La noche del jueves 20 de junio Ricardo Seldes
presentó su clase magistral a los participantes del CIDLima, miembros,
asociados y allegados a la sede de Lima, en la cual trató de responder a la
pregunta ¿qué es hablar con el cuerpo en la obsesión? Para ello hizo un
recorrido por el síntoma obsesivo.
Ricardo planteó que si bien el síntoma obsesivo
se concentra en el dominio psíquico, sí se produce el salto al cuerpo, aunque
de modo discreto. Esto debido a la incidencia de la lalengua en el
cuerpo del parlêtre, que lo penetra para moverlo o paralizarlo. Dicha
incidencia deberá descubrirse en la situación pretérita en la que las formas
típicas de la obsesión (impulsos, actos e ideas fijas) tuvieron el sentido que
permutó hasta llegar al sinsentido más actual.
Asimismo, rastreó en Freud la satisfacción
libidinal que el síntoma da al sujeto –relacionada con el cuerpo– en
contraposición al supuesto sufrimiento de su fenomenología. Para luego señalar,
desde Lacan, que el síntoma obsesivo trata del retorno de lo reprimido del
deseo del Otro, de la insoportable falta que el obsesivo vela apelando a la
demanda. A la vez, su síntoma testimonia lo que su fantasma enmascara: la
inexistencia de la relación sexual.
Hacia el final, Ricardo tomó dos ejemplos
clínicos para responder a su pregunta, dar cuenta del pasaje de un cuerpo
mortificado a algo distinto y subrayar que no es posible una cura analítica sin
la extracción del trauma, la neurosis infantil y lo sexual.
Primero recurrió al caso de Luis Tudanca donde
el significante “PelearLa” lo sometía a la mortificación por su cualidad de
absoluto. Además, la dialéctica “hablar o callarse” que da lugar al par
verborragia–inhibición, fenómenos que muestran las dos caras del síntoma como
acontecimiento del cuerpo.
Luego comentó el caso de Patrick Monribot a
partir del cual pudo diferenciar el síntoma (el tic) del fenómeno psicosomático
(la rinitis) que lesiona el cuerpo bajo la forma de una escritura. La
experiencia analítica permitiría hacer controlable el tic, que de cierto modo
persistió: tenemos un tratamiento del acontecimiento del cuerpo entre curable e
incurable. Ricardo aprovechó para desarrollar cómo el lenguaje corpsifica
(de “corps”, cadáver en inglés), da un cuerpo y al mismo tiempo que lo
“cadaveriza”, lo vuelve un desierto de goce dejando como resto la libido
implantada en las zonas erógenas. Y en este proceso puede producirse un
accidente, una holofrase como el mercuriocromo o mère-cure-ocre-homme (madre-cura-ocre-hombre)
que fija la escena original para Monribot. Holofrase que al ser interpretada lo
libera definitivamente del fenómeno psicosomático, pero dejando del ocre
como opacidad.