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26 de abril de 2024

CLINICA DE LA INEXISTENCIA DEL OTRO EN LAS PSICOSIS ORDINARIAS; Por Iván D´Onadío Muñoz




“el tajante distingo entre neurosis y psicosis debe amenguarse, pues tampoco en la neurosis faltan intentos de sustituir la realidad indeseada por otra más acorde al deseo. La posibilidad de ello le da la existencia de un mundo de la fantasía…”[1]

Freud


El concepto de psicosis ordinaria emerge a partir del análisis de diversos casos en que los síntomas de las psicosis guardan una marcada similitud a los de una neurosis. Si planteamos la locura como defensa de lo real, del troumatismo, hablamos de la locura como encadenamiento, como delirio y fantasía, como estabilización y sueño.

 De acuerdo a Lacan, el fantasma presenta la defensa de lo real en la neurosis a partir de un axioma lógico, un sistema, un semblante. Mientras que La forclusión del Nombre del Padre da cuenta de las psicosis, las neurosis se valen de su metáfora. El delirio, más asociado a la psicosis, se construye sin un sistema compartido, tal como describe su etimología, de-lira, se aleja del surco de la norma.

 Posteriormente, se retoma el concepto de forclusión desde la idea de fuera de discurso, donde la función organizadora radicaría en la misma estructura del discurso. Miller, toma como ejemplo la esquizofrenia para hablar de una nueva clínica, aludiendo que el esquizofrénico es el único que no puede defenderse de lo real con el discurso, pues para él, lo simbólico es real. Por ello, este se defiende con la ironía, hace inexistir al Otro. Tal vez se podría decir que es un delirio que no es de semblante.[1]

Miller postula: “nuestra clínica será irónica, es decir, fundada en la inexistencia del Otro como defensa contra lo real”[2]. Ya que todo lo que significa deviene ficción, entonces deja de existir. La referencia está vacía y “si hay verdad, no es adecuación de la palabra y de la cosa, es interna al decir, o sea, a la articulación.”[3] Lacan, concibe esta referencia vacía como la castración, pero con una dimensión positiva de semblante, representada por el objeto “a”. La relación con ese objeto ficcional es como se escribe la formula del fantasma. En contraste, en la psicosis se advierte que no hay velo, que el objeto no está perdido y que el Otro está en lo real, ¿Por qué entonces pensar la psicosis desde una dimensión más ficcional o patógena?[4]

La angustia no sostiene un discurso ante el objeto. Mientras menos se despliega el saber sobre algo, como sobre el enigma del deseo del Otro, la significación de significación toma más presencia. La sorpresa daría el efecto de sentido en la relación entre significante y significado a partir del Otro simbólico en la neurosis, a diferencia del enigma que deviene certeza en lo real en la psicosis.[5]

 La forclusión del Nombre del Padre dejaría un desorden en la juntura más íntima del sentimiento de la vida.[6] Una orientación diagnóstica sería observar este desorden en el sentimiento de la vida.[7] ¿Qué es este desorden? ¿La falta en el Otro no simbolizada por un discurso o un lazo social?

El problema parece residir en el significante, el quod sin quid. Hay un desamparo en la ausencia de significación, una imposibilidad del lazo social y un abandono a la pulsión muda. ¿El rechazo a la significación fálica es una respuesta ética a lo real desde la psicosis? Si el saber está del lado del psicótico, ¿Un significante solo puede hacer lazo?

Se propone, entonces, un tratamiento de la letra como una herramienta en lo real, desde el goce, donde el Otro no existe. Donde la invención se erige como anudamiento y el analista se presta al sinthome, allí en el lugar de la juntura más íntima, desprovisto del ideal de un discurso establecido. Un trabajo para aprender Lalengua del sujeto y también un interés en su traducción para un lazo social distinto, no signado por el Nombre Del Padre, pero que pueda permitir que el significado pueda ser susceptible de tener un mismo sentido en el lazo con otros.[8]

El analista ocuparía un lugar de no saber y el objetivo sería modificar algo del goce solitario hacia una cesión de goce a este nuevo lazo social. Destituir a ese Otro y limitar el goce. Aunque quizás, otras veces, habrá que sostener algo del goce si este se liga a lo vivo. Un analista en posición femenina podría dar lugar a este goce. ¿Qué sería esto vivo? ¿Un goce más allá de lo fálico que puede plantear un límite, una excepción a la función fálica? ¿Un no-todo?




Iván  D´Onadío, asociado a la NELcf-Lima



Bibliografía

[1] Miller, J.-A., “Ironía” https://www.revconsecuencias.com.ar/ediciones/007/template.php?file=arts/alcances/Ironia.html

[2] Ibid.

[3] Ibid.

[4] Ibid.

[5] Miller, J.-A., Los inclasificables de la clínica psicoanalítica, Paidós, Buenos Aires, 2005.

[6] Miller, J.-A., Los inclasificables de la clínica psicoanalítica, Paidós, Buenos Aires, 2005. p. 83.

  

2 de febrero de 2022

ENTRE EL DELIRIO Y LA MUERTE por Daniela María Weilg La Torre

 

En De una cuestión preliminar a todo tratamiento posible de la psicosis, Lacan (1955-56/2008) señala que en el caso de Schreber se trata de “un desorden provocado en la juntura más íntima del sentimiento de la vida en el sujeto” (p. 534). ¿A qué se refiere Lacan con “la juntura más íntima del sentimiento de la vida en el sujeto”? ¿Qué nos enseña esta frase acerca de la psicosis? Intentando encontrar respuestas, puntualizaré algunas ideas acerca de la relación del sujeto con el ser, el lenguaje y la vida en el caso Schreber. 

