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2 de julio de 2015

Boletín 12 Letras en línea - I Conversación clínica de la NEL

           I Conversación Clínica de la NEL

 El analista y su práctica
 

São Paulo - 3 de septiembre de 2015

Tute

Letras en línea

Boletín Nº 12

Termina junio y faltan solo dos meses para la primera Conversación Clínica de la NEL, el 3 de septiembre en São Paulo, con la participación de Miquel Bassols. Para los que todavía no se han inscrito, no dejen de hacerlo con un clic en el enlace de abajo. Solo así podrán recibir los casos clínicos con anticipación y en la Conversación podremos intercambiar ideas, interrogar lo que queda oscuro, proponer abordajes nuevos, comparar, arribar a nuevas conclusiones. Pero todo esto solo será posible si hay practicantes bien orientados.

En este boletín tenemos dos comentarios notables por su calidad y precisión.
Existe una política del psicoanálisis dice Miller que se orienta por la diferencia absoluta y por eso afirma que la formación del psicoanalista, son las formaciones del inconsciente, y en primer lugar el suyo. [1] Esta política condensa muy bien las dos citas y los comentarios que presentamos aquí.

El texto del analizante tiene su propia lógica articulada al fantasma, a su significación y goce. El analista se cuida de no hacer una observación de comportamiento, aunque a veces tenga la tentación de hacerlo, intentando comprender el sentido. Se comprende mediante el fantasma, explica María Cristina Giraldo y precisa que las coordenadas fantasmáticas que rigen la vida subjetiva son las coordenadas del programa de goce. Lo más importante para el practicante es poder descubrir, en su propio análisis, la regla que rige su modo de goce que le permita, en su práctica, saber no agregar sentido al sinsentido de lo real del analizante.

La autonomía del discurso analítico es el mayor principio de la política del psicoanálisis. Solo así puede mantener su diferencia absoluta con otros discursos. En cuatro puntos justos y rigurosos Gustavo Zapata comenta este principio. Ubica los límites de la experiencia analítica que permiten medir sus obstáculos, alcances y resultados. Esta es una experiencia radicalmente singular que no se aviene ni se conforma con otros discursos, poderes o ideologías. El deseo del analista apunta lo real y a liberar al Otro del sentido.

María Hortensia Cárdenas
________________

[1] Miller, J.-A., “Perspectivas de política lacaniana”, 
Freudiana 55, ELP, Barcelona, 2009. 


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 Ficha de inscripción en este archivo:


Comentario de María Cristina Giraldo a la cita:

“El analista, por supuesto, no hace esto [una observación del comportamiento], aunque a veces tiene la tentación. El mismo Freud, cuando tenía en tratamiento al famoso “Hombre de los lobos”, tiene tantos hechos y datos, que casi se ve que está a punto de convertirse en observador. Es solamente después, y precisamente por medio de este caso, que Freud ubica la presencia del fantasma: que nunca la observación del comportamiento dará el sentido del fantasma, que ninguna recopilación es tan exacta que sea equivalente al fantasma, y que mientras más y más un sujeto —como ocurre en el caso del Hombre de los lobos—, se acerca a los datos, hasta hacer desear más y más datos, la misma intensidad de la vivencia que él pone en algunos hechos señala, más bien, el carácter fantasmático de esos supuestos recuerdos. A partir de esto, Freud pone en función el tema del recuerdo encubridor, que significa, precisamente, que la intensidad misma del recuerdo, en lugar de señalar la exactitud del hecho, señala que lo más importante no está ahí. Bien, el analista no es un observador del comportamiento”. [1]

La perspectiva del desarrollo conduce a un saber referencial que pretende una verdad a ser verificada por la referencia, con base en correlatos de la realidad: los datos de la historia y de la observación del comportamiento. La afirmación de Lacan “La verdad posee estructura de ficción” nos ubica en otra orientación que es la lógica del texto del analizante, en el cual el axioma del fantasma constituye una articulación esencial. Si “la significación es el fantasma”, [2] es por su conexión entre significación y goce, que constituye el amor pasional de cada uno con la verdad y el sentido. Cuando creemos comprender, lo hacemos mediante el fantasma. Este es el que fija el sentido; de ahí que Lacan nos advierta: en la experiencia analítica “cuídense de comprender”, de escuchar al analizante a través del lente del propio fantasma.

