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5 de junio de 2015

Boletín 3 Letras en línea - I Conversación clínica de la NEL


                 I Conversación Clínica de la NEL 

 El analista y su práctica
 

São Paulo - 3 de septiembre de 2015

La conversación - Étienne


Letras en línea
Boletín Nº 3

La maldición sobre la conversación es eso mismo que la vuelve necesaria, como dispositivo, para los analistas de una Escuela. Paradojas de la materia con la que trabajamos, para Lacan la definición de la comunidad de los analistas se soporta en el punto mismo de su imposibilidad. 

Hay un saber común para los analistas que deviene de su experiencia analítica: analista analizante es el sintagma que orienta esta vertiente del saber. Un saber que no es referencial sino que parte de que en todo saber hay un agujero fundacional –y fundamento–. Un saber común –perspectiva que no puede dejar de ser universalizante–; que solo se verifica en el uno por uno –la singularidad de cada travesía por las aguas transferenciales del saber, sea como analizante, sea como analista–; y que además incluye la posibilidad no-toda de que un saber nuevo esté pronto a producirse, si las condiciones lo permiten. Así, la conversación analítica es como la Escuela misma, una y múltiple a la vez.

Si hay una tal maldición, es para que la Escuela no cese en el intento de biendecirla. De estas cuestiones nos hablan los textos que presentamos hoy, a cargo de Juan Fernando Pérez y Alicia Arenas.

Al término de estas lecturas encontrarán nuevas referencias bibliográficas sobre el tema de la conversación, esta vez haciendo especial hincapié en la idea de banquete-conversación, un banquete que si algo sabemos de él –Antoni Vicens nos lo recuerda– es que no es silencioso.

¡Disfruten la lectura!

Ana Viganó 

Comentario de Juan Fernando Pérez a la cita:

“[...] los analistas son los científicos de un saber dont ils ne peuvent s’entretenir […] una maldición sobre el hecho mismo de la conversación.” [1]

El contexto del cual proviene la frase anterior dice: “Quizás la palabra más adecuada para designar este ejercicio sea “conversación”, tal como utilizamos este término desde hace algunos meses. La conversación implica una comunidad de experiencia y supuestamente tenemos la experiencia del análisis; como analizantes, como analistas. Es decir, la experiencia de la relación de transferencia y también de la terminación de esta relación bajo una forma u otra. Asimismo tenemos la experiencia de la vida institucional en común de analistas y de analizantes. La conversación, tal como la entiendo, está siempre soportada, fundamentada por la comunidad de experiencia, es decir por una experiencia hecha vínculo social. Y además, esta conversación –happening conceptual– de hoy a mañana tiene como tema, o por lo menos apunta, al vínculo social que se construye a partir del psicoanálisis. No podemos, en este punto, dejar de recordar que vamos en contra de lo que Lacan señaló en un texto que se llama “Del psicoanálisis en sus relaciones con la realidad” lo que señaló sobre la maldición presente en el conjunto de los analistas, cuando dice que los analistas son los científicos de un saber dont ils ne peuvent s’entretenir, lo que se traduce bien, según me parece “un saber a propósito del cual se puede conversar, s´entretenir en francés es “conversar”. Una maldición sobre el hecho mismo de la conversación, casi definiendo, a partir de la imposibilidad de la conversación, la asociación de los analistas, el conjunto de los analistas. Dice que tiene en común un saber pero que no lo pueden intercambiar. Que deben, sin embargo, asociarse unos con otros porque ningún saber puede ser soportado por uno solo. Vamos a ver por qué dice que el saber no puede ser soportado por uno solo. Lo ha dicho quizás en un momento de pesimismo, en el momento en el que la comunidad de sus mismos discípulos rechazaba por mayoría su propuesta del pase. Por lo menos, lo ponía en duda.”

Como se podrá apreciar, la frase propuesta solo resulta clara si se lee el contexto del cual fue extraída. Y al respecto, cabe añadir que, dados los límites propuestos, ya no hay mucho que añadir. Quizás solo destacar que se señalan allí dos cosas: que los analistas en general no pueden conversar entre sí; y que ello sería una maldición (¿también, no para..., sino de Lacan?) para un propósito que debería guiarlos, como es conversar sobre el saber que les es común.
  
[1] Miller, Jacques-Alain, “Lo postanalítico”, Conferencias porteñas, Tomo 3, Paidós, Buenos Aires, 2010, p. 88. 