Salvador Dali - Sin titulo

El planteamiento freudiano sobre el Inconsciente cuestiona al hombre sobre su lugar en el Universo y pone en evidencia que uno “ni siquiera es amo en su propia casa” (Freud, 1916-1917/2012, p. 261) pues ello piensa. Se trata de Otro escenario desde donde el sujeto se puede plantear la pregunta por su existencia: ¿Qué soy ahí? referente a su sexo y la contingencia de su ser (Lacan, 1955-1956/2008). Para Lacan, “esa pregunta por su existencia baña, sostiene, invade y desgarra al sujeto por todas partes… Es a título de elementos del discurso particular como esa pregunta en el Otro se articula” (p. 526). Pregunta, así como intentos de respuesta, con las que el sujeto armará el sentido de su existencia.

¿Qué le puede haber pasado a Paul Schreber para que de pronto su vida haya sido violentamente resquebrajada? ¿Qué pasó con su castillo de naipes? El desencadenamiento de su psicosis coincide con momentos importantes en su carrera de juez, como su candidatura al Reichstag y la toma de cargo de presidente del Superior Tribunal de Dresde. Lacan (1955-1956/2008) plantea que la condición esencial de la psicosis es la forclusión del Nombre-del-Padre, donde al ser llamado, responde en el Otro “un puro y simple agujero, el cual por la carencia del efecto metafórico provocará un agujero correspondiente en el lugar de la significación fálica” (p. 543). Podemos suponer que en esta situación Schreber invoca al Nombre-del-Padre y se encuentra con un abismo, un agujero, Un padre real. No hay un efecto de significación, no hay poesía, no hay creación.

Este resquebrajamiento de lo simbólico trae consigo una catástrofe del eje imaginario y, en consecuencia, el campo de la realidad de Schreber se ve afectado. Los fenómenos elementales en Schreber dan cuenta de que se encuentra con este abismo en la cadena significante. Experimenta la perplejidad ante un crujido en la pared de su alcoba que insiste con la certeza de que le concierne a él. Aparecen alteraciones en la experiencia que tiene de su cuerpo, como se observa en el informe de 1889 del director del asilo de Sonnestein (citado en Freud, 1911-1913/2012, p. 14),

Al comienzo de su estadía allí, él exteriorizó más ideas hipocondríacas, se quejaba de padecer de un reblandecimiento del cerebro, decía que pronto moriría, etc.; luego ya se mezclaron unas ideas de persecución en el cuadro clínico, basadas en espejismos sensoriales, los cuales, sin embargo, inicialmente se presentaban más aislados, al par que imperaban un alto grado de hiperestesia y gran susceptibilidad a la luz y al ruido. Luego se acumularon los espejismos visuales y auditivos, que, sumados a perturbaciones de la cenestesia, gobernaron todo su sentir y pensar; se daba por muerto y corrompido, por apestado, imaginaba que en su cuerpo emprendían toda clase de horribles manipulaciones; y, como él mismo lo declara todavía hoy, pasó por las cosas más terribles que se puedan imaginar, y las pasó en aras de un fin sagrado. Las inspiraciones patológicas reclamaban al enfermo a punto tal que, inaccesible a cualquier otra impresión, permanecía sentado durante horas totalmente absorto e inmóvil (estupor alucinatorio), y por otra parte lo martirizaban tanto que deseaba la muerte: en el baño hizo varios intentos de ahogarse y pedía el "cianuro que le estaba destinado".

Schreber experimenta en carne propia la certeza de estar muerto. Incluso unas voces le dan a conocer la fecha y nombre del periódico donde había aparecido en la rúbrica necrológica (Lacan, 1955-56/2008). Falta el significante del Nombre del Padre, no hay mediación simbólica sobre la muerte. Al respecto, Lacan señala “no hay por supuesto ninguna necesidad de un significante para ser padre, como tampoco para estar muerto, pero sin significante, nadie, de uno y de otro de esos estados de ser, sabrá nunca nada (p. 532).

Más adelante, Schreber experimenta el delirio de la mudanza en mujer y de estar amenazado por actos de abuso sexual y persecución por parte de su médico, los enfermeros del hospital y luego por Dios. Se siente sometido al goce del Otro, aparece como “un hombre solo y débil contra el propio Dios” (Schreber citado en Freud, 1911-1913/2012, p. 19). Schreber experimenta alucinaciones auditivas a través de voces externas que se imponen y que son manifestaciones de que “el sujeto, podría decirse, es hablado más que habla él” (Lacan, 1953/2008, p. 270).

Siguiendo la figura del tramoyista de Lacan (1958/2008) en La dirección de la cura y los principios de su poder, el caso de Paul no se trata de un neurótico que sirviéndose del lenguaje hace de tramoyista y se representa en una escena como objeto del Otro, sino que hace de títere vivo y es él mismo objeto del Otro. Esta idea va en la línea con lo que Lacan (1969/1988) plantea en Dos notas sobre el niño acerca de cuando el niño se convierte en objeto de la madre:

Cuando la distancia entre la identificación con el ideal del yo y la parte tomada del deseo de la madre no tiene mediación (la que asegura normalmente la función del padre) el niño queda expuesto a todas las capturas fantasmáticas. Se convierte en "objeto" de la madre y su única función es entonces revelar la verdad de este objeto.

El derrumbamiento imaginario que tan bien captó Freud como sepultamiento del mundo en Schreber, no tardará en arreglárselas para reconstruirse a través del delirio y el Ideal de ser la mujer de Dios. Paul Schreber liga la feminización de su cuerpo con la copulación divina, lo cual le permitirá redimir al mundo y devolverle la bienaventuranza. La construcción de este edificio delirante pone cierto orden en el sujeto, y el significante y el significado se estabilizan en la metáfora delirante (Lacan, 1955-56/2008), de tal manera que Schreber puede volver a vivir dentro de él (Freud, 1911-1913/2012).