El giro freudiano se operó al advertir en la intensidad del recuerdo encubridor no un dato, sino el carácter fantasmático del mismo. Un axioma es una proposición lógica. Freud lo definía como una frase que se queda congelada para el sujeto en un punto de fijación de la libido. El axioma opera como regla fantasmática que condiciona todas las significaciones. Las coordenadas de la vida subjetiva están regladas en cada uno por su fantasma fundamental; son las coordenadas de su programa de goce. Miller propone que en el axioma se da la conjunción del Uno y del goce, por tanto, es el lugar de lo real, es lo que en los síntomas vuelve siempre al mismo lugar, lo que permanece constante como consistencia lógica, que es la relación del sujeto con el objeto a.

El atravesamiento del fantasma toca aquello mediante lo cual comprendemos. Mientras el practicante no haya descubierto cuál es la regla que rige el goce en juego en su relación con su objeto a, estará lidiando con no agregar un sentido, desde la regla no conocida de su decir, al sinsentido de lo real del analizante. En la experiencia analítica, el analizante no deviene analista sin pasar por esa consecuencia lógica del fin de análisis, que es atravesar su fantasma fundamental.


[1] Miller, J.-A., “Estructura desarrollo e historia”, Seminarios en Caracas y Bogotá, Paidós, Buenos Aires, 2015, p. 310.
[2] Miller, J.-A., Donc, Paidós, Buenos Aires, 2011, p. 92.
Otras referencias en Miller: El ser y el Uno, La psicosis en el texto de Lacan, Iluminaciones profanas.


Comentario de Gustavo Zapata a la cita:

“Existe una política del psicoanálisis: concierne a los fines últimos y los resultados de la operación analítica. Su mayor principio, y posiblemente el único, es la autonomía del discurso analítico, que mantiene su diferencia absoluta con los otros discursos. Es bueno todo lo que preserva y alimenta esta autonomía; es malo todo lo que la mella, la corroe, la arruina”. [1]

1.- Operar según este principio implica fundar en razón los conceptos fundamentales del psicoanálisis, es decir, valorar su pertinencia, medir sus alcances, precisar sus escollos y acotar sus resultados siempre circunscritos a los límites de la experiencia, sin tener que echar mano de una supuesta causa última, que reduciría la operación analítica a las coordenadas de una ciencia pretendida superior.
2.- Es menester entonces que para el analista se haya cernido esa diferencia absoluta entre el I y el a, que haya “circunscrito la causa de su horror, el suyo propio, el de él, separado del de todos, horror de saber” [2], para que sepa ocupar en el dispositivo ese lugar que al final es de desecho.
3.- A partir de eso, el analista entiende que la experiencia analítica es radicalmente singular, por lo tanto no es masificable ni clasificable, no se deja atrapar en otra contabilidad como no sea la del uno por uno, ni acotar por los poderes del estado, por las iniciativas de bienestar o seguridad social de los gobiernos, por ideologías políticas de cualquier signo o color, o por interpretaciones históricas, sociológicas o antropológicas de la realidad.
 4.- Así, el analista verá, como comenta J.-A. Miller [3], que el psicoanálisis es incompatible con el orden totalitario, y no existe si no es posible hablar con libertad y ejercer la ironía. Efectivamente, un analista debe querer las condiciones materiales para su práctica, y si entiende bien que el deseo del analista es “un deseo de alcanzar lo real, de reducir al Otro a su real y liberarlo del sentido” [4], sabrá entonces que el psicoanálisis es subversivo, no revolucionario.
 ____________________________________
[1] Miller, J.-A., “Perspectivas de política lacaniana”, Freudiana 55, ELP, Barcelona, 2009.
[2] Lacan, J.,”Nota Italiana”, Uno por Uno, N° 17, abril 1991, pp. 16-18.
[4] Miller, J.-A.,” Un real para el siglo XXI”, Scilicet. Un real para el siglo XXI, Grama, Buenos Aires, 2013,  pp. 17-27.


