I
Conversación Clínica de la
NEL
El
analista y su práctica
São Paulo - 3
de septiembre de 2015
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Letras
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Boletín
Nº 11
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La ficha de inscripción es necesaria para poder recibir los materiales clínicos
que serán trabajados durante la conversación.
Con la riqueza de los comentarios sobre la
conversación que hemos compartido en las pasadas 10 ediciones, damos comienzo a
la segunda parte de este boletín dedicada ahora a compartir breves
elaboraciones sobre distintos aspectos fundamentales de la práctica analítica.
Destinaremos unas semanas a explorar vertientes diversas a partir de algunas
citas escogidas sobre la clínica y los comentarios que las mismas suscitan en
los colegas que aceptaron participar de este esfuerzo, a fin de que sirvan ‒en su articulación
y tensión‒ en la construcción del dispositivo de Conversación Clínica
de la NEL.
Abren la serie los trabajos de María Eugenia Cardona y Mayra de Hanze. En el
primero, Cardona parte de la consideración de Miller acerca de las 3 variantes
del sujeto supuesto saber, en relación a los registros sin olvidar su
anudamiento. Trabaja la relación que la suposición implica respecto del Otro y
la orientación hacia una suposición que ‒inexistencia del
Otro mediante‒ se sostenga del Uno.
Hanze por su parte, comenta la cita de un Lacan temprano, del Seminario I, y
sitúa a partir de allí un recorrido cuyo eje es la transferencia, su eficacia,
su relación con el acto analítico, con el objeto y con la palabra ‒designada en ese
seminario como plena‒, para finalmente arribar a la noción: el acto de la palabra.
Gracias al aporte de María Hortensia Cárdenas quien nos ha compartido su
archivo de humor gráfico sobre psicoanálisis, cambiamos el tono de las imágenes
que ilustran y acompañan la lectura de este tramo del boletín.
Y cambiamos también el contexto de las referencias bibliográficas que
adjuntamos, pues se tratará de acercarlos a una selección de citas respecto de
la práctica clínica que mucho agradecemos una vez más a Piedad O. de Spurrier,
quien ha llevado adelante un extenso relevamiento sobre el tema.
Al final de este boletín encontrarán nuevamente la ficha de inscripción. Es de
gran utilidad para la organización saber quiénes podrán concurrir, por lo que
insistimos en pedirles que por favor la envíen a Clara María Holguín: clara.maria.holguin@gmail.com
La ficha de inscripción es condición necesaria para poder recibir con
anticipación el material clínico que será discutido y trabajado durante la Conversación.
¡Disfruten la lectura!
Ana Viganó
Nuestro sujeto
supuesto saber
Comentario
de María Eugenia Cardona a la cita:
“El
analista mismo es un sujeto supuesto al saber –es el segundo sujeto supuesto
saber. Si no lo fuera, no nos confiaríamos a él. Es supuesto a saber, al menos,
lo que quiere verdaderamente decir la confidencia del analizante, o sea, es
supuesto a saber interpretar, digamos, hablando en latín, a responder al casus
de las formaciones del inconsciente por el saltus, el salto de la
interpretación. Este salto de la interpretación es por otra parte central en el
ejercicio, llamado, de control: ¿Cuándo hay que saltar sobre la palabra del
analizante para hacerlo en el momento oportuno y tener los efectos que esperamos
de ello? Este salto de la interpretación engendra una significación que lo
podríamos articular así: Tú, analizante, que eres supuesto al saber, no sabes
lo que dices” [1]
En esta intervención de Miller en las Jornadas de estudios de la ECF 2006: “Nuestro sujeto
supuesto saber”, Miller ubica tres sujetos supuesto saber, donde el
primero sería el analizante con la esperanza de dirigirse a alguien que dirá lo
que le pasa, por lo cual busca un analista. El segundo SsS sería el
analista mismo como un supuesto a interpretar y el tercer SsS sería
el inconsciente como potencia de cifrado…Finalmente y admitiendo que
son tres SsS que se articulan en la sesión analítica: el primero imaginario, el
segundo simbólico y el tercero real. Pero realmente son solo uno.