Si bien este edificio delirante aparece absolutamente compacto, consistente, inquebrantable pues funciona a modo de certeza, supone una reconstrucción que vivifica a Schreber. Respecto de esta reconstrucción, Freud (1911-1913/2012, p. 63) señala: 

Tras la catástrofe, ella se logra más o menos bien, nunca por completo; una «alteración interior de profundo influjo», según las palabras de Schreber, se ha consumado en el mundo. Pero el hombre ha recuperado un vínculo con las personas y cosas del mundo, un vínculo a menudo muy intenso, si bien el que antes era un vínculo de ansiosa ternura puede volverse hostil.

No cabe duda de que muy fácilmente puede caerse el castillo de naipes del psicótico y este darse por muerto y corrompido, pero aquel encuentro con el lenguaje es siempre una posibilidad de encontrar nuevos arreglos para seguir viviendo. En palabras de Lacan (1957/2008, p. 476):   

Sin duda la letra mata, como dice, cuando el espíritu vivifica. No lo negamos, habiendo tenido que saludar aquí en algún sitio a una noble víctima del error de buscar en la letra, pero preguntamos también cómo viviría sin la letra el espíritu. Las pretensiones del espíritu sin embargo permanecerían irreductibles si la letra no hubiese dado pruebas de que produce todos sus efectos de verdad en el hombre, sin que el espíritu intervenga en ello lo más mínimo.

Daniela María Weilg La Torre (Participante del CID-Lima)

Referencias bibliográficas

Freud, S. (1911-1913/2012). Sobre un caso de paranoia descrito autobiográficamente (caso Schreber). En Obras Completas. Volumen 12. Buenos Aires: Amorrortu editores.

Freud, S. (1916-1917/2012). 18ª conferencia: La fijación al trauma, lo inconsciente. En Obras Completas. Volumen 16. Buenos Aires: Amorrortu editores.

Lacan, J. (1953/2008). Función y campo de la palabra y del lenguaje en psicoanálisis. En Escritos 1. Buenos Aires: Siglo Veintiuno Editores.

Lacan, J. (1955-56/2008). De una cuestión preliminar a todo tratamiento posible de la psicosis. En Escritos 2. Buenos Aires: Siglo Veintiuno Editores.

Lacan, J. (1957/2008). La instancia de la letra en el inconsciente o la razón desde Freud. En Escritos 1. Buenos Aires: Siglo Veintiuno Editores.

Lacan, J. (1958/2008). La dirección de la cura y los principios de su poder. En Escritos 2. Buenos Aires: Siglo Veintiuno Editores.

Lacan, J. (1969/1988). Dos notas sobre el niño. En Intervenciones y textos 2. Buenos Aires: Ediciones Manantial.

LA FORCLUSIÓN DEL NOMBRE-DEL-PADRE por Albor Debernardi

 

  ¿Qué quiere decir Lacan cuando plantea que el mecanismo que explica la psicosis es la forclusión del Nombre-del-Padre?


Para comenzar es importante señalar que, a diferencia de Freud, que comienza su elaboración a partir del estudio de la histeria y la práctica con las pacientes que le llegaban, Lacan era psiquiatra y ya tenía una práctica con pacientes psicóticos cuando llegó al psicoanálisis y sentó las bases para los psicoanalistas en el tratamiento de la psicosis. Es así como va a diferenciar a la psicosis de las otras dos estructuras clínicas, la neurosis y la perversión, y se va a interesar por elaborar el mecanismo que la diferencia el cual va a llamar forclusión.

Para abordar el mecanismo de la forclusión, es necesario primero referirnos a la Bejahung y remitirnos al Seminario 3, en donde en un primer momento realiza un recorte del comentario que hace Jean Hyppolite sobre la Verneinung (la negación), “en lo inconsciente, todo no está tan sólo reprimido, es decir desconocido por el sujeto luego de haber sido verbalizado, sino que hay que admitir, detrás del proceso de verbalización, una Bejahung primordial, una admisión en el sentido de lo simbólico, que puede a su vez faltar.”

En función del comentario anterior, es importante resaltar, que, para Lacan, que algo haya sido reprimido “Verdrangung”, primero tiene que haber sido admitido en el registro simbólico. Esta admisión primordial es la Bejahung. Cuando los significantes se admiten primordialmente, después pueden ser reprimidos y reaparecer en forma de síntomas, sueños, lapsus. “Precisamente, el texto de la Verneinung que comentó Hyppolite, permitió articular con precisión que hay un momento que, si puede decirse, es el origen de la simbolización”.

Este origen de la simbolización se puede pensar como un primer momento lógico, en el cual la Bejahung es la afirmación primordial, pero, si hay una afirmación primordial, existe también una expulsión primordial que se opone a la Bejahung, “Ausstossung”, es así como en ese nivel lógico se tiene Bejahung - Ausstossung y después vendría la represión y la negación como fracaso de lo reprimido, en los casos de neurosis.

En el primer nivel lógico en el cual el viviente es bañado por el lenguaje, se admiten, se inscriben significantes y otros se expulsan, Lacan plantea que “en el seno de la Bejahung, ocurren toda clase de accidentes. Nada indica que la primitiva sustracción haya sido realizada de manera adecuada”. Es así como cada sujeto va a construir su propio mundo, va a encontrar sus propias maneras de manejarse en la vida con esos significantes inscritos.

En el primer párrafo que se citó se plantea que existe una admisión en el tiempo de la Bejahung que puede faltar, “Previa a toda simbolización -esta anterioridad es lógica no cronológica- hay una etapa, lo demuestran las psicosis, donde puede suceder que parte de la simbolización no se lleve a cabo”, a partir de lo expuesto por Lacan, podemos afirmar que no es que falte la inscripción primordial de los significantes, sino que hay un significante que puede faltar, es decir, que una parte de la simbolización no se produzca. Y este significante primordial que no se inscribe en la psicosis se llama “Nombre-del-Padre”.

