6 de agosto de 2014

Eva-Lilith Nº 4

Boletín de las VIII Jornadas de la NEL
      Eva-Lilith
     Nº 04

“Allí donde el padre tiene la ley, la madre tiene el capricho”[i]


Luz Elena Gaviria


En “Los usos del lapso”, dice Miller: “…sería un gran progreso de civilización, el de haber pasado del capricho a la ley”[ii]. Afirmación que se basa en la historia de la humanidad: antes de que llegaran las tablas de Moisés, existían divinidades caprichosas como Zeus, Júpiter, quienes eran Dioses del capricho, igualmente sus hijos. 

Desde el psicoanálisis, se vuelve a decir esto de otra manera. El Nombre del Padre, en la metáfora paterna, sustituye para el hijo el deseo de la madre, que Lacan llamaba la ley caprichosa del deseo materno. Pero no  basta para operar lo suficiente sobre el capricho del deseo de la madre. Es necesario que este padre sea un hombre que haga pareja con una mujer que causa su deseo. De lo contrario, ese goce materno no logra ser limitado, lo que incide en el niño. “Surge el padre no solamente como nombre, sino el padre como nombrante”[iii] de un deseo y de un goce.

La lógica caprichosa, dice Miller en Los usos del lapso, es un “yo quiero”, es la lógica de una voluntad fuera de la ley de los universales: “Cuando estamos en el universo del capricho, maravillosamente, estamos desanudados de eso que se llama, en el lenguaje del psicoanálisis, la racionalización…. Un capricho no da sus razones, hay ausencia de la ley, un verdadero capricho no se discute, tiene esa calidad absoluta del “yo quiero” y en este punto estamos verdaderamente en otra atmósfera que la de la ley del padre, lo cual hecha a perder la aparición del reglamento. No harás esto, no harás aquello, no harás nada de lo que tienes ganas.... Aquí la fórmula correspondiente es menos la del fantasma que la de la pulsión, es decir, la de la voluntad propiamente y naturalmente acéfala, donde el sujeto desaparece, en la medida en que allí es actuado. Hay un agujero y allí surge como sin razón un objeto, un enunciado que es un objeto desprendido y que merece ser llamado objeto (a), objeto vuelto causa de lo que hay que hacer. ...La lógica del capricho radica en que  el sujeto asume en él como propia la voluntad que lo mueve. Lo divino en el capricho, es que quiero —no la ley para todos— quiero aquello que me pulsiona, un yo quiero absoluto, aquello que me acciona como pulsión”[iv].

Ahora bien, tratándose específicamente del querer ser madre de algunas mujeres, se debe introducir el detalle clínico a escuchar en cada caso. Se puede encontrar mujeres todavía orientadas desde la metáfora del amor, pero también escuchamos a mujeres que eligen accionadas por su goce pulsional. Es el querer del consumidor capitalista, solamente orientado por el valor de uso del objeto, lo quiero y lo obtengo.

Ante la caída de los semblantes clásicos que ordenaban a la familia, se encuentra Otro que habla hoy a todos todo el tiempo, es una voz que suple este vacío y que propone como relevo de esos semblantes en desuso, el deber imperativo de ser feliz.

Esto nos precipita en una vertiente a investigar en la clínica: qué sucede con aquellas mujeres que deciden tener un hijo solas, por ejemplo a través de un banco de esperma, qué suple la autoridad del padre. Tal vez, el síntoma del niño consiga producir un marco, o podría tratarse de una procreación fantasmática, “del amor de la histérica por el padre… No creo que una mujer pueda soportar sola el poder de la creación”, opina A. Vicens.[v]
Esta y muchas otras cuestiones nos convocan a participar de nuestras próximas Jornadas de la Nel.


[1] Miller J.- A., Los usos del lapso, Paidós, Buenos Aires, p. 160.
[1] Ibíd., p. 160.
[1] Lacan J., El Seminario, Libro XXII, R.S.I., lección del 21 de enero de 1975, inédito.
[1] Miller J.- A., Ibíd.
[1] Vicens A., “Madres contemporáneas”, Registros Tomo Verde Madres y Padres, Buenos Aires, Colección Diálogo, Año 12, 2014, p. 63-66.