Comentario de Alicia Arenas a la cita:

“La conversación es la puesta en acto [...] de la desuposición del saber del Uno”. [1]

Un plus que no es de goce

Si una escuela de psicoanálisis tiene entre otros objetivos la producción de saber, es necesario diseñar los modos en que esa producción pueda tener efecto en su seno, más allá del trabajo realizado por sus miembros, asociados y estudiantes en el uno por uno. Que la escuela propicie esa producción de saber partiendo del colectivo, implica la suposición de que el encuentro añade a ese uno por uno un plus que sería lo más propio del trabajo de escuela. 

La práctica de la conversación propuesta por J. A. Miller en la que, como Una y múltiple a la vez, la escuela es dispositivo para poner en marcha un tipo de producción de saber que apunta a ese plus, se basa en el hallazgo o invención que puede resultar de un tipo de encuentro en el que no se parte del saber referencial sino que toma su fuerza del agujero en el saber.

Una disciplina que se apoya en la transferencia de trabajo entre pares que no constituyen un conjunto, pero si una comunidad de experiencia, como analizantes y como analistas,  y que sitúa en primer plano el vacío en oposición a identificaciones e ideales. La presencia misma del analista como obstáculo al lugar de la referencia, agujereándolo, al señalar con sus intervenciones el estatuto de semblante del saber. En tanto analizantes, dando lugar a la presencia del objeto como causa.

Un tipo de reunión en la que se trata de poner en acto la creencia compartida de que hay algo que aún no ha sido dicho y que es posible encontrar, entre varios, logrando la producción del S1// S2  como disyuntos, operación que ha de permitir el corte de la cadena que comanda el S1.

[1] Miller, Jacques-Alain, “Lo postanalítico”, Conferencias porteñas Tomo 3, Paidós, Buenos Aires, 2010, p. 93.

Referencias bibliográficas sobre Conversación

La Conversación como banquete (de los analistas - analizantes)

1.- El banquete de los analistas. J-A. Miller (concluye en 1990, publicado en 2000)

•   “Resulta divertido que para designar esta comida en común en la que se conversa entre amigos el francés haya mantenido la forma petitebanquette [pequeña banqueta], a partir, según los diccionarios etimológicos, del italiano banchetto, mientras que en el latín se dice convivium, se designa la misma cosa por el vivir junto […] Por eso el banquete de los analistas es asimismo el de los analizantes” (p. 13)

2.- Lectura: El grupo analítico (pp. 279-293):

•   “Si volvemos a Freud, a 1902, vemos que no describe otra cosa que un grupo constituidos por encuentros azarosos a partir de la transferencia que se produce en torno a él (este principio de transferencia hizo reconocer la constitución de un grupo alrededor de Lacan), la cual, según su propio testimonio, cobraba la forma de una transferencia de trabajo sin trabajo de transferencia.” (p. 285)

3.- Los analistas en sus banquetes, Antoni Vicens.
Extraído de: 
http://wapol.org/ornicar/articles/avi0215.htm

•   “Para empezar, Lacan nos enseña que el análisis, el de cada cual, se acaba. Sin embargo, hay un análisis que, verdaderamente interminable, no se acaba nunca: es el de la Escuela. En efecto, la Escuela es el auténtico analizante del discurso analítico. El discurso del analista pone la causa a analizar la Escuela.”

•   “En su curso de 1989-1990, Jacques-Alain Miller propuso el término de banquete para referirse a la composición de un grupo no totalizable de analistas.”

•   “Es a partir de ahí que Jacques-Alain Miller entiende el banquete como un espacio donde se hacen oír muchas voces, como una conversación. Por eso Miller evoca, más allá, o más acá del gran Banquete platónico, los coloquios de Erasmo, el Convivio de Dante, y algunas conversaciones más. Lo que es claro, es que el banquete del que se trata no es un banquete silencioso.

•   “De los banquetes hemos de aprender la manera de hablar con decencia de nosotros mismos. Para que se sepa.”

Responsables del Boletín Letras en línea
María Hortensia Cárdenas
Ana Viganó

2 de diciembre de 2013

No todo sobre el autismo


Entrevista a Iván Ruiz Acero en el programa "Entrada libre" de Euskal Telebista,
a propósito de la presentación en Bilbao del libro No todo sobre el autismo (de Neus Carbonell e Iván Ruiz. Ed. Gredos, 2013) 
y del estreno en San Sebastián de Otras voces. Una mirada diferente sobre el autismo).


27 de noviembre de 2013

Entrevista a Silvia Salman -Primera parte

Estimados amigos: Tuvimos la grata oportunidad de entrevistar a Silvia Salman, aprovechando su reciente visita a Lima en octubre de este año. Esta es la primera parte de la entrevista.