A este mecanismo de no inscripción del significante primordial “Nombre-del-Padre” Lacan lo va a llamar Verwerfung o forclusión, y lo va a plantear como la expulsión primordial, aquello que no se admitió en el registro simbólico.

Con lo cual, el retorno no va a ser del lado de lo simbólico, “todo lo rehusado en el orden simbólico, en el sentido de la Verwerfung, reaparece en lo real”, es así que aquello que es expulsado de lo simbólico retorna en lo real y uno de los efectos de este retorno en la psicosis pueden ser las alucinaciones.

Para finalizar, podríamos preguntarnos, ¿cuál es la función del significante primordial “Nombre-del-Padre”? Cuando el viviente es sumergido en el baño del lenguaje, se encuentra sujetado al deseo de la madre, deseo sin límites, está a merced del poder absoluto materno. El Nombre-del-Padre pone un límite a ese goce sin límites, le pone un nombre a ese goce vía la ley paterna que es hacer de una mujer objeto y causa de su deseo.

Por lo tanto, cuando no se inscribe el Nombre-del-Padre, la metáfora paterna falla, porque ha habido un corte en la cadena significante y ¿qué hace que una psicosis se desencadene? Lacan dice que es necesario que ese significante primordial, forcluido, sea llamado allí en oposición simbólica al sujeto. En “De una cuestión preliminar a todo tratamiento posible de la psicosis” Lacan se pregunta ¿cómo puede ser llamado el Nombre-del-Padre por el sujeto a un lugar donde nunca ha estado?, esto es un padre real, por Un-padre. La psicosis se desencadena cuando ese Un-padre es llamado donde nunca antes el sujeto lo pudo llamar, ubicándose en una tercera instancia en el eje imaginario que produce el desencadenamiento, por ejemplo, en Schreber se puede ubicar cuando es nombrado presidente de la corte. Es muy importante, en los casos de psicosis poder ubicar este Un-padre, así cuando el sujeto se estabilice poder mantenerlo de alguna manera alejado de futuros desencadenamientos.

Albor Debernardi (Participante del CID-Lima)

7 de junio de 2015

Boletín 6 Letras en línea - I Conversación clínica de la NEL



I Conversación Clínica de la NEL

 El analista y su práctica
 

São Paulo - 3 de septiembre de 2015

Conversations - Phyllis Atha

 

Letras en línea
Boletín Nº 6

El comentario que Fernando Gómez nos ofrece a la propuesta de J.-A. Miller de que la conversación viene al lugar del Nombre del Padre es una demostración de cómo se puede prescindir del Nombre del Padre a condición de servirse de él. Por la vía del Nombre del Padre los lazos que se establecen en una comunidad tienen signos identificatorios. El saber que se obtiene por esa vía es el de la repetición y la acumulación: más de lo mismo. En cambio, la conversación toma en cuenta la tyche de lo real como encuentro, a la contingencia del hallazgo, a lo nuevo.

Para Éric Laurent el deseo de formación es una experiencia inédita y huir de lo sabido sirve de brújula en la formación y en las conversaciones clínicas. María Elena Lora comenta esta cita como una incitación al deseo para posibilitar la emergencia de algo vivo. En la conversación se parte de la ignorancia para arribar a la invención. Es lo que el deseo de Lacan nos enseña para hacer existir el psicoanálisis.

¿Cómo opera la conversación? es la pregunta que nos planteamos en las referencias bibliográficas. Una conversación puede ser un acontecimiento si sabemos dar lugar a la improvisación y a la oportunidad.

Incluimos al final la ficha de inscripción a la I Conversación Clínica de la NEL y al Seminario del INES
Se deben llenar los datos y enviarlos a:
Clara María Holguín: clara.maria.holguin@gmail.com
La inscripción está abierta para miembros, asociados y participantes en los CID.

María Hortensia Cárdenas

Comentario de Fernando Gómez a la cita:


“La conversación es lo que instalamos nosotros en el lugar del Nombre-del-Padre.” [1]
 
Jacques-Alain Miller subraya en  "El postanalítico", retomando un texto de Laurent, [2] que la conversación analítica, entendida como un laboratorio de investigación, sería la vía de saber qué conviene al más allá del Edipo y qué conviene también en el tiempo del Otro que no existe. Para Miller la ciencia instala la demostración rigurosa -silenciosa, matemática-, en el lugar del Nombre del Padre, en cambio al psicoanálisis no le está permitida la demostración silenciosa, “de tal manera que quizá la conversación es lo que instalamos nosotros en el lugar del Nombre del Padre."[3]

A partir del Nombre del Padre sería un saber que se obtiene a partir de la repetición de lo ya dicho, es lo acumulado por los que han venido antes que nosotros y que está del lado de la erudición, donde se trata de ser completo, de estar bien informado. Pero en la investigación se trata de una búsqueda, se espera lo nuevo. Es verdad que para tener la idea de que algo puede ser nuevo hay que conocer lo acumulado. Hay una dialéctica entre esas dos vertientes. Se espera de lo nuevo, de un buen encuentro, de un hallazgo, y eso obedece a un régimen distinto que la repetición. En esta vertiente estamos en la contingencia, no tenemos seguridad. 