Referencias bibliográficas sobre la práctica analítica

Lacan, J., Función y campo de la palabra y del lenguaje en psicoanálisis (1953)

·         “Es la tentación que se presenta al analista de abandonar el fundamento de la palabra, y esto precisamente en terrenos donde su uso, por confinar con lo inefable, requeriría más que nunca su examen: a saber la pedagogía materna, la ayuda samaritana y la maestría dialéctica. El peligro se hace grande si le abandona además su lenguaje en beneficio de lenguajes ya instituidos y respecto de los cuales conoce mal las compensaciones que ofrecen a la ignorancia.” (p. 65)

·         “No hay duda de que estos efectos –donde el psicoanalista coincide con el tipo de héroe moderno que ilustra hazañas irrisorias en una situación de extravío- podrían ser corregidos por una justa vuelta al estudio en que el psicoanalista debería ser maestro, el de las funciones de la palabra.” (p. 65)

·         “El único objeto que está al alcance del analista, es la relación imaginaria que le liga al sujeto en cuanto a yo, y, a falta de poderlo eliminar, puede utilizarlo para regular el caudal de sus orejas, según el uso que la fisiología, de acuerdo con el Evangelio, muestra que es normal hacer de ellas: orejas para no oír, dicho de otra manera para hacer la ubicación de lo que debo oír.” (74-75)

·         “Afirmamos por nuestra parte que la técnica no puede ser comprendida, ni por consiguiente correctamente aplicada, si se desconocen los conceptos que la fundan. Nuestra tarea será demostrar que esos conceptos no toman su pleno sentido sino orientándose en un campo de lenguaje, sino ordenándose a la función de la palabra” (p. 68)

·         “… el arte del analista debe ser el de suspender las certidumbres del sujeto, hasta que se consuman los últimos espejismos. Y es en el discurso donde debe escandirse su resolución.” (72-73)

Responsables del Boletín Letras en línea
María Hortensia Cárdenas
Ana Viganó 



7 de junio de 2015

Boletín 5 Letras en línea - I Conversación clínica de la NEL


                   I Conversación Clínica de la NEL 

 El analista y su práctica
 

São Paulo - 3 de septiembre de 2015

Conversación nocturna - Edward Hooper

Letras en línea
Boletín Nº 5


Seguimos caminando hacia nuestra I Conversación Clínica de la NEL y lo hacemos con las piedras que suelen constituir(se) nuestros caminos, siempre de palabras. Piedras que sirven de apoyo para poner un pie luego el otro, o se instalan allí -aconteciendo- en el medio del camino, como la piedra inolvidable -inexorable, imponderable- que tomaba Miller del poeta brasileño Carlos Drummond de Andrade. (“En medio del camino”, del poemario Alguma poesia, 1930)

Y como bien señala Juan Javier Peláez en su comentario, porque es hablando que se hace nuestro camino es que tiene algo de incierto, de sorpresa, de no sabido. Se empieza con un pie y nunca se sabe muy bien ni cuántos pasos se darán, ni si el otro pie andará por el mismo rumbo, o encontrándose con los pies de otros, o que su propio movimiento produzca un acontecimiento de palabra y lo conocido sea reconfigurado.

El comentario de Raquel Cors nos presenta la conversación ligada a la clínica en tanto cierta elucubración de saber sobre las piedras o mejor aún la piedra, siempre la misma, de la que se habla en un análisis -incluso cuando ésta pueda no existir-.

Acompañamos los comentarios con otra serie de referencias bibliográficas, esta vez sobre cómo opera la conversación.

Nuestra I Conversación Clínica será en Sao Paulo el 3 de septiembre próximo, y dedicaremos una jornada al exhaustivo estudio y discusión de los casos clínicos seleccionados a tal fin. En esta ocasión inaugural tendremos el privilegio adicional de contar con la participación de Miquel Bassols, quien generosamente animará el intercambio con sus aportes.

Los invitamos una vez más, con el entusiasmo de un esfuerzo que, apostamos, vale la pena.