                                                                                  ***
        Comisión Editorial Boletín Eva-Lilith
       Raquel Cors Ulloa
    María Hortensia Cárdenas
    José Fernando Velásquez

                                            
                                               

Eva-Lilith Nº 3


Boletín de las VIII Jornadas de la NEL 

      Eva-Lilith
     Nº 03
Estrago

Marita Hamann

El estrago es efecto de un goce deslocalizado que irrumpe arrasando al sujeto, quien carece de soporte para situarse respecto de ese goce sin nombre ni medida (mientras que el síntoma intenta fabricar alguno). Su modelo clásico es el de la relación entre la madre y la hija y, por desplazamiento, la relación de una mujer con su pareja[i].


Ha sido Freud quien ha identificado este efecto devastador que se produce a menudo en la relación entre una hija con su madre a partir de cierto fracaso inevitable de la metáfora paterna[ii] para suplir un demás que subsiste a la solución fálica: es aquí donde del modo más manifiesto se demuestra la insuficiencia de la función paterna para resolver todo el goce en el sentido sexual. En esa franja abierta, Lacan ubicará luego lo que a la altura del S. XX llamará goce suplementario, verdadero Otro del goce inherente a la feminidad, situable solamente en su discurrir entre centro y ausencia.  

Una relación es estragante cuando no se admite la imposibilidad de la solución fálica para domeñar un goce real. Y cuando, visto de otro modo, ninguna letra consigue indicar esa existencia. En otras palabras, el estrago se produce tanto desde la lógica fálica masculina que se revuelve en la impotencia como desde la lógica femenina, cuando todo sentido o valor es arrasado para hacerse subsistir en un nada de nada.

Al decir de Lacan, la hija “parece esperar como mujer más sustancia que de su padre –lo que no va en su ser segundo en este estrago”[iii]. Que el padre sea segundo es una observación que responde a los hallazgos freudianos. No solo porque, como es evidente, la maternidad no suple íntegramente al goce femenino  —al menos, no sin consecuencias indeseables—, sino que la dirección al padre puede ser efecto, en parte, de una metonimia antes que de una metáfora: la niña no necesariamente abandona por ello su demanda inicial hacia la madre, quien permanece como su objeto privilegiado[iv]. Y la  pareja no es sino un sucedáneo que arrastra las marcas de quien fuera “la primera seductora”.

El estrago materno, ¿es estructural? Lo es si se considera que la niña reclama a su madre una substancia que no puede transmitirse: cada mujer es el resultado de su propia invención. A diferencia del varón, que encuentra apoyo en el padre para alcanzar la identificación masculina, la madre no puede ofrecer a la niña un rasgo unario (simbólico) que la sostenga como mujer; en este terreno, el silencio reina.  Sin duda, la madre puede transmitir ciertos semblantes que favorezcan la construcción de la mascarada, pero es insuficiente.

¿Es indeleble? Dependerá, más allá, de la relación que la madre guarde con su propia locura femenina y del modo en que la niña logre consentir a la mujer que habita en la madre. Como refiere A. Vicens, madre e hija  pueden en un momento dado dirigirse palabras terribles y, un instante después, todo se desvanece sin mayores consecuencias. El estrago ocurre, nos aclara, cuando la madre o la hija se ponen en posición masculina: creen en sus propios enunciados (el discurso de la creencia es masculino) y lo que se profiere se torna en imposición. “Estrago [es] como una destrucción del deseo”.[v]

Justamente, el efecto estragante suele ser el fruto de algunos dichos maternos que, de la mano del superyó, avasallan al sujeto y ponen en marcha un circuito pulsional mortificante.
El análisis debe “refutarlos, inconsistirlos, indecidirlos, indemostrarlos”, según una conocida fórmula de Lacan[vi], para inventar un deseo en su lugar.