En este sentido Leonardo Gorostiza nos dice: “Entiendo que, de esta manera, apuntamos a lo que – ya no siendo el Nombre del Padre – puede hacer de punto de capitón. Pero esto parte de concebir al síntoma como lo que hace punto de capitón, lo cual no es lo mismo que reducirlo a producir un efecto de significación. Se trata de cómo el síntoma captura un real”. [4]

En este sentido en la conversación analítica, la que responde a la última enseñanza de Lacan, de lo que se trata ya  no es de obtener un punto de consenso transitorio y relativo para un contexto y una comunidad dada por la cual son validados ciertos efectos de verdad, sino de que, efectivamente, un real se encuentre allí concernido.

Pero esto es posible si el Sujeto supuesto Saber se encuentra separado del semblante del Padre; de lo contrario seguiríamos en el registro del sentido introducido a partir del Otro y es lo que Miller apunta cuando en su texto "El pase perfecto” [5] donde le da un uso práctico al Sujeto supuesto Saber al modo de una hipótesis que posibilita la elaboración, la invención de un saber por fuera de la producción de sentido.

Para concluir, la propuesta es una conversación que tenga el gusto de producir la diferencia, con la alegría de captar lo nuevo, con el coraje de consentir a lo dispar. Una conversación acorde con la pragmática de la contingencia, conforme a la política del síntoma que es la del psicoanálisis. Una conversación que permita situar algo mejor el real en juego y orientarnos por ese real que a cada uno divide y que solo se puede captar a trozos.
  
[1] Miller, J.-A., “Lo postanalítico”, Conferencias porteñas Tomo 3, Paidós, Buenos Aires, 2010, p. 94.
[2] Laurent, É., “Lo imposible de enseñar”, ¿Cómo se enseña la clínica? Cuadernos del ICBA Nº 13, Paidós, Buenos Aires, 2000.
[3] Miller, J.-A., “Lo postanalítico”, Conferencias porteñas Tomo 3, op. cit. p. 94.
[4] Gorostiza, L., “La invención colectiva”. Conferencia pronunciada en la Sección Rosario de la EOL, 23 de junio de 2000.
[5] Miller, J.-A., “El pase perfecto” en: “Lo postanalítico”, Conferencias porteñas Tomo 3, op. cit. p. 99.

Comentario de María Elena Lora a la cita:


 “Tenemos que reconstruir un deseo de formación como experiencia inédita, una experiencia deducida de la práctica misma, tenemos que huir de lo sabido, como se aconsejó, como brújula en la formación, también en nuestras conversaciones clínicas.” [1]
 
La experiencia analítica, cuando se trata del encuentro incierto con el psicoanálisis y su real, más allá de la esperanza, la decepción, la alegría o el tormento que suscita, no exceptúa la responsabilidad de un trabajo continuo y riguroso, sino que además acentúa el encuentro de una experiencia transgresora, un querer ir más allá, donde lo sabido se descompleta y se abre el deseo de seguir el deseo de Lacan. Así, lo importante para seguir lo vivo de la práctica psicoanalítica es señalar que no hay transmisión posible del psicoanálisis si no se transfiere algo del deseo. Lacan hizo toda su enseñanza no-toda para provocar interrogantes, conversaciones, de manera que la Escuela sea el lugar donde se anudan formación y análisis como una apuesta para hacer existir lo vivo del psicoanálisis.

En este sentido la práctica de la conversación clínica como una disciplina crucial para la formación de un analista tiene que posibilitar la emergencia de algo vivo, palpitando, perforando allí donde el psicoanálisis se estanca en aras de postulados “sabidos”, casi “religiosos” y para ello será necesario como nos advierte Lacan invocar a la herejía, aquella experiencia transgresora que busca disipar la comprensión, que deja sin la última palabra y fuerza a poner el cuerpo para inventar un comentario desde la ignorancia. Esta propuesta supone que el hecho de preguntar y conversar no implica tener la respuesta, sino que se trata de incitar el deseo.

De este modo, una conversación clínica que interroga tiene un “vacío inicial” porque pone en el vacío una producción que se enriquece con el vacío previo. Mediante la interrogación, nos damos algo y nos damos el vacío que nos permite aun no tenerlo o tenerlo como deseo. Precisamente, el deseo al tener como fuente la pregunta, es el lugar donde la palabra se dará siempre como inconclusa. Entonces, conversar es preguntar, es buscar y buscar es ir radicalmente al fondo, sondear, trabajar el fondo y en última instancia es arrancar.

Justamente, el movimiento del deseo de formación supone una búsqueda y constituye el motor de una conversación clínica, en tanto abre la posibilidad de un más de saber que hay que crear, inventar. Así, conversar es manufacturar el intersticio fugaz y producir el silencio innombrable. De este modo el deseo de formación se enlaza con la idea de que un análisis tiene que estar anudado a lo vivo del analizante y ello es jugarse por el paradigma lacaniano de lo que es “ser viviente”.  
  
[1] Laurent, É., “Herejía y deseo”, http://www.wapol.org/ornicar/articles/155lau.htm 

Referencias bibliográficas sobre Conversación

 
“Carta a los participantes”. En Jacques-Alain Miller, Los inclasificables de la clínica psicoanalítica, 1997, pp. 313-314.

¿Cómo opera la conversación?

·        “La Conversación: se habla, nos hablamos.”

·        “Pero olvidemos Angers, Arcachon será otra cosa”

·       “La Conversación: para que tenga lugar, antes hay que leer, releer, leer pensando en comentar lo leído. El Conciliábulo del año pasado se había desarrollado según una forma alternada: exposiciones, discusión, exposiciones, discusión. La Conversación es, por un lado, todo lo escrito (el librito); por otro, todo el charloteo sin interrupción.”

·        “Se conservará un carácter de improvisación para el acontecimiento. Nada de programa, excepto que hay que comenzar a tal hora, terminar a tal otra, reponerse, dormir, etcétera. El marco ha sido minuciosamente preparado (disposición original del lugar físico, edición previa de los trabajos, centrados y pautados), y es justamente lo que permite confiar el acontecimiento a la oportunidad.”