El analista como segundo SsS será quien le dé la palabra al
analizante, sosteniendo el lugar de “olvido de todo lo sabido”, condición de
ignorancia necesaria, que hará de cada encuentro algo nuevo y a su vez
posibilitará la instalación de SsS en la
sesión analítica. Como lo dice Miller: “la pasión de la ignorancia significa
invención de saber, es su otro nombre”. (2) “El sentido de
la ignorancia en psicoanálisis, su virtud, eso por lo que resulta adecuado
aquello de lo que se trata, es que es la ignorancia de algo que no hay. Por eso
Lacan pudo hablar de invención de saber y no de descubrimiento”.(3) Las entrevistas
iniciales responden a la frase precisa de Lacan “en el comienzo está
la transferencia”. Donde el síntoma con sus dos caras, “una que
habla y es mensaje”, la otra que “no habla y es goce” que incide en el cuerpo,
llevará a alguien a partir del malestar –goce‒ a un
análisis. La maniobra del analista al inicio es crear las condiciones para que
el parlêtre descubra su
inconsciente y a partir de ahí se instaure la suposición de saber. La
transferencia estará armada a partir de la creencia de que esa queja-por la que
sufre será develada. Creencia que Lacan en el Seminario 7 diferencia de la verdad
cuando dice: “si suponemos que creen verdaderamente, no son creencias sino
verdades”.(4) Solo el acto analítico que está desde el inicio,
podrá ubicar la causa que será impulso al trabajo de transferencia.
Para que el síntoma pueda ser interpretado es necesario creer en él, en su
dimensión de mensaje. Síntoma que no es sin la envoltura del Otro de la
cultura.
Del psicoanalista se espera la resolución del enigma inconsciente del síntoma.
Posición o lugar paradójico para el analista pues ocupa un lugar “que no cree”
pero se sirve de ese semblante para dar voz al goce, y llegar a precisar
“reduciendo” todo el trabajo de la defensa neurótica que como lo dice Lacan: (5) es
pura pérdida, mera conjura que da lástima”. O sea todo lo que se hace con
el sentido, no - sirve y agrega: “el sujeto se agota produciéndose como efecto
de significante, permaneciendo tan distinto de él….”. (6) El
inconsciente Lacaniano está entre los significantes, tiene una estructura
pulsátil aparece para desaparecer y volver a reaparecer…necesita al menos dos
significantes (S1-S2) para capturarlo. El inconsciente
lacaniano es lo que brilla y late con destellos momentáneos
entre los intersticios de
la cadena significante. Por eso en cada analizante, el
analista no solo escuchará los significantes que ordenaron su hystoria sino que tendrá que tener en cuenta otro registro más
allá de los significantes, que tiene que ver con esos destellos y latidos momentáneos
que están en el agujero entre los significantes. Hay un cambio de paradigma
donde el lenguaje no comunica sino que es “en el cada significante vale uno” (7) es
letra que no remite a nada. En esta nueva perspectiva la intervención del analista
no es: sin-sentido, sino que se trata de la intervención: no-sentido, donde lo
que se juega es acontecimiento de goce como resonancia en el cuerpo. Como lo
dice Xavier Esqué:….”es decir que se apoya no en el Otro sino en el Uno. Se
trata de tomar apoyo en lalengua con el fin
de extraer el Uno”.(8)
En Los usos del lapso, J.-A. Miller
dice: “…el analista con su presencia, encarna algo del goce, la parte no
simbolizada del goce. (…) y de la que se puede decir que el testimonio es la
presencia del analista en carne y hueso. (…) El analista está a título de su
encarnación y no del saber que tendría, del saber inconsciente del
sujeto”. [9] Cuerpo del analista, lugar encarnado, que
hace posible cernir la “marca singular” de lo innombrable donde el resto –vivifica
y posibilita el encuentro con un nuevo modo de saber hacer allí. Inexistencia
del Otro que pone al Uno del lado de la invención.
La interpretación será el acto que se espera del analista, que se articula a la
pulsación temporal inconsciente y reorienta al fading constituyente del sujeto.
(2) Miller, J.-A., “Los signos
del goce”. ”, Paidós, Bs. As., 2011, p. 222
(3) Ibíd. p. 229
(4) Lacan, J., El Seminario, Libro 7, La ética del psicoanálisis, Paidós, Buenos
Aires, 1992, p. 208.
(5) Lacan J., El seminario, Libro 19, ...o peor, Paidós, Buenos
Aires, 2012, p.170.
(6) Ibíd., pág.171.
(7) Miller, J.-A., Los signos del goce, Paidós, Buenos Aires, 2011, pp. 343-344.
(8) Miller, J.-A., Esqué, X. y
otros., ¿Cómo se forman los analistas?, Grama,
Buenos Aires, 2012, p. 44.
(9) Miller, J.-A., Los usos del lapso, Paidós, Buenos Aires, 2004, p.
22.
Comentario de Mayra de Hanze a la cita:
“Debe
existir pues algo diferente del adoctrinamiento que explique la eficacia de las
intervenciones del analista. Es lo que la experiencia demostró como eficaz en
la acción de la transferencia.” [1]
Corre el año 1953 y Lacan realiza su enseñanza “Los escritos técnicos de
Freud”, apertura el Seminario recordándonos que el pensamiento de Freud está
abierto a la revisión. Reducirlo a palabras gastadas sería un error […]
Utiliza para ubicar la práctica del psicoanálisis, la metáfora
del arte del buen cocinero, “Que sabe cómo trinchar el animal, cómo
separar la articulación con la menor resistencia”. Sabiendo que existe, para
cada estructura, un modo de conceptualización que le es propio.