En última instancia, se trata de separar lo que proviene de la madre de los efectos de lalalangue sobre el cuerpo, que se atribuyen a la madre en la medida en que ha sido ella quien transmitió la lengua: “El fin del análisis le dará entonces la oportunidad de saber hacer con la soledad del Uno. En esta vía, puede consentir a su goce que la hace radicalmente Otra incluso para ella misma, Podrá también consentir en lo real del amor, prestándose a ocupar el lugar de sinthome para un hombre”.[vii] 



[i] Pero no se excluye que una mujer también pueda ser un estrago para un hombre o que no se lo pueda hallar en otras manifestaciones clínicas, como la de las toxicomanías.
[ii] La niña transfiere al padre la demanda dirigida inicialmente a la madre, para que le dé el falo del que la madre misma carece. Por acción de la metáfora (el concepto es lacaniano pero se asemeja a lo que Freud describe), el falo adquiere la forma del niño que anhela recibir de él y, más tarde, de otro hombre.  Ver al respecto la obra de André, S., ¿Qué quiere una mujer?, Buenos Aires, siglo XXI, 2002, p. 167-185.
[iii] Lacan, J., “El atolondradicho”, Otros escritos, Buenos Aires, Paidós, 2012, p. 489.
[iv] Incluso tratándose del juego de las muñecas, la cosa no está decidida. Originalmente, opina Freud, este juego responde a la identificación con la madre, con el objeto de repetir activamente lo vivido pasivamente (Freud, S. Obras Completas T. III, Madrid, Biblioteca Nueva, 1973, p. 3174).
[v] Vicens A., “Madres contemporáneas”, Registros Tomo Verde Madres y Padres, Buenos Aires, Colección Diálogo, Año 12, 2014, p. 63.
[vi] Lacan, J., Op. cit.

[vii] Solano-Suárez, E., “Lacan, las mujeres”, La Causa freudiana, París, Navarin, n°79, 2011, p. 277.

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 Comisión Editorial Boletín Eva-Lilith
Raquel Cors Ulloa
María Hortensia Cárdenas
José Fernando Velásquez

Las mujeres de Shakespeare


 HACIA LAS VIII JORNADAS DE LA NEL

Biblioteca de La NEL-Lima.




“La vida es el cuento de un idiota lleno de sonido y de furia que no significa nada”
W. Shakespeare.

“La debilidad mental es la estupidez de lo posible, la única posibilidad que le queda al parlêtre para orientarse”
J. A. Miller

"Suelen saber de una multitud de cosas entre cielo y tierra" que se hallan muy lejos de la sabiduría académica”.
J. Lacan.

El  8 de Abril de 1951, Lacan  nos invita a detenernos en  las creaciones femeninas de Shakespeare y dice: “ permite medir la transformación que se realiza en sus creaciones femeninas, las más fascinantes, las más atractivas, las más cautivantes y confusas a la vez. Constituyen el carácter inmortalmente poético de todo un aspecto de su genio.

¿Cuál es ese aspecto que Lacan recorta del  corpus Shakespeareano?


Para ello, primero nos  conduce a una lectura de “La duodécima Noche”, propone  una frase que marca como la diferencia del deseo femenino con el deseo masculino.

“No hay mujer que pueda soportar el latido de una pasión tan violenta como la que domina a mi corazón”

Ofelia, cebo y señuelo, Ofelia, madre de pecadores, Ofelia Falo, Ofelia formula transformada, Ofelia tipo de mujer brote a punto de abrirse, amenazado por un insecto devorador. Ophelio en griego, abultar, engordar hinchar. Ofelia el cebo de la trampa en la que Hamlet no cae, porque ha perdido la vía de su deseo. Ofelia-enamorada- no se presta a eso.
Lacan, entonces, propone una articulación fundamental para pensar el deseo,  “el objeto del deseo es esencialmente  diferente del objeto de algún cuidado”
Ese objeto que opera la función de la transformación es abordado en el texto como una expresión del fantasma, que  introduce su veneno en el encuentro con  la palabra del Ghost “vengo a inflamar de nuevo tu extinguido ardor”, y Hamlet escucha “desahogue mi alma con palabras, como haría una  vil puta. Sucias palabras de ramera”. Pistas, que nos  hacen saber del  goce del Otro primordial  fuera de la ley del reino del Edipo. Hamlet es la despedida de Edipo. Lacan lo formula tomando de Freud la declinación, la declinación de Edipo como tal. Bye bye Edipo, e invita a un más allá.

Goce  femenino , goce como tal…Razón de su detenerse. Y Hamlet se detiene al desparecer, al desvanecerse - su ser o no ser el falo- un tiempo  que Lacan  instala, como el resplandor de un instante y nombra como Phallophanies. Phanie , aparecer, medida de la amplitud de la sensación de la luz.

E. Jones que se queda sentado en el Edipo, sin embargo introduce una  intuición preciosa en su texto sobre Hamlet, señala: “los estragos que Gertrudis pronuncia en su hijo”
Hamlet  lo  dice y Jones lo consigna , pero no lo escucha.
Debilidad tienes nombre de mujer. Prisa criminal/ lecho incestuoso/ hazte pedazos corazón / debo callar/y es ella/sí ella la más irracional de las criaturas.
En el Acto III, escena  IV leemos:
Que permitas que ese tonel (a había hablado del tonel de las Danaides) te lleve a su lecho
Que te acaricie lascivamente  la mejilla, que te llame ratita, y que con sus fétidos besos
Y sus ardientes dedos en tu pecho
Te haga confesar.
Lacan señala la repugnancia de Shakespeare y dice que podemos leerla en El timón de Atenas, no sólo allí , también en Los Sonetos.

Leamos:
Se puta siempre/ dales enfermedades/ quedándote con su lujuria/utiliza tus horas lúbricas/ sazónale el paladar con tu veneno más eficaz/ arrebatará las almohadas de hombres vigorosos/ que vuestra actividad derrote y agoste la fuente de todo erguimiento/ y que las zangas le sirvan de tumba a todos.
También vamos a detenernos en otras creaciones femeninas , las contaremos una por una,  intentando  extraer de ellas, ese aroma particular que tanto Freud como Lacan nos han inspirado.
Freud también  intenta develar la pregunta de la criatura femenina en su transformación ,  rico su trabajo sobre Lady Macbeth, otra de nuestras invitadas al conversatorio. Ella, a quien  Freud nombra, como: la instigadora  fuerte como el acero. Antecedente cercano de las mujeres de hierro pero con la sutileza  propia del soplo del genio, que la lleva por los callejones opacos de su goce Otra como “ dos partes desacordadas de una obstinación desafiante”,  de solución inesperada, escribe Freud.

Los invitamos a que nos acompañen , en una tarde de sábado, a extender el menú de los lechos Isabelinos, muy lejos de los saberes Académicos.

Laura Benetti.
Coordinadora de La Biblioteca  Lacaniana de La NEL-Lima.

De nuestra invitada:
Marta Benetti.
Profesora egresada del Profesorado Superior de Rosario (Argentina).
Becaria del Institute of International Education (Nueva York).
Master of Arts in Education (University of Delaware, Estados Unidos).
MA in Literature (London University).
Curso de postgrado en traducción (Universidad de Salamanca, España).
Graduate Course on English Literature and Seminar on Shakespeare 
(Oxford University London).

5 de agosto de 2014

Eva-Lilith Nº 2







                Boletín de las VIII Jornadas de la NEL

      Eva-Lilith
     Nº 02


Desde el boletín Eva-Lilith se difundirán los textos de los Ejes y Grupos de Investigación: El lazo social contemporáneo y mutaciones de goce, La práctica psicoanalítica, y Lo femenino hoy, así como otras contribuciones sobre algunas Citas y Referencias de Jacques Lacan y Jacques-Alain Miller, que el lector encontrará en la web de nuestras VIII Jornadas http://www.jornadasnel.com/index.php Los comentarios y reflexiones de este boletín son el resultado de la convocatoria que causa en miembros y asociados las VIII Jornadas de la NEL “Lo femenino no sólo es asunto de mujeres. El pivote irreductible de un análisis”.
Para este segundo número de Eva-Lilith, José Fernando Velásquez, psicoanalista de la NEL-Medellín, comenta una cita de Lacan que corresponde al Seminario 18, De un discurso que no fuera del semblante.

Raquel Cors Ulloa


"… una mujer no tiene testimonio de su inserción en la ley, de lo que suple a la relación, más que por el deseo del hombre."