·        “… tendrá éxito si ustedes aportan lo suyo en el momento, después de haber dedicado previamente el tiempo necesario para sacarle el jugo a los pulposos trabajitos que se les enviaron.”

Ficha de inscripción

Nombre y Apellidos…………………………………………………….

E-mail………………………………………………………………………..
Sede o Delegación……………………………………………….........
Está inscrito en el CID…………………………………………………

Costo

- Si solo se inscribe en la I Conversación Clínica: USD 30.00

- I Conversación Clínica y Seminario de Formación del INES:  USD 40.00

EL pago se puede realizar en la Sede con el tesorero correspondiente o el 2 de septiembre en São Paulo. 

Responsables del Boletín Letras en línea
María Hortensia Cárdenas
Ana Viganó
 

5 de octubre de 2013

Entrevista a José Fernando Velásquez - Segunda Parte

Estimados amigos, publicamos la segunda parte de la entrevista que realizamos a José Fernando Velásquez. 

P: ¿Cómo se enseña o se transmite el psicoanálisis?

R: Con la pregunta me remontas a ¿cómo hizo Freud?, ¿cómo hizo Lacan?, o ¿cómo hicieron los grandes maestros del psicoanálisis? Fueron seres que rompieron los esquemas del discurso social en donde estaban establecidos, y que hicieron lo mismo con los que se sometieron a su intervención, o a su enseñanza. Pero esa ruptura no la hicieron simplemente por rebeldía, sino al establecer muy bien cuál es el discurso en el que la subjetividad está inserta. Freud, leyendo muy bien lo que había entre líneas en la era victoriana, en el modernismo que se estaba consolidando en ese momento, cómo leía la función del Padre, la función del amo respecto a la sexualidad.

Yo creo que una primera condición para la transmisión del psicoanálisis es poder responder a las preguntas de la época. Me parece que el psicoanálisis debe saber responder muy bien o acompañar en la lectura de lo que son las situaciones del momento en que se vive. Remito al Lacan del 68, un Lacan que estaba viviendo un ambiente revolucionario, de juventud, donde se quería destituir al amo, donde se quería el empoderamiento del discurso universitario.  Lacan acompaña ese movimiento con una posición de lectura muy singular. Él supo que no bastaba destituir al Amo, luego lo afirma, hay que separarse de él con la condición de haberse servido de él. No era cualquier cosa. Ese solo hecho hizo que la gente haya vuelto los ojos a mirar quién era ese, más que escuchar qué es lo que este hombre está diciendo conceptualmente, aunque lo hacía con una gran solvencia. Eso generó un gran impacto en toda la generación que acompañaba a Lacan, que son los maestros de hoy en día.

Otro pilar es la práctica analítica. No se puede enseñar el psicoanálisis, desde mi punto de vista, bajo lo que es el discurso universitario. Hoy en día hay muchas maestrías, doctorados, especializaciones, hay CID que transmiten un conocimiento sobre el psicoanálisis. Hay una cantidad de saber que se puede transmitir de un modo universitario, pero eso no da suficientes herramientas para la práctica clínica. Entonces, una forma de agarrar ese vector de la práctica analítica es a partir de la cuestión de la casuística. Casuística propia, casuística de otros que sea similar a la que yo estoy teniendo. Y que se pueda desarrollar con otros el estudio de esa casuística.

Por lo menos a nivel personal, esa ha sido mi manera de aprender. Porque, entonces, me llega un chiquito, como el que comentaba, un autista de 4 años, en mi primer año de formación como psiquiatra. “Y bueno, yo, ¿qué hago?, aquí, ¿qué hago?” Y bueno, si yo me reúno con docentes, o con otros compañeros que están en las mismas recibiendo a otros autistas, y si además estoy leyendo a Silvia Elena Tendlarz, que está atendiendo autistas, si leo a la señora Lefort, que está atendiendo autistas, puedo ahí establecer una serie de inquietudes y de similitudes, de leer entre líneas qué es lo que está sucediendo ahí. Si además puedo hacer un cartel con la pregunta por el autismo, y ese dispositivo me permite mantener abierta la cuestión por un tiempo de uno o dos años, eso va a formar un saber que es diferente al que me transmite un docente. Un poco de saber nunca va a ser “un saber” completo: No se puede decir, ya hice el curso sobre psicosis en niños, y ya sé cómo manejar psicosis en niños. No hay nada más alejado de eso.

Entonces, la transmisión del psicoanálisis me parece que tiene que pasar por la práctica analítica. Y tiene que pasar por un agujereamiento de la posición de saber. Por eso es que alguien que quiera formarse en psicoanálisis debe además de analizarse, consentir al dispositivo de Escuela. El dispositivo de Escuela es el andamiaje de normas, ordenamientos, lineamientos de funcionamiento alrededor del psicoanálisis pero en el que hay un agujero central y en donde nadie puede decirse que él es el analista. Pues nadie lo encarna. Todos están ahí bordeando ese agujero. Es lo mismo, nadie sabe exactamente cómo manejar al autista, puede que lo haya sabido en un caso, pero eso no lo autoriza a saber cómo hacerlo con otro. Yo puedo haber manejado algunos autistas, pero puede que no sepa cómo manejar el que viene. Y eso es necesario pasarlo entre varios, en el dispositivo de Escuela, o de cartel. La función del Más Uno o del docente no es como en otras disciplinas del que sabe, sino más bien del que acompaña en una empresa de construcción de saber. No es el que transmite el saber.