 
















Por:
Angélica Ballón Sánchez
Roberto Carlos Galván Sánchez
       
¿Podría explicarnos un poco más lo que habló en el Seminario sobre la aspiración a la feminización del mundo? Este concepto nos parece profundiza acerca de lo femenino en la época, a la vez es un concepto muy abordado en la bibliografía.

Miller cuando lo nombra, es en el curso del 2011 que él vuelve sobre ese tema, pero ya en El Otro que no existe y sus comités de ética, que dicta con Éric Laurent, en el año 98, hace 15 años, hay un apartado que se llama “La feminización del mundo”; es decir, que no es algo que recién está trabajando. También en la conferencia que dictó en Comandatuba habla del imperio del no-todo. En particular en el curso del 2011, se refiere a una aspiración a la feminización, y el término aspiración yo lo destaqué, me parecía interesante, porque él no habla tampoco de una feminización del mundo, todo femenino, sino de una aspiración. Me parece que el término aspiración es interesante porque es una tendencia, lo que no impide que el no-todo pueda funcionar de otro modo, esto lo remarqué en ese sentido.

Porque después que Miller habló de la feminización del mundo, se dijo mucho de la feminización, como si uno estuviera en el mundo de la feminización feliz y del bienestar, y en realidad la época en que vivimos no tiene nada de bienestar.

Claro, hay algo de lo caótico, parecía que el concepto de feminización del mundo hablaría precisamente de eso, pero la idea del psicoanálisis de lo femenino en el mundo es otra.

Es otra, por eso yo ubiqué hoy en toda la conferencia esa tensión a partir de esta fórmula de Lacan “el no-todo no es que nada lo limite, sino que el límite se sitúa de otro modo”, es decir, un no-todo limitado de una cierta manera y un no-todo ilimitado, entonces te da dos realidades diferentes, dos maneras de vivir distintas y dos cuerpos diferentes. Por eso las flechas del cuadrado de la sexuación lo muestran muy bien, cuando uno conecta con el Otro y cuando no se tiene esta pata en el falo.


Pensando en los textos de Freud sobre el amor, ¿cree que esta forma de relacionarse con el otro sexo por parte de los hombres, de separar a la mujer en la madre y la puta, es vigente?

Sí, es vigente, por lo menos es lo que escucho en el consultorio. Para mí allí la condición de amor y la condición de goce están absolutamente enlazadas, Freud habla allí de condición de amor, pero Lacan nos enseñó a leer eso como una condición de goce. Se mantiene vigente, tal vez no al estilo de la época de Freud donde se ponía en acto eso, la mujer que era para el matrimonio no era la mujer con la que uno se satisfacía sexualmente. Porque, por ejemplo, eso estaba prohibido, entonces las mujeres llegaban tal vez vírgenes al matrimonio, no en ese sentido. Pero sí en esta dualidad, de la separación del goce y el amor, que es lo contrario que en las mujeres, las mujeres necesitamos amar para poder gozar. Pero esta no es una diferencia de género sino de goce masculino y femenino, hay mujeres que también tienen esta dualidad, que gozan con uno y aman al otro, que tienen esa división, es una manera obsesiva de elegir. Digo, para hacer la misma distinción que hacíamos en el Seminario, que no se trata de hombres y mujeres, sino de condiciones de goce: la condición de goce que necesita que amor y goce estén juntos en el objeto y la condición que necesita que amor y goce estén disociados.

 ¿Cómo se ama sin sufrir?, ¿es posible? ¿Qué consigue una experiencia de psicoanálisis llevada hasta el fin?

(Risas) ¿Cómo se ama sin sufrir? Es una pregunta de una mujer, ¿no es cierto?, porque como decíamos antes, en los hombres eso marcha porque el goce marcha sin decir. Y ni siquiera hay un problema en relación al amor.

Mira, tal vez te lo podría contestar desde mi propia experiencia, pero creo que tiene que ver con la experiencia de un análisis, digamos, distinguir lo que sería un amor fantasmático de un amor sinthomático; son dos maneras diferentes de amar. Lacan, en algún momento, se refiere al nuevo amor que surgiría a partir de terminar un análisis. Ese nuevo amor del que él habla, que habría que explorarlo, investigarlo y trabajarlo; pero una de las maneras de leerlo es justamente un amor que está por fuera del marco del fantasma, porque a lo largo de la experiencia de un análisis, cuando uno ha podido trabajar y desinvestir todo lo que estaba investido del goce-sentido, en relación al objeto y la satisfacción pulsional, todo eso que trabajamos estos días; uno logra desinvestir eso y desarmar ese funcionamiento, podríamos decir, fantasmático, y efectivamente uno puede hacer lazo de otra manera con el Otro, y entonces el amor también se experimenta de otro modo.