Ana Viganó

Comentario de Juan Javier Peláez a la cita:


“La Conversación: se habla, nos hablamos. (...) Se conservará un carácter de improvisación para el acontecimiento. Nada de programa, excepto que hay que comenzar a tal hora, terminar a tal otra, reponerse, dormir, etcétera. El marco ha sido minuciosamente preparado (...) y es justamente lo que permite confiar el acontecimiento a la oportunidad”. [1]

Comienza esta cita destacando el lugar de la palabra en la conversación. No se trata de leer o recitar lo que previamente se ha escrito, si bien es necesario leer antes pensando en comentar lo leído. Hay una diferencia temporalmente esencial entre la palabra y la escritura. La escritura puede ser acotada, comenzar y terminar por donde se quiere, sin que la cuestión temporal la afecte de una manera determinante. La palabra, sin embargo, está inscripta en el tiempo, hay un movimiento de la palabra hacia el futuro, es siempre imperativa, hay que seguirla. Hay un punto de partida pero no se sabe bien cómo se va a continuar y mucho menos como se va a concluir, más allá de la intención del que toma la palabra. Es el propio Miller quien lo destaca en “Los usos del lapso” cuando sitúa la dirección retrógrada del efecto de significación, “dirección que comporta que el acontecimiento es susceptible de cambiar todo a nivel semántico”. [2]

El acontecimiento es lo que ocurre, lo que pasa, pero a la vez es lo que tiene la capacidad de reconfigurar todo lo anterior. La improvisación es fundamental para el acontecimiento. Por ello la práctica de la conversación es diferente de la conferencia o de otros modos de exposición del saber, donde se aporta o se da un resultado. La conversación va en dirección a lo no sabido.

Esto no implica que se pueda prescindir de un marco referencial, conceptual, que permita situar lo “no sabido” con respecto a lo “ya sabido”. [3] Miller destaca en el texto la importancia de que el marco sea “minuciosamente preparado (disposición original del lugar físico, edición previa de los trabajos, centrados y pautados)” [4], porque de ello depende que podamos “confiar el acontecimiento a la oportunidad”. El acontecimiento se produce en un contexto que, al mismo tiempo, lo trasciende para producir algo nuevo.

[1] Miller, J.-A., Los inclasificables de la clínica psicoanalítica, Paidós, Buenos Aires, 2005, pp. 317 y 318.
[2] Miller, J.-A., Los usos del lapso, Paidós, Buenos Aires, 2004, p. 234.
[3] Miller, J-A., “Lo postanalítico”, en: Conferencias porteñas, Tomo 3, Paidós, Buenos Aires, 2010, p. 89.
[4]  Miller, J-A. y otros, “Carta a los participantes”, Los inclasificables de la clínica psicoanalítica, ICBA-Paidós, Buenos Aires, 1999, p. 317. 

Comentario de Raquel Cors a la cita:


“La clínica, dice, [refiriéndose a Lacan] es lo real como lo imposible de soportar”. Es eso, la dimensión clínica es trágica. Lo es para el paciente, lo es también para el terapeuta.” [1]

Todos locos - una clínica que Enseña

Enseñanzas

En literatura se elucubra gracias a la personalidad [2] del autor, por el fracaso de un punto posible, frecuentemente sobre “lo realmente simbólico” [3]. Así como el mensaje en La carta robada de Allan Poe, o Pierre Menard el personaje ficticio de Borges, cada ser hablante bordea por el agujero, cómica o trágica-mente, pues estamos condenados a la debilidad mental por lo mental mismo [4]. Nuestro punto, es que hay un real imposible de soportar, que sólo se lo puede imaginar.

Roland Barthes escribía sobre Brecht, que su obra está hecha para convencer. Brecht, sabía afirmar y suspender un sentido con el mismo movimiento, ofrecerlo y decepcionar, decía que todas sus obras terminaban implícitamente con “busquen el desenlace” [5]. Mientras que Lacan Enseña lo que le enseñaron los enfermos, eso que se hizo explicar en Sainte-Anne, sin comprensión ni metalenguaje, sin clasificar ni descifrar la enfermedad de esos “locos normales”[6] que enseñan su cabalgamiento del nudo, su enfermedad, su lectura mental.