Eso no es tan sencillo, aun dentro de las instituciones psicoanalíticas del Campo Freudiano. Es factible que algunos adopten la infatuación: “Yo soy el maestro”, “Yo soy el que sé”, “Yo transmito”, “Yo dicto tal seminario”. La infatuación obtura la transmisión. Siempre y cuando haya un lugar vacío, es posible generar algo. Y eso es fundamental para la transmisión del psicoanálisis.

Una experiencia formativa muy importante es la enseñanza que se desprende de la presentación de enfermos. Lacan la sostuvo durante casi todos los años del Seminario en un hospital, con entrevistas a sujetos psicóticos que estaban internados. Es una práctica que hemos heredado, y que algunas Sedes de la Escuela y de los CIDs lo tienen. Alguien autorizado hace la entrevista al paciente, buscando situar su singularidad psíquica, luego y ya sin el paciente, entre varios se estudia qué sucedió en esa entrevista: “Yo creo que había forclusión”, “no, no había forclusión”, “yo creo que sí la había en tal punto, lo que dijo en este momento, lo que hizo, cómo hizo”, “aquí hay un fenómeno alucinatorio”, o “¡ah, esto es lo que Lacan decía del fenómeno elemental, etc.!”. “¡ah, esto es!”, “que el deseo es el deseo del Otro, véanlo ahí”, “que el significante se vuelve real en la alucinación, ve, ¡ahí está!” Es una experiencia anudada al acto analítico y de la cual se puede extraer muchísimo saber.


En general puedo decir que nunca el psicoanálisis se estudia solo, y sin el análisis personal. Si es así, se termina en un delirio. Siempre es entre varios y siempre alrededor de un agujero de saber, así como todas las galaxias están constituidas alrededor de agujeros negros. Es una buena metáfora, en el sentido de que todo lo que podamos hacer está alrededor de un “no saber”.

P: ¿Qué piensa del movimiento de masas actual, qué piensa de los movimientos colectivos?

R: Yo no soy experto en estas lecturas, sin embargo me inquietan en la medida que creo son situaciones siempre contingentes y temporales, que se mueven alrededor de un vacío y generan distintas oleadas; primero viene la derecha, después viene la izquierda, luego de nuevo la derecha. Por ejemplo lo que ha pasado en España es que suben los socialistas, luego viene el partido de derecha, luego vuelve el socialismo. Hay una temporalidad en la dirección a la que se apunta. Igual sucede hoy con Egipto.

En todos esos movimientos hay una necesidad de líderes, pero los que surgen están todos tomados por una modalidad mediática. El líder utiliza lo mediático para rápidamente generar una imagen impactante de sí mismo, donde incluye su ideal de pareja, si es un líder atractivo, si es muy fuerte, si estuvo en vacaciones en tal sitio, si “moja” prensa o no. Y, de otro lado, también las masas necesitan de esos líderes, los empoderan muy rápido e igualmente los destituyen por cualquier dato estadístico o por la demostración de corrupción. El líder contemporáneo pasa a ser otro gadget más. Se instituye con pasión y la popularidad es altísima, y en cuestión de año y medio o dos años ya esa popularidad cae al 30 por ciento; entonces hay que cambiarlo, hay que destituirlo, hay que renovar y hay que encontrar otro nuevo.

Ahí veo una dinámica muy acelerada de cambio pero no es un cambio estructural, es un cambio más mediático, arrastrado por los mass media, muy del lado de la imagen, de aquello que pueda encarnar en un momento dado un ideal; pero el ideal está puesto en el objeto, no en el discurso.

Estas son condiciones políticas que andan dando muestra de aquello que dice el psicoanálisis, de que en la época el Nombre del Padre ya no va más, se puede corroborar en la medida que los partidos políticos tradicionales del siglo pasado tampoco van más. Tal vez una de las sociedades que conserva lo tradicional en política es la americana, pero en nuestras sociedades los partidos políticos se configuran y desconfiguran, duran una temporada hasta que se constituye otro.

Esto no está muy lejos tampoco de lo que son los fenómenos de tribus urbanas entre jóvenes, en un momento son los “Emos”, en otro tiempo serán los “Punk”, y luego “los tatuados”. Es una movilidad donde hay mucha transformación de la imagen, pero realmente en el fondo se sigue siendo lo mismo, una constante que no va a ser realmente tocada, una cosa que siempre va a estar allí. Y dentro de eso hay una persistencia muy fuerte de un amo del mercado y del comercio, que es lo que está empujando, impulsando y favoreciéndose de todos estos cambios y todos estos consumos. Estamos consumiendo no solo gadgets, tabletas, celulares, sino líderes políticos, imágenes, formas de satisfacción. Ahora el país de moda es Colombia en unos años será Turquía y dentro de tres o cuatro será tal isla. Estamos constantemente modificando lo que nos impone el mercado; el mercado está detrás movilizando al sujeto a tener una satisfacción episódica, repetitiva, siempre quiere más, generando un automatón de repetición, independiente si es con esto o con aquello.

Creo que los movimientos de masa contemporáneos pueden ser muy impactantes, pero así como suben a alguien luego lo bajan; realmente son cosas superficiales, de la imagen, se modifican ciertos semblantes, pero no se modifica lo estructural.

11 de agosto de 2013

TEXTOaCUERPO / TEXTOaCORPO
Boletín del fin de semana #41 / Boletín do fim de semana #41

Sábado 27.07.2013 

Noche de Presentación del VI ENAPOL
"Hablar con el cuerpo. La crisis de las normas y la agitación de lo real"

El pasado 13 de junio tuvo lugar, en la sede de la EOL, la primera noche de presentación del VI ENAPOL.

