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17 de octubre de 2013

ENTREVISTA A LUIS TUDANCA 
SEGUNDA PARTE

“Lacan dijo que era lacaniano porque estudio chino”
Por Pablo E. Chacón

En Una política del síntoma, el psicoanalista Luis Tudanca despliega la concepción de la política para los chinos: actividad directa y eficacia indirecta o impolítica, categorías que pueden pensarse para la práctica analítica en la comunidad y en la clínica, orientada por el síntoma o por lo que se cifra en el síntoma.

El libro, publicado por la casa Grama, está ilustrado por los caracteres chinos que nombran la política, y es la oportunidad para discutir algunas categorías del italiano Roberto Esposito y los franceses Michel Foucault y Francois Jullien.

Tudanca es analista de la Escuela de Orientación Lacaniana (EOL) y miembro de la Asociación Mundial de Psicoanálisis (AMP).

Esta es la segunda parte de la conversación que sostuvo con Télam.
  
T : Una de sus referencias es Roberto Esposito, quien tiene entre sus referencias a Michel Foucault, o mejor, a una lectura de Michel Foucault. ¿Cómo pensar a Esposito en relación a Jacques Lacan?

T : Tomo al Esposito de Categorías de lo impolítico y Communitas. Y con respecto al término biopolítica prefiero ir directo a Foucault, especialmente a su Defender la sociedad. Communitas lo uso para pensar la diferencia entre institución y comunidad. La institución es necesaria, y es productora de efectos de grupo que la debilitan desde adentro. Freud pensaba que una de las fuentes principales del sufrimiento humano eran las relaciones que un ser humano establece con otros seres humanos. Una comunidad remite a lo común, no a lo igual. Pero también al munus, que es un social de don, pero un don que se da, no que se recibe. No hay reciprocidad del munus. Una comunidad es un vacío que la institución viene a tapar con sus reglas. Maurice Blanchot reduce en una  fórmula el tipo de relación esperable si no se forcluye la idea de comunidad: ma présence a autri, mi presencia en el prójimo. Eso es lo que hace comunidad. Podríamos decir: lo que hace comunidad en la institución. Toda institución sufre de sí misma cada vez que olvida el agujero del cual procede. ¿Qué podría aportar el psicoanálisis en ésta disyuntiva? Leer lo que está pasando como un síntoma que padece uno incluido en una red social amplia. Qué interpretar en éste caso: que existe una manera de rebelión silenciosa que el sujeto desconoce de sí mismo. Freud la llamó satisfacción y Lacan goce, y generalmente aparece aliada a lo que el psicoanálisis llama compulsión de repetición. Que en el programa de la vida sana hay una variable no incluida: que el sujeto puede estar del lado de los insanos por goce y que ese mal es generalizable. Es por eso que aparecen programas terapéuticos para corregir la variable que falta. Todos ellos apuntan a educar al sujeto. ¿Se piensa adónde conduce eso? Para retomar la pregunta: no diría Esposito en relación a Lacan. Algunas ideas de Esposito pueden aplicarse al psicoanálisis, otras no.
 

T : Esposito, según entiendo, trabaja en referencia al pensamiento chino, la categoría impersonal, y el sinólogo Francois Jullien asegura en diversos textos que el psicoanálisis no tendría futuro en China porque el inconciente no está estructurado como un conjunto de ideogramas. ¿Cómo entender esto, cuando sabemos que existen psicoanalistas en China?

T : Lacan dijo de sí mismo que era lacaniano porque estudió chino. El interés de Lacan por el pensamiento chino es claro en su última enseñanza. Lacan toma a Mencio cuando desarrolla su concepción del plus de gozar. En ese contexto se interesa por la manera en que este pensador desarrolla la idea de beneficio. Mencio advierte sobre el peligro de perseguir el beneficio por el beneficio. Si eso ocurre, dice, nadie se contenta si no es con todo. Es una forma de leer un síntoma. No se encuentra en la filosofía china ningún precepto que indique cómo vivir. En su lugar tenemos una expresión que refleja la idea de vida como potencia vital: nutrir la propia vida. Si la expresión en sí misma no se caracteriza por su facilidad para encontrarle un sentido, al querer explicarla se nota una ramificación que jamás va a permitir un cierre, ni atrapar el referente, ni fijar un sentido. Cuando Esposito opone una política de la vida a una política sobre la vida ¿Intenta desmenuzar lo mismo? Lo que es seguro es que no es lo mismo gozar de la vida que el goce de la vida. El pensamiento chino también explota la idea de procesividad, para escapar a la finalidad. Si tomamos estos ejemplos, el psicoanálisis está más cerca del pensamiento letrado chino que de la filosofía occidental pero... la escucha analítica favorece el no fijarse un objetivo, el mantenerse alerta pero a la vez liviano: no hay cálculo, ni pensamiento, ni especulación, ni teorización. ¿Qué es un psicoanálisis? La obtención del cuento corto que cada uno se inventó, quizás ni siquiera eso, sólo un fragmento de un  poema olvidado y eso hace al síntoma de cada quien. Quizá por eso Lacan dijo que la posición del analista es más parecida a la del sabio chino y a la del santo descripto por Baltasar Gracián.