No es loco quien quiere

¿Qué es un loco? En una ocasión Lacan aproxima una respuesta: “alguien perfectamente normal” [7] ¿Cómo se puede no ser loco? Si la locura es de comprensión, de comunicación, si las palabras de las que dependemos son de alguna manera impuestas, si la palabra es un parásito, si somos presas del lenguaje, si creemos que hablamos cuando somos hablados, entonces estamos ¿Todos locos? - Cito a Miller en su Curso del 17 de marzo de 2010 “Todo el mundo es/está loco no equivale en absoluto a la frase según la cual todas las vacas son negras -o grises (…) por el contrario, afirma que cada uno lo es/está de manera singular. Y por consiguiente, hablando con propiedad, no entra en clasificación alguna”. Para quienes hablamos, traumatizados, el análisis -como podemos constatarlo- va mucho más allá de la clínica. Miller, es enfático cuando recuerda a los psicoanalistas que en diván uno se la pasa hablando de lo que no existe… [8]
  
[1] Miller, J.-A., Los inclasificables de la clínica psicoanalítica, Enseñanzas de la presentación de enfermos, Paidós, Buenos Aires, 1999, p. 420.
[2] Lacan, en el Seminario 23 El sinthome, dice claramente que la paranoia es la personalidad.
[3] Miller, J.-A., El ultimísimo Lacan, La idea de lo real, Paidós, Buenos Aires, 2013, p. 160.
[4] Miller, J.-A., “El inconsciente y el cuerpo hablante”, Presentación del tema del X Congreso de la AMP en Río de Janeiro 2016, Disponible en: http://www.wapol.org  
[5] Ibíd., p. 419.
[6] Ibíd., p. 427.
[7] Ibíd., p. 422.
[8] Miller, J.-A., Conferencia de apertura del V Encuentro Internacional del Campo Freudiano, Buenos Aires, 1988.

Referencias bibliográficas sobre Conversación


¿Cómo opera la conversación?

De “Carta a los participantes”, J-A. Miller, 1997, pp. 313-314. En Los inclasificables de la clínica psicoanalítica:

 “La Conversación: se habla, nos hablamos.”

“Pero olvidemos Angers, Arcachon será otra cosa”

 “La Conversación: para que tenga lugar, antes hay que leer, releer, leer pensando en comentar lo leído. El Conciliábulo del año pasado se había desarrollado según una forma alternada: exposiciones, discusión, exposiciones, discusión. La Conversación es, por un lado, todo lo escrito (el librito); por otro, todo el charloteo sin interrupción.”

 “Se conservará un carácter de improvisación para el acontecimiento. Nada de programa, excepto que hay que comenzar a tal hora, terminar a tal otra, reponerse, dormir, etcétera. El marco ha sido minuciosamente preparado (disposición original del lugar físico, edición previa de los trabajos, centrados y pautados), y es justamente lo que permite confiar el acontecimiento a la oportunidad.”

 “… tendrá éxito si ustedes aportan lo suyo en el momento, después de haber dedicado previamente el tiempo necesario para sacarle el jugo a los pulposos trabajitos que se les enviaron.” 

Responsables del Boletín Letras en línea
María Hortensia Cárdenas
Ana Viganó

5 de junio de 2015

Boletín 2 Letras en línea - I Conversación clínica de la NEL


                I Conversación Clínica de la NEL 

 El analista y su práctica
 

São Paulo - 3 de septiembre de 2015

 

Conversación de mujeres - Nguyen Tro

Letras en línea
Boletín Nº 2
 
¡No toda conversación es una conversación! Hallarán en este boletín las explicaciones que da Lizbeth Ahumada a esta afirmación entre signos de exclamación. En una conversación clínica no se trata de una interlocución afable y consensuada sino que partimos de lo imposible y de los problemas que se presentan en la práctica. No todo puede ser dicho y siempre queda un resto que nos permite relanzar una vez más la Conversación como experiencia de Escuela.

¿Qué hay del saber en una Conversación? En una Conversación el saber es un camino que se recorre más allá del Complejo de Edipo y bajo la consideración de la inexistencia del Otro. Mónica Febres Cordero elige pensar su comentario con relación a la experiencia del análisis y a dos testimonios del pase que le permite ubicar al padre como vivo y deseante y al goce abierto a la invención y al encuentro al final del análisis.  Entenderán por qué titula su comentario “Correr un riesgo”.

Las referencias bibliográficas que presentamos aquí se orientan por la pregunta: ¿Qué es la Conversación?  Las citas son extraídas de “El malentendido” en Elucidación de Lacan, ahí encontrarán que Miller dice que solo la conversación analítica tiene la posibilidad de superar el malentendido.