La cita que se me ha pedido comentar, la encontramos en el capítulo IX, “Sobre
el narcisismo”. Aquí Lacan insiste en la noción de lo simbólico, diciendo que
siempre conviene partir de ella para comprender lo que hacemos cuando
intervenimos en el análisis.
Enfatiza esa faz de la resistencia que se sitúa en el nivel mismo de la emisión
de la palabra. La palabra puede expresar el ser del sujeto, pero hasta cierto
punto, nunca lo logra.
Surge al respecto la primera interrogación ¿Cómo se sitúan respecto a la
palabra, todos esos afectos, todas esas referencias imaginarias habitualmente
evocadas cuando quiere definirse la acción de la transferencia en la
experiencia analítica?
Nos dirá que no podemos pensar la experiencia analítica como un juego, una
trampa, una artimaña ilusoria, una sugestión. Esta experiencia convoca la
palabra plena, la que apunta, la que forma la verdad tal y como ella se
establece en el reconocimiento del uno por el otro. La palabra plena es la
palabra que hace acto.
Se plantea al respecto la primera contradicción sobre el método psicoanalítico,
que apunta a la obtención de la palabra plena mientras da como consigna al
sujeto decir una palabra lo más despojada posible de toda suposición de responsabilidad,
incluso lo libera de toda exigencia de autenticidad, le conmina a decir todo
aquello que pase por la mente, facilitando al sujeto el retorno a la vía de lo
que, en la palabra, está por debajo del nivel del reconocimiento y que
concierne al tercero, el objeto. Por supuesto, el objeto, no deja de estar en
referencia a la palabra […].
Pareciera que este acto de la palabra sólo puede progresar siguiendo la vía de
una convicción intelectual proveniente de la intervención educadora, es decir
superior, del analista. El análisis progresaría así por adoctrinamiento.
Cuando se afirma que la primera etapa del análisis habría sido intelectualista
se hace referencia a este adoctrinamiento. Sin embargo, nunca fue así…las
fuerzas auténticamente en juego estaban presentes desde el origen. Si no
hubiesen estado allí, el análisis jamás habría tenido la posibilidad de aprobar
su examen, e imponerse como método evidente de intervención psicoterapéutica.
[…] La transferencia eficaz de la que habla, es en su esencia, el acto de la
palabra.
Es indudable que este recorrido que plantea Lacan, me evoca aquel otro que
realizara Miller en el 80, al anunciar que en el psicoanálisis realizamos una
clínica bajo transferencia, para decir en el 2008 que la transferencia tiene un
afecto disolvente sobre la clínica.
Referencias
[1] Jacques Lacan, El Seminario, Libro 1, Los escritos
técnicos de Freud, Paidós, Buenos Aires, 1981, p. 170.
Referencias bibliográficas sobre la práctica
clínica
Lacan, J. (1971). Escritos 1. México D. F., Siglo XXI Editores.
El tiempo lógico y el aserto de certidumbre anticipada. Un nuevo sofisma
(1945)
· “Se aíslan en el sofisma
tres momentos de la evidencia, cuyos valores lógicos se revelarán diferentes y
de orden creciente”. (p. 27)
· Estos momentos son el
instante de la mirada, el tiempo para comprender y el momento de concluir. “El
tiempo para comprender puede reducirse al instante de la mirada, pero esa
mirada en su instante puede incluir todo el tiempo necesario para comprender.
Así, la objetividad de este tiempo se tambalea en su límite”. (p. 29)
· “Cada uno de los
sujetos, si ha vuelto a aprehender la certidumbre subjetiva del momento de
concluir, puede nuevamente ponerla en duda. Pero está ahora sostenida por la
objetivación, ya hecha, del tiempo de comprender, y su puesta en duda durará
tan solo el instante de la mirada, porque el solo hecho de que la vacilación
aparecida en los otros sea la segunda basta para suprimir la suya apenas
percibida, puesto que le indica inmediatamente que con seguridad no es un
negro”. (p. 33)
Intervención sobre la transferencia (1951)
· “En una palabra, el
psicoanálisis es una experiencia dialéctica, y esta noción debe prevalecer
cuando se plantea la cuestión de la naturaleza de la transferencia”. (p. 38)
· “Dicho de otra manera,
la transferencia no es nada real en el sujeto, sino la aparición, en un momento
de estancamiento de la dialéctica analítica, de los modos permanentes según los
cuales constituye sus objetos. ¿Qué es entonces interpretar la transferencia?
No otra cosa”. (p. 47)
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