Lacan, J., El Seminario, Libro 18, De un discurso que no fuera del semblante, Paidós, Buenos Aires, 2009, p. 65

COMENTARIO: Esta es una indicación que nombra como lo femenino, aquel goce “a la deriva” “erotómano” en una mujer, consiente a dejarse llevar por el deseo del hombre; lo que ella tolera, aguanta, pasa y también sufre. Es una forma de inserción en la ley a través del amor en el que ella no tiene el manubrio…, va de pasajera y puede según el azar en el que el fantasma del hombre que le hace pareja interviene, llegar a una tranquila morada o a un paraje desértico, estéril y peligroso del cual es a veces imposible escapar.
Hasta ahí el psicoanálisis lacaniano proponía una fórmula que aunque nombra muchas realidades psíquicas de las mujeres de la época en la cual surgió, es una fórmula que paraliza el debate y resulta siendo injusta con el sexo femenino.
La frase, “más que por el deseo de un hombre” es para revisar. Cuando para Lacan hay la elaboración del concepto de sinthome ya es posible  explicar otras nuevas formas de anudamiento de ese goce sin horizonte, por ejemplo cuando habla del acecho de una pareja de amantes al que se dedica Lol con lo que ella hace un nudo.[1]
La fórmula del sinthome como una construcción singular, permite a la mujer asumir otras maneras de vérselas con “la ignorancia primaria” de su otro goce, y que creo tienen que ver con las incidencias sociales de ese otro goce, contrarias a la entropía de las creaciones masculinas, que Lacan ubicó tempranamente en el movimiento” Las Preciosas”, y que recientemente constatamos en los testimonios de fin de análisis. En sus creaciones, la práctica de la letra converge con el uso del inconsciente,  en esas formas de sublimación que todavía dejan aturdidos a los psicoanalistas[2].

[1] Lacan, J. “Homenaje a M. Duras”. Intervenciones y textos 2”. Buenos Aires, Manantial, 2007. Pág 64.
[2] Op. Cit. Pág. 70

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Comisión Editorial Boletín Eva-Lilith
Raquel Cors Ulloa
María Hortensia Cárdenas
José Fernando Velásquez

Eva-Lilith Nº 1

Boletín de las VIII Jornadas de la NEL
      Eva-Lilith
     Nº 01



Respuestas a Eva-Lilith
Por: Miquel Bassols


Eva-Lilith:  ¿Cómo participa lo femenino, esa otra satisfacción, en la división del sujeto entre fantasma y síntoma?


Miquel Bassols: Digamos de entrada que la división del sujeto es interna e inherente al propio fantasma, en su disyunción y conjunción con el objeto que causa esta división: ($<>a), escrito según la fórmula lacaniana. Y añadamos que el síntoma recubre más bien esta división hasta que llegue a obtener un valor de verdad para el sujeto, una significación que sólo puede descifrarse bajo transferencia, es decir, en la medida que el sujeto atribuye a su síntoma un saber supuesto. Sin la operación de la transferencia resulta imposible encontrar la llave para introducir al sujeto a esta división que anida en el fantasma y que está encubierta por el síntoma. Es la llave de entrada a un psicoanálisis, la llave de una puerta paradójica a la que, como indicaba Lacan en su texto “Posición del inconsciente”, sólo puede llamarse “desde el interior”, es decir desde una posición de necesaria “extimidad”. Llamar con lo exterior del síntoma desde el interior silencioso del fantasma es una manera de nombrar la operación analítica por excelencia: confrontar al sujeto a su propia división.

Reformulemos esta paradoja siguiendo la lógica que el propio Lacan encontró muy pronto en la posición de la mujer: ser Otra para sí misma como lo es para el hombre. Sólo haciéndose Otro para sí mismo puede el sujeto abordar su división, sólo “participando” —para retomar el término de la pregunta— de una posición femenina puede llegar a saber algo de ella (de la división y de la posición femenina). Lo femenino “participa” pues en la división del sujeto como la extimidad que anida en su fantasma, ya se trate de un hombre o de una mujer, con una forma de satisfacción que no se sabe a sí misma y que escribimos en la fórmula con la letra a minúscula del objeto.

Pero conviene entonces llevar el término “participar” hasta su raíz etimológica: tomar una parte, partir más que reunirse con ella. Lo femenino es así la partición del sujeto, en un goce del que sólo participa ausentándose, partido de sí mismo por decirlo así. De ahí el rasgo de extravío que encontramos en lo femenino para cada sujeto.

Eva-Lilith: Si el fantasma es una máquina para transformar el goce en placer por la vía fálica, ¿qué podemos decir de la participación del goce femenino en la formalización del síntoma al final del análisis?

Miquel Bassols: La pregunta incluye una paradoja más: si hay que formalizarlo, en el sentido lógico del término, es precisamente porque se puede decir muy poco de ese goce, incluso nada la mayor parte de las veces. Que lo encontremos como inefable no quiere decir sin embargo que no dé qué hablar, especialmente al final del análisis, a juzgar por lo mejor de los testimonios que venimos recogiendo desde hace ya algunas décadas en nuestras Escuelas.

En todo caso, para saber algo del final siempre es mejor empezar por el principio, por la “partición” que hemos encontrado en la primera pregunta: ¿Cómo ha quedado cada sujeto partido por el goce, por la satisfacción de la pulsión para retomar el término freudiano? ¿Cómo ha quedado partido en su síntoma para querer saber y decir algo de él? ¿Cómo parte cada sujeto de sí mismo, dividido y sin saberlo, para querer partir al viaje singular que llamamos psicoanálisis?
Según cómo parta de sí mismo podrá decirnos al final algo de la participación del goce femenino en él.

Eva-Lilith: Lo femenino hace alusión al no todo significante de la satisfacción, pero, podemos precisar mejor, ¿cómo lo femenino, aquello que de la satisfacción está a la deriva, se relaciona con el “UN” significante cualquiera?

Miquel Bassols: Para ser estrictos, no se “relaciona” de ninguna manera. Lo femenino, si seguimos la propia definición que la pregunta introduce por el lado “no todo significante”, es precisamente aquello que viene al lugar de la no relación, y de la no relación entre los sexos en primer lugar.

Por otra parte, si entendemos por “un significante cualquiera” lo que Lacan sitúa como tal (Sq) en su fórmula de la transferencia —en la “Proposición del 9 de Octubre de 1967…”—, se trata siempre de un significante con el que uno se encuentra de la manera más contingente, más azarosa, para vincularse al significante de la transferencia (St) según una ley del significante que siempre se revela a posteriori, una vez ese encuentro ya ha tenido lugar. Lo contingente aparecerá entonces como necesario.

Lo mismo que ocurre en la experiencia de la transferencia ocurre en la experiencia del sujeto con el Otro sexo, en la deriva de la satisfacción pulsional. (Dicho entre paréntesis, aquí el término “deriva” es especialmente conveniente para nombrar el “drive” inglés, o el “Drang” de la pulsión freudiana). Que los significantes se relacionen entre ellos no quiere decir sin embargo que el sujeto, masculino o femenino, encuentre con ellos la relación que no existe. Más bien al revés, es porque no hay relación en el campo del goce —“relación sexual” en primer lugar y según el aforismo lacaniano— que los significantes sacados de la historia de cada uno vienen a cifrar la contingencia de sus encuentros, desencuentros más bien.

Dicho de otra manera, cuando se trata del goce femenino, no hay en realidad destino de la pulsión, —como tampoco destino de la transferencia—, sólo encuentro contingente con un real sin ley.

Eva-Lilith: ¿Podría generalizarse la fórmula de “el empuje a La mujer” como una feminización no solo presente en el paranoico sino presente en toda estructura subjetiva y también en la estructura social?

Miquel Bassols: No toda feminización es “empuje a La mujer”, en el sentido que esta expresión tiene para nosotros en la lectura de Lacan y que tiene su punto de partida en “La mujer” que falta a todos los hombres, referencia primera que encontramos en la “Cuestión preliminar…” a propósito de  Schreber: “a falta de poder ser el falo que falta a la madre, le queda la solución de ser la mujer que falta a los hombres”. La feminización transexual, por ejemplo, parte de la certeza de esta solución como única, sin referencia alguna al falo simbólico. Es una identificación con La mujer que opera un salto en lo real de la asíntota con la que Lacan ilustró esta solución. El sujeto transexual no cree en La mujer, es La mujer, pura y simplemente.

Hay, por otro lado, feminizaciones diferentes que son rodeos más o menos alejados de la identificación con “La mujer” que no existe como un universal. Son feminizaciones que creen en La mujer manteniendo el vínculo con el falo que falta a la madre o, dicho con un término posterior en la enseñanza de Lacan, con el semblante que viene al lugar de la falta de relación sexual que pueda escribirse en lo real. El hecho que este semblante tome cada vez más el rasgo de lo femenino implica, en efecto, una feminización generalizada en la medida que se desliga de la función paterna. Llamémoslo también “empuje a La mujer”, pero la asíntota en cuestión mantiene aquí su distancia con lo real en su infinitud, una infinitud que se aproxima continuamente a cero pero sin llegar al cero que indexa al falo cuando se produce su elisión irreversible, Φ0.

Entre el Uno del falo simbólico y el Cero de su elisión en la estructura existe una infinitud de fenómenos de feminización que la clínica psicoanalítica actual puede explorar muy bien en la serie de anudamientos diversos a estudiar: desde la feminización progresiva que constatamos en las profesiones del campo de la salud y de la política hasta las figuras más paradójicas de lo femenino —Conchita Wurst mediante—, son otras figuras de lo femenino que no cesará de ofrecer nuevos semblantes al sujeto contemporáneo.
  
   Comisión Editorial Boletín Eva-Lilith 
Raquel Cors Ulloa
María Hortensia Cárdenas
 José Fernando Velásquez

4 de agosto de 2014

Boletín Nº 0 Eva-Lilith


Boletín de las VIII Jornadas de la NEL 

      Eva-Lilith
     Nº Cero

“Ninguna maravilla que no diga en los márgenes míticos de La Biblia en los que se encuentran las pequeñas adiciones de los rabinos que nos diga qué puede ser la mujer primordial, la que estaba antes de Eva, lo que llama Lilith. La que bajo la forma de la serpiente y por la mano de Eva pone... ¿qué?... la manzana, objeto oral que quizás no está para otra cosa más que para deportar a Adán sobre el verdadero sentido de lo que ha pasado mientras dormía”.
J. Lacan, 24 de Mayo de 1967


     

Editorial

Raquel Cors Ulloa

Nacido de una contingencia, presentamos el nuevo Boletín de las VIII Jornadas de la NEL Lo femenino no sólo es asunto de mujeres. El pivote irreductible de un análisis, que se efectuará en Lima – Perú del 24 al 26 de Octubre de este año.


Junto a mis colegas José Fernando Velásquez y María Hortensia Cárdenas, damos inicio al nuevo Boletín Eva-Lilith, que evoca a partir de lo posible que con Lacan definimos como lo que cesa de escribirse. La evocación a la doble de Eva, a saber Lilith es justamente la precisión de lo real que resonará en los textos que a partir de ahora nos acompañarán en este Boletín; se trata de textos que bordean lo posible ya sea “por” Eva, ya sea “en” Lilith -  sobre lo anunciado por Lacan de la no relación sexual; esto nos llevará al problema del significante que asegura la copulación del sujeto y el Saber; sin embargo el pivote irreductible de un análisis, subtítulo de nuestras VIII Jornadas, señalan lalengua y el hay Uno de lo femenino, que no es sólo un asunto de mujeres.

Es sabido que el sujeto mujer no es fácil de articular; y el goce femenino no puede pasar por la misma referencia al goce fálico. Para esto Lacan nos recuerda que basta ir a la Basílica de San Marco en Venecia, o dar una hojeada al Génesis, para verificar de alguna manera que “Ninguna maravilla que no diga en los márgenes míticos de La Biblia en los que se encuentran las pequeñas adiciones de los rabinos que nos diga qué puede ser la mujer primordial, la que estaba antes de Eva, lo que llama Lilith. La que bajo la forma de la serpiente y por la mano de Eva pone... ¿qué?... la manzana, objeto oral que quizás no está para otra cosa más que para deportar a Adán sobre el verdadero sentido de lo que ha pasado mientras dormía”[1].

A pesar de Todo... Dios provee de sueño a Adán para extraerle una costilla de donde hace a Eva primera. Así pues, estamos convocados a despertar del sueño de Adán y desde el pivote irreductible del análisis bordear lo femenino.

En efecto, este Boletín aspira a construir la naturaleza y función del objeto centrado en  la manzana.

¡Damos inicio pues, a Eva-Lilith de la NEL!


 Comisión Editorial Boletín Eva-Lilith
Raquel Cors Ulloa
María Hortensia Cárdenas
José Fernando Velásquez