María Hortensia Cárdenas 


Comentario de Lizbeth Ahumada Yanet a la cita:

"La conversación la hacemos no sólo para verificar lo que sabemos, sino para plantearnos los problemas con la complejidad con la que se presentan en la práctica". [1]

Jacques-Alain Miller ha planteado, en no pocas  ocasiones,  condiciones necesarias  para que una conversación orientada por la clínica psicoanalítica pueda alcanzar su realización, pueda ser lograda.  Entonces no se define en sí misma, ni como supuesto ni como anticipación: ¡No toda conversación es una Conversación! No basta con el gesto interesado de interlocutor, tampoco con el buen ánimo de una congregación, menos aún con la pretendida comprensión entre parroquianos o con el  resultado jubiloso del consenso mayoritario.  La conversación conforme a la práctica clínica debe tener su marca de nacimiento: lo imposible como causa. En este sentido entendemos que, aunque se pueden producir efectos de verificación de saber para cada quien, incluso efectos de verdad, lo que hace a la realización de una conversación (como a la realización del deseo), es justamente lo que se da en los tropiezos del Ideal que enmudece e inhibe. Así, la exposición de los embrollos de la práctica, de los embrollos del analista en su tarea de plantarle rostro a lo real de la clínica, a diferencia de las parábolas religiosas que buscan enseñar la construcción colectiva de la Verdad, da cuenta de la conversación que está a la altura del discurso analítico: articula la presencia del Otro en su doble estatuto, de código referencial sostenido en la doctrina, pero barrado en el pretendido alcance de la Unidad a partir de la juntura de las piezas. Es una Conversación no-toda. Es la condición mayor a la que debemos ser dóciles, estar dispuestos.  Poner sobre el tapete la unicidad de la cura y la del analista en la cura, puede provocar la inspiración  que mueve a razonar la experiencia a sabiendas que es un razonamiento que no funda un universal. Deseo de saber como saldo cuando se deponen los espejismos del narcisismo en sus diversas modalidades.

Miller, J.-A., Seis fragmentos clínicos de psicosis, Buenos Aires, Tres Haches, 2000, p. 58. [1]


Comentario de Mónica Febres Cordero a la cita:

“La conversación sería el camino de saber que conviene al más allá del complejo de Edipo y que conviene también el tiempo del Otro que no existe.” [1]

Correr un riesgo
En las Conferencias porteñas, Miller dice  que el pase es parte de las consecuencias de un análisis. La conversación,  “práctica esencial de los miembros de una Escuela”, [2] recoge la desuposición de saber implicada en un análisis llevado hasta su final  y, al mismo tiempo,  relanza su búsqueda. Cita a Laurent: el sentido del más allá del Edipo es la falta de garantía y la ausencia del punto de capitón para que el saber prosiga como búsqueda.

La cita objeto del comentario para este texto, define a la conversación como el “…camino de saber que conviene al más allá del complejo de Edipo y…al tiempo del Otro que no existe”. [3] Me interesó pensarla en relación a los testimonios del pase y a la modalidad  de conversación que  ellos  plantean.
Así, L. Gorostiza en la conferencia “El padre después del pase”, [4] se pregunta: ¿De qué padre se trata en el más allá del Edipo, después del pase? ¿Significa estar advertidos de que el padre es solo un nombre, surgido del encuentro con el agujero de la no relación sexual? Responde que el padre después del pase implica ya no creer en “el” padre y sin embargo poder hacer uso de él. Lo cual, en relación a lo necesario del síntoma, abre una salida a un destino vivido como  inexorable.

La experiencia de un análisis, añade, debería permitir la transformación del padre, no su caducidad. Pasar del padre muerto de la neurosis a un padre vivo, animado por un goce imposible de negativizar. La caducidad se refiere al  padre del Edipo: es ese el padre que se transforma y permite pasar del Nombre del Padre como Otro del Otro a un padre deseante, sin Otro.

Marcus André Vieira en el testimonio durante las últimas jornadas de la NEL en Lima, [5] plantea para su discusión, que saber hacer con el goce del sinthome evoca un goce abierto a la invención y al encuentro. Forma de conversación, entonces, que implica el riesgo de una lectura realizada en el análisis y de su transmisión. Conversación abierta con y entre los miembros de la Escuela.
 