http://www.telam.com.ar/notas/201310/36278-lacan-dijo-que-era-lacaniano-porque-estudio-chino.html

17 de julio de 2013

Boletín Bordes 1

"Rehab"
Mith Griffiths


BORDES
No. 1
15 de abril de 2013


Boletín de la NEL hacia el VI Encuentro Americano de Psicoanálisis de la Orientación Lacaniana
XVIII Encuentro Internacional del Campo Freudiano

HABLAR CON EL CUERPO
LAS CRISIS DE LAS NORMAS Y LA AGITACIÓN DE LO REAL
Buenos Aires, 22 y 23 de noviembre de 2013


"Dos cuerpos" de Octavio Paz

Dos cuerpos frente a frente 
son a veces dos olas 
y la noche es océano. 

Dos cuerpos frente a frente 
son a veces dos piedras 
y la noche desierto. 

Dos cuerpos frente a frente 
son a veces raíces 
en la noche enlazadas. 

Dos cuerpos frente a frente 
son a veces navajas 
y la noche relámpago. 

Dos cuerpos frente a frente 
son dos astros que caen 
en un cielo vacío.
Editorial
No conseguir el nombre de la pintura que ilustra este 1 boletín. Sabemos que es de Mitch Griffiths. En realidad, no. Escribimos Mith por Mitch. Error simbólico de Google. Significante cizallado en la red. Buscar en ese espacio en las nubes, que de virtual se vuelve real. Real en tanto fragmento. Fragmento de ese algo sin ley que se nos escapa. Entonces las normas, las intervenciones, las clasificaciones. Pero el lapsus virtual: Mith por Mitch. El mito por el nombre. El psicoanálisis se ha servido del mito para nombrar. El arte también, y Griffiths denuncia, ataca el mito para convertirlo en una suerte de Cristo intervenido, un Cristo en rehabilitación. Cristo que danza bajo la mirada acuciosa de una ciencia que ciega con ese “polvo que se levanta como un rey amarillo y todo lo descuaja y danza solitario y se derrumba” al decir de Octavio Paz.

Mitch Griffiths (1971) refleja la contemporaneidad a través de las técnicas del pasado entremezcladas de arte de calle, para colocar un espejo frente a uno de los malestares de la cultura. Tierra prometida es la serie… El problema es que no todos los que vagaron en el desierto, pudieron entrar en esa tierra leche y miel. Se quedaron vagando al otro lado, en el desierto del sin sentido

Nada más acorde con esto que el trabajo de nuestro colega José Fernando Velásquez para dar cuenta del entorno que vive hoy el cuerpo que habla, ajustado a un real sin ley, que conmociona al “animal consumidor” con nuevos síntomas, aún por conocer…

Johnny Gavlovski E.

Sobre el debate filosófico – científico entorno al cuerpo que habla.
José Fernando Velásquez
NEL Medellín

