos. Zimbardo y su equipo intentaron probar la hipótesis de que los guardias de prisiones y los convictos se autoseleccionaban, a partir de una cierta disposición que explicaría los abusos cometidos frecuentemente en las cárceles. Los participantes fueron reclutados por medio de anuncios en los diarios y la oferta de una paga de 15 dólares diarios por participar en la simulación de una prisión. De los 70 que respondieron al anuncio, Zimbardo y su equipo seleccionaron a los 24 que estimaron más saludables y estables psicológicamente. Los participantes eran predominantemente blancos, jóvenes y de clase media. Todos eran estudiantes universitarios. El grupo de 24 jóvenes fue dividido aleatoriamente en dos mitades: los prisioneros y los guardias. Más tarde los prisioneros dirían que los guardias habían sido elegidos por tener la complexión física más robusta, aunque en realidad se les asignó el papel mediante el lanzamiento de una moneda y no había diferencias objetivas de estatura o complexión entre los dos grupos. La prisión fue instalada en el sótano del departamento de psicología de Stanford, que había sido acondicionado como cárcel ficticia. 

Acá tenemos una experiencia fuerte de relación entre identificación y goce, o un goce de la identificación que conduce  a los sujetos hombres a no a ser síntomas de otro cuerpo sino el estrago de esos cuerpos. En La batalla del autismo recuerdo la experiencia, en la década anterior, de Stanley Milgram, en Yale: se trataba de evaluar el grado de obediencia de un individuo a una autoridad que considera legítima y analizar los procesos de sumisión a la autoridad, en especial cuando ésta induce a acciones que plantean problemas de conciencia al sujeto. Esta experiencia estaba destinada a saber hasta qué intensidad de electroshocks estaban dispuestos a llegar unos adultos para castigar a otros cuando prescribía el castigo en cuestión (y cuyos efectos eran simulados por actores sin que los participantes lo supieran). De quienes se prestaron, muy pocos se resistieron a intensificar el daño. Francia no es el único país donde se ha reflexionado sobre las consecuencias de efectivizar órdenes absurdas de una autoridad convertida en superyoica, obscena y feroz.

Ahora bien, la repetición del resultado de estas experiencias operan como el revés hard de los desplazamientos de la sensibilidad actual. Películas como Zero dark thirty hacen participar sin distancia de sesiones de tortura por el bien común. Y como éxito de librería está Cincuenta sombras de Grey, que da una idea del interés de la época en una supuesta verdad, superior al dolor, como experiencia de goce en el cuerpo. Roman Polanski también captó esto con su Venus à la fourrure. La entrega a la acción-reacción del cognitivismo social, como usted dice, no testimonia un rechazo del sujeto sino una manera contemporánea de vivir la pulsión, en sintonía con la fascinación epocal de la violencia contra uno mismo y contra los otros.

19 de septiembre de 2013

Entrevista a José Fernando Velásquez - Primera parte


Por: Angélica Ballón Sánchez
         Roberto Carlos Galván Sánchez


P: A la luz de las últimas enseñanzas de Lacan sobre el inconsciente, considerando el inconsciente transferencial y el inconsciente real, acerca del inconsciente real Lacan dice que “no hay allí amistad alguna que ese inconsciente soporte”. ¿Cómo se puede pensar la transferencia?, ¿cómo se sostiene la transferencia en la clínica del autismo, y también de las psicosis?

R: La transferencia hay que pensarla en términos generales como el anudamiento que se produce entre las posiciones de goce del analizante y algún rasgo, alguna pieza que está en el semblante del analista; puede ser la voz, la mirada, su título, el ideal que representa, una impresión…“no me parece querido, o amable”, o  “me lo referenciaron muy bien”. Eso es para cualquier ser hablante.

En el caso de las psicosis y del autismo la transferencia se va a instalar por el anudamiento entre el autista o psicótico a una posibilidad que le dé ese analista de alojar algo de la construcción que él viene haciendo. Y, eso no es sencillo. Porque nos podemos disponer para recibir a los niños psicóticos, a los autistas, pero es el niño mismo el que elige cómo se va a anudar,  cuándo se va a anudar, y la manera generalmente estereotipada de anudarse. Puede ser simplemente porque el analista no hable, o por el contrario, por que su voz sea muy suave, o porque no lo mira, o por el contrario porque lo mire mucho, o encontró un lápiz o cualquier objeto que le llame la atención. Hay una serie de condiciones que son contingentes en ese anudamiento que hace el niño al espacio, a la persona, al cuerpo, a los objetos del analista.  El arte es que sea un anudamiento sostenido a través del tiempo, porque puede haber anudamientos momentáneos, el chico se entusiasma, se prende de un objeto, por ejemplo, o del hecho de que “no me mira”, el analista no lo mira directamente, y eso hace que el autista o el psicótico pueda sentirse cómodo,  tranquilo, sin amenaza; o porque la sesión sea breve, o porque la sesión sea larga; todo depende del caso por caso. Entonces, ese anudamiento que se da ahí hay que tratar de sostenerlo en la medida en que se sepa leer qué es lo que lo anudó.

Es una transferencia no al sujeto supuesto saber,  lo que sí ocurre en la neurosis, sino que pasa por una dimensión puramente real, por lo imposible, lo ilimitado, lo repetido. Eso hace que por ejemplo se pueda trabajar entre varios con un solo autista. La práctica entre varios lo que muestra es que la transferencia el autista la instala, diríamos, a un Otro insustancial, no personificado, no individualizado, sino más bien a unas ciertas condiciones de espacios, de sonidos, de ambientes, de modos de ser recibido. Eso es lo que el analista tiene que tener en cuenta, que no va a ser una transferencia de suposición de saber, y que se basará sobre todo en alimentar esa transferencia a través de hacer una buena lectura de lo que está sucediendo en él a nivel real.  El autista o el psicótico, es muy sensible a cualquier surgimiento de una encarnación del Otro real. Por decir algo, hay mucha bulla afuera en el consultorio, o que el analista lo mire mucho, o que le haga una pregunta dirigiéndose directamente a él, o que perciba un determinado gesto. Eso ya puede encarnarle al autista el Otro real. Entonces se va a replegar, y se va a replegar detrás de su fortaleza, y bueno, va a ser mucho más complicado volverlo a sacar.

Insisto en que es con la lectura sostenida que permita entender y comprender cuál es el lugar que da el autista al analista, sobre todo en esa dimensión como espejo, y como receptor del objeto de la pulsión parcial.

Para mí me es muy importante lo que hizo la señora Rosine Lefort con Nadia. Nadia es una chica de 18 meses, que en ese momento está internada en un hospicio, y tiene muchísimas enfermedades, prácticamente es una niña desahuciada; pero está siendo asistida, alimentada, cambiada, cargada por todo el personal de la institución. Y lo que hace la señora Lefort es tachar ese Otro, descompletarlo, ser ex-istente a ese Otro. Ella decide: Nunca le voy a dar ni comida, ni le voy a cambiar pañales; así esté pidiéndomelo, así esté sucia, no lo voy hacer. Ella se sustrajo de ese Otro general, y eso no es algo que pase desapercibido para Nadia. Nadia se da cuenta, y empieza a construir una demanda: “déme papilla”.

Otra manera de sustraerse de la señora Lefort a ese Otro es prestándose a dejarse agujerear: Nadia requiere agujerear lo real, agujerear al Otro y la señora Lefort se presta para que la niña lo haga, presta su cuerpo. El Otro de la institución no lo hacía, solamente hacía una tarea de asistencia. La señora Lefort permite que la niña explore sus ojos, su boca, sus manos, la blusa, sus gafas. Con ese ejemplo te muestra cómo el analista sabiéndose situar frente al autista, instala la transferencia. Y que es una transferencia que no puede ser solamente de 5 o 10 minutos, sino que hay que sostenerla a través del tiempo. Eso será posible siempre y cuando entienda cómo es que se mueve, cuál es el sustrato de esa transferencia.


P: ¿Cuál es la especificidad del psicoanálisis frente a los otros tratamientos psi?

R: La especificidad viene de la conceptualización de la condición del ser humano como un ser de goce y como ser hablante. A través de la historia si bien somos definidos como seres humanos, también somos seres de goce, que obtenemos una satisfacción que va mucho más allá de la necesidad. El anudamiento entre lengua y satisfacción genera una serie de situaciones en la condición humana como es la demanda. Demandamos amor, demandamos afecto, demandamos cuidados, demandamos que el otro cumpla con nuestras expectativas. No sólo instala la demanda sino también instala las identificaciones, entonces yo quiero ser como tal o aquel, como este personaje o como mi papá. Y genera también una sensibilidad a la palabra, al significante como decimos en el psicoanálisis; el ser hablante de goce es un ser que no es indiferente a la palabra del Otro, al deseo del Otro o a la satisfacción del Otro.

Son esas tres respuestas del ser hablante lo que las demás disciplinas psi tienen en cuenta, cómo el ser hablante responde al deseo del Otro o a sus ideales. Sabemos que cualquier psicología trata para que un chico se instale en la demanda que el colegio quiere: Que marche bien, que se comporte bien, o la demanda al ideal que el padre o la madre quieren.

El psicoanálisis de orientación lacaniana tiene en cuenta la posición de cómo se responde desde una necesidad de satisfacer un goce que es muy singular en cada ser hablante; una satisfacción que se impone, que no es del orden de la necesidad, que siempre es repetitiva, que siempre va a estar a pesar de la edad o de la evolución de ese ser hablante. Y esa necesidad de satisfacer ese goce se vuelve algo sintomático.

Esto es lo que vemos por ejemplo en la anorexia; la anorexia está por fuera, dice el psicoanálisis, del ideal de la delgadez, está por fuera del sentido común de que me voy a enfermar, que ya tenga o no osteoporosis o que se le está complicando la cuestión de la salud porque se desmaya. Ahí vemos a un sujeto tomado absolutamente por una satisfacción que va mucho más allá del ideal, del deseo o de la identificación, que pretende satisfacer una condición muy autística de goce, muy singular en ese sujeto para sentirse realizado o satisfecho. Lo mismo en una toxicomanía o lo mismo se puede explicar por ejemplo en la relación entre los sexos.

El tomar en cuenta que en ese tipo de satisfacción no hay complementariedad, no hay pareja, no hay ideal, satisfacción en un orden muy autístico, muy singular, hace que el psicoanálisis de orientación lacaniana no pueda responder a los ideales de un tercero, ni el de los padres, ni el de la escuela, ni de una sociedad; no se puede decir que los sujetos sometidos a un psicoanálisis de orientación lacaniana van a rectificar una conducta o se van a acomodar a un ideal institucional, más bien buscarán estar más tranquilos con la satisfacción que pretenden.

El psicoanálisis de orientación lacaniana se oferta para que el sujeto en cuestión pueda leer y capturar ese rasgo de satisfacción, de goce singular y que el sujeto pueda asumirlo, que pueda consentir que eso es del él, que lo reconozca como algo propio a pesar de que sea ajeno, que genere un cierto tipo de extrañeza. No es algo del orden de la manera usual de pensar o que vaya acorde con los ideales; pero sí es posible que él se diga: “yo soy eso, yo repito eso, yo me veo varias veces en ese comportamiento, en esa conducta, eso es mío”. Que el ser hablante se reconozca en eso donde él goza, permite que ese ser hablante pueda tener un saldo de saber a su favor, que sepa cómo saber hacer con eso, porque eso va a estar ahí siempre en su existencia. Saber hacer con eso implica un poco una versatilidad respecto a ese rasgo de goce, una posibilidad de obtener una satisfacción pero de una manera en que él mismo lo decida, lo elija, y no simplemente ser arrebatado por esa condición de goce, que es lo que uno ve en muchos síntomas contemporáneos, o en el neurótico obsesivo que no quiere hacer esto, o la histérica que quiere que el otro la satisfaga de esta u otra manera.

Entonces lo que singulariza al psicoanálisis de las otras disciplinas psi es tener en cuenta la dimensión de lo que Lacan llamaba lo real, lo sin ley, aquello ilimitado, aquello repetitivo, aquello que siempre vuelve a ser lo mismo, aquello que es imposible de ser atrapado por el sentido.