Una asistencia numerosa y encendida fue el marco para la presentación de los trabajos de tres de los grupos de investigación que harán la jornada del 23 de noviembre. Ese marco, esos textos, mas la coordinación animada de Patricio Álvarez y la interlocución aguda de Graciela Brodsky hicieron de esa noche una fiesta.
El extracto de los trabajos que presentaron Marina Recalde, Raquel Vargas y Fernando Vitale hace nuestro TEXTOaCUERPO de esta semana. Una serie que sitúa los puntos de la elaboración actual en los temas "Histeria hoy", "Cuerpo de hombre" y "Cuerpo de mujer". A la vez sirven de preámbulo para la segunda noche de presentación del ENAPOL, la que tendrá lugar el jueves 8 de agosto, donde otros tres participantes de la Conversación del ENAPOL presentarán el estado de trabajo de sus investigaciones.
La Conversación es una actividad programada para la mañana del sábado 23 de noviembre en el VI ENAPOL. Se tratará de 14 conversaciones simultáneas. La Dirección Ejecutiva ha propuesto 14 miembros de cada Escuela, EOL, EBP y NEL, para dirigir un trabajo de investigación durante el año 2013, sobre un tema extraído de los Ejes y sub-ejes publicados en el boletín CUERPOaTEXTO número 5, disponibles en la página www.enapol.com. Esos tres miembros de cada Conversación, a su vez, han conformado un pequeño grupo de trabajo entre 5 a 15 personas con los que investigarán el tema propuesto. Y todos ellos animarán la Conversación durante el ENAPOL.
La próxima Noche del 8 de agosto, tendremos otro anticipo del Encuentro en noviembre.
Nos vemos allí.
¡Hasta la próxima!

La histeria hoy
Marina Recalde (Responsable, EOL)
Integrantes del grupo de trabajo:
Jorge Assef, Cecilia Rubinetti, Ruth Gorenberg, Nora Capelletti, Paula Gil, Marcela García Guida, Celeste Viñal y Marina Recalde.

Partimos de interrogar la premisa por la que fuimos convocados: "la histeria hoy". Es decir, que ubicaba afirmativamente que hay una histeria, hoy. Lo que nos preguntamos, al pensar los casos actuales y también por los fundamentos del psicoanálisis mismo, qué es lo que hace que hoy podamos afirmar: se trata de una histeria. Es decir, cuáles son los parámetros que nos orientan para indicar si se trata o no de una neurosis histérica. Así, llegamos a la premisa de que nos íbamos a orientar por el padre, el falo, el síntoma, la Otra mujer, el lazo al Otro y el deseo. Nociones que parecieran haber quedado perimidas pero que sin embargo aún siguen orientando nuestra práctica.
En función de ello, hicimos un rastreo de las diferentes referencias al padre, al falo y a la histeria, por varios Seminarios de Jacques Lacan.
Y nos topamos con la ruptura que se da en El Seminario 18, a partir de la clínica de la histeria, donde comienza a diferenciar falo y Nombre del padre: "Pero finalmente no fue solo desde este ángulo donde encaré la metáfora paterna. Si escribí en alguna parte que el Nombre del Padre es el falo, (…) fue porque en esa fecha no podía articularlo mejor. Seguro es el falo, por supuesto, pero es asimismo el Nombre del Padre. Si lo que se nombra del padre, el Nombre del Padre, es un nombre que tiene eficacia, es precisamente porque alguien se levanta para responder". (1) Es decir que la histérica requiere del Nombre del Padre para hacer hablar al referente mudo. Y es en relación a ese goce que se ordenan todos sus síntomas. Es el síntoma el que habla de eso mudo, cumpliendo la función del Nombre del Padre de hacerlo hablar.
Nos preguntamos entonces si para armar una histeria hay que pasar necesariamente por el padre. Si es así, ¿qué pasa si esto falla? ¿Es posible prescindir del amor al padre en la histeria? En este sesgo se nos dificulta pensar por qué seguir llamando "histeria" a aquello que Laurent presenta como "histeria rígida". Evidentemente son casos que no responden a la histeria clásica, pero ¿la podemos seguir ubicando como histeria, si se sitúan por fuera del sentido? ¿Sigue siendo una histeria cuando se sostiene sola, no necesitando del Nombre del Padre? ¿Cuando nada de la significación fálica ni del amor al padre se puede allí ubicar? ¿O más bien son presentaciones rígidas de la histeria, tal como la ubica Lacan, lo cual daría a la cuestión un sesgo fenoménico y no estructural?
La histeria sería un modo de defensa frente al real sin sentido. Hay otros, que no tienen como referencia al padre. ¿Se trata de histeria?
La bibliografía que hasta ahora hemos trabajado o que tenemos en perspectiva trabajar es: seminarios de Jacques Lacan, el texto "Hablar con el propio síntoma, hablar con el propio cuerpo", de Eric Laurent, que enmarca el Enapol, los diferentes textos publicados en la web del Enapol a propósito del Encuentro, la conferencia de cierre del último Congreso, de Jacques-Alain Miller, el texto presentado en el cierre por Mauricio Tarrab en Miami, el texto de Javier Aramburuú, "La histeria hoy", el texto de Óscar Zack, "Hay otra histeria", la entrevista a Marie-Hélène Brousse sobre histeria, la clase de Claudio Godoy en la maestría, "Consideraciones sobre la histeria", de Lacan, "Efecto retorno de la psicosis ordinaria", los Papers del ENAPOL, Sutilezas analíticas, las 13 clases sobre El Hombre de los lobos, de Jacques-Alain Miller, textos nuestros escritos a propósito de este tema, casos clínicos extraídos de nuestros consultorios. Como verán, son muchos textos, pero hay algunas cuestiones que son interesantes de poner en tensión para poder avanzar sobre la histeria.

Nota:
1.       Lacan, J., El Seminario, Libro 18, De un discurso que no fuera del semblante, Paidós, Bs. As., 2009, p. 159.


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