Y es lo que hablábamos ayer en la mañana, en relación a la Escuela, lo que es mantener un lazo fantasmático con la Escuela, lo que la Escuela no me da, me pide, o lo que sea, de un lazo sinthomático con la Escuela, es decir, contando con la experiencia de ese vacío, de ese espacio de resonancia del que hablábamos hoy. Eso saca las cosas del plano de la demanda, porque una cosa es el amor articulado a la demanda, y lo pone más al amor en relación del deseo. Una cosa es la demanda al Otro del amor: mirame, hablame, y otra cosa es vivir el amor de un modo más ligado al deseo, que yo lo decía,  bueno, en vez de hablame,  hacerse hablar. Y es otra manera de armar lazo con el Otro. Y efectivamente eso es con menos sufrimiento. No te diría sin sufrimiento porque no me parece que, bueno.

Hay goce.

Porque hay goce, y porque además no se trata de ningún ideal, de que uno al final del análisis vive ya sin sufrimiento, sin angustia y sin nada de eso. No, solo que uno se puede también ubicar respecto de eso de otra manera. Pero, con menos sufrimiento, seguro, el amor sinthomático es el amor que se juega contando con la experiencia del propio vacío; y también la del Otro, es también reconocer que el Otro tiene una cierta relación con el no-todo, digamos. Entonces, ahí hay un encuentro, el encuentro sinthomático es ese, es un encuentro de que cuando vos te enamorás de alguien, lo que resuena es la manera que ese alguien tiene de tratar su propio no hay. Entonces cuando uno cuenta con el no hay, el lazo, podríamos decir, es sinthomático; ahora, cuando no cuenta con el no hay, porque eso está obturado por el fantasma, entonces el lazo es fantasmático, y el amor fantasmático hace que la condición de elección del objeto amoroso siempre esté situada, digamos, condicionada justamente por ese goce fantasmático.  

Por eso muchas veces cuando uno se analiza, eso implica que la pareja también tenga que acomodar alguna cosa respecto del amor, porque cuando uno elige, mucho antes de analizarse, una pareja, digamos, con la que arma un lazo amoroso, uno no tiene ni idea cuál es la condición de goce que lo llevó a elegirlo, en qué condición de goce se asienta esa condición de amor que lo llevó a elegirlo. Cuando uno va trabajando esto en el análisis, y algo de esa condición se transforma, porque el goce mismo se ve conmovido y analizado, el Otro también tiene que transformar su posición. En mi caso, yo había elegido alguien que efectivamente me dejaba huir, porque era este hacerse agarrar para huir, entonces cuando algo de eso se transforma, y ya no se trata de estar huyendo todo el tiempo, sino de poder tener un cuerpo, y estar presente, aun manteniendo el espacio y estar presente, entonces yo necesito que el Otro me agarre, no que me deje huir, porque si el Otro me deja huir, estamos en el síntoma, que era el síntoma “huidiza”. Pero si hay un cambio y una transformación en el goce, eso implica que el partenaire también tiene que cambiar. Ahí, entonces tenés la posibilidad de que el partenaire pueda acomodarse a eso, y se arma un nuevo lazo libidinal, o lo que ocurre también muchas veces, que uno finalmente termina separándose, porque lo que había elegido estaba condicionado por un cierto goce, que, a partir del análisis se transforma.

Es la razón por la cual hay muchos fantasmas que giran alrededor de que cuando uno se empieza a analizar entonces seguro que se separan (risas). No es que seguro que se separan porque el análisis va en contra de la pareja, de ninguna manera. Al contrario, diría, si es posible que el partenaire también acomode algo para que eso nuevo que surge en el análisis entonces pueda tomar una forma con el mismo partenaire, bienvenido sea. Ahora, si eso no ocurre, inevitablemente es probable que surja allí un desencuentro amoroso.

Para un encuentro.

Para encontrar otro, claro, con el cual entonces ahora armar un lazo más sinthomático que fantasmático. No estaba tan errado Freud cuando decía, y lo dice en “El tabú de la virginidad”, que hoy trabajamos, que “los segundos matrimonios son siempre mejores que los primeros”, porque el primero repite la relación con la madre, decía él ahí, pero bueno, insiste varias veces con esto de que los segundos matrimonios son mejores que los primeros. De todos modos yo conservo al primer marido (risas), así que, no puedo hablar de eso. Sí puedo hablar de ese cambio, de esa transformación con el partenaire que fue necesario hacer para vivir el amor de otra manera.