Recientemente Barack Obama anunció que su gobierno invertirá más de 3 mil millones de dólares en la próxima década en el proyecto que busca mapear a escala celular la actividad del cerebro. El propósito del proyecto es entender a fondo“las causas de las acciones humanas y, desde luego, conquistar el premio gordo de la neurociencia: comprender la conciencia” [1].
La reflexión sobre las manifestaciones corporales que se implican en las acciones de un ser humano encuentra inmediatamente una referencia a la ciencia neurológica. No hay nada más natural para un ser humano que su cuerpo y sus realidades por crecimiento, enfermedad, sexualidad o muerte. El debate filosófico sobre el cuerpo y lo llamado “mental” puede plantearse como una pregunta: ¿cómo es posible explicar los fenómenos psíquicos o subjetivos a partir de estados y acontecimientos corporales? 
Varias han sido las escuelas de pensamiento en este punto: uno de los fundamentos es Descartes quien concibió lo mental como una entidad cuya naturaleza es el pensamiento y todo lo demás para él es sustancia material. Este dualismo material es lo que Gilbert Ryle denunció como “El dogma del fantasma en la máquina”: el alma o la mente inmaterial (el fantasma) que vive en el cuerpo, controla los mandos del cuerpo material (la máquina) [2]. Contrario a la posición dualista de Descartes, la mayor parte de la ciencia contemporánea ha optado por una explicación monista: el fisicalismo insiste en que también la mente, las ideas y los afectos o emociones deben inscribirse en el ámbito de lo físico, afirmando que los fenómenos psíquicos son idénticos a los hechos y a los procesos cerebrales, y creen así arrebatar a la filosofía su dominio especulativo sobre la conciencia del hombre. El sistema nervioso se interpreta como si fuese un sistema computacional complejo que transforma información en estados bioquímicos y celulares, la que a su vez altera el sistema produciendo neurotransmisores y nuevas proteínas, y también modificando los estados funcionales como el sueño, la ansiedad, el ánimo. Esta corriente ha llegado a la especulación como la de suponer que los seres humanos podemos ser mejorados de manera artificial, dejando de lado la educación y el soporte social. También se llega al reduccionismo como aquel al que nos tienen acostumbrados ciertos científicos a los que se les da lugar en titulares de prensa como “Tenemos la felicidad programada en el ADN” [3], “Se descubrió el gen de la pereza”, o “El homosexual nace”. Parecen nociones ingenuas que se difunden y se ponen a circular en el discurso social aumentando la consideración biologista de la naturaleza humana, mientras que algunos entusiastas tratan de encontrar en alguna parte del cerebro, el lugar de la conciencia.
Spinoza por su parte sostuvo que el dualismo se refiere no a las sustancias sino a las propiedades: a un mismo sujeto pueden atribuírsele propiedades mentales y físicas, pero estos atributos son diferentes y los términos para analizarlos no son intercambiables. Esta es la base del humanismo. Lo que se resalta es el carácter subjetivo de una experiencia, el “modo” determinado para que ese individuo, diferente a otro, subjetive una situación dada. Damos por sentado que otros disfrutan de una vida interior de pensamientos, afectos y satisfacciones muy parecidos a los nuestros, pero dos personas pueden reaccionar o experimentar de manera singular una misma percepción. Un ejemplo de ello es lo estético: cada ser hablante, a su modo, tiene acciones determinadas por una concepción estética singular. Lo emocional se acomoda a parámetros que también están más allá del modelo genético o neuronal. Los humanistas, como los positivistas también caen en el extremo de considerar que además de nuestra “naturaleza natural”, tenemos una “naturaleza sobrenatural” [4].
Al debate filosófico contemporáneo se sumó Alan Turing, el padre de la informática, y otros defensores de la Inteligencia Artificial, quienes sostienen la tesis de que la tecnología se puede volver autónoma, de que las computadoras debidamente programadas desarrollan una forma de mentalidad inteligente que a su vez genera su propia realidad, tal y como nos lo recreó la película The Matrix. Otros por el contrario, como John Searle consideran que por más sofisticada que sea una computadora ella no deja de ser un manipulador de signos esencialmente sintáctico, pero no puede comprender la dimensión semántica. En esta perspectiva del debate nos preguntamos en forma especulativa: ¿en la Matriz, dónde queda el cuerpo pulsional, qué lugar para el acontecimiento sintomático?
El contexto social contemporáneo es particularmente similar al descrito en “The Matrix”: el mercado emite sus cantos de sirena y el sujeto queda atrapado en la fatalidad. Cualquier experiencia, sentimiento, emoción, pertenencia, tiene un precio que alguien hoy está dispuesto a pagar; la evolución nos ha conducido a ser el “animal consumidor compulsivo” y por el mecanismo de selección natural, los individuos que son más consumidores serán aquellos capaces de pasar más genes a la siguiente generación en detrimento de otros menos eficaces.
A medida que más nos adentramos en ese real sin ley, lo que observamos es que surgen nuevos síntomas en ese “animal consumidor”, síntomas que parecieran no poder ser interpretados por el mismo sujeto. Lo que vemos es que en muchos casos contemporáneos, el síntoma no es un síntoma propio, sino de Otro. El síntoma acontece no en la Matriz sino que los sujetos prestan sus cuerpos para que el síntoma de la Matriz se inscriba en ellos.  Los cuerpos del maltrato, los cuerpos de las sobredosis, los cuerpos expuestos al riesgo, los cuerpos del síntoma que no habla como las fibromialgias, los cuerpos consumidores de medicamentos sin los cuales están literalmente condenados a la incapacidad, etc.
Nuestra participación en este debate se orientará por una pregunta: ¿Cómo estas consideraciones se ven re-direccionadas a partir del concepto psicoanalítico del goce del llamado parlêtre?




[1] Revista Arcadia. No. 90. 15 de marzo al 11 de abril de 2013. Bogotá. Semana S. A. pág. 12.
[2] Dupré, B. “50 cosas que hay que saber sobre filosofía”. Madrid, Ariel, 2010. Pág. 33.
[3] El Tiempo el 23 de febrero de 2013
[4] Botero, J. “Nuestra naturaleza”. Revista Arcadia. No. 90. 15 de marzo al 11 de abril de 2013. Bogotá. Semana S. A. pág. 18-19.

[5] Miller, Jacques-Alain. Curso de Orientación Lacaniana “Piezas Sueltas”. Clase III  1 de Diciembre del 2004, Inédito. 


Comentarios de Mónica Febres-Cordero de Espinel, y de Fernando Gómez Smith en la siguiente dirección:

Comité organizador BORDES:
Piedad Ortega de Spurrier, Marcela Almanza, Elida Ganoza, Johnny Gavlovski E., Ruth Hernández