[1] Miller, J.-A., “Lo postanalítico” Conferencias Porteñas, Tomo 3, Buenos Aires, Paidós, 2010, p. 94.
[2] 
Ibídem.
[3] 
Ibídem.
[4] www.radiolacan.com/es/topic/199/3
[5] “El grito, el tambor y el griterío”. Inédito
 




 Referencias bibliográficas sobre Conversación

¿Qué es la Conversación?

1. En “El Malentendido” (pp. 27- 48) del texto Elucidación de Lacan. Charlas brasileñas (charlas entre 1981-1995), Buenos Aires, Paidós - EOL, 1998.
“Basta la elección del término conversación para imaginar el tono y el estilo de nuestro encuentro”. (p. 27)
“Utilicé la palabra conversación, bastante poco lacaniana, pues en el fondo no se pude disimular que la conversación, lejos de permitir la comprensión mutua, alimenta el malentendido. Solo un tipo de conversación tiene posibilidades de superarlo: la conversación analítica, evidentemente muy especial en su dispositivo.” (p. 28)
“Lacan decía: todos monologan. Esto es lo que implica el malentendido: que definitivamente todos monologan. Solo en el psicoanálisis, debido a la manera en el que el otro se presenta, existe una pequeña chance de monologar de otro modo, para ser prudente y no elogiar la operación, en ocasiones vertiginosa”. (p. 32)
“He aquí el Lacan que se debe abordar: no el Lacan eterno, no el Lacan teórico que daba respuestas en términos que nadie comprendía, sino el Lacan frente a sus problemas que procuraba no esconder, demostraba sus enojos e inquietudes, pero no a simple vista”. (p. 35)


Responsables del Boletín Letras en línea
María Hortensia Cárdenas
Ana Viganó


21 de mayo de 2015

Marie-Hélène Brousse - "El amor real es el amor sin piedad"

Marie-Hélène Brousse


Sara Carreira
10 de noviembre de 2012



A Coruña acoge este fin de semana unas jornadas de la Escuela Lacaniana del Psicoanálisis sobre el amor. Una de las invitadas estrella -junto a Judith Miller, hija de Jacques Lacan- es Marie-Hélène Brousse, doctora en psicoanálisis, profesora en la universidad París VIII e investigadora de primer nivel.

Dice que el «pegamento» que une a las familias es ahora el amor y no la biología, que era lo que ocurría antes.
Sí. Durante siglos, una pareja formaba una familia y el amor era algo deseable, pero no fundamental. Ahora, todas las familias contemporáneas, múltiples, se fundamentan sobre el amor.

¿Eso es mejor?
El amor es problemático porque jamás está garantizado. Por eso muchas parejas buscan algo más, que es el matrimonio, y ya vemos que les pasa también a los homosexuales.

¿Qué le parece que su unión se llame matrimonio?
Es importante para ellos. A mí lo que me sorprende es que quieran casarse. Mi generación puso en cuestión el matrimonio porque era un modelo paternalista, no nos parecía importante la necesidad de casarse. Pero poco a poco voy entendiendo por qué lo reivindican. El amor no garantiza nada, no permite una permanencia en el marco en el que el sujeto vive, y creo que los homosexuales reivindican este marco, esta garantía.

¿Existe el amor verdadero?
Lacan distinguía entre el amor imaginario, el simbólico y el real. El primero es el flechazo, donde el otro es lo que menos importa porque es algo de nuestra imaginación; el simbólico era, para Freud, el amor al padre; y después está el amor real, que es el amor sin piedad. Es un amor que no busca reciprocidad y que no se engaña, uno conoce los defectos del otro pero aún así lo quiere.

¿La pareja está en crisis?
Antes la unidad básica de relación social era la familia y ahora es la pareja, pero hay que entender la pareja separándola de la satisfacción sexual, hay muchos modelos de pareja compatibles con ser célibe [Brousse prepara un artículo sobre las parejas y el celibato].

El deseo es salud, decía Lacan.
El deseo implica el manejo de la pérdida, se desea lo que no se tiene. El goce, en cambio, no localiza la pérdida de una manera que permita utilizarla, y su único límite es la sobredosis. Pero, bueno, algo de goce también es necesario (risas).

Fuente: